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jueves, 18 de abril de 2024

Insecto hallado en Colombia, promesa para controlar planta invasora en Australia

 Un chinche de 3 mm no registrado por la ciencia sería útil para controlar el crecimiento del maracuyá silvestre (Passiflora foetida), un tipo de maleza que en países como Australia es considerada como invasora pues obstaculiza el paso en las playas e impide el crecimiento de otras plantas autóctonas. Este insecto sería un controlador natural porque completa su ciclo de vida sobre la planta y se alimenta de las hojas causandoles daño.

P. foetida es una enredadera que trepa elementos vivos o muertos como árboles o postes para competir por la luz del sol. Su flor es blanca, con detalles morados y una “melena” viscosa que desprende un olor desagradable.

“Es originaria de Centro y Suramérica, en donde también es considerada como maleza pero no representa una amenaza para otras especies. Sin embargo, en países como Australia, donde fue introducida artificialmente, es referenciada como una planta invasora que causa daños en fauna, flora y turismo”, explica Héctor Adiel Salazar González, magíster en Entomología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Agrega que “allí está pasiflora impide el crecimiento de otras plantas que son alimento de animales, obstaculiza el paso en algunas playas, y cuando se seca propaga incendios fácilmente. Por eso, aunque suelen retirarla manualmente, las autoridades siguen buscando estrategias y enemigos naturales para controlarla, especialmente en las regiones de donde es originaria”.

Aunque se sabe que en países como Colombia existen hongos, virus e insectos que modulan su crecimiento, la mayoría de estudios hechos hasta ahora son poco específicos. Por eso el investigador Salazar se enfocó en los insectos que se alimentan de ella, y que por ende pueden ser útiles y efectivos en las zonas donde es problemática.

“Estuvimos en Antioquia, Atlántico, Bolívar, Sucre, Córdoba y Santander, en donde se sabe que la planta está presente. Realizamos muestreos en 23 puntos, revisamos daños en las hojas, tallos y flores, y encontramos 9 insectos asociados; con algunos de ellos aportamos nuevos registros de su presencia en la planta, los conectamos de forma manual y los llevamos al laboratorio”, relata.

La muestra de insectos se clasificó taxonómicamente según sus características morfológicas, el estado biológico en el que están cuando dañan la planta (larvas, ninfas o adultos) y la parte específica de la que se alimentan (flor, hojas o tallo).

“En el municipio de Santa Fe de Antioquia encontramos una nueva especie de chinche (aún sin nombre) del género Pronotacantha sp., siendo este el primer registro de la especie para la ciencia. Por eso, tras concluir nuestra investigación, quedó en manos del investigador Dimitri Forero, profesor de la UNAL Sede Bogotá, quien seguirá con otros análisis”, agrega el magíster Salazar.

Él eligió estudiarlo a profundidad porque es uno de los insectos que ocasionan mayor daño al maracuyá silvestre y es fácil criarlo en laboratorio: el 88 % de los huevos fueron viables. Además,  para observar y documentar por primera vez su ciclo de vida, sembró varias plantas en invernadero y dispuso los insectos en ellas.

Se observó que el huevo eclosiona en promedio a los 13 días de haber sido puesto; su estado de ninfa (o juvenil) tiene 5 fases que duran más o menos 27 días hasta que se convierte en adulto, y vive cerca de 55 días en total, por eso el magíster calculó que por una misma planta pasarían hasta 4 generaciones del bicho.

“Vimos que empiezan a alimentarse de las hojas desde su eclosión hasta la fase adulta, durante 14 minutos por ingesta, siendo la hembra la más agresiva (quizá porque necesita más alimento para la reproducción), pues en 10 días alcanza una severidad de 2,14 % mientras que el macho llega a un 0,44 %”, destaca.

Por último, realizó pruebas de preferencia para corroborar que Pronotacantha sp. prefiere a P. foetida por encima de otras similares, como Passiflora edulis o maracuyá comercial.

“Hicimos pruebas de elección y no elección. Pusimos los insectos en jaulas con plantas (alimento) específicas. En el primer caso combinando especies y en el segundo con una sola especie para observar cuál elegían, si sobrevivían o no. Así definimos que el insecto solo logra cerrar su ciclo biológico sobre el maracuyá silvestre, y por esa y otras especificidades lo catalogamos como posible controlador”.

