miércoles, 8 de abril de 2026

Zapallo bolo verde, mejorado en la UNAL, se venderá en supermercados de Cali

 En pocos meses, los caleños podrán encontrar en supermercados un zapallo grande, nutritivo y desarrollado tras años de investigación en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira. Se trata del Unapal Bolo Verde, una variedad que da el salto del campo experimental al consumo directo, gracias a una alianza con una cadena de supermercados en la capital del Valle del Cauca.

Lo que durante años ha sido un trabajo en mejoramiento genético, producción de semillas y transferencia de tecnología en el Centro Experimental de la UNAL Sede Palmira (CEUNP), hoy se traduce en la comercialización en fresco de este cultivar, acercándolo por primera vez al consumidor final.

Las ventas se proyectan en cerca de 900 kilos por semana. Actualmente el cultivo está en fase de siembra y se espera que la primera cosecha esté lista en menos de cuatro meses, lo que permitirá establecer un esquema de producción continua durante un año.

El cultivar Unapal Bolo Verde se originó mediante la selección y el cruce de plantas de zapallo con las mejores características, para obtener una variedad más productiva y de mejor calidad. Cada planta desarrolla entre 3 y 4 frutos, e incluso puede superar este número, con pesos que oscilan entre 2,5 y 4,0 kg. Su pulpa, de color amarillo intenso, presenta un diámetro interno de entre 3,5 y 5,5 cm, rasgo valorado tanto por su contenido nutricional como por su aceptación en el mercado.

Las especies hortícolas del programa que han sido mejoradas y transferidas a los agricultores de la región a lo largo del tiempo por el Grupo de mejoramiento genético y producción de semillas, para que sean más productivas, nutritivas y resistentes a enfermedades son el cilantro, la habichuela, el pimentón, el tomate y el zapallo.

La comercialización del zapallo Unapal Bolo Verde busca, además, aportar a la sostenibilidad de las granjas experimentales del CEUNP, mediante la generación de ingresos que respalden los procesos académicos y productivos. Durante años, estos espacios han sido fundamentales para la formación, la investigación y la producción de semillas mejoradas.

Como parte de esta nueva fase, el CEUNP realizó una jornada de capacitación en higiene de hortalizas dirigida al personal del supermercado que recibirá el producto. El propósito fue fortalecer las buenas prácticas en el manejo de alimentos frescos, garantizando condiciones óptimas de calidad e inocuidad desde la cosecha hasta el punto de venta.

Otras variedades que consolidan la apuesta agrícola

El trabajo del CEUNP no se limita al zapallo. A la fecha se han mejorado 16 variedades de hortalizas, todas con registro del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), fundamentales para la canasta familiar.

En zapallo, además del Bolo Verde, se destaca el Unapal Mandarino, con un ciclo de 70 a 90 días y una producción de 2 a 3 frutos por planta, con pesos entre 1,5 y 2,5 kg.

El cilantro Unapal Laurena es uno de los más demandados por agricultores de la región. Derivado del Unapal Precoco, se caracteriza por su alto rendimiento, abundancia de hojas y menor incidencia de plagas y enfermedades en zonas como el Cauca y el Valle del Cauca.

En tomate, el cultivar Unapal Maravilla sobresale por su amplia adaptación a diferentes zonas agroecológicas, tanto en climas cálidos como templados. Su productividad es uno de sus mayores atributos, con rendimientos que superan los 4,5 y pueden alcanzar hasta 6 kg por planta en condiciones de campo.

Por su parte, el pimentón Unapal Serrano se distingue por su origen genético y su alto potencial productivo. Sus frutos, de maduración rojiza, pesan entre 80 y 100 gramos, y cada planta puede producir entre ocho y diez unidades comerciales.

En el caso de la habichuela, la variedad Unapal Milenio ofrece un alto potencial productivo, con rendimientos que pueden alcanzar entre 10 y 12 toneladas por hectárea. Además, presenta tolerancia a enfermedades como la roya y resistencia al virus del mosaico común, lo que favorece la estabilidad en la producción.






Cítricos uruguayos crecerían con fuerza hacia 2035 y hay buenas perspectivas para 2026

 Actualmente, la industria uruguaya de cítricos está realizando las primeras estimaciones de producción y exportación de naranjas, mandarinas y limones, con los primeros envíos proyectados para finales de este mes.

