domingo, 20 de septiembre de 2026

365 plantas medicinales revelan la riqueza de los saberes tradicionales en Santander

 En huertas, jardines y caminos de cuatro municipios de Santander sobreviven cientos de plantas a las que sus habitantes siguen recurriendo para aliviar dolencias, preparar infusiones o conservar prácticas aprendidas de padres y abuelos. Un inventario realizado en la zona norte de la Serranía de Los Yariguíes documentó 365 especies medicinales y 2.830 usos tradicionales, desde los más cotidianos hasta prácticas en las que la relación entre la planta y la curación está mediada por creencias populares.

Detrás de ese inventario está el ingeniero forestal Daniel Mauricio Díaz-Rueda, magíster en Ciencias - Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien llegó a la Serranía de Los Yariguíes no como quien descubre un territorio desconocido, sino como quien regresa a una tierra que conoce desde hace años. Nació en Barrancabermeja, sus raíces familiares están en Zapatoca y desde hace unos 15 años estudia la flora de esta zona del departamento.

Ese vínculo personal terminó convertido en su tesis de maestría en Ciencias - Biología de la UNAL, dirigida por Lauren Raz y Diego Giraldo-Cañas, profesores del Instituto de Ciencias Naturales. Entre 2022 y 2024 recorrió los municipios de Betulia, Galán, San Vicente de Chucurí y Zapatoca, donde entrevistó a 76 habitantes de zonas rurales y urbanas para conocer qué plantas utilizan, cómo las preparan y para qué dolencias recurren a ellas.

“Los trabajos sobre etnobotánica en Santander han sido muy pocos, y en esta región particular aún menos. No teníamos un antecedente con el cual comparar, lo más parecido eran las crónicas sueltas de viajeros del siglo XIX, como la de un explorador que en 1836 describió, de paso, las labranzas de maíz, yuca y caña que encontró en territorio yariguí”, explica el investigador Díaz.

Una comunidad borrada del mapa

El nombre de la serranía viene de los yariguíes, una de las comunidades indígenas que habitaron este territorio junto con los guanes. Hoy ambas están extintas.

“Surgieron dos etapas de exterminio. La primera durante la conquista y la segunda cuando se establecieron empresas petroleras en la región del Magdalena Medio, a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Esa fue la etapa final y terminaron de arrasar con las comunidades yariguíes que quedaban”, indica.

A la desaparición de los yariguíes se sumó un profundo olvido cultural. Durante años poco se habló de ellos, hasta quedar prácticamente borrados del mapa. Por eso el investigador quiso rastrear si algo de su lengua permanecía en las 727 formas en que la gente nombra hoy sus plantas medicinales. Revisó dos diccionarios antiguos de vocablos tradicionales, en busca de palabras relacionadas con árboles, cultivos o cualquier elemento vegetal.

La búsqueda no arrojó rastros de vocablos yariguíes, y tampoco las personas entrevistadas hicieron referencia a ellos. “Eso nos muestra que ya se ha perdido, por lo menos, la forma de llamar la planta. Si no sabemos cómo la llamaban, mucho menos sabemos qué se perdió con ese nombre”, expresa.

La búsqueda de esos rastros hizo parte de un estudio que tuvo un origen muy concreto. Un colectivo de 30 mujeres de la región, interesadas en elaborar productos con plantas medicinales, quería conocer qué otras especies existían además de las que ya utilizaban. A partir de ellas, Díaz amplió la muestra mediante la técnica de “bola de nieve”: cada persona entrevistada recomendaba a otra que también supiera de “maticas”, hasta llegar a 46 participantes más y completar un total de 76.

Cada “matica” mencionada se convertía, además, en una muestra botánica: una ramita con flores o frutos que Díaz-Rueda secaba y llevaba al Herbario Nacional Colombiano (COL) de la UNAL para compararla con ejemplares de referencia, consultar literatura especializada y verificar su identificación con especialistas en diferentes grupos de plantas.

Escuchar estos saberes también convirtió al investigador en traductor entre dos lenguajes. “Me encontraba con términos coloquiales muy pintorescos, como la descuajadura. Yo preguntaba: ¿pero qué es? Y me explicaban: es cuando el niño se cae, le da diarrea y queda pálido, como desnutrido”. Su tarea era relacionar esas expresiones populares con los términos científicos o médicos correspondientes.

El limón, el rey de las 88 formas de uso

Del inventario final, 193 especies (53 %) son nativas y 171 (47 %) son originarias de otras regiones del mundo, pero con el tiempo fueron incorporadas a los huertos santandereanos, entre ellas el romero, el tomillo, la albahaca y la sábila. La familia con mayor número de especies fue Asteraceae, con 32, seguida de Lamiaceae y Fabaceae.

