sábado, 3 de julio de 2021

Productores asociados les sacan más provecho a los cultivos de agraz

 Este fruto, conocido en algunos municipios de Boyacá como el “café de tierra fría” (por su similitud con el famoso grano colombiano), presenta en el departamento un mayor aprovechamiento gracias a alianzas para comercializarlo en presentaciones distintas como vino, salsa para carnes, mermeladas y en fruto.

La asociatividad de los productores y recolectores de la zona les permite mayor visibilidad ante las alcaldías y demás instituciones públicas, mediante la participación en mercados campesinos y propuestas de proyectos, así como un mayor poder de mercado y negociación con el consumidor.

El agraz silvestre es un especie arbustiva perteneciente a la familia Ericaceae, y es conocida por sus cualidades antioxidantes, buenas para la salud humana. En Colombia es común verlo en terrenos de subpáramos como los de Cundinamarca, Antioquia, Nariño y Boyacá, este último con el registro de producción más alto.

“Aunque esta planta es conocida por sus beneficios para la salud, no suele ser muy aprovechada como sistema productivo. Sin embargo, desde estas asociaciones se dan iniciativas de aprovechamiento que le apuntan a la multifuncionalidad como forma de sacarle el máximo provecho a los cultivos”.

Así lo detalla Santiago Quevedo Rubiano, magíster en Gestión y Desarrollo Rural de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien en su estudio hizo una revisión de literatura y consultó con expertos en el tema, como el docente de la UNAL Gustavo Adolfo Ligarreto Moreno.

“Ya en campo me di cuenta de que no habían datos e información suficiente de estos productores o agraceros, por lo que inicié con el muestreo “bola de nieve” acudiendo a productores referenciados, a quienes entrevisté mientras ellos me referenciaban a otros y así sucesivamente”.

Mercado en potencia

Por lo general la planta del agraz no se siembra sino que se da de forma natural, gracias al esparcimiento de sus semillas por aves o animales rumiantes de la zona, por lo que los campesinos dedicados a su producción se conocen más comúnmente como recolectores.

“Una de las importantes ventajas de este fruto es que parte de ese mismo aprovechamiento silvestre va de la mano con una producción sin agroquímicos, por lo que dentro de las estrategias de aprovechamiento está diferenciarlo de otros frutos similares como el arándano, que se produce a mayor escala y tiene mayor inversión en abonos o sustancias para su cultivo”.

Según el investigador, los productores interesados en sacarle mayor provecho a estos cultivos deben proyectarlo como un fruto diferenciado por ser agroecológico y con fuerte relación con las manos campesinas que lo recolectan, por ahora como una alternativa de ingreso secundario.

También se ha dado un aprovechamiento interesante en el territorio boyacense, donde varios productores lo han visto como una alternativa de reconversión productiva, pues muchos de ellos tenían ganado que genera un mayor impacto ambiental y reemplazaron esa actividad por cultivos de agraz, otras frutas y hortalizas.

“Es una práctica muy interesante y bonita, y una alternativa que aún no está explotada. Sé que como consumidores, si supiéramos que se produce de manera agroecológica, que es un producto nuestro y que es recogido por familias campesinas, y con el apoyo de la marca asociativa, quizá lo preferiríamos para consumirlo”.

Junto con la divulgación de las bondades y beneficios de la producción y el consumo de este fruto también debe haber un fortalecimiento técnico de los procesos, que con el tiempo pueda llevar a que se nivelen más los precios y que sea más rentable, viendo el agraz no como monocultivo sino como un sistema policultivo con otros productos que ayuden a la conservación de los subpáramos.

“Los productores asociados con estos cultivos trabajan para que Boyacá sea conocida como la tierra del agraz, ya que allí se pueden ver de lado a lado en las zonas montañosas, y cuenta con todo el potencial para ser tan importante como el Eje Cafetero del país”, concluye el investigador de la UNAL.






martes, 29 de junio de 2021

Cannabis medicinal llegaría a ser una agrocadena productiva

 Tras cuatro pilotos experimentales para medir el comportamiento de la planta de cannabis en distintas condiciones geográficas y climáticas de Antioquia, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín –en convenio con empresas privadas– adelanta acciones con otras instituciones para consolidar la agrocadena productiva y responder desde la ciencia a muchos interrogantes de los productores.

El profesor Jhon Wilson Mejía, de la Facultad de Ciencias Agrarias (FCA), explicó que hoy en Colombia hay 20 agrocadenas consolidadas y que la creación de una nueva para este cultivo aceleraría su fortalecimiento industrial, agrícola y medicinal.

“En la agrocadena de la panela, por ejemplo, se tiene el Fondo de Fomento Panelero y en el café está el Fondo Nacional del Café; y de cada kilo de panela o libra de café que se exporta se destinan algunos recursos para esos Fondos, para promover investigaciones y desarrollos. Todas las cadenas están en el Pectia (Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación Agropecuaria) y hay intenciones de hacer lo mismo para el cannabis que está experimentando un boom”, anuncia.

