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miércoles, 15 de abril de 2026

Hongo “tolimense” transformaría los residuos del cultivo de arroz

 La orellana (Pleurotus sp.), un hongo conocido por su uso en la cocina, se convertiría en una alternativa para transformar residuos del cultivo de arroz en el país. Una investigación logró mantener viable por más de tres meses un producto a base de este microorganismo, lo que abre la puerta a aprovechar el tamo —el residuo que queda tras la cosecha— y reducir su acumulación en zonas arroceras.

Este producto es la suma de décadas de esfuerzos investigativos desarrollados en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (IBUN) para reducir la acumulación de estos desechos en las fincas arroceras.

Más allá de su valor gastronómico, el hongo tiene la capacidad de descomponer materiales complejos. En esta investigación, la bióloga Salomé Gómez Gómez, magíster en Biotecnología, se enfocó en el micelio, una red microscópica de filamentos responsable de degradar residuos como el tamo de arroz, que suele acumularse en grandes cantidades en el campo.

Pero encontró un problema de fondo, pues llevar ese poder al campo implicaba trabajar con un organismo vivo, y eso cambia todas las reglas del juego. A diferencia de un fertilizante convencional, el micelio no es un producto inerte sino que respira, consume y se desgasta. Mantenerlo viable es, en términos simples, como conservar algo que sigue “vivo” dentro de un envase, lo que hace que con el tiempo pierda efectividad.

Ahí es donde entra el corazón de la investigación de la magíster Gómez, quien no solo probó la producción a diferentes escalas, sino también cómo evitar que el hongo se apagara antes de tiempo. Para lograrlo, ensayó distintas combinaciones de sustancias en frascos que reproducían las condiciones de almacenamiento del producto, con el fin de crear un entorno que protegiera al micelio.

Entre todas una destacó con claridad: al incorporar alcohol polivinílico al 2 % —un material usado en la industria textil y médica—, el micelio logró mantenerse viable durante casi tres meses, cerca de un mes más de lo que normalmente resistiría este tipo de formulación.

No son villanos

El resultado no significa que el hongo permanezca intacto, sino algo más realista y valioso: que se deteriora más lentamente. A medida que pasan los días su cantidad de células vivas disminuye pero no desaparecen, aún hay micelio capaz de crecer y cumplir su función. Esto se comprobó mediante el conteo de unidades formadoras de colonia (UFC), una forma de medir cuántos microorganismos siguen activos, lo que sugiere que el aditivo ayuda a prolongar su actividad biológica.

“Lo central está en que estos hongos rompen varios componentes de la pared celular del tamo, particularmente uno llamado lignina, que es muy difícil de degradar para otros microorganismos. Este tipo de orellana utiliza al menos tres enzimas para realizar este proceso”, indica la bióloga Gómez, quien contó con el apoyo del Grupo de Bioprocesos y Bioprospección, la dirección de la profesora Nubia Moreno Sarmiento, y la codirección de la profesora Marcela Aragón Novoa.

A esto se suma un factor silencioso pero determinante: la temperatura. Los ensayos mostraron que, en condiciones cercanas a los 20 °C, el micelio se mantiene relativamente estable, pero al superar los 30 °C su deterioro se acelera, lo que representa un reto para su uso en regiones cálidas como el Tolima.

Una realidad desconocida

El hongo utilizado en la investigación proviene de aislamientos del género Pleurotus adaptados a condiciones locales, el cual funcionaría en un bioinsumo aplicable al campo colombiano. Esto no solo permite trabajar con un sistema cercano a la realidad productiva, sino que además conecta directamente el desarrollo científico con una región en donde el problema es cotidiano, ya que Tolima es uno de los principales productores de arroz del país, y con cada cosecha se generan grandes volúmenes de tamo que muchas veces son subutilizados, afectando la calidad del aire y desaprovechando materia orgánica valiosa.


Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), de 1.976.520 toneladas de desechos de arroz que se produjeron en el segundo semestre de 2019 en el país, 362.484 corresponden al Tolima, lo cual lo convierte en el tercer departamento productor de este cereal en Colombia.

De dicha cantidad, 35.750 toneladas son de tamo y 3.217, de cascarilla. Por lo general estos desechos sirven de alimento al ganado, lo que produce metano —un gas de efecto invernadero—, y genera contaminación.

