jueves, 5 de marzo de 2026

Productores llaman a la cautela ante eventual reconversión de huertos de cerezos a avellano europeo

 

                                                                                                                                                                         Dentro de la industria frutícola chilena ha comenzado a sonar con fuerza la posibilidad de que los productores de cerezas migren a un nuevo cultivo, debido a la baja rentabilidad tras dos temporadas con resultados débiles. Ante ese panorama, se ha escuchado la opción del avellano europeo. 

En ese escenario, en  Portalfruticola.com  nos preguntamos los pros y contras de dicha alternativa. Para ello, conversamos con productores y conocedores del sector, porque entendemos que es una decisión importante y cualquier medida debe tomarse con toda la información sobre la mesa. 

Industria y mercado

Uno de los aspectos positivos y más llamativos que tiene hoy el avellano europeo es la rentabilidad de retorno al productor, explicado por el buen momento que vive el cultivo, favorecido por una menor producción en Turquía —principal productor mundial— y una demanda sostenida de la industria chocolatera. 

Cristián Parra, gerente de Inversiones Agrícolas Jeleila Ltda., conversó con nuestro medio y planteó la preocupación ante la posibilidad de que productores de cereza migren masivamente al avellano europeo atraídos por los precios actuales. “Ya vivimos el derrumbe de la cereza por sobreoferta. No me extrañaría que en las avellanas pase lo mismo”, dijo.

Parra conoce ambos mundos, ya que fue productor de cerezas hace 15 años y luego migró al avellano europeo. Desde su experiencia, insiste en que los negocios agrícolas deben analizarse en horizontes de 15 a 30 años, no en ciclos cortos.

Restricciones técnicas y climáticas

El recambio de una especie a otra no es una decisión fácil ni puede tomarse de un día para otro. También es relevante considerar que no se puede cultivar en cualquier lugar, ya que cada una posee condiciones  edafoclimáticas específicas. 

Actualmente, el avellano europeo se concentra entre las regiones del Maule y Los Lagos. Más al norte, el cultivo posee limitantes hídricas, de suelo y de horas frío, reduciendo su viabilidad.  

A diferencia del cerezo, el avellano europeo requiere una adecuada diferenciación floral en invierno y primavera, además de condiciones ambientales más húmedas y estables.

Parra indicó que la reconversión tampoco es simple desde el punto de vista sanitario. Hoy el cerezo enfrenta problemas como el cáncer bacteriano, patología a la que el avellano también es susceptible, lo que obliga a realizar procesos de sanitización de suelo antes de replantar.

Costos y retornos

En el caso de aquellos productores que, una vez analizadas todas las variables, tomen la decisión de plantar avellano europeo, deben considerar el costo de desmantelar un huerto de cerezos, ya que retirar los techos, postes, anclajes, líneas de riego y más de mil plantas por hectárea, tiene un costo promedio de $4 a $5 millones de pesos por hectárea. 

El gerente de Inversiones Agrícolas Jeleila Ltda. indicó que el establecimiento de una hectárea de avellano europeo, hace una década, bordeaba los $5 millones; hoy alcanza entre $10 y $12 millones, dependiendo de la variedad y el nivel tecnológico.

Foto

Especificó que los retornos son lentos. “La producción comercial inicia alrededor del cuarto año; los flujos positivos se estabilizan hacia el séptimo u octavo, y la recuperación total del capital puede superar los 13 años. Si el productor ya está tensionado financieramente con la cereza, sumar otro cultivo de largo plazo puede profundizar el problema”, advirtió Parra.

Parra detalló que el avellano requiere superficies mayores para justificar inversiones en cosechadoras, secadoras y sistemas de limpieza.

Además, existe una diferencia evidente: la cereza es una fruta fresca, mientras que la avellana corresponde a un fruto seco. 

Proyecciones y riesgo de sobreoferta

En Chile hay entre 45.000 a 50.000 hectáreas plantadas con avellano europeo. Si el ritmo de crecimiento continúa, la cifra podría alcanzar las 80.000 hectáreas en cinco años, considerando huertos jóvenes y plantas ya reservadas.

Parra es categórico al decir que el escenario internacional presenta un atractivo, ya que Turquía — que concentra gran parte de la producción mundial— ha sufrido bajas productivas en los últimos años. Sin embargo, el productor recuerda que el cultivo es estratégico para ese país, representando cerca del 10% de su PIB agrícola, y que el Estado turco interviene activamente para sostenerlo. 

“La recuperación vendrá. Los precios altos son coyunturales”, afirmó.

