lunes, 12 de octubre de 2020

Cambios en el paisaje afectaría salud de fauna silvestre

 La fragmentación del paisaje afecta de múltiples maneras la supervivencia de los animales silvestres y puede influir en su respuesta inmunológica.

Así lo advierte la bióloga Ana Cristina Fernández, magíster en Bosques y Conservación Ambiental, quien en su tesis del Doctorado en Ecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, busca determinar cómo influye el creciente cambio o fragmentación del paisaje rural en la dinámica de las patologías que circulan naturalmente en poblaciones de fauna que habitan una zona determinada.

El estudio “Efecto de la configuración del paisaje en la ecología de la enfermedad en fauna silvestre”, se desarrolla en el contexto “Una salud” (one health), enfoque interdisciplinario para minimizar los daños y maximizar los beneficios de la gestión conjunta de las personas, los animales y la salud ambiental.

En el caso de los loros, se busca establecer el nivel de respuesta inmunológica y determinar el estado de estrés crónico por afectación o cambios del paisaje.

“Algunas situaciones aumentan los niveles de estrés de un animal, como por ejemplo la escasez de agua; pero si ese estrés se mantiene por semanas, meses o años, se acumula, se vuelve crónico y debilita el sistema inmune, lo que los hace más susceptibles a contraer enfermedades que se comparten entre humanos y animales”, señaló la investigadora.

Este factor empeora la respuesta inmune, aumenta la probabilidad de infectarse, contribuye a la disminución de esas poblaciones y podría afectar su supervivencia en puntos específicos, debido no solo a factores propios de su hábitat, sino también a la presencia de enfermedades zoonóticas.

Desde este enfoque se adelantan labores para el cuidado del medioambiente, como garantizar la salud de la fauna silvestre y controlar la potencial transmisión de enfermedades zoonóticas (entre animales y humanos), la gestión de hábitats, el correcto aprovechamiento de recursos naturales en ganadería, o la reintroducción y repoblación de especies, entre otras.


Contagios en cautiverio

Entre las diferentes enfermedades que presentan los loros estudiados, una de las más frecuentes es la clamidiosis, conocida como ornitosis o psitacosis, causada por la bacteria Chlamydia psittaci.

En loros es común que durante el cautiverio se contagien y presenten problemas respiratorios, afectaciones en el sistema digestivo o síntomas oculares.

Pese a que en los Centros de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAV) se controlan los síntomas, no es posible eliminar la bacteria del cuerpo de las aves, que seguirán siendo portadoras toda su vida y presentarán síntomas si su sistema inmune se debilita.

Las autoridades ambientales locales (Corantioquia, Área Metropolitana del Valle de Aburrá y Universidad CES), encargadas de la operación de la red de tratamiento de la fauna silvestre recuperada en el territorio, se vincularon a la investigación mediante el convenio 040-COV1906-66.

En el CAV de Barbosa (Antioquia) se identificó un grupo de loros cuya historia clínica sugería infección con C. psittaci. Se les hicieron pruebas de Elisa y PCR para confirmar el diagnóstico y establecer la secuencia genética de la cepa de la bacteria, con el fin de identificar la procedencia de estos patógenos.

Paralelamente se inició el proceso de rehabilitación, un acondicionamiento para facilitarles su reincorporación al hábitat natural. Para eso se ubican en jaulas especiales en las que puedan fortalecer su capacidad de vuelo, y su dieta se redirecciona a frutos y semillas de especies nativas para que sean capaces de buscar su alimento; también son adiestrados en reconocimiento de otros loros como sus congéneres.

“Fue un proceso de casi un año, en el cual estuvimos casi todos los días haciéndoles ejercicio, revisando sus dietas, procurando fortalecer comportamientos necesarios para la supervivencia en la vida silvestre y el abandono de sus hábitos domésticos”, indica la investigadora Fernández.