Pese a que la quema está prohibida, en muchas regiones estos residuos se queman para despejar el terreno, una práctica que contamina el aire y desperdicia materia orgánica que podría ser aprovechada en el suelo. En conjunto, lo que demuestra esta investigación no es solo que el hongo puede degradar residuos agrícolas —algo que ya se sabía—, sino que ahora se puede mantener viable durante más tiempo, reduciendo así pérdidas económicas y generando valor agregado para los residuos del cultivo de arroz en el país.

De hecho, como explica la investigadora, estos bioinsumos ya se han implementado en cultivos de flores en Guasca con muy buenos resultados, por lo que este es un paso más para reconocer la importancia de cientos de especies de hongos que viven en el país, y que tendrían potencial para el campo.




miércoles, 1 de octubre de 2025

Modelo climático anticipa las enfermedades que atacan los cultivos de arroz en Meta y Casanare

 El arroz, base de la dieta colombiana, enfrenta un enemigo silencioso: el añublo de la panícula, una enfermedad que vacía las espigas y amenaza la seguridad alimentaria. En Meta y Casanare, un modelo pionero basado en datos climáticos y aprendizaje de máquina anticipa los brotes mostrando que con variaciones casi imperceptibles de temperatura el riesgo se puede disparar hasta en un 90 %. La herramienta busca convertir la prevención en el mejor aliado de los productores.

Lo novedoso de este hallazgo no está en identificar el añublo de la panícula, sino en demostrar cuáles son las regiones más vulnerables y en qué condiciones exactas se disparan los brotes. El modelo, elaborado por la investigadora Deidy Viviana Rodríguez Almonacid, magíster en Meteorología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), actúa como un “mapa de riesgo” que combina información histórica del clima con registros recientes de infecciones en el arroz, y ofrece una radiografía precisa de cómo las variables atmosféricas pueden intensificar o frenar la propagación de estas enfermedades.

En Colombia los cultivos de arroz enfrentan más de 13 enfermedades, pero cada región tiene su propio enemigo principal. Por ejemplo en los Llanos Orientales una de las mayores amenazas es el añublo de la panícula, causado por el hongo Pyricularia oryzae, que ataca la espiga justo en la etapa reproductiva, cuando los granos deberían llenarse: la panícula (parte alta de la planta) se mancha, sus tejidos mueren y los granos terminan deformes o vacíos.

Otras enfermedades que predominan en el país son el mal del pie, que pudre la base de la planta y la tumba; el escaldado de la hoja, que deja manchas alargadas hasta secar el follaje impidiendo que la planta realice fotosíntesis; el añublo bacteriano –causado por Burkholderia glumae– que deforma los granos, y la mancha café de la vaina, que debilita la espiga antes de madurar.

Hoy muchos agricultores aplican fungicidas “a ojo” sin tener claro cuál enfermedad amenaza realmente sus cultivos. Esta práctica encarece la producción, pues se usan más químicos de los necesarios, y además impacta el medioambiente al acumular residuos en el suelo y alterar sus nutrientes a largo plazo, y no siempre resulta efectiva.

Frente a este problema, el modelo desarrollado plantea usar el clima como brújula para generar un mapa en el que cada región identifica su propio enemigo y puede anticipar la batalla, aunque todas dependen del mismo grano para subsistir.

Para llegar a estas conclusiones, la investigadora Rodríguez analizó datos climáticos entre 1970 y 2019, tomados de estaciones del Ideam y bases de datos globales estimadas, y los cruzó con registros de monitoreo de enfermedades del arroz entre 2012 y 2019 en parcelas comerciales de la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz) que forman parte del programa de monitoreo fitosanitario de dicho gremio.

El trabajo se adelantó junto con Fedearroz, entidad que monitorea los cultivos en todo el país y que ya desarrolla una plataforma para que los agricultores consulten la dinámica anual del sector.

En un futuro cercano, un arrocero podría recibir en su celular un aviso similar al pronóstico del tiempo: “su cultivo está en floración y la próxima semana habrá alta humedad y nubosidad, con alto riesgo de añublo de la panícula”. Ese es el objetivo de la investigadora Rodríguez, “generar alertas que permitan tomar decisiones a tiempo y aplicar medidas solo cuando sean necesarias”.