Por ello, recomienda proyectar los negocios con precios históricos promedio de los últimos 10 a 15 años, muy inferiores a los actuales, cercanos a los US$ 2.5 dólares. 

Eficiencia como clave del negocio

Desde la Región de La Araucanía, Alejandro de la Fuente, socio y gerente general de Fruticultura Río Pichunco, coincide en la necesidad de una mirada de largo plazo. 

Con 150 hectáreas plantadas y planes de expansión, destaca que el avellano se ha adaptado bien a la zona, donde las alternativas frutícolas son limitadas por las lluvias primaverales y el riesgo de heladas.

Explicó que el avellano se ha adaptado muy bien y es una alternativa rentable para la región, “de baja inversión en general, más baja que un cerezo, que un manzano, que un carozo”, y que el cultivo posee bajo requerimiento de mano de obra, ya que se puede mecanizar, tanto las aplicaciones como la cosecha. 

En condiciones normales, señaló que una producción de 2.500 kilos por hectárea puede generar retornos históricos de entre US$1 y US$1,5 por kilo, cifras competitivas frente a otros cultivos regionales. Sin embargo, descartó que el actual nivel de precios pueda sostenerse en el tiempo.

“Yo proyecto mi negocio a US$2,5 por kilo en el largo plazo, no más que eso. El secreto es eficiencia en costos y altas producciones por hectárea”, señaló.

Lecciones aprendidas 

Ambos productores coinciden en que la fruticultura chilena ha enfrentado ciclos de expansión desmedida en productos como la uva de mesa, el kiwi, el arándano y, recientemente, la cereza. La falta de coordinación gremial y de estrategias país ha derivado en sobreofertas que deprimen los precios y erosionan el capital.

Para de la Fuente es una locura la idea de reemplazar el cerezo. “Creo que el cerezo va a seguir; la zona central de Chile es de frutales, la gente está acostumbrada a estas crisis. Además es un producto de excelente calidad y con muy buena demanda a nivel mundial, por lo cual no creo que haya una sustitución tan rápida”. 

Por su parte, Parra reflexionó: “Somos muy buenos productores, pero muy malos vendedores”. A su juicio, gremios y autoridades deberían advertir cuando un rubro se aproxima a niveles de saturación.

Concluyó diciendo que el llamado no es a frenar el desarrollo del avellano europeo, sino a abordarlo con responsabilidad técnica y financiera. “No es llegar y plantar. Es un cultivo complejo, con plagas específicas, exigencias de calidad crecientes y una curva de aprendizaje larga”.

En un escenario donde la tentación de reemplazar rápidamente la cereza por avellano gana terreno, la recomendación transversal es clara: proyectar con cautela, utilizar precios conservadores y tomar decisiones con una mirada de largo plazo, sin dejarse llevar por retornos coyunturales.



                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

miércoles, 4 de marzo de 2026

Sin tumbar un solo árbol, 97 familias de Guaviare hacen del asaí y del seje su sustento

 En límites con el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, 97 familias campesinas de San José del Guaviare luchan contra la destrucción de la selva Amazónica, talada para abrir potreros ganaderos o para el cultivo ilícito de coca. Allí aprovechan palmas nativas como el asaí para comercializar su pulpa y su jugo, y el seje para desarrollar aceites naturales para la piel. Sin embargo, aunque sus productos tienen potencial, aún necesitan financiación para preservar sus iniciativas.

La ingeniera forestal Shalom Natalia Sánchez Quintero, del Instituto Amazónico de Investigaciones (Imani) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, explica que estas familias provienen de regiones como Boyacá, Santander y Cundinamarca, de donde salieron en busca de tierra y oportunidades, y están asentadas en el Guaviare desde hace más de 50 años.

Su estudio muestra que desde 2022 la vida de esta población dio un giro, pues algunos de ellos, que hace unos años se dedicaban principalmente a la ganadería, están decididos a dejar de talar para ampliar hatos ganaderos, convertir el bosque en su principal fuente de sustento y ser pioneros en la conservación.

La iniciativa se adelanta entre la Cooperativa Multiactiva Familias del Chiribiquete (Coomagua) y la UNAL Sede Amazonia, en el marco de un proyecto orientado a fortalecer la forestería comunitaria, un modelo que enriquece las capacidades de las comunidades para hacerle frente a la deforestación con soluciones prácticas y sostenibles en el tiempo. Desde 2018 este proyecto ha sido impulsado por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible y Gef Corazón de la Amazonia, entre otras instituciones. 