Este estudio es un gran aporte para la ciencia colombiana e internacional, ya que deja nuevas rutas por transitar, por ejemplo, con el estudio de posibles patógenos que el insecto pueda transmitirle a la planta.

“También sería importante evaluar su capacidad de adaptación, que no resulte perjudicial para otro tipo de flora en el país de destino y que compense económicamente en contraste con los métodos de control actuales”, concluye.





martes, 5 de septiembre de 2023

Identifican bacterias benéficas para controlar enfermedades del ají y del pimentón

 Investigadores encontraron bacterias en plantas de ají y pimentón, entre ellas 4 con potencial para control biológico y 8 fitopatógenos o dañinas; de estas, 6 no habían sido reportadas y pueden atacar hojas, tallos, raíces y frutos de las plantas y causar daños en su crecimiento.

Para el estudio, los investigadores colectaron tejido de plantas de ají y de pimentón en 17 cultivos distribuidos en los principales municipios productores del Valle del Cauca, entre ellos La Unión, Cerrito, Palmira, Candelaria, Restrepo y El Dovio; a partir de estas muestras caracterizaron los 69 aislamientos, de los cuales 4 son benéficos.

Sin necesidad de usar agroquímicos y antibióticos, las bacterias benéficas ayudan desde la misma planta a mantener un equilibrio natural en el entorno, protegiéndola de enfermedades y promoviendo su vigor de una manera más amigable con el medioambiente, los suelos y la salud humana.

Otro aporte destacado del hallazgo son las 6 especies que no habían sido reportadas en el país, las cuales afectan los cultivos de ají y pimentón, ya que pueden atacar diferentes partes de las plantas como hojas, tallos, raíces y frutos, y causar daños en su crecimiento, desarrollo y producción. Por tanto, estos descubrimientos marcan un avance importante para la industria agrícola y la seguridad alimentaria.

Durante siete años, la ingeniera agronómica Ángela Liliana Rivera Calderón, candidata a Doctora en Ciencias Agrarias, adelantó su estudio “Caracterización morfológica y molecular de bacterias asociadas Capsicum spp. en el Valle del Cauca-Colombia”, trabajo dirigido por los profesores Mario García Dávila y Eyder Daniel Gómez López, de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

Para entender mejor su naturaleza y sus funciones, las bacterias halladas se caracterizaron en los laboratorios de Diagnóstico Vegetal y de Biología Molecular por su forma, comportamiento en el medio de cultivo, reacciones químicas, metabolismo y nivel molecular.

“Encontramos especialmente Bacillus spp., bacterias grampositivas de bacilares que forman endosporas muy resistentes a las condiciones ambientales adversas. Algunas son beneficiosas y se utilizan en la producción de alimentos, en la industria y en la medicina, mientras que otras, como B. anthracis, pueden ser patógenas y causar enfermedades en plantas, animales y humanos”, informó la investigadora.

Aunque el ají es una hortaliza originaria de América, hoy varios países de otras latitudes lo cultivan, pues durante la conquista y colonización fue llevado a España y Portugal, y por su exquisito y picante sabor empezó a ganar reconocimiento y a distribuirse por el mundo.

Aunque actualmente el país que más cultiva ají es China, Estados Unidos y México también destacan con un potencial de crecimiento en términos de nutrición y de industrialización.

En Colombia se producen cada año alrededor de 100.000 toneladas de ají en cerca de 8.000 hectáreas de cultivo, con Antioquia, la Costa Atlántica, Cundinamarca y Valle del Cauca como los principales productores.

La investigadora, quien próximamente participará en el Concurso Tesis en Tres Minutos (3MT) organizado por la UNAL, considera que “la combinación de un enfoque integral en el manejo de cultivos de ají, junto con la incorporación estratégica de bacterias benéficas, ofrece una vía prometedora para mejorar la productividad agrícola y mitigar el impacto ambiental mientras se satisfacen las demandas crecientes de alimentos de alta calidad de manera responsable y sostenible”.