Cambio climático multiplica el riesgo del arroz

El arroz no solo enfrenta plagas y hongos, sino también los efectos del cambio climático. En 2024 el calentamiento global sobrepasó los 1,5 °C, un aumento histórico y preocupante según el Servicio Climático de la Unión Europea.

Según determinó la investigadora, el aumento de apenas un grado en la temperatura puede disparar hasta en un 90 % el riesgo de brotes en Meta y Casanare, las regiones más vulnerables a esta dinámica. Además, fenómenos como El Niño y La Niña modifican la humedad y las lluvias, lo que abre la puerta a enfermedades en zonas donde antes no existían. Así, lo que hoy preocupa en los Llanos mañana podría extenderse al Tolima o al Caribe.

En Colombia las lluvias varían de manera drástica: en los Llanos Orientales pueden superar los 3.000 milímetros anuales, mientras que en algunas zonas del Caribe rara vez alcanzan los 1.000 milímetros anuales. Esa diferencia condiciona el comportamiento de las enfermedades; la humedad constante de Meta y Casanare, por ejemplo, favorece el añublo de la panícula. Por eso el sistema de alertas no funciona como un calendario rígido, sino como una herramienta adaptable que se puede integrar con datos en tiempo real de estaciones meteorológicas y satélites para informar de manera precisa a los productores.

La investigación fue dirigida por los profesores Eliécer David Díaz Almanza, del Departamento de Geociencias, y Joaquín Guillermo Ramírez, de la Facultad de Ciencias Agrarias y se adelantó con el Laboratorio de Computación y Análisis Epidemiológico de la UNAL y un convenio con Fedearroz para apoyo técnico. Con esto se busca iniciar un mejor plan de manejo y prevención de enfermedades en los cultivos de arroz de Colombia.






lunes, 9 de septiembre de 2024

Encuentran bacteria que protege los cultivos de arroz contra el añublo bacterial

 En Colombia, la bacteria Burkholderia glumae, causante de la enfermedad de la planta de arroz conocida como añublo bacterial, ocasiona pérdidas superiores al 75 % de la producción en los cultivos. El impacto económico y las dificultades para su control la han convertido en una de las principales preocupaciones del sector, pero una investigación adelantada en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá halló una bacteria que podría combatirla y proteger las plantas de esta afección.

El añublo bacterial afecta la panícula del arroz –que es la parte de la planta donde se produce el grano– y se transmite por semillas y residuos de la cosecha. La afectación puede permanecer en la planta sin presentar síntomas, por lo que el productor no la nota sino hasta cuando ve que su cultivo no produjo granos.

Una de las señales de que la planta está contaminada con B. glumae es que está erguida, pues indica que no tiene muchos granos; por el contrario, si la planta está encorvada se deduce que produjo tantos granos de arroz, que hacen que la hoja se doble hacia un costado por su peso.

En su tesis doctoral en Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Bogotá, la investigadora Luz Adriana Pedraza escogió la línea de Fitopatología, que es la ciencia que estudia las enfermedades de las plantas, y se enfocó en analizar los mecanismos de control biológico de la bacteria Bacillus IBUN 2755 del cepario del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la UNAL.

Previamente se desarrolló una investigación el municipio de Saldaña (Tolima), la cual mostró que las plantas de arroz tratadas con la bacteria producían hasta 2 toneladas por hectárea más de grano, a diferencia de las no tratadas. A raíz de este precedente se analizó cómo actúa el microorganismo en los cultivos.

¿Cómo inicia la investigación?

La investigadora pasó del campo al laboratorio, donde secuenció el genoma de la bacteria Bacillus, es decir, exploró y buscó todos los genes que estarían asociados con posibles mecanismos de acción controladora que pudieran ayudar a prevenir la bacteria B. glumae.

En este proceso encontró que las bacterias Bacillus producen diferentes compuestos antihongos y antibacteriales. “Además de atacar directamente al patógeno, estos compuestos pueden funcionar como una vacuna que defendería la planta cuando entra en contacto con otros microorganismos, ya que las defensas están preparadas para un ataque posterior, lo que se conoce como inducción de resistencia”, señala la doctora Pedraza.