A partir de entrevistas, recorridos por las fincas, talleres participativos y análisis de la cadena productiva desde que se recolecta el fruto hasta que se comercializa, la investigadora Sánchez evidenció que el asaí (Euterpe precatoria) se ha convertido en el producto con mayor potencial económico para estas familias del norte del Guaviare, gracias a su posición en el mercado global. 

Cada temporada de cosecha implica internarse en el bosque para recolectar los racimos maduros y procesarlos el mismo día, pues el fruto es altamente perecedero. La pulpa se transforma en jugos y alimentos que se venden en el casco urbano de San José del Guaviare, generando ingresos directos sin necesidad de ampliar potreros.

También encontró que la palma de seje (Oenocarpus bataua) ofrece un recurso menos conocido pero estratégico: de su fruto se extrae un aceite natural utilizado tradicionalmente para el cuidado de la piel y con potencial en productos cosméticos y farmacéuticos. 

A diferencia del asaí, su transformación no requiere refrigeración, lo que facilita su manejo en zonas rurales con infraestructura limitada. El estudio resalta que diversificar entre ambas especies reduce riesgos económicos y distribuye ingresos a lo largo del año.

Un talón de Aquiles

A pesar de que los dos frutos tienen potencial económico para las comunidades, los principales obstáculos son el acceso a mercados, el transporte y la infraestructura para procesar mayores volúmenes de fruta. Las trochas en mal estado y los costos logísticos reducen la rentabilidad, lo que explica por qué en la zona esta economía sigue siendo complementaria frente a la ganadería extensiva.

“La Cooperativa aún no tiene una planta de transformación propia, por lo que los campesinos deben pagar a terceros para realizar este proceso, lo que dificulta la garantía de autonomía y la obtención de mayores ingresos con la venta de productos transformados, además de que no tienen aliados estratégicos que comercialicen estos productos, por lo que el material que no logra venderse ocasiona pérdidas”, señala la investigadora del Imani.

“Debido a esta limitación, en los últimos años no se ha alcanzado el volumen de toneladas previstas, que para el asaí debía superar las 1.352 toneladas anuales y para el seje las 2.028 toneladas; además los precios están por debajo de lo que sería rentable, ya que en Bogotá y otras ciudades la pulpa de asaí o el aceite de seje se vende hasta dos veces más caro, pues tienen plantas de transformación propias, segmentos de la cadena a escala industrial, lo que facilita obtener los permisos para su comercialización de entidades como el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima)”, precisa la investigadora.

Así mismo, las familias que participan activamente en el aprovechamiento de estos frutos mantienen parches —relictos de unas pocas hectáreas— significativos de bosque dentro de sus predios, pues de allí depende su ingreso. La organización colectiva mejora la negociación de precios, facilita el acceso a proyectos de apoyo institucional y fortalece la cohesión comunitaria, especialmente con la participación de grupos de mujeres en la transformación de los productos.

Guaviare es uno de los departamentos colombianos más afectados por la deforestación. Según la Defensoría del Pueblo, solo en 2024 registró la pérdida de cerca de 20.000 hectáreas de bosque, especialmente por expansión ganadera, acaparamiento de tierras y economías ilegales de grupos como las disidencias de las FARC. Cada hectárea talada también implica la desaparición de las palmas de asaí y seje, especies propias del bosque maduro que no prosperan en potreros abiertos y cuya recuperación puede tardar décadas.

En ese contexto, la investigación advierte que estas economías basadas en frutos silvestres funcionarán como un freno local a la deforestación siempre que exista demanda por pulpa y aceite y se reconozca que el campesinado es esencial en la conservación, y que mantener el bosque en pie resulta más valioso que talarlo. 

Sin embargo, no atender los cuellos de botella —como los costos de transporte, las limitaciones organizativas, la ausencia de alianzas comerciales sólidas y el procesamiento externo— limita su expansión como alternativa económica principal.






martes, 3 de marzo de 2026

LA META, MANTENER “CERO” DECOMISOS EN SEMANA SANTA

 LA CVC ENTREGARÁ 150 MIL PLANTAS ESTE DOMINGO DE RAMOS

La entrega es gratuita y se puede solicitar material vegetal hasta el 13 de marzo en el correo eventos@cvc.gov.co. Palmas, frutales, arbustos de flor y ornamentales harán parte de la oferta para ponernos En Modo Verde. 

El vivero de la CVC se programa durante todo el año para producir palmas que se entregan cada Domingo de Ramos, con esta campaña se ha logrado reducir a 0 los decomisos de palma de cera en el Valle del Cauca. 