En lo que va de 2021 en Antioquia se realizaron dos talleres liderados por Agrosavia, en los que participó la UNAL y se discutieron y priorizaron las necesidades del sector. En estos eventos se ratificó que parte del desconocimiento obedece a la falta de investigación, pues hasta hace pocos años este era un cultivo clandestino, aunque hoy está ampliamente regulado por el Estado.

“Este cultivo está saliendo a la legalidad y hay cosas que no se conocen. Lo que se ha hecho es que ha habido transferencia de tecnología de otros cultivos, por ejemplo se cambiaron las hortensias por cannabis, aunque todavía no se sabe en qué climas funciona mejor o cuál es el sistema adecuado para el cultivo. ¿Será que Rionegro, donde se está desarrollando más en Antioquia, es la zona adecuada? ¿O tendrá mejores resultados en sitios más secos, como Santa Fe de Antioquia?”, se preguntó el docente Carlos Felipe Barrera de la FCA.

En los talleres también participó el profesor Óscar Córdoba Gaona, quien señaló que la mayoría de las dudas del sector están relacionadas con la fisiología, nutrición y agronomía: “esta es una especie de plantas que depende del ambiente, de condiciones de radiación, viento y calidad del suelo. Se está sembrando material introducido, incluso traído de países como Italia y España, y no sabemos cómo los afecta estar en el intertrópico, donde tenemos temperaturas homogéneas durante todo el año”.

A eso se suman necesidades específicas como el manejo en nutrición, pues se identificó que esta planta absorbe metales pesados del suelo, que suelen llegar a través de agroquímicos. “Ahí se identificaron líneas de investigación importantes”, agrega el profesor Córdoba.

Los docentes coincidieron en señalar que el cultivo de cannabis tiene un amplio campo científico para desarrollar, no solo para aplicaciones médicas sino en otros campos, si se tiene en cuenta que, por ejemplo, las fibras de cáñamo se pueden usar para construcción, algo que beneficiaría a otras Facultades, como la de Arquitectura.

Aclararon además que la intención de instituciones educativas como el CES, Eafit y el SENA es aportar desde la investigación –siempre en el marco de la legalidad– al desarrollo de una industria que podría tener un impacto amplio en la economía del país, especialmente en tiempos de pospandemia.

A 30 de diciembre de 2020 el Ministerio de Justicia reportó que se habían otorgado 394 licencias de cultivo de cannabis no psicoactivo, 164 de cultivos psicoactivos (+1 % de contenido de THC), 98 de uso de semillas para siembra y 650 de transformación.

Los departamentos con mayor participación en esas licencias son Cundinamarca (26 %), Antioquia (17 %) y Valle (9 %).






miércoles, 9 de junio de 2021

Restaurar la naturaleza va mucho más allá de reforestar

 “Quienes trabajan en restauración, conservación y preservación son casi los únicos entre toda la humanidad que intentan remar del mismo lado que la naturaleza, pero el ser humano, en la mayoría de los casos, actúa en contravía de los procesos naturales, dos fuerzas que están en contraposición”.

Así lo señaló el doctor en Biología Flavio Humberto Moreno Hurtado, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, durante su charla “Experiencias de reforestación ecológica de ecosistemas forestales”, en el marco del Mes de la Investigación organizado por la UNAL Sede Amazonia.

Dos conceptos que se deben tener claros son restauración y reforestación, ya que en el imaginario de la gente suelen asociarse. “Si bien la reforestación puede ayudar a los objetivos de la restauración, usted puede hacer restauración sin sembrar un solo árbol”, señala.

La restauración ecológica busca recomponer y reparar un ecosistema que ha sido degradado por diferentes factores. Una de las herramientas que utiliza es la reforestación, que se entiende como el hecho de repoblar un territorio con árboles. 

Además los procesos de restauración son costosos, y entre las diferentes actividades que se pueden desarrollar, la reforestación es una de las que demanda mayores recursos. Lo ideal en la reforestación es que las especies sean nativas y sembrar estos árboles tiene un costo alto porque la mortalidad es mayor, cada especie tiene requerimientos distintos y tasas de crecimiento distintas, entre otros factores.

Elemento humano, factor clave

El factor clave fundamental en la restauración son las personas, los actores sociales, se comienza con las comunidades locales que habitan el territorio, pero también incluyen a la academia y la institucionalidad, entre otros. Es fundamental identificarlos porque serán los encargados de adelantar el proceso, señala el investigador.

Esta identificación se debe complementar con procesos de capacitación, socialización e involucramiento de la comunidad, que son los principales beneficiarios o afectados por las acciones que se emprendan en el territorio. No solo se debe capacitar en aspectos técnicos sino en seguridad y salud en el trabajo, agrega.

Plan de restauración

Los planes de restauración deben tener objetivos claros y muy realistas. El profesor Moreno señala “si tengo una persona totalmente desfigurada, que sufrió quemaduras muy graves, no puedo pensar que la voy a dejar en un estado en el que pueda participar en un concurso de belleza, podemos restaurar la piel, pero ese es un proceso difícil y doloroso”.