Marta Bentancur, de la Unión de Productores y Exportadores Frutihortícolas del Uruguay (UPEFRUY), comentó a Portalfruticola.com  que en 2026 “que se pueda exportar al menos un 15% más” que el año anterior, cuando las heladas generaron mermas importantes en algunas zonas del país y en ciertas variedades de cítricos.

Pese al efecto del clima, en la zafra 2025 los mercados de Estados Unidos y Europa “mostraron buenos precios en general”, dijo.

“El mercado norteamericano es nuestro principal destino para los nuestros cítricos, especialmente para mandarinas. Allí nos orientamos a una calidad superior y hemos logrado un crecimiento y una estabilidad muy interesantes”, indicó Marta.

“Nuestro sector está trabajando en sostenibilidad y certificaciones que avalan nuestros valores y calidad en los ámbitos ambiental, laboral y económico”, agregó.

Hay que destacar que Uruguay está invirtiendo en plantaciones de cítricos, “no sólo con nuevas variedades, sino también con el recambio de variedades más antiguas".

Durante la zafra pasada  el país esperaba concretar el primer envío de naranjas, mandarinas y limones a Filipinas, mercado al cual obtuvo acceso. Sin embargo, Bentancur explicó que esto no se concretó por las heladas.

“Para Filipinas está todo listo, excepto que debemos realizar un primer embarque con inspector en origen, lo que seguramente se realizará en 2026”, explicó.

En otros mercados como China, Vietnam, Malasia e Indonesia, la representante de UPEFRUY comentó que el tiempo de tránsito limita las exportaciones. En el caso del último, Bentancur señaló que en pocas semanas esperan recibir una delegación como parte del proceso de autorización “y estamos muy entusiasmados con ello”.

Producción y exportaciones para 2035

Tanto la producción como las exportaciones de cítricos uruguayos experimentarían un alza hacia 2035, de acuerdo con cifras del DIEA y del Ministerio de Agricultura del país. 

Mientras que en 2025 la producción de naranjas alcanzó 116.269 toneladas, se proyecta que dentro de diez años alcance 143.000 toneladas; en limones, la cifra aumentaría de 80.400 toneladas a 109.764 toneladas; y en mandarinas de 77.156 toneladas a 201.600 toneladas.

Por el lado de las exportaciones, que sumaron 60.445 toneladas en 2025 —lideradas por naranjas y mandarinas, con 27.000 y 27.836 toneladas respectivamente—, se proyecta que alcancen 208.925 toneladas en 2035. En este caso, el mayor crecimiento se observaría en mandarinas, con un alza del 334% hasta 120.960 toneladas.

Acuerdo Unión Europea - MERCOSUR

Desde el 1 de mayo comenzará a regir el acuerdo transitorio entre la Unión Europea y el Mercado Común del Sur, tras 20 años de negociaciones. Para Uruguay, uno de los países fundadores, el impacto podría ser gradual, según Bentancur, “aunque Uruguay siempre es un pequeño proveedor que se posiciona con una calidad muy firme".

“No se espera un impacto a corto plazo, pero sí un avance para recuperar mercado con variedades de mejor calidad: color, sabor, productividad y sin semillas”.

De acuerdo con el cronograma, y según lo expuesto por UPEFRUY durante Fruit Attraction Brazil 2026, la eliminación de los aranceles sobre mandarinas, naranjas, limones y caquis, podría tomar entre 4 y 10 años.

Mandarinas y naranjas pasarían de un arancel del 16% y 3,2% respectivamente, a cero en una década. En el caso del limón se reduciría del 6,4% a cero en siete y en caquis se espera que se elimine el 8,8% en un máximo de cuatro años.






miércoles, 18 de marzo de 2026

Argentina acelera la apertura del mercado de cítricos dulces en Estados Unidos

La diversificación de mercados es una de las claves en la rentabilidad de las exportaciones frutícolas, ya que permite reducir riesgos y llegar a nuevos consumidores. En ese contexto, Argentina vuelve a poner en el centro de su estrategia exportadora de cítricos dulces a uno de los mercados más exigentes y atractivos del mundo: Estados Unidos. 