150 mil plantas entre palmas, de las especies areca y manila; frutales como guayaba coronilla y rosada, limón mandarino; ornamentales, árboles de flor y arbustos serán entregados a las comunidades católicas que tradicionalmente participan de la celebración religiosa. 

“La Semana Santa debe ser un tiempo de fe, pero también de respeto por la vida. En el Valle del Cauca nos hemos trazado una meta clara: mantener en cero los decomisos de palma de cera, y lo estamos logrando gracias al compromiso de nuestras comunidades. Este año entregaremos 150 mil plantas producidas en nuestro vivero institucional para que el Domingo de Ramos se viva en modo verde, sin afectar nuestros ecosistemas.

 Invitamos a todos los vallecaucanos a celebrar con responsabilidad, a solicitar gratuitamente su material vegetal y a decirle no al tráfico de fauna silvestre. Cuidar la naturaleza también es un acto de fe”, afirmó Marco Antonio Suárez Gutierrez, director general de la CVC. 

 La distribución se realiza a través de las regionales de la CVC en las diferentes parroquias previa solicitud del material vegetal. Así que, si Usted es líder en su comunidad o pertenece a la parroquia del barrio, escriba un correo a eventos@cvc.gov.co indicando: Nombre de la parroquia, ciudad, cantidad de árboles; nombre, número celular y correo electrónico del responsable en la parroquia. 

Se recibirán solicitudes hasta el 13 de marzo y a vuelta de correo electrónico se informará la fecha a partir de la cual se puede reclamar el material vegetal en las direcciones ambientales regionales de la Corporación. 

Las plantas no tienen ningún costo y son entregadas por la CVC en el marco de la campaña: En esta Semana Santa, Ponte en modo verde.

El mensaje se extiende también para que quienes viajan en Semana Santa se abstengan de comprar, transportar o vender fauna silvestre en las carreteras del Departamento. 

 Juntos podemos vivir una Semana Santa En Modo Verde... y hacer que esto se vuelva nuestra filosofía.   





viernes, 27 de febrero de 2026

Almidón de maíz criollo permite hojaldres con menos grasa sin perder su textura

 Reducir el contenido de grasa en productos como el croissant, el pastel gloria o la milhoja, sin afectar su textura crujiente, es uno de los principales retos en la industria panadera. Usualmente por cada 100 g de harina se utilizan cerca de 60 g de grasa, lo que los convierte en alimentos con alto aporte calórico. Frente a este panorama, una investigación encontró en el almidón de maíz negrito de Ciénega (Boyacá) una alternativa para reemplazar parte de esa grasa sin perder las propiedades del hojaldre.

El almidón es el principal carbohidrato presente en el maíz y otros cereales, y en la industria alimentaria se prefiere porque ayuda a darles estructura, estabilidad y textura a los productos, y además reduce la pegajosidad de las masas. En este caso, tras someterlo a un proceso de “modificación enzimática”, el almidón de maíz criollo aumentó en un 20 % su capacidad para absorber agua, una característica esencial para imitar algunas funciones de la grasa en la masa.

La modificación enzimática es un proceso que transforma la estructura natural del almidón para cambiar su comportamiento dentro de la preparación. Para ello, el maíz extraído se trata con una enzima proveniente de la bacteria Bacillus licheniformis, la cual actúa como una “tijera” microscópica capaz de reorganizar sus componentes. Para lograrlo, el material se sometió a un calentamiento de hasta 105 °C durante 5 minutos y luego se estabilizó a 90 °C, condiciones que facilitan la acción de la enzima y permiten obtener un almidón con nuevas propiedades funcionales; luego se secó para usarlo en la formulación de los hojaldres. Gracias a esta modificación, el almidón puede retener agua y contribuir a la formación de capas, funciones que normalmente cumple la grasa.


 En contraste, la capacidad de retención de agua —una propiedad que indica cuánto líquido puede conservar un ingrediente dentro de una preparación— disminuyó alrededor de 65 %. Este cambio revela que el almidón modificado no solo absorbe agua, sino que además la libera indistintamente durante el proceso, lo que resulta útil en los productos que necesitan una textura específica. Así, se reconoce que la modificación del almidón tiene potencial en aplicaciones en las que se requiere hidratación controlada, como sopas, salsas o alimentos cárnicos, en los que este ingrediente no solo espesa, sino que además contribuye a mantener la humedad y la estabilidad del producto final.

“Estos cambios permiten que el almidón cumpla funciones similares a las de la grasa dentro de la masa, especialmente en la formación de capas y en la textura final del producto, por eso al realizar la modificación enzimática vemos que la estructura ya no es la misma”, explica Sergio Mora Clavijo, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Aunque el uso de grasa es fundamental en la elaboración de hojaldres, ya que permite la formación de capas delgadas y crujientes durante el horneado, la proporción usada suele ser elevada: usualmente por cada 100 g de harina se utilizan 60 g de grasa.