Pero ninguna planta acumuló tantos usos como el limón. “Fue la especie con más usos que logramos documentar, con cerca de 88. Le sigue la caña de azúcar, con 81”. Entre las preparaciones registradas aparecen desde aguas para aliviar molestias digestivas hasta gotas de zumo diluido que algunas personas utilizan para limpiar los ojos.

“La mayoría de los trabajos que se han hecho en la zona andina en Colombia documentaban máximo unas 200; documentamos 365”, explica el magíster de la UNAL, quien destaca que el inventario fue posible gracias al conocimiento compartido por las personas entrevistadas.

Entre las nativas, una de las que llamó especialmente su atención fue el bálsamo o bálsamo tranquilo (Peperomia foliosa), una pequeña hierba para la cual no encontró estudios químicos. “Vamos a empezar a estudiar qué compuestos activos tiene con colegas del Departamento de Farmacia de la UNAL, porque es una de las nativas con más usos y queremos saber por qué funciona”.

Cuando la planta cura sin tocar el cuerpo

El inventario también llevó a Díaz-Rueda a proponer una distinción entre las diferentes maneras de utilizar estas plantas. Llama “psicosomáticos” a los usos en los que existe contacto con el cuerpo, como tomarse una infusión, hacerse un baño o aplicarse un ungüento. A otros los denomina “psicomágicos”, pues la planta no entra en contacto directo con la persona, aunque las comunidades le atribuyen efectos sobre determinadas dolencias.

Con respecto a las hernias encontró que para curar aquellas que son umbilicales o inguinales hay una práctica tradicional que consiste en poner el pie sobre un árbol, marcar el contorno, retirarlo y luego quitar ese pedazo de corteza. “La creencia es que cuando se cicatriza la herida del árbol, se le cierra la hernia a la persona”.

Además, documentó prácticas relacionadas con otras dolencias; por ejemplo, “para una persona con problemas de azúcar en la sangre, cortan una caña de azúcar, le quitan las hojas y la meten debajo de la cama de quien tiene la dolencia; y para el insomnio las dormideras —unas plantas que cierran sus hojas al tocarlas— se cortan y se meten debajo de la almohada”.

Aunque el 53 % de las personas entrevistadas considera que estos conocimientos se están perdiendo, el trabajo también encontró señales de su permanencia y transmisión entre generaciones. “Una de las entrevistadas decía que la pandemia fue como un antes y un después, porque la gente volvió a buscar sanación con las plantas, y pese a todo, una gran parte sigue transmitiéndole estos saberes a sus hijos”.

Parte de ese conocimiento quedó reunido en una cartilla ilustrada con las 65 especies más utilizadas en la región, acompañadas de fotografías y descripciones. El material fue entregado a las personas que participaron en el proyecto y a bibliotecas locales.









viernes, 18 de septiembre de 2026

11 especies de árboles de Bogotá muestran distinta capacidad para enfrentar la sequía

 Guayacan de Manizales, chicalá, aliso y eugenia están entre los árboles de Bogotá con mayor vulnerabilidad a la falta de agua. Incluso ante sequías moderadas podrían presentar afectaciones en su crecimiento y desarrollo y, si estas se intensifican, llegar a un punto del que sería difícil recuperarse. En contraste, falso cerezo, saúco, nogal y holly liso cuentan con mecanismos que les permiten enfrentar mejor la escasez de agua.

Los bogotanos ya vivieron los efectos de una fuerte sequía en 2024, una de las peores de las últimas décadas, que llevó al racionamiento de agua en toda la ciudad, mientras el sistema Chingaza alcanzaba niveles críticos como consecuencia del fenómeno de El Niño.

Dicha historia podría volver a poner a prueba la capacidad de la ciudad para enfrentar la falta de agua, ante las proyecciones de un nuevo episodio de El Niño de intensidad muy fuerte hacia finales de 2026 e inicios de 2027.

Lo ocurrido en 2024 permitió observar, además, cómo responden los árboles de la ciudad cuando disminuye considerablemente el agua disponible. Entre julio y septiembre de ese año, meses clasificados como secos dentro del estudio, el contenido de agua del suelo en el área analizada fue en promedio del 17,6 %, frente al 42,6 % registrado durante los periodos húmedos. Además, aumentó la temperatura y disminuyó la humedad relativa del aire.

El escenario de la sequía y cómo los árboles de la ciudad pueden enfrentarse a ella fueron los puntos centrales de la investigación de Derly Alejandra Garzón-Casallas, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien estudió 11 especies de árboles comunes en Bogotá para establecer cómo responden a periodos de menor disponibilidad de agua.