La industria ha gestionado la apertura del mercado estadounidense por más de siete años. Actualmente, el sector citrícola se encuentra a la espera de concretar la apertura sanitaria que permitiría el ingreso de cítricos dulces a Estados Unidos. 

Es importante destacar que productores del NEA y NOA (noreste y noroeste de Argentina) impulsaron en agosto de 2025, a través de la Federación Argentina del Citrus (Federcitrus), la reactivación del proceso, retomando el seguimiento activo del expediente. 

A partir de entonces, se conformó un equipo de trabajo conjunto entre el sector público y privado, que incluyó reuniones tanto en Buenos Aires como en Washington, además de la contratación de una consultora especializada para avanzar en los aspectos administrativos.

Por su parte, Roberto Varela, gerente ejecutivo de la Cámara de Exportadores de Cítricos del Noreste Argentino, explicó que el trámite había quedado estancado en 2019 en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), luego de que autoridades estadounidenses realizaran inspecciones técnicas en el país y manifestaran conformidad con los estándares locales. Sin embargo, el proceso no avanzó desde entonces.

Hoy, el escenario es distinto. “Lo único que falta es la publicación del Análisis de Riesgo de Plagas en el registro federal estadounidense”, detalló Varelas al medio argentino La Nación.

Este paso es clave, ya que habilita un período de consulta pública de aproximadamente 60 días. Una vez finalizado ese plazo, el USDA evalúa las observaciones recibidas y emite una resolución definitiva que, de ser favorable, permitirá el inicio de las exportaciones.

Potencial del mercado estadounidense para los cítricos dulces

José Carbonell, presidente de Federcitrus, comentó a Portalfruticola.com que existe una oportunidad concreta para abastecer un mercado con demanda creciente y producción insuficiente. 

No obstante, señaló que, una vez concretado el acuerdo, los volúmenes iniciales serán moderados y dependerán de la consolidación de relaciones comerciales.

“Ningún exportador quiere lanzarse sin tener negocios cerrados y clientes definidos”, indicó.

El ejecutivo puntualizó que proyectan exportar principalmente naranjas y mandarinas, mientras que el pomelo tendría una participación limitada debido a su mayor rentabilidad en la industria de jugos y aceites.

Agregó que “más allá de los números, el acceso al mercado estadounidense representa un salto cualitativo para la citricultura argentina; no solo implica mayores oportunidades comerciales, sino también el reconocimiento de estándares de calidad y sanidad a nivel internacional”.

Mientras la industria espera la resolución para poder exportar cítricos dulces a Estados Unidos, se prepara para iniciar las cosechas en un contexto complejo, marcado por la debilidad del consumo interno y algunos eventos climáticos adversos


Naranjas argentinas 

Al analizar puntualmente las naranjas, Carbonell comentó que la producción de naranjas a nivel mundial ha tenido una importante disminución, con una caída que ha llegado a más de 30 millones de toneladas en los últimos años, producto del Huanglongbing (HLB).

En ese sentido, señaló: “Tenemos confianza en poder desarrollar un mercado razonable sin afectar la producción norteamericana, ni competir con los otros proveedores, porque es un mercado que tiene demanda creciente y que hoy no tiene producción suficiente para ser abastecida”. 

Carbonell concluyó diciendo que, de concretarse la apertura, se abrirá una nueva puerta para las exportaciones argentinas y se consolidará una oportunidad clave para dinamizar el empleo y fortalecer las economías regionales.

 



jueves, 5 de marzo de 2026

Productores llaman a la cautela ante eventual reconversión de huertos de cerezos a avellano europeo

 

                                                                                                                                                                         Dentro de la industria frutícola chilena ha comenzado a sonar con fuerza la posibilidad de que los productores de cerezas migren a un nuevo cultivo, debido a la baja rentabilidad tras dos temporadas con resultados débiles. Ante ese panorama, se ha escuchado la opción del avellano europeo. 

En ese escenario, en  Portalfruticola.com  nos preguntamos los pros y contras de dicha alternativa. Para ello, conversamos con productores y conocedores del sector, porque entendemos que es una decisión importante y cualquier medida debe tomarse con toda la información sobre la mesa. 

Industria y mercado

Uno de los aspectos positivos y más llamativos que tiene hoy el avellano europeo es la rentabilidad de retorno al productor, explicado por el buen momento que vive el cultivo, favorecido por una menor producción en Turquía —principal productor mundial— y una demanda sostenida de la industria chocolatera. 