En diciembre de 2019 liberaron los loros en las haciendas Las Camelias y Egipto en el municipio de Caucasia, Bajo Cauca antioqueño, en zona de bosque húmedo tropical con temperatura promedio de 30 °C a una altitud de 40-90 msnm.

Para hacerles seguimiento, antes de liberar a los loros se les puso un radio-collar o collar de telemetría, que permite ubicarlos dentro del paisaje, saber cómo se desplazan e  interactúan con poblaciones de loros de la zona.

También se tomaron muestras de sangre para hacer pruebas de Elisa a loros silvestres que habitaban allí, para verificar que en ese hábitat también había presencia de la bacteria C. psittaci.

También se complementaron las pruebas Elisa de loros en “rehabilitación” con pruebas de PCR, y entre finales de 2019 y comienzos de este año se tomaron muestras a loros silvestres y se enviaron a laboratorio para hacerles dicha prueba.

En abril y marzo de este año se iba a hacer conteo de loros que habitaban en la zona de estudio, pero llegó la cuarentena por COVID-19 y se tuvieron que suspender las actividades y las salidas a campo.

El profesor Joan Gastón Zamora, doctor en Ciencias con énfasis en Ecología Evolutiva y director de la tesis, explica que se busca entender si existen diferentes tipos de cepas de la bacteria en el ambiente donde liberaron los loros y se compararían las de los liberados y los silvestres.

“La idea era identificar si había variación, y una forma de identificar si hay contacto, infectación o recombinación –es decir, diferentes cepas provenientes de diversos lugares– es a través de los análisis genéticos con las pruebas de PCR”, especifica el docente.

La expectativa es retomar la investigación a inicios de 2021, cuando se reinicien las actividades académicas, para conocer qué pasó durante este tiempo con los loros estudiados, hacer el conteo de los silvestres y culminar el estudio.






jueves, 24 de septiembre de 2020

GRUPOS DE PLANTAS EN ARMONÍA

 Las plantas que crecen en mutua  estrecha vecindad, además de producir mayor efecto decorativo , se conservan siempre en un mejor estado y armonía. 

Con este fin puede utilizarse toda clase de maceteros, desde los más baratos de plástico para unas pocas plantas pequeñas hasta las más elegantes, con la capacidad para ejemplares  de  proporciones majestuosas.

 Los maceteros pequeños son para el clásico regalo que se disfruta unos doce meses y se arrinconan cuando las plantas se secan o crecen hasta no caber en la meseta.

Las plantas suelen secarse por exceso de riego ; las raíces se pudren y mueren, les siguen pronto las hojas, que amarillean y caen. 

Cuando las plantas resultan demasiado crecidas para el macetero , el remedio consiste en sacarlas del tiesto y plantarlas individualmente en otros de tamaño adecuado.

Cabe también decir que se pueden sacar del macetero  y cardarles  raíces para sacar varias plantas pequeñas que puedan arraigar más holgadamente en un macetero decorativo de mayor tamaño.

Si desea usted mismo plantar varios ejemplares en el macetero, para empezar, es comprar uno que, además de decorativo tenga una profundidad suficiente y el tamaño preciso para acoger holgadamente varias plantas .


Antes de la plantación hay que llenar el macetero con una capa de grava esto con el fin de facilitar el drenaje y luego plantar cada ejemplar individualmente ,sujetarlo bien en su lugar antes de pasar al siguiente.
 Hay que vencer a toda costa la tentación de atestar el macetero, ya que el resultado de jardinería dejaría mucho que desear y las plantas se resentirían por falta de espacio .

El primer requisito para la elección de las plantas es compatibilidad de sus necesidades en lo que respecta al suelo, la humedad, la luz y el riego.

Debe resultar una combinación agradable de follaje verde y jaspeado o de otros colores con el debido contraste en la forma de las hojas y un equilibrio entre los ejemplares altos medianos y pequeños .
Pueden ponerse uno o dos con flor, para aumentar la vistosidad del conjunto .
 