En su investigación, el magíster reemplazó hasta el 25 % del material graso en los productos hojaldrados, lo que representó una disminución del 11 % en la ingesta calórica para los consumidores, equivalente a 50,2 kilocalorías, sin afectar su textura ni su aceptación. Este resultado es relevante en un contexto en el que se busca reducir el consumo de grasas —asociadas con problemas cardiovasculares y otras enfermedades a largo plazo— sin sacrificar las características sensoriales de los alimentos.

Buena textura con menos grasa

La etapa de incorporación del almidón modificado de maíz negrito a una formulación básica de hojaldre —compuesta por 100 g de harina, 60 g de agua, 66 g de grasa y 2 g de sal— permitió evaluar su comportamiento dentro de la masa, para lo cual se sustituyó parte de la grasa en distintos niveles, entre el 40 y 50 %, para observar cómo respondía en la formación de capas y en la estabilidad del producto durante el horneado.

“Estas cantidades de sustitución resultaron excesivas, ya que no permitían que la grasa cumpliera su papel en la expansión de las capas formadas por la red de gluten, responsable de la textura hojaldrada. En cambio, la sustitución del 25 % mostró resultados satisfactorios, por lo que fue seleccionada para las pruebas finales con el almidón modificado”.

“Dicho resultado nos permitió avanzar con pruebas de textura y de color, así como con la realización de un panel sensorial que nos permitió constatar el comportamiento del producto y las sensaciones que generaba al verlo y saborearlo”, subraya el magíster.

Tras el proceso de horneado, el producto modificado se sometió a pruebas de textura, color y evaluación sensorial con un panel de 100 expertos, con el fin de comparar su desempeño frente al hojaldre control. Los resultados mostraron que la textura de las muestras con almidón modificado fue muy similar a la del producto tradicional, incluso superior en algunos casos en términos de firmeza y crocancia.

Sin embargo en el producto final se registró un color más pardo, lo que influyó en la percepción de los evaluadores, quienes asociaron visualmente este cambio con una posible sobrecocción, aunque el proceso de horneado fue el mismo que en la muestra de referencia.

Aunque el hojaldre elaborado con almidón de maíz negrito obtuvo calificaciones intermedias frente al control en variables como sabor y apariencia, el producto mantuvo propiedades estructurales comparables con las de la formulación tradicional dentro de las condiciones evaluadas, lo que confirma su potencial como alternativa para reducir grasa sin comprometer la calidad del producto.

Reducción en tiempo de horneado

La incorporación del almidón modificado también permitió observar una posible reducción en el tiempo de horneado del producto, que pasaría de 20 a 18 minutos sin afectar la formación de las capas ni la estabilidad del hojaldre durante la cocción.

Este aspecto resulta relevante si se tiene en cuenta que estudios sobre eficiencia energética en panificación industrial publicados en la Revista Misr de Ingeniería Agrícola señalan que el proceso de horneado es el principal punto de consumo dentro de estas plantas, al concentrar buena parte de la energía utilizada en la producción, con demandas que pueden oscilar entre 0,5 y 7,3 megajulios (MJ) por kilogramo de producto elaborado.

En este contexto, reducciones incluso marginales en el tiempo de cocción se traducirían en ahorros acumulativos de energía cuando se trasladan a sistemas de producción a gran escala, lo que no solo impacta los costos operativos, sino también la eficiencia del proceso productivo.

Por último, el investigador señaló que este tipo de desarrollos contribuiría a ampliar el uso industrial de variedades de maíz criollo que hoy se destinan principalmente a sistemas de subsistencia, abriendo oportunidades para su valorización en la industria de alimentos. “Vale la pena investigar más sobre estas variedades de maíz”, concluyó.










jueves, 26 de febrero de 2026

Colombia proyecta aumentar exportaciones de pasifloras al 10% con producción más sustentable

  

Actualmente, la industria exportadora de pasifloras en Colombia atraviesa un momento decisivo. Aunque las exportaciones superan los US$ 65 millones al año, los volúmenes han disminuido cerca de 4% respecto del año anterior, en un escenario marcado por mayores exigencias sanitarias del principal destino: la Unión Europea.

Es importante recordar que en 2024, Europa concentró cerca del 90% de los envíos colombianos de pasifloras, proporción que se mantuvo en 2025. A diciembre del 2025, las exportaciones alcanzaron un total de más de 70 millones de dólares, con un volumen neto de casi 14 millones de kilos. 