De cada especie se seleccionaron seis árboles adultos y sanos ubicados en el campus de la Sede Bogotá. Durante el seguimiento, realizado entre enero de 2024 y septiembre de 2025, se comparó su comportamiento en periodos secos y húmedos. Las especies se escogieron por ser representativas de la ciudad, contar con más de 20 individuos en el campus y tener ejemplares adultos bien establecidos.

Para establecer qué tan vulnerables eran, se midieron seis características fisiológicas y bioquímicas en sus hojas. Entre ellas, la cantidad de agua que conservaban, la apertura de los estomas —pequeños poros por los que la planta intercambia gases y pierde agua—, la concentración de prolina, un aminoácido que ayuda a proteger las células, y el margen que tenían antes de perder la presión interna que mantiene sus células firmes y funcionales.

Además, el seguimiento incluyó sensores instalados en diferentes puntos del campus que registraron cada diez minutos la temperatura y la humedad del aire, mientras la cantidad de agua presente en el suelo se midió cada 15 días alrededor de los árboles. Así fue posible comparar las respuestas de las mismas especies bajo condiciones ambientales diferentes.

Entre las especies destaca el guayacán de Manizales, una especie nativa de Bogotá que se recomienda para plantar en zonas con riesgo de deslizamiento y cuya madera se aprovecha para diferentes usos en la carpintería, por ejemplo.

Durante el periodo seco llegó a operar cerca e incluso más allá de su límite fisiológico, una condición que, si la falta de agua se prolonga o intensifica, podría comprometer su funcionamiento y supervivencia.

“Bajo las condiciones de nuestro estudio, este árbol es el más vulnerable. En una sequía no tan intensa ya está teniendo efectos: puede que empecemos a ver declinamientos en su crecimiento y desarrollo”, explica la magíster.

La alta vulnerabilidad a la sequía que presentan estas cuatro especies significa que, cuando el agua escasea, sus células pierden la capacidad de mantenerse firmes y funcionales, lo que afecta procesos fundamentales como la fotosíntesis, la asimilación de carbono y su crecimiento normal. Los resultados muestran que estas especies trabajan con márgenes fisiológicos más estrechos durante los periodos secos, por lo que una sequía más prolongada o intensa podría comprometer su desempeño.

Otras especies muestran menor vulnerabilidad

La investigadora no solo evaluó aquellas especies que podrían verse afectadas por las sequías, sino que también logró identificar las que presentan menor vulnerabilidad. Entre ellas están el falso cerezo, el saúco, el nogal y el holly liso, este último una especie invasora en los humedales de la ciudad y que mostró una de las mayores capacidades para enfrentar la falta de agua.

Tales especies no necesariamente soportan una mayor deshidratación, sino que cuentan con mecanismos que les permiten reaccionar antes de alcanzar niveles críticos. Entre ellos están el cierre de los estomas, que reduce la pérdida de agua, y una mayor acumulación de prolina, un aminoácido que actúa como protector para mantener sus células firmes y funcionales incluso cuando el agua escasea. Esa respuesta coordinada les permite conservar un margen de seguridad mayor antes de acercarse a sus límites fisiológicos.

En otras palabras, mientras las especies menos vulnerables tienden a “evitar” la sequía regulando antes la pérdida de agua, las más vulnerables continúan funcionando a medida que disminuye la disponibilidad de agua y terminan operando más cerca de sus límites.

El holly liso fue el que conservó el margen de seguridad más amplio durante el periodo seco, lo que sugiere una mayor capacidad para soportar periodos más largos o intensos de escasez de agua. Sin embargo, este resultado no significa que deba privilegiarse su siembra en Bogotá. Al tratarse de una especie exótica e invasora, su desempeño frente a la sequía debe analizarse junto con los posibles efectos que puede tener sobre los ecosistemas.

“Esta especie tiene una alta producción de semillas que germinan más rápido que las de otras, por lo que suele desplazar a las especies nativas”, explica la investigadora.

Aun así, el holly liso también presta servicios ecosistémicos, por lo que su manejo no puede reducirse únicamente a retirarlo de estos espacios.

Resultados aportarían a la planificación urbana

Los resultados pueden aportar información para la planificación y el manejo del arbolado urbano de Bogotá, especialmente ante escenarios de mayor variabilidad climática. La tesis plantea que conocer la vulnerabilidad de cada especie y su capacidad de ajustar diferentes funciones frente a la falta de agua puede orientar la selección de árboles para la ciudad.