Esperamos que esta información sea e su interés. 

   




 

viernes, 18 de septiembre de 2020

Pigmentos de la mandarina le pondrían color a los panes

 Los carotenoides (pigmentos) de la cáscara de la mandarina presentan un alto potencial agroindustrial como colorante natural de productos horneados y para reemplazar los artificiales, en especial la tartrazina.

Jessica Esparza Estrada, magíster en Ingeniería Agroindustrial de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, es la autora del trabajo mediante el cual se busca aprovechar un residuo de la industria de los cítricos, en este caso de la mandarina oneco, la variedad que más se cultiva en el Valle del Cauca, para evaluar qué tan factible es usarla en productos horneados.

En la actualidad, los colorantes artificiales siguen representando una problemática muy compleja, pues a pesar de que varios han sido prohibidos o se ha desestimado su uso, en Colombia se siguen utilizando con la aprobación del Ministerio de Salud.

 Tal es el caso de la resolución 10593 de 1985 que, de manera explícita, permite el uso de colorantes conocidos como nocivos para la salud como la tartrazina o amarillo n°. 5 y rojo cochinilla A, entre otros.

A estos se les ha asociado con diferentes enfermedades como erupciones cutáneas, asma bronquial, problemas del sistema inmunológico y algunas reacciones alérgicas.

 También se les atribuye una influencia considerable en el comportamiento impulsivo, hiperactivo y en el trastorno del déficit de atención en niños.

Por otro lado, según lo explica la magíster Esparza, “la industria de cítricos genera un alto porcentaje de residuos, los cuales pueden ir a las corrientes de agua, y como la mandarina es un residuo orgánico y necesita oxígeno para degradarse, representa una problemática ambiental”.

En su trabajo realizó una caracterización físico-química de la cáscara en fresco y deshidratada, en el cual se analizaron las propiedades de materia seca, color, actividad de agua, pH, determinación de compuestos fenólicos totales y de la capacidad antioxidante y cuantificación de carotenoides. Este último para hacer una comparación y determinar si la concentración de carotenoides aumentaba o disminuía durante la deshidratación.

 Allí se evidenció un aumento significativo y los carotenoides más representativos fueron β-criptoxantina y zeaxantina.

Es importante destacar que el proceso de extracción se realizó por ultrasonido y se descubrió que la concentración de carotenoides tuvo un máximo de 144,93 miligramos por cada 100 gramos de muestra seca.

Después de deshidratarla, los investigadores molieron la cáscara e hicieron un extracto lipídico cuyo solvente fue el aceite de girasol. Para su elaboración hicieron un diseño estadístico y usaron la metodología de optimización de superficie de respuesta con el fin de obtener el mayor rendimiento de carotenoides en el extracto.

Ese extracto, ya optimizado a través del proceso anterior, se evaluó en una matriz biológica con el fin de ver si tenía un potencial colorante para sustituir la tartrazina, la más utilizada en la industria de panificación. Dicho extracto fue probado en la elaboración de galletas, tortas y pan.

Para este punto se hicieron unos análisis previos con diferentes concentraciones del extracto con el fin de ver cuál formulación se acercaba más al producto de control, es decir el que tenía colorante artificial. Una vez obtenida esa formulación, se evaluó la degradación térmica de los carotenoides en cada producto, para ver cómo se comportaban con la temperatura de horneado.

“Evaluamos diferentes temperaturas y diferentes tiempos de horneado en cada producto con el propósito de establecer, termodinámicamente, la condición óptima para que los carotenoides se degradaran menos”, explica la magíster Esparza.

Los resultados de este proyecto mostraron que los carotenoides más estables son α-caroteno y β-caroteno en torta, licopeno y β-caroteno en galleta y β-criptoxantina y zeaxantina en pan. Además, agrega la investigadora, “al evaluar el efecto de pigmentación de los carotenoides en productos de panificación se logra una variación de color muy cercana a los tratamientos de control que contenían tartrazina”.

