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miércoles, 30 de octubre de 2024

Residuos de agave con potencial cosmético, vinos de frutas y colorantes naturales, innovaciones presentadas en Congreso de la UNAL

 A partir de residuos de la planta de sisal (Agave sisalana) se elaborarían productos cosméticos naturales como hidratantes, fotoprotectores y aclaradores para la piel; así mismo, con las partes que no se aprovechan de las naranjas o del café se pueden elaborar vinos cuya producción sirva como emprendimiento en regiones con alta dependencia del cultivo de coca; y del fruto del árbol de la jagua (Genipa americana) se obtiene un tinte o colorante azul con gran proyección industrial.

Los líderes de dichas iniciativas dieron a conocer los avances de estas investigaciones durante el X Congreso Internacional en Desarrollo Humano y Rural Sustentable, realizado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia entre el 23 y el 25 de octubre en Yopal (Casanare). En el evento se presentaron proyectos innovadores en sostenibilidad y bioprospección, así como alternativas económicas sostenibles que se adelantan en Colombia y en otros países como Brasil y México.

El profesor Roberto Bernal, director del Instituto de Estudios de la Orinoquia (IEO) de la UNAL Sede Orinoquia, señala que “la importancia de estos espacios académicos es fomentar iniciativas que aprovechan los recursos naturales de manera responsable”.

“Los aportes presentados aquí van en la línea de la bioeconomía y la sostenibilidad en territorios rurales, donde la bioprospección, que consiste en la exploración de la biodiversidad para fines comerciales, juega un papel fundamental como potencial estrategia de desarrollo para países ricos en biodiversidad como Colombia”.

De residuos a cosméticos

Uno de los proyectos más innovadores presentados fue el del profesor Marcio Ferrari, del Departamento de Farmacia de la Universidad Federal de Río Grande del Norte (Brasil), quien propone el uso de residuos del sisal o henequén (Agave sisalana) para producir productos cosméticos.

“Solo el 4 % de la hoja del sisal se utiliza para producir fibras –como cuerdas y artesanías–, mientras que el 96 % restante es desechado sin ningún tratamiento ni valor comercial”, afirmó el experto Ciencias Farmacéuticas.

La investigación que lidera ha desarrollado un proceso para convertir estos residuos en ingredientes multifuncionales para productos como hidratantes, fotoprotectores y aclaradores de piel, promoviendo así la economía circular, “donde el residuo de una industria puede generar materia prima para otra, además de ofrecer una nueva fuente de ingresos para las comunidades rurales que dependen del sisal”.

Vinos y cocina molecular ¿alternativa al cultivo de coca?

Otro proyecto destacado fue el “Laboratorio de Sabores”, una iniciativa de la Institución Educativa Técnica Domingo Belisario Gómez en Bolívar (Cauca), el cual busca reducir la dependencia del  cultivo de coca a través de emprendimientos agroindustriales liderados por los estudiantes de esta institución.

Según Samuel Sebastián Burbano, estudiante de grado 11, “hemos desarrollado productos a través de la exploración química aprendida en el colegio, como derivados lácteos, chorizos, o vinos de frutas locales que usualmente se desperdician, como la naranja que tiene temporadas de abundancia en nuestro municipio”.

Así, se ha demostrado que es posible generar ingresos de manera sostenible y legal. Esta iniciativa no solo brinda alternativas económicas a la comunidad, sino que además contribuye a la formación científica de los estudiantes.

Jorge Alberto Aguilar, biólogo y docente director del proyecto, enfatizó en que “este es un ejemplo de cómo la educación y la agroindustria pueden integrarse para ofrecer soluciones sostenibles a problemáticas como el conflicto armado y la falta de oportunidades en zonas rurales”.

“Los estudiantes aplican conocimientos de la ciencia de alimentos como la cocina molecular para encapsular sabores, y en química orgánica para transformar materias primas locales en productos innovadores, como el vino de café, de naranja, la hidromiel, etc., lo que ha generado un impacto positivo en la comunidad y ha fomentado un cambio de mentalidad entre los jóvenes”.

Color azul natural del fruto, para proteger el árbol

Por otra parte, la ingeniera agrónoma Deisy Carolina García Sánchez, representante de la empresa Ecoflora, presentó una propuesta basada en la extracción de un colorante azul natural, a partir del fruto del árbol de la jagua (Genipa americana), una especie nativa de Colombia. Este colorante, que ha sido aprobado por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos, se ha convertido en una opción sostenible para la industria alimentaria y cosmética, debido a sus propiedades naturales y su estabilidad en condiciones ácidas.