Cristián Parra, gerente de Inversiones Agrícolas Jeleila Ltda., conversó con nuestro medio y planteó la preocupación ante la posibilidad de que productores de cereza migren masivamente al avellano europeo atraídos por los precios actuales. “Ya vivimos el derrumbe de la cereza por sobreoferta. No me extrañaría que en las avellanas pase lo mismo”, dijo.

Parra conoce ambos mundos, ya que fue productor de cerezas hace 15 años y luego migró al avellano europeo. Desde su experiencia, insiste en que los negocios agrícolas deben analizarse en horizontes de 15 a 30 años, no en ciclos cortos.

Restricciones técnicas y climáticas

El recambio de una especie a otra no es una decisión fácil ni puede tomarse de un día para otro. También es relevante considerar que no se puede cultivar en cualquier lugar, ya que cada una posee condiciones  edafoclimáticas específicas. 

Actualmente, el avellano europeo se concentra entre las regiones del Maule y Los Lagos. Más al norte, el cultivo posee limitantes hídricas, de suelo y de horas frío, reduciendo su viabilidad.  

A diferencia del cerezo, el avellano europeo requiere una adecuada diferenciación floral en invierno y primavera, además de condiciones ambientales más húmedas y estables.

Parra indicó que la reconversión tampoco es simple desde el punto de vista sanitario. Hoy el cerezo enfrenta problemas como el cáncer bacteriano, patología a la que el avellano también es susceptible, lo que obliga a realizar procesos de sanitización de suelo antes de replantar.

Costos y retornos

En el caso de aquellos productores que, una vez analizadas todas las variables, tomen la decisión de plantar avellano europeo, deben considerar el costo de desmantelar un huerto de cerezos, ya que retirar los techos, postes, anclajes, líneas de riego y más de mil plantas por hectárea, tiene un costo promedio de $4 a $5 millones de pesos por hectárea. 

El gerente de Inversiones Agrícolas Jeleila Ltda. indicó que el establecimiento de una hectárea de avellano europeo, hace una década, bordeaba los $5 millones; hoy alcanza entre $10 y $12 millones, dependiendo de la variedad y el nivel tecnológico.

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Especificó que los retornos son lentos. “La producción comercial inicia alrededor del cuarto año; los flujos positivos se estabilizan hacia el séptimo u octavo, y la recuperación total del capital puede superar los 13 años. Si el productor ya está tensionado financieramente con la cereza, sumar otro cultivo de largo plazo puede profundizar el problema”, advirtió Parra.

Parra detalló que el avellano requiere superficies mayores para justificar inversiones en cosechadoras, secadoras y sistemas de limpieza.

Además, existe una diferencia evidente: la cereza es una fruta fresca, mientras que la avellana corresponde a un fruto seco. 

Proyecciones y riesgo de sobreoferta

En Chile hay entre 45.000 a 50.000 hectáreas plantadas con avellano europeo. Si el ritmo de crecimiento continúa, la cifra podría alcanzar las 80.000 hectáreas en cinco años, considerando huertos jóvenes y plantas ya reservadas.

Parra es categórico al decir que el escenario internacional presenta un atractivo, ya que Turquía — que concentra gran parte de la producción mundial— ha sufrido bajas productivas en los últimos años. Sin embargo, el productor recuerda que el cultivo es estratégico para ese país, representando cerca del 10% de su PIB agrícola, y que el Estado turco interviene activamente para sostenerlo. 

“La recuperación vendrá. Los precios altos son coyunturales”, afirmó.

Por ello, recomienda proyectar los negocios con precios históricos promedio de los últimos 10 a 15 años, muy inferiores a los actuales, cercanos a los US$ 2.5 dólares. 

Eficiencia como clave del negocio

Desde la Región de La Araucanía, Alejandro de la Fuente, socio y gerente general de Fruticultura Río Pichunco, coincide en la necesidad de una mirada de largo plazo. 

Con 150 hectáreas plantadas y planes de expansión, destaca que el avellano se ha adaptado bien a la zona, donde las alternativas frutícolas son limitadas por las lluvias primaverales y el riesgo de heladas.