“Esta información la puede utilizar el Jardín Botánico de Bogotá, el ente encargado de regular la selección y plantación de especies en la ciudad, para tener en el radar aquellas especies con mayor capacidad de aclimatación y prever los riesgos en las especies más vulnerables”, señala la magíster Garzón-Casallas.

Esto no significa, sin embargo, hacer una lista de árboles que sirven y otros que no. La selección de especies también debe considerar su origen —si son nativas o exóticas—, sus efectos sobre los ecosistemas y su capacidad para responder a otros factores de estrés propios de las ciudades, como las altas temperaturas y la contaminación.

Los resultados también pueden ser útiles para quienes conviven diariamente con estos árboles y pueden contribuir a su cuidado. “Es para la vecina o el vecino que tiene un guayacán frente a su casa, por ejemplo, y sepa que es una especie que tiene riesgos frente a la sequía”, concluye la investigadora.

 










viernes, 4 de septiembre de 2026

75 tipos de piña conservados en Colombia revelan una amplia diversidad genética

 Piñas de pulpa amarilla o de tonalidades más claras; frutos grandes, medianos o pequeños, alargados o redondos; coronas abundantes o diminutas, y hojas lisas o cubiertas de espinas. Esta diversidad de formas y colores también se encuentra en sus genes. Así lo reveló el análisis de 75 tipos de piña conservados en Colombia, entre los que están variedades conocidas como mordilona, manzana, perolera y MD2, esta última comercializada como piña gold u oro miel.

La investigación, desarrollada por Kevin Alejandro Rodríguez Arévalo, estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, analizó materiales de piña conservados en el Banco de Germoplasma de Piña de Colombia.

Al comparar sus características físicas y genéticas encontró diferencias importantes entre variedades botánicas, cultivares y materiales recolectados en distintas regiones del país.

El banco, ubicado en el Centro de Investigación Palmira de Agrosavia, conserva esta diversidad, cuyo estudio aporta información para orientar estrategias de conservación y futuros programas de mejoramiento genético de la especie.

Parte de esta diversidad se explica porque el origen de la piña es el  trópico americano. La especie pertenece a la familia Bromeliaceae, que reúne alrededor de 50 géneros y 3.140 especies, pero incluso dentro de una misma especie, como Ananas comosus (L.) Merr., pueden encontrarse diferencias que van mucho más allá de las visibles para el consumidor.

Para identificar esas diferencias, el estudiante Rodríguez estableció, mediante análisis estadísticos, grupos de materiales con formas y tamaños semejantes. Uno de ellos agrupó materiales como mordilona, piña de agua y piña de Castilla; otro reunió una mayor diversidad de cultivares, entre ellos piña caqueteña, llanera, manzana/perolera, mayanesa, perola, pajarita, queen, singapore canning y smooth cayenne.

Los resultados mostraron que la mayor riqueza genética se concentra en las variedades botánicas de la piña, como microstachys, bracteatus y erectifolius. En cambio, los cultivares más conocidos y cultivados, entre ellos manzana, perolera, queen, smooth cayenne, singapore canning y MD2, presentaron menor diversidad genética.

Para el investigador este comportamiento era esperado, ya que la mayoría de los cultivares se multiplican de forma clonal, es decir, se reproducen a partir de plantas genéticamente muy similares.

“Los análisis utilizados para reconstruir las relaciones evolutivas entre los materiales confirmaron la consistencia de los resultados obtenidos mediante las caracterizaciones morfológicas y genéticas”.

Diversidad genética para conservar y mejorar la piña

Para conocer con mayor detalle esa diversidad, los 75 materiales fueron sometidos por el investigador, en los laboratorios de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia), a análisis de diversidad genética mediante resecuenciación del genoma completo. Con esta técnica se identificaron pequeñas variaciones en el ADN, conocidas como polimorfismos de nucleótido simple (SNP), que permiten estudiar las relaciones genéticas entre los materiales.

Los resultados evidencian que el Banco de Germoplasma de Piña de Colombia conserva materiales con una amplia diversidad genética, especialmente entre las muestras recolectadas en el país, información que constituye una base para futuras estrategias de conservación, programas de mejoramiento genético y nuevas investigaciones sobre la evolución y domesticación de esta especie.

Los resultados tienen una aplicación que va más allá de describir las características de las plantas. Según el estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas, “la caracterización genética contribuye al diseño de estrategias de conservación y mejoramiento de la piña, ya que permite identificar materiales con características y relaciones genéticas de interés”.

