En un experimento que cambiaría la forma de producir las rosas en Colombia, una microbióloga logró que una bacteria redujera más de la mitad del daño causado por el hongo gris, un patógeno que puede generar pérdidas de hasta el 40 % del cultivo; también encontró cómo cultivarla de manera abundante y económica. Su aporte abre una posibilidad real de que los floricultores cuenten con una alternativa natural a los fungicidas químicos, para depender menos de ellos y evitar que cientos de ramos terminen en la basura.
El hongo gris –que aparece como una mancha que avanza
rápidamente sobre los pétalos– es uno de los mayores dolores de cabeza para las
fincas floricultoras. Puede afectar la planta en cualquier etapa, y si
encuentra condiciones de humedad se puede activar después de permanecer
latente, lo que hace que su control sea especialmente difícil.
Ante este panorama, la investigadora Laura Marcela Boyacá
Olaya, magíster en Microbiología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL),
decidió probar una alternativa biológica: una bacteria con potencial para
frenar este patógeno según estudios previos del Grupo de Microbiología Agrícola
del Instituto de Biotecnología de la UNAL (IBUN).
Para ello retomó 4 cepas candidatas evaluadas en un proyecto
anterior y las comparó nuevamente para escoger la más efectiva. La
ganadora: Bacillus velezensis, es una bacteria que mostró buena
capacidad de sobrevivir, crecer con estabilidad y detener el avance del hongo
tanto en laboratorio como en pétalos de rosa reales.
Para comprobar su desempeño, primero la enfrentó
directamente al hongo en placas de laboratorio. Luego, para acercarse a una
situación más realista, aplicó la bacteria sobre pétalos de rosa sin fungicidas
–de una empresa floricultora en Chía– y los expuso al patógeno. Los pétalos
tratados se infectaron menos, lo que confirmó que esta bacteria es una aliada
funcional y no solo una posibilidad teórica.
“Buscábamos la que mostrara la menor tasa de infección, y
esta fue la que mejor respondió”, explica la investigadora.
Un mundo micro para una solución macro
Después de confirmar el potencial de la bacteria, el
siguiente reto de la investigadora fue saber si esta se podía producir en
grandes cantidades sin que el proceso se volviera inviable para una empresa.
Para ello probó 3 formas de “alimentarla” y eligió la que permitía un
crecimiento más fuerte y un mejor efecto contra el hongo. Luego estudió 4
factores cruciales –como los nutrientes y ciertas condiciones de cultivo– para
encontrar la combinación que permitiera obtener más bacterias sin que perdieran
su capacidad protectora.
Las dietas fueron: un medio de cultivo rico en nutrientes y
muy usado para que las bacterias crezcan rápido; otro empleado ampliamente en
microbiología agrícola por su equilibrio entre nutrientes y estabilidad; y un
medio más simple y económico con componentes mínimos. Mientras los primeros dos
son “menús” completos que favorecen un crecimiento abundante, el último es más
básico y está pensado para reducir costos. Al evaluarlos, la magíster escogió
el que le permitió a la bacteria crecer con mayor estabilidad y mantener su
capacidad de frenar al hongo sin encarecer el proceso.
Con las condiciones adecuadas, es decir el medio de cultivo
rico en nutrientes, la bacteria alcanzó recuentos muy altos a las 120 horas:
más de 300.000 millones de células y cerca de 10.000 millones de esporas por
cada mililitro de cultivo, eso sin perder su capacidad de reducir más del
50 % del daño causado por el hongo.
El estudio también mostró que la bacteria puede crecer bien
aunque se usen menos cantidades de los ingredientes que normalmente se
necesitan para alimentarla, lo que bajaría los costos de producción. Además, la
parte activa, es decir el líquido donde están las sustancias que frenan al
hongo (surfactina, iturina y fengicina), funcionó incluso mejor cuando se
diluyó en agua, señal de que un futuro producto rendiría más y resultaría más
económico para los floricultores.
Si esta alternativa se implementara el sector tendría varios
beneficios, entre ellos reducir el uso de fungicidas sintéticos, lo que
disminuiría la resistencia del hongo y los costos de producción. Y aunque el
estudio no evaluó si la bacteria tiene efectos sobre el crecimiento de la
planta, sí se sabe que en otros cultivos especies similares han mostrado
beneficios adicionales.
El uso excesivo de fungicidas termina afectando tanto a las
rosas como a quienes las cultivan. En las plantas puede quemar hojas y tejidos,
alterar la vida del suelo al eliminar microorganismos útiles y volver más
resistentes a los hongos que se quieren controlar. Para los trabajadores, la
exposición repetida –por contacto, inhalación o incluso ingestión accidental–
puede causar irritaciones, problemas respiratorios y efectos tóxicos con el
tiempo. Por eso reducir la dependencia de estos productos se ha vuelto una
necesidad urgente en la floricultura.
La investigadora es clara en señalar que el producto aún no
está finalizado. Faltan pruebas en campo con más flores, estudios de
estabilidad, validación en diferentes variedades y evaluación sobre cuánto dura
su efecto una vez formulado. Sin embargo el camino está bien trazado, pues
demostró que la bacteria controla el hongo, se puede producir en grandes
cantidades y tiene características que facilitarían un proceso de fabricación
sostenible.
El trabajo fue dirigido por los profesores Daniel Vélez y
Luis Miguel Serrano, ambos de la UNAL.
Con 56.215 toneladas en 2023, Colombia ocupó el segundo
lugar como mayor exportador mundial de flores y el cuarto de rosas de corte.
Por eso contar con una solución natural, económica y eficaz marcaría una
diferencia importante en la floricultura del país. Este hallazgo no solo apunta
a un cultivo más sano, sino también a un sector más competitivo y sostenible.



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