Aunque se trata de una investigación preliminar, estos resultados demuestran que los pigmentos de la cáscara de la mandarina sí tienen un alto potencial para reemplazar los colorantes artificiales más usados en la industria de productos horneados.

 Estos, además, adicionarían calidad nutricional y propiedades funcionales.

Cabe resaltar que, como lo indica la investigadora en la tesis, el consumo de los colorantes naturales en la industria de alimentos en el mundo fue de 72.281 toneladas en 2011, y se proyectó un crecimiento a una tasa anual compuesta de 5,2 % entre 2015 y 2020, con respecto al consumo de los de origen sintético.

 

martes, 15 de septiembre de 2020

Plataformas digitales para el campo

Innovación al campo

 La pandemia evidenció las brechas de conectividad del campo. Por eso organizar el abastecimiento a través de plataformas digitales como “El Campo a un Clic” o el programa “El Campo Emprende” puede representar la salida de alimentos del campo a la mesa de los consumidores.

También la importancia de la logística y el flujo de información para el consumo local y las agroexportaciones, sanidad, pos-cosecha, certificaciones e importancia de la cadena de valor deben formar parte de la integración digital que requieren los sistemas alimentarios.

 Por eso se propone la tele-extensión para que los agricultores accedan a asesorías en línea sobre su cultivo y la posterior cadena de abastecimiento.

 Para Jesús Quintana, Director Regional para las Américas de la Alianza Bioversity – CIAT, quien fue el moderador de esta actividad, “La pandemia ha puesto en manifiesto la fragilidad de nuestros sistemas alimentarios, y es urgente evitar que se convierta en una crisis de inseguridad alimentaria y nutricional en el país.

 Pero la pandemia también nos abre un espacio único para reconsiderar cómo están configurados los sistemas alimentarios, y para reconstituirlos de manera que sean más resilientes, incluyentes, sostenibles y rentables”.

 El Director Regional hizo énfasis en el compromiso de la Alianza Bioversity – CIAT en seguir aportando al fortalecimiento de la Hoja de Ruta para la Nueva Economía de la Alimentación y Uso del Suelo – FOLU 2030, y las nuevas acciones identificadas en esta nueva versión de los Diálogos, de manera interconectada con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural y los actores claves que se sumaron a este reto sin precedentes para el sector agroalimentario del país.

Noticias -CIAT- COLOMBIA 



 

jueves, 5 de diciembre de 2019

Aplicar silicio en ají tabasco aumenta su rendimiento


Al aplicar altas concentraciones de dicho mineral durante los procesos de fertilización, las plantas y los frutos de ají tabasco crecieron más. El hallazgo beneficiará a los horticultores del Valle del Cauca, que con una producción promedio de 4.200 toneladas al año, es considerado el principal productor de este tipo de ají en Colombia.


Diana Carolina Legarda López, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, señala que en la actualidad el cultivo de ají tabasco representa un renglón agrícola importante en el país, ya que ha comenzado a expandirse en vista de su buena rentabilidad, producción y posibilidades de exportación.

Desde 2013, la producción de Capsicum frutescens, su nombre científico, ha sido priorizada como una de las principales hortalizas con oportunidades de corto y mediano plazo para acceder a los mercados internacionales, debido a la ratificación de los tratados de libre comercio vigentes con Estados Unidos y Europa.