El estudio también sugiere la necesidad de ampliar las recolectas hacia regiones que actualmente están poco representadas en el banco, especialmente la Amazonia y la Orinoquia.





miércoles, 29 de julio de 2026

Vainilla del Pacífico colombiano florece con impulso de la UNAL

Hace apenas 15 años que Colombia empezó a escribir su propia historia alrededor de la vainilla (Vanilla planifolia), la orquídea trepadora que produce uno de los aromas y sabores más apreciados del mundo. Desde entonces, profesores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y comunidades del Pacífico han identificado 9 especies silvestres entre las selvas de Guapi (Cauca) y Bahía Solano (Chocó), un hallazgo que hoy impulsa nuevas apuestas para su cultivo y aprovechamiento sostenible.

Ese conocimiento abrió el camino para que investigadores de la UNAL Sede Palmira y miembros de la comunidad sembraran 20 plantas de esta especie —la más comercial y apetecida del mundo— en la reserva La Primavera, ubicada en el municipio de San José del Palmar (Chocó), en donde confluyen la selva húmeda del Pacífico y los ecosistemas andinos, condiciones que favorecerían el desarrollo de este cultivo.

La siembra forma parte del proyecto “Plan piloto de establecimiento de Vanilla planifolia en ecosistemas de transición Andes-Pacífico”, liderado por la Fundación Ecológica PASS, con el cual se busca evaluar el comportamiento de la especie en un territorio que combina la alta pluviosidad del Pacífico, el clima tropical, la influencia de la cordillera de los Andes y una gran diversidad de bosques naturales, y también fortalecer su propagación y potencial productivo.

La iniciativa surgió de un trabajo conjunto entre la UNAL y la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata) de San José del Palmar. “Con ellos nació la idea de evaluar cómo se comporta la vainilla en estas condiciones ambientales. Conseguimos el material vegetal en Tumaco y nos desplazamos por tierra hasta San José del Palmar para realizar la plantación piloto en la finca de un habitante de la zona”, explica el profesor Joel Tupac Otero Ospina, líder del Grupo de Investigación en Orquídeas, Ecología y Sistemática Vegetal de la UNAL Sede Palmira.

Cientras en México, Madagascar y China —tres de los principales productores de vainilla del mundo— el cultivo presenta un crecimiento más lento, con hasta 3 años antes de la primera floración y otros 9 meses para que aparezcan los frutos, las condiciones de humedad, la riqueza hídrica y el clima tropical del suroccidente colombiano permiten que las plantas produzcan sus primeros frutos en unos 20 meses.

Dicho potencial se empezó a evidenciar hace 15 años, cuando durante una expedición por las selvas del Pacífico el botánico González, junto con miembros de la comunidad y el investigador Francisco Molineros, identificó 9 especies de vainilla: Vanilla oroanaV. calyculataV. odorataV. bicolorV. dressleriV. rivasii (denominada en honor al cultivador Luis Álvaro Rivas), V. trigonocarpaV. cribbiana y V. planifolia, la especie más comercializada en el mundo.

En la identificación taxonómica también participaron el profesor Otero y otros investigadores de la UNAL.

Tras la siembra, realizada en mayo pasado, el equipo inició un proceso de monitoreo en campo para evaluar la adaptación de las plantas, pues las condiciones de altitud y clima son muy diferentes a las de Tumaco, de donde proviene el material vegetal.

El seguimiento permitirá conocer cómo responde la especie a este nuevo ambiente y determinar su potencial como un cultivo promisorio que genere oportunidades económicas para las comunidades de la región.

La riqueza silvestre de la vainilla en el Pacífico

Según el profesor Robert Tulio González Mina, biólogo botánico de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNAL Sede Palmira, mientras en México —históricamente considerado como el centro de origen de Vanilla planifolia— es necesario recorrer hasta 20 km para encontrar una planta, en el Pacífico colombiano varias especies crecen naturalmente compartiendo un mismo territorio.

Mientras en México, Madagascar y China —tres de los principales productores de vainilla del mundo— el cultivo presenta un crecimiento más lento, con hasta 3 años antes de la primera floración y otros 9 meses para que aparezcan los frutos, las condiciones de humedad, la riqueza hídrica y el clima tropical del suroccidente colombiano permiten que las plantas produzcan sus primeros frutos en unos 20 meses.

Dicho potencial se empezó a evidenciar hace 15 años, cuando durante una expedición por las selvas del Pacífico el botánico González, junto con miembros de la comunidad y el investigador Francisco Molineros, identificó 9 especies de vainilla: Vanilla oroanaV. calyculataV. odorataV. bicolorV. dressleriV. rivasii (denominada en honor al cultivador Luis Álvaro Rivas), V. trigonocarpaV. cribbiana y V. planifolia, la especie más comercializada en el mundo.

En la identificación taxonómica también participaron el profesor Otero y otros investigadores de la UNAL.