Explicó que el avellano se ha adaptado muy bien y es una alternativa rentable para la región, “de baja inversión en general, más baja que un cerezo, que un manzano, que un carozo”, y que el cultivo posee bajo requerimiento de mano de obra, ya que se puede mecanizar, tanto las aplicaciones como la cosecha. 

En condiciones normales, señaló que una producción de 2.500 kilos por hectárea puede generar retornos históricos de entre US$1 y US$1,5 por kilo, cifras competitivas frente a otros cultivos regionales. Sin embargo, descartó que el actual nivel de precios pueda sostenerse en el tiempo.

“Yo proyecto mi negocio a US$2,5 por kilo en el largo plazo, no más que eso. El secreto es eficiencia en costos y altas producciones por hectárea”, señaló.

Lecciones aprendidas 

Ambos productores coinciden en que la fruticultura chilena ha enfrentado ciclos de expansión desmedida en productos como la uva de mesa, el kiwi, el arándano y, recientemente, la cereza. La falta de coordinación gremial y de estrategias país ha derivado en sobreofertas que deprimen los precios y erosionan el capital.

Para de la Fuente es una locura la idea de reemplazar el cerezo. “Creo que el cerezo va a seguir; la zona central de Chile es de frutales, la gente está acostumbrada a estas crisis. Además es un producto de excelente calidad y con muy buena demanda a nivel mundial, por lo cual no creo que haya una sustitución tan rápida”. 

Por su parte, Parra reflexionó: “Somos muy buenos productores, pero muy malos vendedores”. A su juicio, gremios y autoridades deberían advertir cuando un rubro se aproxima a niveles de saturación.

Concluyó diciendo que el llamado no es a frenar el desarrollo del avellano europeo, sino a abordarlo con responsabilidad técnica y financiera. “No es llegar y plantar. Es un cultivo complejo, con plagas específicas, exigencias de calidad crecientes y una curva de aprendizaje larga”.

En un escenario donde la tentación de reemplazar rápidamente la cereza por avellano gana terreno, la recomendación transversal es clara: proyectar con cautela, utilizar precios conservadores y tomar decisiones con una mirada de largo plazo, sin dejarse llevar por retornos coyunturales.



                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

miércoles, 4 de marzo de 2026

Sin tumbar un solo árbol, 97 familias de Guaviare hacen del asaí y del seje su sustento

 En límites con el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, 97 familias campesinas de San José del Guaviare luchan contra la destrucción de la selva Amazónica, talada para abrir potreros ganaderos o para el cultivo ilícito de coca. Allí aprovechan palmas nativas como el asaí para comercializar su pulpa y su jugo, y el seje para desarrollar aceites naturales para la piel. Sin embargo, aunque sus productos tienen potencial, aún necesitan financiación para preservar sus iniciativas.

La ingeniera forestal Shalom Natalia Sánchez Quintero, del Instituto Amazónico de Investigaciones (Imani) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, explica que estas familias provienen de regiones como Boyacá, Santander y Cundinamarca, de donde salieron en busca de tierra y oportunidades, y están asentadas en el Guaviare desde hace más de 50 años.

Su estudio muestra que desde 2022 la vida de esta población dio un giro, pues algunos de ellos, que hace unos años se dedicaban principalmente a la ganadería, están decididos a dejar de talar para ampliar hatos ganaderos, convertir el bosque en su principal fuente de sustento y ser pioneros en la conservación.

La iniciativa se adelanta entre la Cooperativa Multiactiva Familias del Chiribiquete (Coomagua) y la UNAL Sede Amazonia, en el marco de un proyecto orientado a fortalecer la forestería comunitaria, un modelo que enriquece las capacidades de las comunidades para hacerle frente a la deforestación con soluciones prácticas y sostenibles en el tiempo. Desde 2018 este proyecto ha sido impulsado por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible y Gef Corazón de la Amazonia, entre otras instituciones. 

A partir de entrevistas, recorridos por las fincas, talleres participativos y análisis de la cadena productiva desde que se recolecta el fruto hasta que se comercializa, la investigadora Sánchez evidenció que el asaí (Euterpe precatoria) se ha convertido en el producto con mayor potencial económico para estas familias del norte del Guaviare, gracias a su posición en el mercado global. 