“Este desarrollo no solo representa una alternativa a los colorantes sintéticos, sino que además contribuye a la preservación de la jagua en su hábitat natural, promoviendo la bioeconomía y la sostenibilidad en las regiones donde se cultiva, pues la producción de este colorante no solo reduce la contaminación, sino que también brinda nuevas oportunidades económicas para las comunidades rurales”, precisó.

El Congreso también sirvió como un espacio para la articulación entre la academia y el sector empresarial, por lo que profesor Bernal señala que “eventos como este son esenciales para promover el desarrollo de productos que aprovechen de manera sostenible la biodiversidad local, al tiempo que se generan oportunidades económicas para la comunidad; en la Orinoquia abundan los recursos naturales que pueden ser utilizados de manera responsable”.

La participación de estudiantes y jóvenes investigadores también fue un aspecto central del Congreso. El profesor Marcio Ferrari expresó su satisfacción por la diversidad de participantes, que incluyó no solo a científicos sino también a emprendedores y representantes de comunidades rurales. “El intercambio de conocimientos entre diferentes sectores ha enriquecido mucho las discusiones y ha abierto nuevas oportunidades de colaboración”, concluyó el académico.






martes, 9 de febrero de 2021

Agave también florece en Colombia

 Dos nuevas especies y dos nuevos registros de estas plantas que abundan especialmente en México, donde se aprovechan para producir tequila y mezcal, entre otros productos, han sido documentadas en distintas regiones de Colombia.

Así lo confirmó el doctor en Botánica Diego Giraldo Cañas, profesor del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien señala que de los registros de estas plantas en Sudamérica, 10 se encuentran en Colombia –7 nativas y 3 naturalizadas (introducidas)–, lo que convierte al país en el más rico en agaves de la región.

Esta planta –conocida popularmente como fique, maguey, motua o penca– se encuentra especialmente en Cundinamarca, Boyacá, Huila, Cesar, La Guajira, Magdalena, Santander, Antioquia y Valle del Cauca, detalla el docente.

El profesor Giraldo, quien se interesó por estas especies desde 2016, en desarrollo de sus exploraciones por zonas secas de montaña del país, registró por primera vez para Colombia el Agave sisalana Perrine, una especie nativa de la península de Yucatán (México), la cual se relaciona morfológicamente con Agave fourcroydes Lem. y Agave pax Giraldo-Cañas, el segundo registro realizado.

De igual manera, ha descrito para la ciencia la nueva especie Agave sylvesteriana, la cual es endémica de una pequeña área de la cordillera Oriental andina de Colombia y pertenece al subgénero Agave; es fenotípicamente similar a Agave congesta Gentry (endémica del estado de Chiapas, México) y según los lineamientos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se ubica en la categoría “en peligro” (EN).

La otra especie descrita por el profesor Giraldo es Furcraea abisai, también endémica y localizada en jurisdicción del municipio de Chipaque (Cundinamarca), pertenece a Furcraea sect. Furcraea, género neotropical que se distribuye desde el centro de México hasta Paraguay.

Especies poco estudiadas

Más del 70 % de la diversificación de agaves se encuentra en México. Se trata de un género estrictamente americano, de distribución natural desde el sur de EE. UU. hasta Suramérica.

Sin embargo, en Colombia son especies poco estudiadas, lo que llamó la atención del investigador Giraldo, quien señala que “los hallazgos realizados reafirman una vez más que estamos lejos de completar el inventario vegetal del país, pues se siguen descubriendo numerosos grupos y especies”.

En ese sentido, destaca que gracias al Acuerdo de Paz los investigadores han tenido la oportunidad de explorar en áreas que antes estaban vedadas por el conflicto.

“Con estos nuevos registros y descripciones, entendemos patrones evolutivos del grupo y se puede documentar que existen otros diferentes a México, en varios países tropicales”, señala el docente.

De igual manera, los estudios adelantados ayudan a entender patrones de la riqueza en materia de estas plantas y de la apropiación cultural por los diversos usos que tiene por parte de etnias y otros grupos poblacionales.

Entre los diferentes usos que se han documentado, el profesor menciona los alimenticios –tanto para animales como para humanos–; los artesanales; como cercas vivas; como combustible a partir de la leña; para construcción; recuperación de suelos; producción de licores, jarabes y siropes; usos tecnológicos, medicinales y ornamentales, y establecimiento de cultivos.

Destaca además que en Colombia no se ha documentado el cultivo de estas especies –como sí ocurre en México–, y en Suramérica solo se conocen amplios cultivos en Brasil, donde se aprovecha para la producción de fique, conocido localmente como “sisal”.

El docente continúa con su proyecto de investigación con el fin de documentar este tipo de especies, las cuales ofrecen muchas potencialidades para obtener fibras, para jardines externos, como cercas vivas y como elementos que brindan servicios ambientales asociados con recuperación de suelos y estabilización de laderas y pendientes.