Dentro de la industria frutícola chilena ha comenzado a sonar con fuerza la posibilidad de que los productores de cerezas migren a un nuevo cultivo, debido a la baja rentabilidad tras dos temporadas con resultados débiles. Ante ese panorama, se ha escuchado la opción del avellano europeo.
En ese escenario, en Portalfruticola.com nos preguntamos los
pros y contras de dicha alternativa. Para ello, conversamos con productores y
conocedores del sector, porque entendemos que es una decisión importante y
cualquier medida debe tomarse con toda la información sobre la mesa.
Industria y mercado
Uno de los aspectos positivos y más llamativos que tiene hoy
el avellano europeo es la rentabilidad de retorno al productor, explicado por
el buen momento que vive el cultivo, favorecido por una menor producción en
Turquía —principal productor mundial— y una demanda sostenida de la industria
chocolatera.
Cristián Parra, gerente de Inversiones Agrícolas Jeleila
Ltda., conversó con nuestro medio y planteó la preocupación ante la posibilidad
de que productores de cereza migren masivamente al avellano europeo atraídos
por los precios actuales. “Ya vivimos el derrumbe de la cereza por sobreoferta.
No me extrañaría que en las avellanas pase lo mismo”, dijo.
Parra conoce ambos mundos, ya que fue productor de cerezas
hace 15 años y luego migró al avellano europeo. Desde su experiencia, insiste
en que los negocios agrícolas deben analizarse en horizontes de 15 a 30 años,
no en ciclos cortos.
Restricciones técnicas y climáticas
El recambio de una especie a otra no es una decisión fácil
ni puede tomarse de un día para otro. También es relevante considerar que no se
puede cultivar en cualquier lugar, ya que cada una posee condiciones edafoclimáticas
específicas.
Actualmente, el avellano europeo se concentra entre las regiones del Maule y Los Lagos. Más al norte, el cultivo posee limitantes hídricas, de suelo y de horas frío, reduciendo su viabilidad.
A diferencia del cerezo, el avellano europeo requiere
una adecuada diferenciación floral en invierno y primavera, además de
condiciones ambientales más húmedas y estables.
Parra indicó que la reconversión tampoco es simple desde el
punto de vista sanitario. Hoy el cerezo enfrenta problemas como el cáncer
bacteriano, patología a la que el avellano también es susceptible, lo que
obliga a realizar procesos de sanitización de suelo antes de replantar.
Costos y retornos
En el caso de aquellos productores que, una vez analizadas
todas las variables, tomen la decisión de plantar avellano europeo, deben
considerar el costo de desmantelar un huerto de cerezos, ya que retirar
los techos, postes, anclajes, líneas de riego y más de mil plantas por
hectárea, tiene un costo promedio de $4 a $5 millones de pesos por
hectárea.
El gerente de Inversiones Agrícolas Jeleila Ltda. indicó que
el establecimiento de una hectárea de avellano europeo, hace una década,
bordeaba los $5 millones; hoy alcanza entre $10 y $12 millones, dependiendo de
la variedad y el nivel tecnológico.
Foto
Especificó que los retornos son lentos. “La producción
comercial inicia alrededor del cuarto año; los flujos positivos se
estabilizan hacia el séptimo u octavo, y la recuperación total del capital
puede superar los 13 años. Si el productor ya está tensionado financieramente
con la cereza, sumar otro cultivo de largo plazo puede profundizar el
problema”, advirtió Parra.
Parra detalló que el avellano requiere superficies mayores
para justificar inversiones en cosechadoras, secadoras y sistemas de limpieza.
Además, existe una diferencia evidente: la cereza es una
fruta fresca, mientras que la avellana corresponde a un fruto seco.
Proyecciones y riesgo de sobreoferta
En Chile hay entre 45.000 a 50.000 hectáreas plantadas con
avellano europeo. Si el ritmo de crecimiento continúa, la cifra podría alcanzar
las 80.000 hectáreas en cinco años, considerando huertos jóvenes y plantas ya
reservadas.
Parra es categórico al decir que el escenario internacional
presenta un atractivo, ya que Turquía — que concentra gran parte de la
producción mundial— ha sufrido bajas productivas en los últimos años. Sin
embargo, el productor recuerda que el cultivo es estratégico para ese país,
representando cerca del 10% de su PIB agrícola, y que el Estado turco
interviene activamente para sostenerlo.
“La recuperación vendrá. Los precios altos son
coyunturales”, afirmó.
Por ello, recomienda proyectar los negocios con precios
históricos promedio de los últimos 10 a 15 años, muy inferiores a los actuales,
cercanos a los US$ 2.5 dólares.
Eficiencia como clave del negocio
Desde la Región de La Araucanía, Alejandro de la Fuente,
socio y gerente general de Fruticultura Río Pichunco, coincide en la necesidad
de una mirada de largo plazo.
Con 150 hectáreas plantadas y planes de expansión, destaca
que el avellano se ha adaptado bien a la zona, donde las alternativas
frutícolas son limitadas por las lluvias primaverales y el riesgo de heladas.
Explicó que el avellano se ha adaptado muy bien y es una
alternativa rentable para la región, “de baja inversión en general, más baja
que un cerezo, que un manzano, que un carozo”, y que el cultivo posee bajo
requerimiento de mano de obra, ya que se puede mecanizar, tanto las
aplicaciones como la cosecha.
En condiciones normales, señaló que una producción de 2.500
kilos por hectárea puede generar retornos históricos de entre US$1 y US$1,5 por
kilo, cifras competitivas frente a otros cultivos regionales. Sin embargo,
descartó que el actual nivel de precios pueda sostenerse en el tiempo.
“Yo proyecto mi negocio a US$2,5 por kilo en el largo plazo,
no más que eso. El secreto es eficiencia en costos y altas producciones por
hectárea”, señaló.
Lecciones aprendidas
Ambos productores coinciden en que la fruticultura chilena
ha enfrentado ciclos de expansión desmedida en productos como la uva de mesa,
el kiwi, el arándano y, recientemente, la cereza. La falta de coordinación
gremial y de estrategias país ha derivado en sobreofertas que deprimen los
precios y erosionan el capital.
Para de la Fuente es una locura la idea de reemplazar el
cerezo. “Creo que el cerezo va a seguir; la zona central de Chile es de
frutales, la gente está acostumbrada a estas crisis. Además es un producto de
excelente calidad y con muy buena demanda a nivel mundial, por lo cual no creo
que haya una sustitución tan rápida”.
Por su parte, Parra reflexionó: “Somos muy buenos
productores, pero muy malos vendedores”. A su juicio, gremios y autoridades
deberían advertir cuando un rubro se aproxima a niveles de saturación.
Concluyó diciendo que el llamado no es a frenar el
desarrollo del avellano europeo, sino a abordarlo con responsabilidad técnica y
financiera. “No es llegar y plantar. Es un cultivo complejo, con plagas
específicas, exigencias de calidad crecientes y una curva de aprendizaje
larga”.
En un escenario donde la tentación de reemplazar rápidamente
la cereza por avellano gana terreno, la recomendación transversal es clara:
proyectar con cautela, utilizar precios conservadores y tomar decisiones con
una mirada de largo plazo, sin dejarse llevar por retornos coyunturales.







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