Cada temporada de cosecha implica internarse en el bosque para recolectar los racimos maduros y procesarlos el mismo día, pues el fruto es altamente perecedero. La pulpa se transforma en jugos y alimentos que se venden en el casco urbano de San José del Guaviare, generando ingresos directos sin necesidad de ampliar potreros.

También encontró que la palma de seje (Oenocarpus bataua) ofrece un recurso menos conocido pero estratégico: de su fruto se extrae un aceite natural utilizado tradicionalmente para el cuidado de la piel y con potencial en productos cosméticos y farmacéuticos. 

A diferencia del asaí, su transformación no requiere refrigeración, lo que facilita su manejo en zonas rurales con infraestructura limitada. El estudio resalta que diversificar entre ambas especies reduce riesgos económicos y distribuye ingresos a lo largo del año.

Un talón de Aquiles

A pesar de que los dos frutos tienen potencial económico para las comunidades, los principales obstáculos son el acceso a mercados, el transporte y la infraestructura para procesar mayores volúmenes de fruta. Las trochas en mal estado y los costos logísticos reducen la rentabilidad, lo que explica por qué en la zona esta economía sigue siendo complementaria frente a la ganadería extensiva.

“La Cooperativa aún no tiene una planta de transformación propia, por lo que los campesinos deben pagar a terceros para realizar este proceso, lo que dificulta la garantía de autonomía y la obtención de mayores ingresos con la venta de productos transformados, además de que no tienen aliados estratégicos que comercialicen estos productos, por lo que el material que no logra venderse ocasiona pérdidas”, señala la investigadora del Imani.

“Debido a esta limitación, en los últimos años no se ha alcanzado el volumen de toneladas previstas, que para el asaí debía superar las 1.352 toneladas anuales y para el seje las 2.028 toneladas; además los precios están por debajo de lo que sería rentable, ya que en Bogotá y otras ciudades la pulpa de asaí o el aceite de seje se vende hasta dos veces más caro, pues tienen plantas de transformación propias, segmentos de la cadena a escala industrial, lo que facilita obtener los permisos para su comercialización de entidades como el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima)”, precisa la investigadora.

Así mismo, las familias que participan activamente en el aprovechamiento de estos frutos mantienen parches —relictos de unas pocas hectáreas— significativos de bosque dentro de sus predios, pues de allí depende su ingreso. La organización colectiva mejora la negociación de precios, facilita el acceso a proyectos de apoyo institucional y fortalece la cohesión comunitaria, especialmente con la participación de grupos de mujeres en la transformación de los productos.

Guaviare es uno de los departamentos colombianos más afectados por la deforestación. Según la Defensoría del Pueblo, solo en 2024 registró la pérdida de cerca de 20.000 hectáreas de bosque, especialmente por expansión ganadera, acaparamiento de tierras y economías ilegales de grupos como las disidencias de las FARC. Cada hectárea talada también implica la desaparición de las palmas de asaí y seje, especies propias del bosque maduro que no prosperan en potreros abiertos y cuya recuperación puede tardar décadas.

En ese contexto, la investigación advierte que estas economías basadas en frutos silvestres funcionarán como un freno local a la deforestación siempre que exista demanda por pulpa y aceite y se reconozca que el campesinado es esencial en la conservación, y que mantener el bosque en pie resulta más valioso que talarlo. 

Sin embargo, no atender los cuellos de botella —como los costos de transporte, las limitaciones organizativas, la ausencia de alianzas comerciales sólidas y el procesamiento externo— limita su expansión como alternativa económica principal.






martes, 3 de marzo de 2026

LA META, MANTENER “CERO” DECOMISOS EN SEMANA SANTA

 LA CVC ENTREGARÁ 150 MIL PLANTAS ESTE DOMINGO DE RAMOS

La entrega es gratuita y se puede solicitar material vegetal hasta el 13 de marzo en el correo eventos@cvc.gov.co. Palmas, frutales, arbustos de flor y ornamentales harán parte de la oferta para ponernos En Modo Verde. 

El vivero de la CVC se programa durante todo el año para producir palmas que se entregan cada Domingo de Ramos, con esta campaña se ha logrado reducir a 0 los decomisos de palma de cera en el Valle del Cauca. 