El siguiente paso fue hacer mutantes en los genes de los compuestos antimicrobianos para identificar si realmente estos estaban involucrados en la actividad protectora, teniendo en cuenta que la bacteria IBUN 2755 no se puede modificar genéticamente, como lo han demostrado estudios previos.

Por eso utilizó luz ultravioleta para intentar mutar el ADN de la bacteria IBUN 2755 y obtuvo 830 colonias mutantes, de las cuales solo una pierde su actividad en la caja de Petri (recipiente de incubación) y en plantas de arroz contra la bacteria que produce el añublo bacterial.

Además, en este trabajo se determinó que la cepa 2755 logra activar genes de defensa en la planta de arroz, pero el mutante no. Así que para saber qué dejaba de funcionar en el mutante, se estudiaron los metabolitos, y comparando con la cepa no mutada se encontraron pérdidas de 12 compuestos de tipo surfactinas, de lo que se deduce que estos compuestos son esenciales para la actividad de la bacteria IBUN 2755.

Sobre las posibilidades futuras de su hallazgo, la investigadora afirma que “si se generara un producto final, será necesario hacer un medio de cultivo que muestre la existencia de los compuestos (surfactinas), que ya se sabe que sirven para combatir la bacteria patógena, con el fin de realizar un control de calidad de dicho producto”.

Esta investigación representa no solo un avance significativo para la agricultura del país, al asegurar cosechas de arroz más saludables y abundantes, sino que además abre la puerta al desarrollo de productos para prevenir enfermedades en el cultivo de arroz, un alimento consumido por más de la mitad de la población mundial.

A diferencia de los pesticidas tradicionales, este nuevo producto, derivado de una bacteria que actúa como mecanismo de defensa natural, no contaminaría el aire ni el suelo, lo que lo convierte en una prometedora solución para el cuidado del medioambiente. Este avance mejoraría la productividad agrícola, y en última instancia contribuiría al progreso económico y ambiental del país.








martes, 13 de enero de 2015

"2015 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"


http://www.ciatnews.cgiar.org/wp-content/uploads/2014/12/Nestor-Ramos.jpg

Con profundo pesar la comunidad CIAT recibió la noticia del fallecimiento del ingeniero agrónomo Néstor Ramos, fundador de la agroindustria Semillano, dedicada desde la década de los 70 a la producción y comercialización de semillas de calidad de  arroz y forrajes.
Con su empresa, el ingeniero Ramos logró expandir semillas de pastos y leguminosas en cientos de miles de hectáreas en la Orinoquia, asesorando sus siembras y permitiendo a los ganaderos la transformación de las sabanas nativas a praderas con pastos mejorados.
Ramos se desempeñaba como director de investigación de Semillano y su fortaleza era también el mejoramiento genético de arroz. Fue pionero en la producción de variedades de arroz del sector privado, logrando producir once variedades de arroz para los Llanos y el Tolima, gracias a convenios suscritos con el Programa de Arroz del CIAT.
Constante aliado del Centro, participó en todos los talleres de mejoramiento genético de arroz en la estación Santa Rosa, en Villavicencio, Meta, con el único objetivo de escoger las mejores líneas para los agricultores del Llano y el Tolima.
“Fue un gran colaborador en la investigación arrocera y siempre estuvo interesado en difundir las nuevas tecnologías. Su finca El Porvenir ha sido históricamente sitio de investigación para proyectos de mejoramiento de forrajes y arroz del CIAT. El Centro pierde a uno de sus grandes aliados en la región de los Llanos”, asegura Jaime Gómez Naranjo, Coordinador de Operaciones del CIAT en Villavicencio.
Néstor Ramos fue además dirigente deportivo y promotor del deporte especialmente en fútbol y baloncesto.
La agronomía y los sectores arrocero, ganadero y deportivo le dijeron adiós el pasado martes 2 de diciembre a uno de sus grandes impulsores.
El CIAT expresa su más sentida voz de condolencia y solidaridad a su esposa, hijos y demás familiares.
Lamentamos esta noticia, y nos unimos a esa voz de condolencia para sus familiares y amigos.

Fuente : CIAT-Colombia