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jueves, 11 de abril de 2024

En el Huila descubren pariente de la gulupa y la granadilla

 Nombrada como Passiflora pitalensis en honor a su lugar de origen, el municipio de El Pital, al suroccidente huilense, de esta nueva especie se desprende un fruto amarillo comestible, de sabor ligeramente dulce y exótico cuando está maduro, pariente de la curuba, la granadilla y la gulupa. El hallazgo es el resultado de un trabajo adelantado por investigadores tanto de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) como de la Surcolombiana y Minuto de Dios.

P. pitalensis se distribuye principalmente en el sur del Huila y tiene una observación escasa en Cauca, entre los 1.750 y 2.030 msnm. La zona donde se identificó forma parte del Macizo Colombiano –de origen indígena, de la nación Páez–, hasta hace unos años afectada por el conflicto armado, por lo que ha sido poco explorada.

El hallazgo, que representa un logro para el estudio de la diversidad vegetal del país, se logró gracias al trabajo del profesor John Ocampo Pérez, del grupo de Investigación en Recursos Fitogenéticos Neotropicales (GIRFIN) de la UNAL, quien la estudió en el Herbario José Cuatrecasas Arumí de la UNAL Sede Palmira, y estableció que se trataba de una nueva especie.

El aporte también se debe a estudios anteriores adelantados por el profesor Jeison Rosero, de la Universidad Minuto de Dios, y su estudiante Edwin Arrigui, de la U. Surcolombiana, quienes encontraron la especie y contactaron al docente Ocampo por su experiencia en la familia Passifloraceae, por lo que juntos concluyeron que sí se trata de un nuevo hallazgo.

Luego de más de 2 años de exploración del profesor Rosero y su estudiante Arrigui sobre las dos microcuencas que cubren el Parque Natural Municipal El Pital: El Obispo y El Burro, esta nueva especie, singular por sus flores y su fruto, fue vista junto con otros 473 ejemplares de diferentes familias botánicas.

El proceso de identificación de P. pitalensis le implicó al profesor Ocampo una exhaustiva revisión de literatura científica, comparaciones con ejemplares de otros herbarios del país y mediciones detalladas de todos los órganos de la planta.

Además realizó un análisis meticuloso para establecer su relación con otras pasifloras conocidas y confirmar que sí se trataba de una especie única y no simplemente de una variación morfológica o genética de otra especie.

P. pitalensis es una hierba enredadera de flores blancas y moradas; comparte similitudes con la curuba(P. lehmannii), nativa de América del Sur, aunque el experto señala que “se distingue principalmente por algunas características físicas en su tallo, sus hojas con lóbulos más anchos, su estructura verde que sostiene a las flores, y además por sus pequeñas y delgadas hojas que decoran la flor”.


El fruto de la nueva especie tiene forma ovoide y el margen de la semilla es apuntado, su color es amarillento y su sabor exquisito y poco común, lo que la distingue como un producto con potencial medicinal y comercial. Debido a su distribución restringida y al reducido tamaño de su población, que no supera los 90 individuos, se considera en peligro de extinción.

Nueva y en riesgo de extinción, ¿por qué?

Según las categorías y los criterios de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el trabajo de investigación botánica que por décadas ha desarrollado el profesor Ocampo en el territorio nacional, más de 110 especies colombianas de Passiflora se consideran amenazadas en algún grado.

El género Passiflora está bien representado en Colombia con aproximadamente 182 especies, por lo que científicos la consideran como un buen indicador de biodiversidad debido a sus múltiples interacciones ecológicas con diferentes tipos de organismos, incluyendo sus polinizadores.

P. pitalensis fue registrada en la colección herbaria del país por los tres autores, con su respectivo número, lo que le permitirá al público y a la academia revisarla junto con otras especies botánicas.

El hallazgo no solo representa el descubrimiento de una nueva especie, sino también la apertura de un mundo de posibilidades bioeconómicas para las comunidades huilenses; de hecho, este departamento es líder nacional en el cultivo de pasifloras como maracuyá, gulupa, granadilla, curuba, badea y cholupa. Además, ofrece una oportunidad para la investigación de los recursos fitogenéticos nativos y la conservación de la flora colombiana.






viernes, 1 de marzo de 2024

Árbol de la lluvia, leguminosa con mayor resistencia a sequías en el Huila

 En el municipio huilense de Garzón se evaluó la resistencia de distintas especies de leguminosas a las crecientes temperaturas mundiales y se evidenció que el árbol de lluvia, o campano (Albizia saman), es el que mejor responde a la falta de agua y humedad en el suelo; el hallazgo permitiría focalizar la restauración en las piezas clave de los bosques secos tropicales de esta región del país.