Portalfruticola.com conversó con la directora ejecutiva de la Corporación Gremial de Exportadores de Pasifloras de Colombia, Marisol Parra, quien se refirió al endurecimiento de los controles bajo el Pacto Verde Europeo, “el cual implica un aumento en el muestreo e inspección de fruta colombiana: del 10% al 20% del volumen que ingresa al bloque comunitario, debido a exigencias en los Límites Máximos de Residuos (LMR)”.

Explicó que el incremento de las inspecciones ha generado mayores costos logísticos, demoras y presión financiera sobre las empresas exportadoras, lo que ha llevado incluso a que algunas empresas decidan retirarse del mercado europeo. 

Asimismo, esta situación ha provocado una reducción en el cultivo de pasifloras, afectando la oferta exportable. “Aunque el alza en precios internacionales compensó parcialmente la caída en volumen, el impacto estructural obligó al sector a replantear su estrategia productiva” indicó.

Rol de los pequeños productores 

Parra dijo que uno de los principales desafíos radica en la estructura productiva del sector. “El 85% de la fruta exportable proviene de pequeños productores, mientras que solo el 10% corresponde a cultivos propios de grandes exportadoras”.

Detalló que la atomización hace más compleja la implementación de cambios técnicos y sanitarios, especialmente en el uso responsable de agroquímicos y el cumplimiento de períodos de carencia exigidos por mercados como el europeo.

Frente a este escenario, Parra comentó que, como gremio, han intensificado el trabajo territorial. Tras el Congreso Mundial de Pasifloras realizado en Medellín, se decidió replicar el modelo en versiones regionales enfocadas directamente en productores. El próximo encuentro se realizará el 13 de mayo en Neiva, departamento del Huila, una de las principales zonas productoras.

Agregó que el objetivo es acercar la institucionalidad —incluyendo autoridades sanitarias y organismos de promoción comercial— a los predios rurales, fortalecer la comunicación del riesgo y generar conciencia sobre la importancia de cumplir los estándares internacionales.

Parra dijo que hasta ahora los productores han mostrado receptividad y disposición al cambio, aunque persisten mitos respecto a la eficacia de los bioinsumos y existe preocupación por los costos de transición.

Reconversión tecnológica

El desafío que tiene el sector es claro: producir fruta más sustentable. Por ello, el eje estratégico de la industria es la reconversión tecnológica hacia una producción más limpia. 

La ejecutiva comentó que, en alianza con el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), están estructurando un plan de acción que incluye campañas de capacitación, sensibilización y acompañamiento técnico en campo.

Además, el gremio trabaja con la Fundación de Usos Menores de Estados Unidos y con la Corporación CABI, organismo internacional especializado en control biológico, para formular un proyecto orientado al desarrollo de bioinsumos específicos para pasifloras.

Parra dijo que la meta es, en el plazo de un año, contar con una propuesta tecnológica sólida que permita reducir la dependencia de moléculas de síntesis química, combinando bioplaguicidas y agroquímicos tradicionales bajo protocolos técnicos adecuados. Se proyecta incluso la creación de biofábricas gremiales que aseguren calidad, disponibilidad regional y precios competitivos.

El presente de la industria 

Colombia cuenta con más de 20.000 hectáreas sembradas de pasifloras y una producción cercana a 320.000 toneladas anuales, de las cuales apenas el 4% se exporta. 

En ese sentido, Parra expuso que el objetivo es elevar ese porcentaje al 10% en los próximos dos a tres años, impulsando nuevas siembras bajo estándares de producción limpia.

El sector también está trabajando en diversificar los mercados de destino. “Aunque Europa sigue siendo el principal mercado, el sector avanza en gestiones para abrir Estados Unidos, donde la admisibilidad sanitaria aún se encuentra en fase final de negociación entre autoridades técnicas de ambos países”, señaló Parra.

Especificó que la expectativa es que, una vez habilitado el mercado estadounidense, este pueda igualar en cinco años la relevancia que hoy tiene Europa, reduciendo así la alta dependencia del bloque comunitario.

Agregó que también se exploran oportunidades en Chile y China —con especial interés en granadilla— y otros mercados de América del Norte y Centroamérica, aunque actualmente representan una fracción menor del total exportado.

Fortalecimiento del sector 

Frente a los desafíos que enfrenta la industria, Parra enfatizó que los pequeños productores no están solos, ya que el proceso implica acompañar a miles de agricultores en una modernización técnica que garantice calidad, sostenibilidad y competitividad internacional.

