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martes, 23 de enero de 2024

Peso y talla en manglares jóvenes, dato clave para repoblar bosques del Caribe

 Las tres especies de manglar más importantes de San Andrés islas están siendo afectadas por el aumento de la temperatura, fenómenos naturales como los huracanes, o la contaminación, por lo que urge diseñar estrategias de repoblamiento en zonas donde se han perdido, una alternativa podría estar en la acumulación de biomasa de sus hojas, tallo y raíz cuando aún son muy jóvenes.

Los bosques de manglar son tal vez uno de los ecosistemas más importantes en el mundo, pues, aunque su distribución es específica de lugares como el Caribe, ayudan a contrarrestar el cambio climático, ya que, por ejemplo, almacenan de 3 a 4 veces más dióxido de carbono (CO2) por hectárea que los bosques tropicales. Además, son el hogar de una gran diversidad de peces, moluscos y crustáceos, que encuentran allí un refugio y una guardería para sus crías.

Así mismo, son barreras resistentes contra los oleajes amenazantes de eventos como los huracanes, que en años recientes han hecho grandes estragos en la isla, por lo que, además de ser uno de los pulmones de esta región, también forman parte de una estrategia ambiental para disminuir el impacto en las costas y en la población que habita este emblemático lugar.

Según instituciones como Global Mangrove Alliance, entre 1996 y el 2006 se ha perdido por lo menos el 10 % de manglares en el mundo, una cifra alarmante, pues hasta el 60 % de estos daños son a causa de la acción humana.

En vista de su importancia, la investigadora Nelsith Fornaris Hurtado, bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), analizó el comportamiento de las tres especies de manglar más abundantes de la isla: mangle rojo (Rhizophora mangle), blanco (Laguncularia racemosa) ynegro (Avicennia germinas).

Su propósito era determinar qué ocurre con su biomasa (masa y peso producido por las hojas y la descomposición que realizan algunos microorganismos como bacterias u hongos) cuando aún no superan el metro de altura, es decir cuando son “juveniles”, un estadio clave y crítico para que puedan tener un óptimo desarrollo a lo largo su vida.

La relevancia de la biomasa reside en que es la energía que le permite captar el CO2 del aire, pues con ella tiene una mayor capacidad en sus tejidos para recibir este material y regularlo, contribuyendo a que no haya un impacto en la calidad tanto del aire como del agua. De cierta manera es una especie de planta de tratamiento natural para este gas que resulta dañino y tóxico en grandes cantidades.

El estudio se realizó en el Parque Regional Old Point, que tiene un área de 54,7 hectáreas, y que alberga las tres especies antes mencionadas. Se recolectaron en total 95 especímenes de mangle rojo, 90 de mangle blanco, y 95 de mangle negro, que estaban en un rango entre los 10 y los 100 cm; para ello se escogieron 10 individuos por cada 10 cm.

“En estado de plántula es poco lo que se sabe con respecto a la acumulación de biomasa en estos manglares, generalmente se analiza la hojarasca, pero no en detalle lo que ocurre en partes como la raíz o el tallo, que terminan siendo indispensables para permitir que los manglares crezcan de la mejor manera”, asegura la investigadora.

El mangle rojo en esta etapa acumula una biomasa de alrededor de 54,9 % en su tallo, mientras una de las especies de mangle blanco logra acumular un 44 %, por lo que en esas regiones de su estructura es en dónde se presenta una mayor acción de todo tipo de microorganismos, y pueden captura mucho más carbono que en las hojas y las raíces, que llegan a un poco más del 20 %.

“En Old Point, los desechos de gasolina y biodiesel que se usan para motores de algunas electrificadoras, terminan siendo vertidos en las zonas en las que están los manglares, provocando un daño irreparable; entender cómo están acumulando biomasa desde jóvenes es clave para saber qué acciones de protección se deben tomar”, indica.

Para determinar los valores de la biomasa se realizó la separación de cada parte del mangle para ser secada y pesada, y luego se analizaron mediante ecuaciones alométricas, que permiten determinar la relación entre la altura y el peso con la acumulación de masa en las hojas, el tallo y las raíces. Un cálculo que se obtiene por primera vez para estas especies de plántulas de manglar.