Ahora trabaja en el reporte de las nuevas especies de bacterias encontradas en el estudio, el cual fue posible gracias al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (antes Colciencias) y al sistema de información Hermes, además de la investigación, extensión y los laboratorios de la UNAL.








martes, 23 de marzo de 2021

8 métodos para controlar retamo espinoso en Colombia

 Métodos de control químico, biológico y físico, quemas prescritas y erradicación manual, figuran entre las estrategias identificadas en un estudio para combatir Ulex europaeus, especie originaria de Europa Occidental que invade áreas extensas impidiendo el crecimiento de plantas nativas, desplazando la fauna local y acidificando los suelos.

La investigación del biólogo Andrés Hernández, del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se centra en la Región Andina, departamentos de Antioquia, Cundinamarca, Tolima, Boyacá y Huila.

“Uno de los posibles primeros sitios de invasión es la localidad de Usme, en Bogotá, donde el retamo espinoso fue usado como cerca viva para proteger los embalses de La Regadera y Chisacá”, explica el biólogo.

El retamo tiene la capacidad de colonizar de forma agresiva lugares con algún disturbio climático producido por el ser humano. Esta especie es capaz de desplazar y reemplazar otras especies nativas, ya que suele producir muchas más semillas que estas. Maduran 18 meses después de la germinación, se dispersan hasta 5 m alrededor de la planta y llegan a medir unos 2,5 m, con registros de incluso 4,5 m en regiones favorables invadidas.

“Su hábitat corresponde a zonas que permanecen con humedad y precipitación a lo largo del año, se asocia con matorrales y arbustos normalmente transformados por el hombre, se da en sustratos que no necesariamente requieren de nutrientes, ya que crece en suelos con pH de 4,5 a 5”, agrega el biólogo.

Métodos de control

La investigación del biólogo Hernández identificó 8 métodos de control, con sus beneficios y debilidades. Uno de ellos, las quemas prescritas, tienen como ventaja que es rápido, económico, prepara el terreno y es aplicable a infestaciones grandes. Sin embargo, favorece los matorrales, presenta la dificultad de controlar el fuego, afecta el ecosistema y produce erosión y contaminación.

Los métodos químicos ayudan a hacer un control específico, reducen las plagas y son rápidos, pero afectan el ecosistema y los herbicidas pueden tener poca especificidad y afectar otras plantas.

El método de control físico, o manejo de la luz, minimiza el daño a ecosistemas, se puede usar en áreas protegidas y permite eliminar las plántulas, pero es costoso a gran escala, limita el crecimiento de especies nativas, y en general afecta el ecosistema.

La erradicación manual minimiza el daño al ecosistema, se puede usar en áreas protegidas, elimina las plántulas y hay vinculación con las comunidades, pero es costoso, requiere de mucho tiempo, esfuerzo, capacitación de personal y es difícil controlar la dispersión de semillas.

La eliminación mecánica es de rápida ejecución, elimina las plántulas, es efectiva a mediana y gran escala, minimiza el daño al ecosistema, excepto por el uso de maquinaria pesada, y es posible en áreas protegidas. Su problema radica en que es costoso, requiere capacitación, es difícil controlar la dispersión de las semillas y presenta dificultad en zonas susceptibles a erosión.

El pastoreo disminuye la abundancia de la especie, es de bajo costo, tiene amplia cobertura, es exitoso si está bien planificado, pero no erradica por completo el retamo; además, el suelo se compacta por los animales que pastan, promueve la entrada de otras especies ajenas, dispersa semillas invasoras y requiere de gran planificación técnica.

La plantación de especies nativas tiene como ventaja la exclusión competitiva, genera microclimas y la competencia entre rebrotes, controla la erosión, minimiza el daño a otros componentes del ecosistema, es aplicable a todo terreno, de control permanente y autosostenible y hay vinculación con las comunidades. Pero también tiene desventajas: solo es aplicable después de eliminar la especie invasora, enmascara el banco de semillas, es costoso,  se dificulta encontrar el material vegetal, toma mucho tiempo y capacitación del personal.

Ante este panorama, el biólogo Hernández recomienda en su investigación eliminar las plántulas de manera periódica durante un periodo mínimo de dos años hasta agotar el banco de semillas, según el área y tiempo que tiene la invasión, y aplicar una estrategia integral involucrando las diferentes técnicas como medidas preventivas de una nueva invasión.