150 mil plantas entre palmas, de las especies areca y manila; frutales como guayaba coronilla y rosada, limón mandarino; ornamentales, árboles de flor y arbustos serán entregados a las comunidades católicas que tradicionalmente participan de la celebración religiosa. 

“La Semana Santa debe ser un tiempo de fe, pero también de respeto por la vida. En el Valle del Cauca nos hemos trazado una meta clara: mantener en cero los decomisos de palma de cera, y lo estamos logrando gracias al compromiso de nuestras comunidades. Este año entregaremos 150 mil plantas producidas en nuestro vivero institucional para que el Domingo de Ramos se viva en modo verde, sin afectar nuestros ecosistemas.

 Invitamos a todos los vallecaucanos a celebrar con responsabilidad, a solicitar gratuitamente su material vegetal y a decirle no al tráfico de fauna silvestre. Cuidar la naturaleza también es un acto de fe”, afirmó Marco Antonio Suárez Gutierrez, director general de la CVC. 

 La distribución se realiza a través de las regionales de la CVC en las diferentes parroquias previa solicitud del material vegetal. Así que, si Usted es líder en su comunidad o pertenece a la parroquia del barrio, escriba un correo a eventos@cvc.gov.co indicando: Nombre de la parroquia, ciudad, cantidad de árboles; nombre, número celular y correo electrónico del responsable en la parroquia. 

Se recibirán solicitudes hasta el 13 de marzo y a vuelta de correo electrónico se informará la fecha a partir de la cual se puede reclamar el material vegetal en las direcciones ambientales regionales de la Corporación. 

Las plantas no tienen ningún costo y son entregadas por la CVC en el marco de la campaña: En esta Semana Santa, Ponte en modo verde.

El mensaje se extiende también para que quienes viajan en Semana Santa se abstengan de comprar, transportar o vender fauna silvestre en las carreteras del Departamento. 

 Juntos podemos vivir una Semana Santa En Modo Verde... y hacer que esto se vuelva nuestra filosofía.   





viernes, 27 de febrero de 2026

Almidón de maíz criollo permite hojaldres con menos grasa sin perder su textura

 Reducir el contenido de grasa en productos como el croissant, el pastel gloria o la milhoja, sin afectar su textura crujiente, es uno de los principales retos en la industria panadera. Usualmente por cada 100 g de harina se utilizan cerca de 60 g de grasa, lo que los convierte en alimentos con alto aporte calórico. Frente a este panorama, una investigación encontró en el almidón de maíz negrito de Ciénega (Boyacá) una alternativa para reemplazar parte de esa grasa sin perder las propiedades del hojaldre.

El almidón es el principal carbohidrato presente en el maíz y otros cereales, y en la industria alimentaria se prefiere porque ayuda a darles estructura, estabilidad y textura a los productos, y además reduce la pegajosidad de las masas. En este caso, tras someterlo a un proceso de “modificación enzimática”, el almidón de maíz criollo aumentó en un 20 % su capacidad para absorber agua, una característica esencial para imitar algunas funciones de la grasa en la masa.

La modificación enzimática es un proceso que transforma la estructura natural del almidón para cambiar su comportamiento dentro de la preparación. Para ello, el maíz extraído se trata con una enzima proveniente de la bacteria Bacillus licheniformis, la cual actúa como una “tijera” microscópica capaz de reorganizar sus componentes. Para lograrlo, el material se sometió a un calentamiento de hasta 105 °C durante 5 minutos y luego se estabilizó a 90 °C, condiciones que facilitan la acción de la enzima y permiten obtener un almidón con nuevas propiedades funcionales; luego se secó para usarlo en la formulación de los hojaldres. Gracias a esta modificación, el almidón puede retener agua y contribuir a la formación de capas, funciones que normalmente cumple la grasa.


 En contraste, la capacidad de retención de agua —una propiedad que indica cuánto líquido puede conservar un ingrediente dentro de una preparación— disminuyó alrededor de 65 %. Este cambio revela que el almidón modificado no solo absorbe agua, sino que además la libera indistintamente durante el proceso, lo que resulta útil en los productos que necesitan una textura específica. Así, se reconoce que la modificación del almidón tiene potencial en aplicaciones en las que se requiere hidratación controlada, como sopas, salsas o alimentos cárnicos, en los que este ingrediente no solo espesa, sino que además contribuye a mantener la humedad y la estabilidad del producto final.