A partir de ese hallazgo, en 2016 la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Swissaid), en alianza con consejos comunitarios, asociaciones de productores y universidades, puso en marcha un plan de acción en Chocó para impulsar el cultivo de vainilla como una alternativa de ingresos para comunidades indígenas y afrodescendientes. La iniciativa incluyó capacitaciones sobre el manejo del cultivo y pasó de reunir 18 productores en sus inicios a más de 200 en la actualidad.

Hoy algunas comunidades del Chocó no solo comercializan la vainilla, sino que también elaboran extractos, jabones, repelentes y otros productos con valor agregado, fortaleciendo así la economía local y promoviendo la participación de las nuevas generaciones.

Además de su potencial económico, la vainilla se cultiva en sistemas agroforestales y no en monocultivos, por lo que requiere árboles que le sirvan de soporte y favorece la conservación del bosque. A ello se suma que su producción no requiere pesticidas ni fertilizantes químicos, una característica que contribuye al cuidado del medioambiente.







miércoles, 22 de julio de 2026

Retraso en la cosecha de cítricos en Perú responde a un invierno más frío

 El retraso en la cosecha de cítricos en Perú responde a un invierno más frío, no a una crisis productiva, indicó a Portalfruticola.com, Marco Mattar,  asesor internacional en paltos y cítricos.

El comportamiento climático registrado durante esta temporada en Perú ha generado inquietud entre productores y exportadores de cítricos debido al retraso observado en la cosecha y a las dudas respecto al desarrollo de la próxima floración.

En ese sentido, el especialista mencionó que aún no existen antecedentes que permitan afirmar que el fenómeno de El Niño esté impactando severamente la producción citrícola peruana. De hecho, explicó que la temporada presenta condiciones distintas a las que muchos anticipaban.

Al respecto señaló: "Hoy existe una especie de psicosis respecto al clima. Los cítricos florecen entre agosto y septiembre. Lo que realmente está atrasado son las cosechas", sostiene.

Menor acumulación térmica en cítricos

Mattar explicó que el principal indicador para evaluar el avance de la temporada son los grados-día acumulados, calculados a partir de las temperaturas máximas y mínimas diarias.

Según el especialista, la acumulación térmica durante este invierno en Perú ha sido inferior a la registrada en 2023, año marcado por un intenso evento de El Niño.

"Este año ha sido más frío que el 2023, por eso las paltas y las mandarinas presentan un atraso en la cosecha", dijo.

El experto puntualizó que el retraso también afecta la toma de color de la fruta, prolongando las labores de cosecha y postergando las decisiones de manejo posteriores.

Incertidumbre en las variedades tardías

Aunque fue enfático en descartar un escenario crítico, Mattar reconoció que sí existe una preocupación técnica respecto de la intensidad de la floración en algunas variedades tardías de mandarinas, especialmente W. Murcott y Tango.

La razón no estaría relacionada directamente con las temperaturas, sino con la imposibilidad de aplicar uno de los manejos agronómicos más importantes para inducir la floración: el estrés hídrico.

"Como la fruta todavía permanece en los árboles, no es posible suspender el riego para inducir la floración. Esa es la principal duda que tenemos hoy", acotó.

En cambio, en las variedades tempranas ya finalizaron las cosechas, por lo que sí pudieron recibir este manejo y actualmente presentan una floración normal.

"Los huertos que realizaron un buen manejo probablemente florecerán sin mayores problemas. Habrá algunos que sí presentarán una menor intensidad floral, pero todavía es muy temprano para cuantificar dicho efecto".

Fenómeno de El Niño

Otro de los aspectos analizados fue la eventual presencia del fenómeno de El Niño.

Ante ello, Mattar considera que el mayor riesgo no radica necesariamente en el comportamiento fisiológico de los árboles, sino en las dificultades logísticas que generan las lluvias intensas.

"Caminos cortados, canales dañados, inundaciones y problemas para transportar la fruta son los efectos que realmente complican la producción. En cítricos y paltos, el impacto suele ser más logístico que productivo", dijo.

Proyección

Para Mattar, la rentabilidad del negocio depende principalmente del volumen exportable. El especialista sostuvo que los huertos bien manejados pueden alcanzar entre 90 y 100 toneladas por hectárea con elevados porcentajes de exportación, mientras que manejos deficientes reducen significativamente la rentabilidad.

Concluyó señalando que la industria debería avanzar hacia variedades más productivas, resistentes y con mejores características para cosecha y exportación, además de ampliar nuevamente las ventanas comerciales.






martes, 16 de junio de 2026

Exportaciones de limón argentino crecerían impulsadas por la menor oferta del hemisferio norte

 La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía de Argentina informó que las exportaciones del complejo de cítricos agrios, lideradas por el limón, registraron un importante crecimiento durante el primer cuatrimestre de 2026.

