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sábado, 31 de agosto de 2024

No todo está dicho sobre las papayuelas: descubren nueva especie y datos de su origen

 Por primera vez en el mundo, a través de un análisis de ADN, develan algunos misterios evolutivos de 12 especies del género Vasconcellea, conocidas como papayas de montaña o papayuelas, nativas de Ecuador y Colombia. En el estudio se identificó una nueva especie próxima a ser reportada, bautizada como V. cundinamarcensis, variedad glabra.


En principio el autor la clasificó como una especie conocida y la denominó como Vasconcellea heilbornii?,agregando un interrogante al final porque no estaba seguro, hasta que confirmó con los marcadores moleculares –que revelan características de un organismo– y encontró las similitudes genéticas con V. cundinamarcensis.En los próximos meses seguirá el protocolo para hacer la descripción y reportarla al mundo.

Los datos también desafiaron las hipótesis de estudios previos sobre el origen y parentesco del babaco, la especie más relevante de la familia que durante décadas ha llamado la atención de la comunidad científica por carecer de semillas y por su compleja genética, las cuales sugerían que era resultado del cruce ancestral entre la V. stipulata con V. cundinamarcensis.

Con la dirección del profesor Jaime Eduardo Muñoz Flórez, del Grupo de Investigación Diversidad Biológica, el investigador Troya determinó en el Laboratorio de Biología Molecular que “el babaco es un híbrido natural, siendo su posible progenitor paterno V. heilbornii var. fructifragrans, mientras que el grupo hermano V. heilbornii var. chrysopetala y V. heilbornii var. fructifragrans son su posible origen materno. Se trata de la única especie en su género que no tiene semillas a nivel evolutivo”.

Esta característica planteó un reto para la investigación, que permitió obtener un resultado inédito. El autor obtuvo semillas viables de babaco mediante cruces controlados entre especies de Vasconcellea, algo que no se había logrado en investigaciones anteriores. Estas germinaron y dieron lugar a plantas fértiles, produciendo tres morfotipos (especies del mismo género), lo que indica una variabilidad genética significativa dentro del género.

Así se realizó la investigación

Los valles andinos en Suramérica, con su rica biodiversidad y microclimas variados, fueron el escenario principal para determinar el árbol filogenético –equivalente al genealógico– de la familia 


de las papayuelas originarias de la región, primas lejanas de la papaya. La investigación abarcó especies que crecen entre los 967 y 3.200 msnm, con temperaturas moderadas y climas fríos a templados, ideales para la diversidad biológica de esta fruta, deseada por sus exquisitos sabores y aromas, y por sus propiedades medicinales y culinarias.

En el sur de Ecuador se han descrito 16 de las 21 especies de papayas de montaña que existen en total en el planeta, por lo que de manera principal las muestras fueron recolectadas en el sur del país en la provincia de Loja, una zona fronteriza que colinda con el norte de la ciudad de Piura en Perú, reconocida por su alta hibridación o cruce natural entre especies de la misma familia Vasconcellea, loque ha complejizado su diferenciación y clasificación botánica. También se tomaron ejemplares de las provincias de Pichincha y Zamora Chinchipe. En Colombia, fueron obtenidas en los departamentos de Nariño y Valle del Cauca.

El proceso de identificación genética utilizado por el investigador Troya fue a través de código de barras de ADN nuclear (ITS), y de cloroplástico (matK) donde se transfieren los genes mayoritariamente de la madre, técnicas que le permitieron descubrir cómo están emparentadas, cómo se han diversificado a lo largo del tiempo y cuáles comparten un ancestro común.

Las 12 especies estudiadas exhiben una asombrosa diversidad en sus frutos respecto a forma, tamaño, color, grados de aroma, acidez y vellosidad. Varían desde ovaladas, oblongas y semicirculares, hasta alargadas y pentagonales. Según el género, algunos frutos pueden medir 2 cm, mientras que otros como el babaco consigue hasta 30 cm de longitud. Los colores abarcan las tonalidades amarillas, anaranjadas y rojas.

Las parpayuelas comestibles son: V. cundinamarcensis, llamada así en honor al departamento de Cundinamarca, los vellos abundan en la planta y su fruto alcanza máximo 10 cm; en la región sur de Ecuador presenta cinco formas diferentes. V. stipulata nombrada de esta forma por la presencia de estípulas, un tipo de garras, con hasta tres formas diferentes de frutos; V. heilborniivar. pentágona o babaco, la especie con el fruto más grande de la familia Vasconcellea yla única que se cultiva comercialmente debido a que no tiene semillas en su interior, no obstante, su producción apenas alcanza a cubrir el mercado interno.