Sin embargo el rendimiento del cultivo de ají y la calidad del fruto se han visto afectados especialmente por factores externos como las condiciones climáticas extremas, la reducida calidad del suelo y del agua, la técnica de producción y la alta incidencia de plagas y enfermedades como la provocada por el hongo Phytophthora capsici responsable del tizón y la marchitez, los cuales frenan el ingreso de los productores nacionales al mercado internacional.
En ese sentido, la investigadora señala que “aunque el silicio no se clasifica como un elemento esencial, sí es benéfico en la nutrición de las plantas”. Por ejemplo, su papel activo en la tolerancia a la sequía, en el aumento a la resistencia de la planta a plagas y enfermedades, y la mejora en la asimilación y transformación eficiente de nutrientes en el suelo, ha sido demostrada en cultivos como arroz, maíz, caña, papaya, fresa, café y algodón.
Por eso afirma que con su investigación se propuso determinar el efecto de la fertilización con silicio en el rendimiento y la calidad del fruto en el cultivo de ají.


Experimento en campo
El proyecto se realizó en el Campo Experimental de la UNAL Sede Palmira –corregimiento El Carmelo, municipio de Candelaria– utilizando semillas de ají tabasco procedentes del Programa de Mejoramiento Genético de Hortalizas de la Institución.
Se realizó un experimento con cinco tratamientos de fertilización que incluyen: nitrógeno (120 kg/ha), fósforo (60 kg/ha), potasio (120 kg/ha), calcio (42 kg/ha), magnesio (22 kg/ha), azufre (16 kg/ha), y silicio, el único nutriente que varió en su concentración.
Los cinco tratamientos evaluados con la aplicación de silicio fueron: nivel alto (3 litros/hectárea), nivel comercial (2,25 litros/hectárea), nivel medio (1,5 litros/hectárea), nivel bajo (0,75 litros/hectárea), y un testigo sin aplicación.


Entre los resultados, el rendimiento cuando se aplicó el nivel alto de silicio fue de 24.143 kilogramos/hectárea, mientras que el tratamiento sin aplicación de este mineral solo llegó a 21.143  kilogramos/hectárea, una diferencia de 3.000 kilogramos de ají Tabasco. 
Con respecto a la altura de la planta de ají tabasco, cuando estaba en su estado de desarrollo de floración, se encontró que aplicar alta dosis de -3 litros/ha de silicio influyó en una mayor altura, con una media de 71,81 cm, mientras que el testigo sin el mineral apenas tuvo un promedio de 56,64 cm.
En relación con el peso promedio del fruto, los mejores tratamientos fueron los niveles de silicio alto y comercial, con un promedio de 1,76 y 1,65 g/fruto respectivamente. 


En contraste, el menor fue el tratamiento cero silicio, con un peso promedio de 1,43 g/fruto de ají tabasco.
Finalmente, en la eficiencia agronómica –que permite conocer la capacidad del cultivo de ají tabasco para utilizar cada unidad adicional de silicio en el incremento del rendimiento del cultivo– se observó que el tratamiento con concentración alta del mineral alcanzó los 1.000 kg de fruto por cada kg de silicio aplicado al suelo.
La investigación de la magíster Legarda fue dirigida por el docente Mario Augusto Dávila, y codirigido por el profesor Carlos Iván Cardozo Conde, ambos de la UNAL Sede Palmira.

Fuente: Universidad Nacional - Colombia 

martes, 26 de noviembre de 2019

Melón sería más rentable con menos fertilización

Reducir en un 25 % el uso de fertilizante en este cultivo equivale a producir 68.906 kg/ha, con ingresos superiores a los 68 millones de pesos, mientras que aplicando el 100 % convencional, los ingresos no llegarían a 62 millones, aunque la producción sería de 88.026 kg/ha.

En Colombia 13 departamentos son productores melón
Así lo estableció Alejandro Bonilla Sánchez, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, en un experimento realizado con diferentes niveles de fertilización, cuyo objetivo era establecer un plan nutricional adecuado y rentable para el cultivo de melón en el territorio geográfico del río Cauca.

El estudio, además de determinar los requerimientos nutricionales y el comportamiento de absorción de elementos fundamentales (nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio) en cultivos de melón, también buscaba beneficiar a pequeños agricultores mediante conocimientos y herramientas con respecto al aumento de la producción de frutos, y por ende de sus ingresos económicos.


