Morado y ácido, el agraz —cultivado en páramos y zonas de alta montaña— concentra más compuestos beneficiosos para la salud que los arándanos importados. Entre ellos se destacan el ácido clorogénico, asociado con efectos antiinflamatorios y protección cardiovascular, y las antocianinas, responsables de su color y de su actividad antioxidante. Así lo revela un proyecto de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y la Universidad Industrial de Santander (UIS), que además logró identificar por primera vez parte de su base genética.
Para entender estas características, el equipo de
investigación de la UNAL analizó con apoyo de comunidades campesinas 119 tipos
de agraz recolectados en estado silvestre y en cultivos de alta montaña en
municipios de Santander y Boyacá como Onzaga, Encino, Gámbita, Piedecuesta,
Charta y Maracavita, trabajo que permitió explorar la interacción entre su
composición química y su diversidad genética con un nivel de detalle sin
precedentes. Los científicos de la UNAL son los profesores Carlos Eduardo
Narváez, del Departamento de Química, y Johana Carolina Soto, del Departamento
de Biología.
En laboratorio, los investigadores analizaron la composición
química de los frutos y lograron identificar 24 compuestos fundamentales.
Además del ácido clorogénico y las antocianinas, estos hallazgos ayudan a
explicar no solo sus posibles beneficios para la salud, sino también
características como el sabor, la acidez y la sensación que deja en la boca.
El estudio evidenció además su alto contenido de fibra
dietaria: una porción de una taza —aproximadamente 150 gramos— puede cubrir o
incluso superar la recomendación diaria de fibra para un adulto, lo que lo
posiciona como un alimento con potencial para mejorar la salud intestinal y
reducir el riesgo de enfermedades crónicas. Este contenido varía según el
origen del fruto, siendo algunos genotipos de páramo particularmente ricos en
fibra.
“Incluso las hojas de la planta mostraron valor agregado: en
ellas se encontraron compuestos como la caffeoyl arbutina, asociados con
actividad antioxidante y efectos en la regulación de colesterol y
triglicéridos, lo que abre nuevas posibilidades de uso, por ejemplo en
infusiones”, explica el profesor Narváez.
Beneficios por doquier
Pero uno de los mayores aportes del estudio está en la
genética. La profesora Soto señala que “a partir de técnicas de secuenciación
se identificaron más de 16.700 marcadores de ADN de alta calidad y se
analizaron 69 genotipos del fruto. Con esta información, y mediante modelos de
asociación genómica, logramos ubicar 40 regiones del ADN relacionadas con la
variación de compuestos clave”.
En estas regiones se encontraron más de 500 genes candidatos
que estarían controlando la producción de estas sustancias, incluidos algunos
ya conocidos por su papel en rutas metabólicas de compuestos bioactivos.
Este avance permite entender mejor qué determina la calidad
nutricional del fruto y abre la puerta para seleccionar variedades con
características específicas para su cultivo.
Para características como la fibra dietaria también se
identificaron múltiples regiones genéticas asociadas, lo que aporta nuevas
pistas sobre cómo se regula este rasgo en la planta.
Aunque estos resultados aún requieren validación funcional,
es decir más investigación en campo, representan un avance sin precedentes en
el conocimiento del agraz, pues hasta ahora la falta de información genética
había sido una de las principales limitantes para su aprovechamiento en
programas de mejoramiento, conservación y uso sostenible.
El estudio resalta que Colombia cuenta con alimentos nativos
con alto potencial nutricional que aún no han sido plenamente valorados y que
pueden competir con productos posicionados en mercados internacionales.
Mientras el agraz sigue creciendo de forma dispersa en zonas
de páramo y alta montaña, otros frutos similares ya tienen una industria
consolidada, como su pariente el arándano, que según la Unidad de Planeación
Rural Agropecuaria (Upra) ha crecido rápidamente en el país y ya suma miles de
hectáreas, impulsado por la exportación y su imagen como alimento saludable.
Esta expansión contrasta con el agraz, que aún no cuenta con una producción
organizada ni presencia constante en supermercados.
Sin embargo, esa misma condición puede ser su mayor ventaja.
Al crecer en estado silvestre y en distintos territorios, el agraz conserva una
alta diversidad genética, como lo evidenció el estudio de la UNAL y la UIS.
Esto no solo explica por qué algunos frutos tienen diferentes sabores, niveles
de acidez o contenido de fibra, sino que además permite seleccionar y mejorar
variedades para cultivo.
Con respaldo científico y una estrategia productiva este
fruto nativo pasaría de ser una riqueza poco aprovechada a convertirse en una
alternativa real para el campo colombiano.
La presentación formó parte del evento de cierre del
proyecto “Aprovechamiento de la biodiversidad en agraz y papa para el
desarrollo de cultivos promisorios en el departamento de Santander”, liderado
por la UNAL y la UIS con financiación del Sistema General de Regalías.