La investigación forma parte de un proyecto más grande que lidera el profesor Jairo Humberto Medina, en la UNAL Sede Caribe, y que busca encontrar las mejores condiciones para repoblar los bosques manglar de la isla y de todo el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.







viernes, 27 de agosto de 2021

Actividad humana afecta distribución y composición de manglares del Caribe

 Investigadores del Departamento de Ciencias Forestales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín y el Grupo de Investigación Oceánicos, de la Facultad de Minas, han analizado variaciones de manglares y vegetación costera para identificar amenazas hacia el futuro con base en la respuesta a los cambios del pasado.

La profesora Ligia Estela Urrego Giraldo, del Departamento de Ciencias Forestales, afirma que “las transformaciones de los manglares provocadas por actividad humana (antrópicas) son importantes porque modifican la estructura de la vegetación y con ello las condiciones de luz, que afecta la distribución y composición de los manglares”. 

Destaca además que en el Caribe colombiano se presenta una variedad importante de ambientes para los manglares. A nivel regional está dada por la distribución y cantidad de la precipitación: desde La Guajira una menor y una estación seca muy prolongada, hasta el Golfo de Urabá, donde no hay déficit de lluvia.

“Al analizar los cambios se debe tener en cuenta la dominancia de las especies. Así, el mangle negro (Avicennia germinans) es más tolerante a la salinidad porque tiene la capacidad de expelerla por las hojas, mientras que el mangle rojo (Rhizophora mangle) soporta mayores niveles de inundación y energía del oleaje, gracias a sus raíces aéreas que sostienen los árboles, y por eso funcionan como barrera de protección”, explica la docente. 

El mangle blanco (Laguncularia racemosa) y el mangle negro tienen raíces especializadas llamadas neumatóforos que funcionan como mecanismos para respirar, pero no aguantan altos niveles de inundación. 

Los investigadores analizaron diferentes secciones distribuidas a lo largo del Caribe colombiano –incluyendo la isla de San Andrés–, lo que les ha permitido determinar que la vegetación de estos ecosistemas en La Guajira es más baja y presenta menores valores estructurales que los de Urabá y San Andrés.

Estos hallazgos han sido posibles gracias a los análisis multivariados realizados con datos florísticos de manglares de los tres sitios.

En los bordes de Urabá hay una alta disponibilidad de agua dulce, lo que los hace más diversos, en especial a aquellos que limitan con el bosque inundado aluvial. En cambio en La Guajira, con la estación seca prolongada, la diversidad es muy baja y se encuentran bosques dominados por una de las tres especies, o, en las mejores condiciones, de las tres. 

La profesora Urrego agrega: “hemos visto patrones muy similares en otras partes que están dominadas por otras especies. En San Andrés hay manglares muy distintos cuyas diferencias en la composición están dadas precisamente por el manglar vecino. Eso es un principio de la macroecología que ayuda a entender que, donde se mejoran las condiciones para unos, entran a participar otras especies que toleran inundación”.

Comportamiento ante fenómenos como El Niño

Entre los hallazgos recientes del Grupo de Investigación Oceánicos se encuentra la respuesta cíclica de los manglares al fenómeno de El Niño y a las sequías.

Mediante el análisis de los índices de vegetación y polen fósil se halló que los manglares de borde toleran sequías de corta duración como las asociadas con este fenómeno, gracias a las raíces profundas y a la mayor oxigenación y disponibilidad de nutrientes, que generan el descenso en el nivel de inundación.

Sin embargo, en sequías más prolongadas como las registradas hace más de 2.500 años el manglar estuvo dominado por mangle negro y no por mangle rojo.

Según la experta, este cambio de composición florística también se ha observado por efecto de las actividades humanas (antrópicas) que alteran la dinámica de los sedimentos, tales como la desviación del cauce del río Turbo, que incrementó la deposición de arenas y generó el reemplazo del mangle rojo por mangle negro, más tolerante a condiciones ambientales más drásticas. 

La profesora Urrego ofreció los resultados del arduo trabajo de investigación realizado por expertos de la UNAL Sede Medellín a través de su ponencia “Manglares: características y variabilidades”, presentada en el encuentro “Unidos por los manglares”, organizado por la Secretaría de Ambiente y Sostenibilidad de la Gobernación de Antioquia.