El experimento se realizó en el municipio El Cerrito (Valle del Cauca) con base en un diseño de cinco tratamientos y cuatro repeticiones, para un total de 20 unidades experimentales de 3 x 4 m, con 25 plantas por unidad. En el primer tratamiento no se aplicó fertilización, en el segundo se utilizó la dosis recomendada comercialmente (100 %), en el tercero se aumentó 25 % de esa dosis, en el cuarto se disminuyó 25 % y en el quinto se disminuyó 50 %.

Aunque el Valle del Cauca es considerado como uno de los principales cultivadores de melón (Cucumis melo) y presenta los mayores rendimientos nacionales alcanzando las 30,06 ton/ha según cifras de 2019 del Ministerio de Agricultura, es importante complementar el desarrollo de variedades con programas de fertilización ajustados a cada variedad y para condiciones agroecológicas específicas en cada región.



Infortunadamente en la producción de melón en Colombia se viene excediendo la aplicación de fertilizantes, lo cual es ineficiente e insostenible, al extremo de que el “70 % de las aplicaciones de nitrógeno y el 75 % de fósforo se pierden al fijarse en el suelo”, según reportes de 2013 consultados por el investigador Bonilla.
Ante el panorama, el investigador estableció los niveles adecuados de fertilización mediante un análisis de absorción por parte de la planta, lo que contribuiría al desarrollo de programas de nutrición específicos para la variedad Challenger (evaluada en esta investigación) dentro de las condiciones de cultivo comercial del municipio de El Cerrito (Valle del Cauca).




Uso eficiente de nutrientes
En el estudio se determinó que el promedio para todos los tratamientos fue de 18 kg de fruto fresco por 1 kg de potasio; 23,3 kg de melón por 1 kg de nitrógeno; 160,9 kg por 1 kg de magnesio; 12,9 kg por 1 kg de fósforo; 11,2 kg por 1 kg de azufre; y 2 kg de melón por 1 kg de calcio.
En el tratamiento que se aplicó 25 % menos de fertilizante convencional, la eficiencia de utilización de cada uno de los nutrientes estuvo por encima del promedio, a excepción del nitrógeno. Por otra parte, a medida que se incrementan los niveles de nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio, también aumenta el rendimiento del cultivo, aunque esto no significa que la rentabilidad sea mayor, pues intervienen otros costos como los asociados con el aumento de fertilizante.


En cuanto al espesor de la pulpa y la cáscara del fruto, estos no presentan diferencias muy significativas entre tratamientos, algo que sí ocurre con el peso del fruto, ya que con el tratamiento convencional más 25 % de la dosis de fertilizante alcanzó los 2,46 kg, mientras que el tratamiento con menos de 25 %, apenas llegó a 1,66 kg. Estos resultados, nuevamente, no se traducen en mayor rentabilidad, pues sigue siendo mejor para la economía de los agricultores aplicar 25 % menos del fertilizante.
De este modo, el tratamiento sin fertilización no tendría la capacidad de producir ni un solo fruto; el convencional produciría 88.026 kg/ha e ingresos por más de 61 millones de pesos; el convencional más 25 % alcanzaría 98.297 kg/ha con ingresos de 68,8 millones de pesos; el convencional menos 25 % obtendría 68.906 kg/ha e ingresos de poco menos de 69 millones de pesos; y el convencional menos el 50 % solo llegaría a 54.062 kg/ha con ingresos de 32 millones de pesos.
Se concluye, entonces, que en el tratamiento en que se disminuye el 25 % de fertilizante comercial es la mejor opción para los agricultores del municipio de El Cerrito (Valle del Cauca).

