Hace apenas 15 años que Colombia empezó a escribir su propia historia alrededor de la vainilla (Vanilla planifolia), la orquídea trepadora que produce uno de los aromas y sabores más apreciados del mundo. Desde entonces, profesores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y comunidades del Pacífico han identificado 9 especies silvestres entre las selvas de Guapi (Cauca) y Bahía Solano (Chocó), un hallazgo que hoy impulsa nuevas apuestas para su cultivo y aprovechamiento sostenible.
Ese conocimiento abrió el camino para que investigadores de
la UNAL Sede Palmira y miembros de la comunidad sembraran 20 plantas de esta
especie —la más comercial y apetecida del mundo— en la reserva La Primavera,
ubicada en el municipio de San José del Palmar (Chocó), en donde confluyen la
selva húmeda del Pacífico y los ecosistemas andinos, condiciones que
favorecerían el desarrollo de este cultivo.
La siembra forma parte del proyecto “Plan piloto de
establecimiento de Vanilla planifolia en ecosistemas de
transición Andes-Pacífico”, liderado por la Fundación Ecológica PASS, con el
cual se busca evaluar el comportamiento de la especie en un territorio que
combina la alta pluviosidad del Pacífico, el clima tropical, la influencia de
la cordillera de los Andes y una gran diversidad de bosques naturales, y
también fortalecer su propagación y potencial productivo.
La iniciativa surgió de un trabajo conjunto entre la UNAL y
la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata) de San José del
Palmar. “Con ellos nació la idea de evaluar cómo se comporta la vainilla en
estas condiciones ambientales. Conseguimos el material vegetal en Tumaco y nos
desplazamos por tierra hasta San José del Palmar para realizar la plantación
piloto en la finca de un habitante de la zona”, explica el profesor Joel Tupac
Otero Ospina, líder del Grupo de Investigación en Orquídeas, Ecología y
Sistemática Vegetal de la UNAL Sede Palmira.
Cientras en México, Madagascar y China —tres de los
principales productores de vainilla del mundo— el cultivo presenta un
crecimiento más lento, con hasta 3 años antes de la primera floración y otros 9
meses para que aparezcan los frutos, las condiciones de humedad, la riqueza
hídrica y el clima tropical del suroccidente colombiano permiten que las
plantas produzcan sus primeros frutos en unos 20 meses.
Dicho potencial se empezó a evidenciar hace 15 años, cuando
durante una expedición por las selvas del Pacífico el botánico González, junto
con miembros de la comunidad y el investigador Francisco Molineros, identificó
9 especies de vainilla: Vanilla oroana, V. calyculata, V.
odorata, V. bicolor, V. dressleri, V.
rivasii (denominada en honor al cultivador Luis Álvaro Rivas), V.
trigonocarpa, V. cribbiana y V. planifolia, la
especie más comercializada en el mundo.
En la identificación taxonómica también participaron el
profesor Otero y otros investigadores de la UNAL.
Tras la siembra, realizada en mayo pasado, el equipo inició
un proceso de monitoreo en campo para evaluar la adaptación de las plantas,
pues las condiciones de altitud y clima son muy diferentes a las de Tumaco, de
donde proviene el material vegetal.
El seguimiento permitirá conocer cómo responde la especie a
este nuevo ambiente y determinar su potencial como un cultivo promisorio que
genere oportunidades económicas para las comunidades de la región.
La riqueza silvestre de la vainilla en el Pacífico
Según el profesor Robert Tulio González Mina, biólogo
botánico de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNAL Sede Palmira,
mientras en México —históricamente considerado como el centro de origen
de Vanilla planifolia— es necesario recorrer hasta 20 km para
encontrar una planta, en el Pacífico colombiano varias especies crecen
naturalmente compartiendo un mismo territorio.
Mientras en México, Madagascar y China —tres de los
principales productores de vainilla del mundo— el cultivo presenta un
crecimiento más lento, con hasta 3 años antes de la primera floración y otros 9
meses para que aparezcan los frutos, las condiciones de humedad, la riqueza
hídrica y el clima tropical del suroccidente colombiano permiten que las
plantas produzcan sus primeros frutos en unos 20 meses.
Dicho potencial se empezó a evidenciar hace 15 años, cuando
durante una expedición por las selvas del Pacífico el botánico González, junto
con miembros de la comunidad y el investigador Francisco Molineros, identificó
9 especies de vainilla: Vanilla oroana, V. calyculata, V.
odorata, V. bicolor, V. dressleri, V.
rivasii (denominada en honor al cultivador Luis Álvaro Rivas), V.
trigonocarpa, V. cribbiana y V. planifolia, la
especie más comercializada en el mundo.
En la identificación taxonómica también participaron el
profesor Otero y otros investigadores de la UNAL.
A partir de ese hallazgo, en 2016 la Agencia Suiza para el
Desarrollo y la Cooperación (Swissaid), en alianza con consejos comunitarios,
asociaciones de productores y universidades, puso en marcha un plan de acción
en Chocó para impulsar el cultivo de vainilla como una alternativa de ingresos
para comunidades indígenas y afrodescendientes. La iniciativa incluyó
capacitaciones sobre el manejo del cultivo y pasó de reunir 18 productores en
sus inicios a más de 200 en la actualidad.
Hoy algunas comunidades del Chocó no solo comercializan la
vainilla, sino que también elaboran extractos, jabones, repelentes y otros
productos con valor agregado, fortaleciendo así la economía local y promoviendo
la participación de las nuevas generaciones.
Además de su potencial económico, la vainilla se cultiva en
sistemas agroforestales y no en monocultivos, por lo que requiere árboles que
le sirvan de soporte y favorece la conservación del bosque. A ello se suma que
su producción no requiere pesticidas ni fertilizantes químicos, una
característica que contribuye al cuidado del medioambiente.








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