“Estos cambios permiten que el almidón cumpla funciones similares a las de la grasa dentro de la masa, especialmente en la formación de capas y en la textura final del producto, por eso al realizar la modificación enzimática vemos que la estructura ya no es la misma”, explica Sergio Mora Clavijo, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Aunque el uso de grasa es fundamental en la elaboración de hojaldres, ya que permite la formación de capas delgadas y crujientes durante el horneado, la proporción usada suele ser elevada: usualmente por cada 100 g de harina se utilizan 60 g de grasa.

En su investigación, el magíster reemplazó hasta el 25 % del material graso en los productos hojaldrados, lo que representó una disminución del 11 % en la ingesta calórica para los consumidores, equivalente a 50,2 kilocalorías, sin afectar su textura ni su aceptación. Este resultado es relevante en un contexto en el que se busca reducir el consumo de grasas —asociadas con problemas cardiovasculares y otras enfermedades a largo plazo— sin sacrificar las características sensoriales de los alimentos.

Buena textura con menos grasa

La etapa de incorporación del almidón modificado de maíz negrito a una formulación básica de hojaldre —compuesta por 100 g de harina, 60 g de agua, 66 g de grasa y 2 g de sal— permitió evaluar su comportamiento dentro de la masa, para lo cual se sustituyó parte de la grasa en distintos niveles, entre el 40 y 50 %, para observar cómo respondía en la formación de capas y en la estabilidad del producto durante el horneado.

“Estas cantidades de sustitución resultaron excesivas, ya que no permitían que la grasa cumpliera su papel en la expansión de las capas formadas por la red de gluten, responsable de la textura hojaldrada. En cambio, la sustitución del 25 % mostró resultados satisfactorios, por lo que fue seleccionada para las pruebas finales con el almidón modificado”.

“Dicho resultado nos permitió avanzar con pruebas de textura y de color, así como con la realización de un panel sensorial que nos permitió constatar el comportamiento del producto y las sensaciones que generaba al verlo y saborearlo”, subraya el magíster.

Tras el proceso de horneado, el producto modificado se sometió a pruebas de textura, color y evaluación sensorial con un panel de 100 expertos, con el fin de comparar su desempeño frente al hojaldre control. Los resultados mostraron que la textura de las muestras con almidón modificado fue muy similar a la del producto tradicional, incluso superior en algunos casos en términos de firmeza y crocancia.

Sin embargo en el producto final se registró un color más pardo, lo que influyó en la percepción de los evaluadores, quienes asociaron visualmente este cambio con una posible sobrecocción, aunque el proceso de horneado fue el mismo que en la muestra de referencia.

Aunque el hojaldre elaborado con almidón de maíz negrito obtuvo calificaciones intermedias frente al control en variables como sabor y apariencia, el producto mantuvo propiedades estructurales comparables con las de la formulación tradicional dentro de las condiciones evaluadas, lo que confirma su potencial como alternativa para reducir grasa sin comprometer la calidad del producto.

Reducción en tiempo de horneado

La incorporación del almidón modificado también permitió observar una posible reducción en el tiempo de horneado del producto, que pasaría de 20 a 18 minutos sin afectar la formación de las capas ni la estabilidad del hojaldre durante la cocción.

Este aspecto resulta relevante si se tiene en cuenta que estudios sobre eficiencia energética en panificación industrial publicados en la Revista Misr de Ingeniería Agrícola señalan que el proceso de horneado es el principal punto de consumo dentro de estas plantas, al concentrar buena parte de la energía utilizada en la producción, con demandas que pueden oscilar entre 0,5 y 7,3 megajulios (MJ) por kilogramo de producto elaborado.

En este contexto, reducciones incluso marginales en el tiempo de cocción se traducirían en ahorros acumulativos de energía cuando se trasladan a sistemas de producción a gran escala, lo que no solo impacta los costos operativos, sino también la eficiencia del proceso productivo.

Por último, el investigador señaló que este tipo de desarrollos contribuiría a ampliar el uso industrial de variedades de maíz criollo que hoy se destinan principalmente a sistemas de subsistencia, abriendo oportunidades para su valorización en la industria de alimentos. “Vale la pena investigar más sobre estas variedades de maíz”, concluyó.