El árbol de la lluvia es nativo de América y en países como Colombia es muy abundante; mide casi 25 m de altura, por lo que da más sombra que otros árboles y tiene flores rosadas que parecen puercoespines diminutos y que son el lugar predilecto de los insectos polinizadores.

Además mejora la calidad del suelo, ya que fija el nitrógeno que encuentra en el aire aumentando la cantidad de nutrientes presentes allí, y reemplazaría el uso de fertilizantes químicos, disminuyendo la contaminación de aguas y la emisión de gases de efecto invernadero.

Sin embargo, como a todos los seres vivos, las condiciones extremas de temperatura impactan su desarrollo, por lo que la investigadora Laura Esperanza Ruiz, bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), estudió lo que ocurría en las 4 especies de leguminosas más usadas en restauración ecológica del municipio huilense, específicamente en la reserva natural Cerro Matambo 3, ubicada en El Quimbo, el bosque seco tropical más grande del departamento.

Allí sometió 1.200 semillas a tres tratamientos distintos, en condiciones que emularan el incremento de la temperatura hasta llegar a los 2 °C, que se estima sea la que se presente en 10 años. Las especies evaluadas fueron el árbol de lluvia (A. saman), el orejero (Enterolobium cyclocarpum), el palo fierro (Chloroleucon mangense), y el velero (Senna spectabilis). Esta última fue la menos resistente al escenario de mayor sequía, aunque curiosamente se comprobó que le va muy bien cuando se pone en la oscuridad, condición en la que crece sin problemas.

“Cada especie tenía 100 semillas, las cuales se guardaron una a una en cajas de Petri (recipientes circulares pequeños que permiten aislarlas de estímulos distintos al experimento) y luego se sembraron en algunas zonas de la reserva”, comenta la bióloga.

Para el estudio la investigadora conformó un grupo control a la misma temperatura del municipio (36 °C) y se le puso agua destilada normal; en las demás semillas se usaron dos concentraciones de polietilenglicol, un reactivo que emula en el suelo las condiciones de falta de agua en distintos periodos: en la primera se generó un potencial hídrico de –0,6 mientras en el segundo había –1,2, un poco más de lo que se ha utilizado en investigaciones anteriores.

Después de 20 días en estas condiciones la especie que mejor resistió fue el árbol de la lluvia, ya que hasta un 80 % de sus semillas germinaron y crecieron de manera normal; el palo fierro y el orejero tuvieron un porcentaje del 25 % –lo cual no es ideal para la restauración en escenarios de cambio climático–, y del velero ninguna semilla germinó en estas condiciones.

“En otra parte del proyecto estudiamos por qué había especies más resistentes, y los resultados preliminares arrojaron que la semilla tiene algunos rasgos funcionales clave como el calcio, los carbohidratos y la proteína presente en los suelos durante su siembra, los cuales resultan fundamentales para estabilizar sus membranas y cubrir la demanda de nutrientes para que pueda tolerar la falta de agua”, indica la bióloga Ruiz.

Añade que “las leguminosas son las reinas de los bosques secos tropicales del país y aportan un valor intrínseco al ecosistema; si no se protegen se pueden afectar seriamente a futuro, ya que, contrario a lo que se creería, la temperatura del suelo puede aumentas más rápido que la del aire e incidir negativamente en las especies, por lo que es necesario profundizar en la investigación.

Otra estrategia que se puede acoplar a la restauración y que se potenciaría con estos hallazgos es la del fitomejoramiento, que consiste en mejorar genéticamente las semillas para que las especies menos tolerantes compensen estas dificultades y aumenten su porcentaje de supervivencia.

Para su trabajo de investigación la bióloga contó con la guía y dirección de las profesoras Beatriz Eugenia Salgado y Luz Marina Melgarejo, del Departamento de Biología.