La ejecutiva concluyó diciendo que la apuesta gremial combina apertura de mercados, reconversión tecnológica e incentivos a nuevas siembras, con un mensaje claro hacia el sector: “fortalecer la industria exportadora no solo impacta en cifras comerciales, sino en generación de empleo rural, mejora de ingresos y dignificación del trabajo en el campo colombiano”.

*Fotografías gentileza Corporación Gremial de Exportadores de Pasifloras de Colombia













lunes, 23 de febrero de 2026

De la poda al laboratorio, residuos agrícolas con potencial para la industria alimentaria

 Cuando un aceite se enrancia —pierde olor, sabor, color y valor nutricional por reacción con el oxígeno— la industria suele usar aditivos sintéticos para retrasar ese deterioro. Estos compuestos actúan como antioxidantes, es decir, sustancias que frenan las reacciones químicas que dañan las grasas. En el Laboratorio de Frutas Tropicales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, uno de los proyectos actuales evalúa si hojas de agraz pueden convertirse en alternativas naturales con esa misma capacidad protectora.

Pero esa no es la única apuesta. Esta fotogalería recorre otras líneas de investigación del laboratorio, desde el análisis de papa nativa hasta el estudio de residuos de mora y tomate de árbol, con un objetivo común, dar valor científico y productivo a lo que hoy se descarta en el campo.

Una de esas investigaciones es la tesis de la química Angie Guevara, estudiante de la Maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos, quien trabaja con hojas de agraz, un cultivo similar al arándano que ha empezado a ganar terreno en regiones como Boyacá, Nariño, Antioquia, Cundinamarca y Cauca. A partir de estas hojas, el equipo obtiene extractos con posibles propiedades antioxidantes.

El objetivo es evaluar si estos compuestos naturales pueden retrasar la oxidación en aceites vegetales como el de girasol, proceso que actualmente se controla mediante antioxidantes sintéticos como el TBHQ. “Queremos buscar posibles antioxidantes naturales que también nos ayuden a aprovechar algunos residuos generados en el campo de la agricultura”, explica.

Para ello se emplean técnicas como el ensayo DPPH, que mide la capacidad antioxidante de los extractos mediante el cambio de color de un reactivo sensible a procesos de reducción y oxidación. Cuando el reactivo, de color morado intenso, entra en contacto con sustancias antioxidantes, pierde color y se torna amarillo pálido, lo que permite estimar la potencia antioxidante de la muestra analizada.

Si los resultados son favorables, estos residuos se podrían transformar en insumos industriales capaces de extender la vida útil de aceites, reduciendo así la necesidad de aditivos sintéticos, en línea con la creciente demanda de alternativas naturales en la industria alimentaria. La investigación se encuentra en su etapa inicial.

Tras las pruebas de laboratorio, el siguiente paso será evaluar la estabilidad de los extractos directamente en el aceite bajo la prueba Rancimat, un método que somete el aceite a altas temperaturas y flujo constante de aire para acelerar su oxidación y medir cuánto tiempo tarda en deteriorarse.

Luego se realizarán ensayos de estabilidad acelerada para determinar si estos compuestos naturales logran retrasar la oxidación lipídica y en qué concentraciones resultan efectivos frente a los antioxidantes sintéticos usados por la industria. Más allá de la técnica, el propósito es claro, convertir un residuo agrícola en una alternativa viable para la industria alimentaria.

También se busca generar nuevas oportunidades económicas para los agricultores que hoy desechan las hojas producto de las podas.

Un laboratorio con múltiples frentes de investigación

Este laboratorio, coordinado por el profesor Carlos Eduardo Narváez Cuenca, forma parte del Grupo de Investigación en Química de Alimentos, creado oficialmente en 2002. Desde entonces ha sido un referente en el análisis de frutas y tubérculos en proyectos de impacto nutricional y agroindustrial, donde se caracterizan macronutrientes, micronutrientes y compuestos bioactivos presentes en estos alimentos.

Según la química Angie Guevara, “en este espacio desarrollamos diferentes proyectos de investigación orientados a diversificar las frutas, diseñar alimentos y valorizar subproductos agrícolas como residuos de poda, semillas y cortezas de frutas que tienen potencial para uso industrial”.

Además de la investigación con hojas de agraz, el equipo ha participado en iniciativas como el proyecto de papas más nutritivas. “Allí trabajamos en el análisis de una colección de papa, en el cual el Laboratorio ha sido un pilar importante”, agrega.