Fuente: Universidad Nacional -Palmira -colombia 

jueves, 14 de noviembre de 2019

Hongo letal, principal amenaza del banano Gros Michel en el Valle del Cauca


Buenas prácticas agrícolas, como cultivar el material vegetal registrado ante el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), ayudarían a los productores de banano Gros Michel en Sevilla, Caicedonia y Alcalá (Valle del Cauca- Colombia ) a combatir los efectos dañinos del hongo Fusarium oxysporum, causante de la marchitez, mal de Panamá o fusariosis.

Fusarium oxysporum le quita toda la vitalidad a las plantas de banano, volviéndose improductivas.


Diana Marcela Higuita Valencia, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, evidenció que en 19 de 33 fincas bananeras de dichos municipios vallecaucanos, Fusarium oxysporum, que ataca las raíces de las plantas, sigue siendo una de las principales preocupaciones de los productores de banano variedad Gros Michel.


A mediados del siglo XX dicho tipo de banano fue el más consumido en el mundo hasta que el devastador hongo lo dejó casi al borde la extinción. ¿Entonces por qué los agricultores del Valle del Cauca lo siguen cultivando? Los bananeros le contaron a la magíster que con Gros Michel tienen mejores ingresos, pues por su tamaño, aroma y sabor, es muy apetecido por los consumidores.


Según la investigadora, por esa razón centró su trabajo en corroborar la existencia de este hongo en los cultivos de la región a través de análisis de laboratorio y pruebas genéticas. Así, identificó la apariencia del microorganismo y realizó pruebas genéticas, comparando las 33 muestras tomadas del pseudotallo de las plantas colectadas en la zona de estudio con los datos almacenados en Genbank, el banco de datos de secuencias genéticas de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Los resultados permiten afirmar que “la marchitez por Fusarium sigue siendo una de las enfermedades más limitantes en la producción de banano en los municipios donde se realizó el muestreo”, asegura la  magíster Higuita.
Alternativas de manejo
Además de la identificación de la presencia de Fusarium oxysporum en las plantaciones de banano Gros Michel en Sevilla, Caicedonia y Alcalá, la investigación también evidenció que las fincas evaluadas suelen usar más productos químicos para el control de enfermedades y menos estrategias agroecológicas.
Al respecto, señala que en los dos casos, los campesinos no cuentan con un sistema eficaz para erradicar los daños producidos por Fusarium oxysporum raza 1, la más conocida.
Agrega que los pequeños agricultores del Valle del Cauca que todavía persisten en su actividad de sembrar esta variedad de banano como acompañante del café, que es su cultivo principal, afrontan un problema de contaminación casi imposible de erradicar.
Además utilizan materiales de siembra de otras fincas sin tener en cuenta que la dispersión de esta enfermedad a través del movimiento de material vegetal contaminado es precisamente uno de los medios de propagación más importante del hongo.
Advierte además que “la dificultad en el control del hongo aumenta cuando los campesinos no utilizan material vegetal de viveros registrados por las autoridades fitosanitarias, en este caso del ICA”.
Ante ese panorama, surgió la variedad Cavendish, más pequeña, menos sabrosa, pero con la capacidad de resistir la infección de Fusarium oxysporum raza 1. No obstante, la reciente aparición de la raza 4 del hongo también pone en riesgo las plantaciones de banano Cavendish.


La recomendación primordial es “usar material de propagación procedente de viveros registrados ante el ICA, desinfectar las herramientas de trabajo y avisar a las autoridades fitosanitarias ante la presencia de síntomas desconocidos”, comenta la investigadora, y agrega que, según las encuestas, los campesinos confunden los síntomas del mal de Panamá con otras enfermedades o deficiencias nutricionales del cultivo.


Los hallazgos de este trabajo son relevantes si se tiene en cuenta que  
a pesar del ataque de Fusarium oxysporum, Colombia sigue siendo el cuarto exportador mundial de banano y que este ocupa el tercer renglón de las exportaciones del sector agrario en Colombia, después del café y las flores.

Fuente : Universidad Nacional-Palmira -Colombia