De acuerdo con datos elaborados por las Subsecretarías de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional y de Economías Regionales y Pequeños y Medianos Productores, los envíos del sector aumentaron un 50% en volumen, totalizando 50.085 toneladas, mientras que el valor exportado alcanzó los US$108 millones, lo que representa un incremento interanual del 36%.

El desempeño estuvo impulsado principalmente por el dinamismo de las exportaciones de limón fresco, que crecieron un 76% en volumen y un 129% en valor, alcanzando los US$26 millones, equivalentes a US$14,7 millones más que en igual período del año anterior.

Por su parte, las exportaciones de jugo concentrado de limón también mostraron resultados positivos, con un alza del 23,6% en volumen y del 67,1% en valor, llegando a US$32,4 millones, es decir, US$13 millones más en comparación con el primer cuatrimestre de 2025.

En ese contexto, Portalfruticola.com conversó con José Carbonell, presidente de Federcitrus, quien explicó que existe una demora en los frutales invernales, especialmente en los cítricos. “Actualmente, la principal especie en plena campaña es el limón, mientras que la cosecha de naranja recién comenzará hacia fines de julio” dijo.

El ejecutivo indicó que, pese a los desafíos climáticos, la campaña se ve impulsada por una creciente demanda desde el hemisferio norte.

"La caída de la producción en España y Turquía ha promovido una mayor demanda de limones provenientes del hemisferio sur", explicó Carbonell.

Sobre los precios, indicó que en Rusia se mantienen en niveles similares a los de la temporada pasada, al tiempo que muestran una mejora en la Unión Europea. 

En el caso de los cítricos dulces, mencionó que Europa es el principal destino del producto argentino, aunque también existen mercados relevantes para la mandarina, como Filipinas, Indonesia y Canadá. Paraguay, por su parte, representa un destino de gran importancia para la naranja argentina.

La Secretaría detalló que las ventas externas de limones frescos crecieron 76% en volumen y 129% en valor, llegando a US$26 millones de dólares, mientras que el jugo concentrado de limón creció un 23,6% en volumen y un 67,1% en valor, alcanzando los US$32,4 millones de dólares.

La venta de aceite esencial de limón que alcanzó un récord con US$48,2 millones, un 6% superior al 2025. El precio por tonelada fue de US$24.477, un 9% superior al año anterior.

Los destinos de venta fueron Estados Unidos, Irlanda, Países Bajos, Rusia e Italia. Se destacan los crecimientos de China (+921%); España (+729%); Francia (+640%); Japón (+217%) y Grecia (+176%).

Estrategia en base a los aprendizajes 

El representante de Federcitrus  indicó que una de las principales lecciones que dejó la campaña anterior fue la necesidad de ajustar la estrategia comercial. Tras experiencias negativas derivadas de envíos superiores a la demanda en 2024, la industria ha optado por priorizar operaciones con fruta previamente vendida.

"Hoy se trata de no mandar ninguna fruta que no esté pre-vendida", indicó Carbonell, destacando que la mayor parte de las exportaciones se realiza bajo contratos cerrados antes del embarque.

Más allá de la fruta fresca, el principal negocio del limón argentino es la industrialización. Cerca del 70% de la producción se destina a la elaboración de derivados, segmento en el que Argentina abastece cerca de dos tercios de la oferta mundial.

Carbonell puntualizó que la campaña comenzó con algunos productos industriales prácticamente sin stock, especialmente jugo de limón, situación que contribuyó a una mejora de los precios internacionales. Según el ejecutivo, la menor producción del hemisferio norte redujo el volumen destinado a la industria y coincidió con un aumento del consumo global de jugo.

En contraste, el mercado del aceite esencial muestra una leve mejoría, mientras que la cáscara deshidratada mantiene valores estables. No obstante, la producción de este último podría caer alrededor de un 20% durante la presente temporada.

La disminución responde a cambios en la matriz energética del norte argentino. Tras el cese del suministro de gas proveniente de Bolivia, la región pasó a abastecer con gas de la provincia de Neuquén. Sin embargo, las limitaciones temporales en la infraestructura de transporte y distribución han elevado los costos y restringido parcialmente la disponibilidad de gas para procesos industriales como el secado de cáscara.

Proyección de los cítricos argentinos 

De cara a los próximos meses, Carbonell dijo que la campaña se perfila como sólida, con al menos dos meses y medio más de intensa actividad. Destacó además el elevado nivel tecnológico de la industria limonera argentina y la capacidad del sector para abastecer plenamente la demanda internacional.