Del campo al laboratorio

En esa misma línea de valorización de la biodiversidad, el equipo también ha adelantado investigaciones sobre el aprovechamiento de residuos de mora y tomate de árbol, así como estudios sobre genotipos silvestres de agraz en Santander y colecciones cultivadas en Cundinamarca y Boyacá, con miras a su fitomejoramiento, un proceso orientado a identificar y potenciar las plantas con mejores cualidades nutricionales y agronómicas para fortalecer futuras siembras y hacer más competitivos los cultivos.

Este trabajo permite reconocer qué variedades ofrecen mayor valor nutricional y mejor adaptación a distintas condiciones, para integrarlas en programas de mejoramiento agrícola. “Los proyectos se realizan en alianza con profesionales en Ciencias Agrarias y Biología, quienes integran el componente agrícola y genético con el análisis químico de los alimentos”, afirma el profesor Narváez.

El trabajo comienza en el campo, donde se recolectan las muestras que luego se acondicionan en el Laboratorio mediante procesos de lavado y liofilización, una técnica que elimina el agua mediante congelación y posterior sublimación al vacío, lo que permite conservar compuestos sensibles sin exponerlos a altas temperaturas.

“Muchos de los compuestos bioactivos que analizamos son sensibles a la temperatura, la luz, a la presencia de oxígeno y a los cambios en los niveles de pH. La liofilización es la mejor forma de preservarlos para su estudio”, explica la investigadora Guevara.

Una vez acondicionadas, las muestras se someten a molienda y se almacenan en condiciones controladas antes de iniciar la extracción de compuestos como fenólicos, carotenoides y clorofilas, sustancias naturales que pueden actuar como antioxidantes, proteger las células frente al daño oxidativo, aportar color a los alimentos y, en algunos casos, contribuir a la prevención de enfermedades asociadas con el estrés oxidativo.

Estas extracciones se realizan con equipos como ultrasonido y centrífugas, y posteriormente se analizan mediante cromatografía líquida de ultraalta eficiencia, una tecnología que permite identificar cuáles compuestos hay en una muestra y en qué concentración. “El equipo nos permite analizar cuáles compuestos están presentes en nuestras muestras y en qué cantidad”, afirma la estudiante.

Cada análisis produce gráficos en los que cada pico corresponde a un compuesto específico, conocidos como cromatogramas. La altura o el área de esos picos indica su concentración, lo que permite identificar y cuantificar metabolitos con potencial actividad biológica de forma precisa y reproducible.





 




 






martes, 17 de febrero de 2026

México registra nueva variedad de guanábana con mayor rendimiento y calidad

 México dio un nuevo paso en el fortalecimiento de su producción frutícola con la incorporación de Perla-AM, una nueva variedad de guanábana que promete mayores rendimientos, mejor calidad de fruta y mayor resiliencia productiva, informó la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.

El Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas (SNICS) otorgó el registro definitivo de esta variedad al Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), integrándola oficialmente al Catálogo Nacional de Variedades Vegetales.

Guanábana, un tesoro tropical con ventajas productivas

La variedad Perla-AM se distingue por producir frutos de gran tamaño, con un peso promedio de 1.3 kilos, pulpa blanco-cremosa y un perfil organoléptico de excelente sabor y aroma. Además, ofrece rendimientos superiores al promedio nacional, lo que la convierte en una opción atractiva para productores.

Sus frutos presentan buena forma y polinización natural, características que favorecen tanto su consumo en fresco como su uso en la agroindustria para la elaboración de jugos, pulpas y derivados.

Desde el punto de vista agronómico, los árboles de Perla-AM muestran un crecimiento extendido y tolerancia al secamiento de ramas, enfermedad causada por el hongo Lasiodiplodia theobrame, lo que reduce riesgos productivos y costos de manejo.

Los estudios demostraron que la variedad se adapta adecuadamente a climas cálidos y semicálidos subhúmedos, ampliando su potencial de cultivo en diversas regiones del país.

Refuerzo al liderazgo productivo de México

El país azteca es el mayor productor de guanábana a nivel mundial y la introducción de Perla-AM llega en un momento estratégico para consolidar ese liderazgo.

Según datos de la Dirección General del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (DGSIAP), en 2024 la producción nacional alcanzó 30 mil toneladas. De las nueve entidades productoras, el estado de Nayarit encabeza con 24.718 toneladas, seguido por Michoacán con 2.050 toneladas y Colima 1.137 toneladas.

Con la llegada de Perla-AM, productores y consumidores mexicanos cuentan con una nueva opción de alta calidad que no solo impulsa la competitividad del sector, sino que también refuerza el consumo de una fruta emblemática de la biodiversidad tropical del país.