Las 9 restantes, a pesar de que no se consumen, han sido utilizadas por siglos por las comunidades locales para usos medicinales, aromáticos y culinarios, como la preparación de dulces y mermeladas. Los hallazgos esta investigación son de gran valor taxonómico y abren posibilidades para el mejoramiento genético y el cultivo comercial de esta especie en la región andina.





 






jueves, 11 de abril de 2024

En el Huila descubren pariente de la gulupa y la granadilla

 Nombrada como Passiflora pitalensis en honor a su lugar de origen, el municipio de El Pital, al suroccidente huilense, de esta nueva especie se desprende un fruto amarillo comestible, de sabor ligeramente dulce y exótico cuando está maduro, pariente de la curuba, la granadilla y la gulupa. El hallazgo es el resultado de un trabajo adelantado por investigadores tanto de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) como de la Surcolombiana y Minuto de Dios.

P. pitalensis se distribuye principalmente en el sur del Huila y tiene una observación escasa en Cauca, entre los 1.750 y 2.030 msnm. La zona donde se identificó forma parte del Macizo Colombiano –de origen indígena, de la nación Páez–, hasta hace unos años afectada por el conflicto armado, por lo que ha sido poco explorada.

El hallazgo, que representa un logro para el estudio de la diversidad vegetal del país, se logró gracias al trabajo del profesor John Ocampo Pérez, del grupo de Investigación en Recursos Fitogenéticos Neotropicales (GIRFIN) de la UNAL, quien la estudió en el Herbario José Cuatrecasas Arumí de la UNAL Sede Palmira, y estableció que se trataba de una nueva especie.

El aporte también se debe a estudios anteriores adelantados por el profesor Jeison Rosero, de la Universidad Minuto de Dios, y su estudiante Edwin Arrigui, de la U. Surcolombiana, quienes encontraron la especie y contactaron al docente Ocampo por su experiencia en la familia Passifloraceae, por lo que juntos concluyeron que sí se trata de un nuevo hallazgo.

Luego de más de 2 años de exploración del profesor Rosero y su estudiante Arrigui sobre las dos microcuencas que cubren el Parque Natural Municipal El Pital: El Obispo y El Burro, esta nueva especie, singular por sus flores y su fruto, fue vista junto con otros 473 ejemplares de diferentes familias botánicas.

El proceso de identificación de P. pitalensis le implicó al profesor Ocampo una exhaustiva revisión de literatura científica, comparaciones con ejemplares de otros herbarios del país y mediciones detalladas de todos los órganos de la planta.

Además realizó un análisis meticuloso para establecer su relación con otras pasifloras conocidas y confirmar que sí se trataba de una especie única y no simplemente de una variación morfológica o genética de otra especie.

P. pitalensis es una hierba enredadera de flores blancas y moradas; comparte similitudes con la curuba(P. lehmannii), nativa de América del Sur, aunque el experto señala que “se distingue principalmente por algunas características físicas en su tallo, sus hojas con lóbulos más anchos, su estructura verde que sostiene a las flores, y además por sus pequeñas y delgadas hojas que decoran la flor”.


El fruto de la nueva especie tiene forma ovoide y el margen de la semilla es apuntado, su color es amarillento y su sabor exquisito y poco común, lo que la distingue como un producto con potencial medicinal y comercial. Debido a su distribución restringida y al reducido tamaño de su población, que no supera los 90 individuos, se considera en peligro de extinción.

Nueva y en riesgo de extinción, ¿por qué?

Según las categorías y los criterios de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y el trabajo de investigación botánica que por décadas ha desarrollado el profesor Ocampo en el territorio nacional, más de 110 especies colombianas de Passiflora se consideran amenazadas en algún grado.

El género Passiflora está bien representado en Colombia con aproximadamente 182 especies, por lo que científicos la consideran como un buen indicador de biodiversidad debido a sus múltiples interacciones ecológicas con diferentes tipos de organismos, incluyendo sus polinizadores.

P. pitalensis fue registrada en la colección herbaria del país por los tres autores, con su respectivo número, lo que le permitirá al público y a la academia revisarla junto con otras especies botánicas.

El hallazgo no solo representa el descubrimiento de una nueva especie, sino también la apertura de un mundo de posibilidades bioeconómicas para las comunidades huilenses; de hecho, este departamento es líder nacional en el cultivo de pasifloras como maracuyá, gulupa, granadilla, curuba, badea y cholupa. Además, ofrece una oportunidad para la investigación de los recursos fitogenéticos nativos y la conservación de la flora colombiana.