Finalmente, advirtió sobre una tendencia creciente en los mercados europeos: mayores exigencias respecto de residuos químicos en la fruta importada.

Según explicó, algunos países exportadores ya enfrentan rechazos por la presencia de sustancias prohibidas, lo que podría transformarse en una oportunidad para los proveedores del hemisferio sur que cumplen con estándares más estrictos de calidad e inocuidad.












jueves, 11 de junio de 2026

UNAL destaca en ranking que mide la producción científica de Colombia

 La Sede Bogotá ocupó el segundo lugar nacional en el ranking Art-Sapiens 2026 y logró que sus artículos científicos llegaran a revistas de 50 países. Además, las Sedes Medellín, Manizales, Palmira y La Paz mejoraron su posición, reflejando el alcance nacional de la investigación que se produce en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Dicha medición evalúa a las instituciones de educación superior según su producción de artículos científicos publicados en revistas nacionales e internacionales. La edición 2026 del ranking Art-Sapiens deja una fotografía poco común: las cinco Sedes de la UNAL que clasificaron avanzaron posiciones.

El resultado más destacado lo obtuvo la UNAL Sede Bogotá, que alcanzó el segundo lugar nacional con 486,9 puntos y 905 artículos científicos registrados durante el periodo evaluado se consolidó como uno de los principales referentes de la producción científica colombiana. Sus grupos de investigación lograron que los resultados de sus trabajos fueran publicados en revistas de 50 países, la cifra más alta entre las instituciones que integran el Top 15 del ranking.

La Sede Medellín también confirmó su peso en la producción científica nacional. Con 202 puntos, ocupó el octavo lugar del ranking general y se mantuvo dentro del Top 10 de las instituciones con mejor desempeño del país. Además, sus artículos circularon en revistas de 29 países, un dato que habla de una investigación con alcance internacional.

Entre las universidades públicas, fue la quinta con mayor número de publicaciones científicas, con 380 artículos registrados en el periodo evaluado, lo que refuerza el papel de la UNAL Sede Medellín como uno de los polos más sólidos de generación de conocimiento en Colombia.

El avance de la Sede Manizales es uno de los más llamativos dentro de la Universidad. Pasó del puesto 70 en 2025 al 39 en 2026, con 73,4 puntos, y sus investigaciones fueron publicadas en revistas de 18 países. Este salto muestra una mayor visibilidad de su producción científica y el fortalecimiento de grupos que, desde el Eje Cafetero, están logrando que sus resultados circulen en escenarios académicos más amplios.

La Sede Palmira también registró un crecimiento importante: pasó del puesto 109 al 64, con 45,5 puntos, y publicó artículos en revistas de 17 países. Su avance resulta especialmente valioso porque refleja cómo la producción científica de la UNAL se fortalece desde territorios distintos a los grandes centros universitarios tradicionales, ampliando el mapa nacional de la investigación.

La Sede de La Paz, la más joven de la Institución, alcanzó el puesto 109 con 17,4 puntos y publicaciones en revistas de 7 países. Aunque su escala es distinta a la de sedes con mayor trayectoria, su presencia en el ranking muestra un proceso de consolidación académica e investigativa en el Caribe colombiano, una región estratégica para ampliar el impacto territorial de la UNAL.

Estos resultados cobran especial relevancia si se tiene en cuenta que el ranking evalúa variables asociadas a la internacionalización de la producción científica, como las publicaciones en revistas extranjeras, los artículos escritos en inglés y la diversidad de países donde circulan los resultados de investigación. En otras palabras, no solo mide cuánto se publica, sino también qué tan lejos llegan esos nuevos conocimientos.

Así se calcula el ranking

El ranking Art-Sapiens es elaborado por Sapiens Research y clasifica a las instituciones de educación superior colombianas a partir de la producción internacional de artículos científicos.

Para la edición 2026 fueron evaluadas 368 instituciones activas y clasificaron 260, entre sedes principales y seccionales.

La metodología tiene en cuenta cinco variables: publicaciones en revistas colombianas, publicaciones en revistas extranjeras, artículos en español, artículos en inglés y diversidad de países donde circulan los resultados de investigación, este último indicador permite medir el alcance internacional del conocimiento producido por las universidades y la capacidad de sus investigadores para participar en conversaciones científicas globales.

Los resultados se construyen a partir de la información registrada por los grupos de investigación categorizados ante el Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación (MinCiencias) en las plataformas GrupLAC (Grupo Latinoamericano y del Caribe) y CvLAC (Currículum Vitae Latinoamericano y del Caribe), que recopilan y validan la producción científica de investigadores, semilleros y grupos de investigación del país.