Por eso plantea varias preguntas clave que marcan el camino a seguir en el proceso:

¿Cómo es el paisaje que tenemos ahora?

Es necesario caracterizar el ecosistema a restaurar, teniendo en cuenta que el paisaje es una categoría muy amplia que involucra los usos de la tierra, las coberturas, los habitantes, todo lo que ocurre en el territorio forma parte del paisaje, incluso el clima.

¿Cuál es el estado actual de las coberturas? ¿Las coberturas degradadas se pueden recuperar por sí mismas?

Las coberturas pueden ser urbanas, industriales, cultivos, vegetaciones en distintos estados de desarrollo, humedales, etc. También se debe identificar la flora, la fauna, los suelos y los distintos componentes de esas coberturas.

“Se debe determinar si el ecosistema es capaz de restaurarse por sí mismo. Los procesos ecológicos buscan conformar una estructura del ecosistema que esté en equilibrio con las condiciones ambientales; lo que pasa es que la velocidad e intensidad del proceso depende de diferentes factores como el estado de las coberturas y las barreras que impiden su restauración”.

¿Qué barreras lo impiden?

Si las barreras no son muy graves la intervención puede ser muy pequeña, porque se trata de apoyar los procesos naturales, una restauración pasiva. Por ejemplo, “hay ganado que está impidiendo que la regeneración avance, se pone un cerco y nada más”, señala el doctor Moreno.

Existen situaciones más graves, como las zonas de minería a cielo abierto, “donde se barre totalmente el suelo, las propiedades físicas, químicas y microbiológicas desaparecen; allí se necesita una acción mucho más intensiva, más invasiva, una cirugía a corazón abierto”.

¿Cómo es el paisaje qué queremos tener en el futuro? ¿Hacia dónde voy?

Plantearse esto permite tener objetivos concretos en tiempos concretos. “Por ejemplo, lograr una cobertura vegetal para empezar a desarrollar procesos bio-geoquímicos, procesos biológicos, el aporte de hojarasca, la construcción de suelo, e ir avanzando de una manera progresiva”.

Objetivos en periodos de 5, 10, 15 años son una forma realista de encarar la restauración y a partir de ahí ir definiendo actividades.

El doctor Moreno participa en el proyecto piloto de restauración ecológica del bosque seco tropical en el bajo Cauca antioqueño, en Hidroituango. En este proyecto, que inició hace tres años, participan la UNAL Sede Medellín y EPM.

Consulta la programación completa del Mes de la Investigación en el siguiente link: http://amazonia.unal.edu.co/index.php/extension/mes-de-la-investigacion







miércoles, 2 de junio de 2021

Modelo productivo haría más eficiente el cultivo de papa criolla

 Una primera aproximación a la modelación de cultivos para mejorar la productividad y las prácticas de manejo de la papa criolla cuantificó la velocidad de crecimiento por indicadores como órgano o planta completa, duración de cada fase fenológica –relación entre el clima y el desarrollo de la planta–, y área foliar –parte expuesta al sol que recibe y absorbe esta energía–, entre otros.

La ingeniera agrónoma Tatiana María Saldaña Villota, doctora en Ciencias Agrarias - Modelación de Cultivos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y autora del estudio, explicó que la poca disponibilidad de información sobre el crecimiento y desarrollo de las distintas variedades de papa ha llevado a que en los cultivos de papa criolla se cometan errores en el manejo nutricional y de suelos.

Agregó que este es el primer paso en la construcción de un modelo de simulación para este cultivo en condiciones de trópico, pues los modelos disponibles corresponden a papa de año (papas como la capira o pastusa) y a zonas temperadas como Estados Unidos, Australia, Holanda y la zona norte de Europa.

“Existen muchos vacíos en el cultivo de papa criolla o diploide (Solanum phureja), que es amarilla. Esta papa tiene ciclos distintos porque se cosecha hasta en 130 días (4 meses en promedio), mientras que en otras variedades la cosecha tarda entre 9 y 10 meses. Incluso la semilla tiene un tratamiento distinto, porque en la papa criolla esta pierde viabilidad después de 10 o 15 días, mientras que en la papa de año puede durar hasta 4 meses en condiciones controladas”, detalló la doctora Saldaña.

Para sentar las bases del modelo, la investigadora adelantó ensayos destructivos que le permitieron cuantificar el crecimiento de la planta a lo largo de todo su ciclo, y no solo el rendimiento final. Durante el proceso extrajo plantas en distintos periodos del ciclo productivo en plantaciones del corregimiento de Santa Elena y en los municipios de San Pedro de los Milagros, La Unión y El Carmen de Viboral, en Antioquia.

Para el estudio tomó cada muestra, separó sus partes (hojas, tallos, tubérculos, raíces, etc.) y las sometió a un proceso de secado en horno para eliminar el contenido de agua. Así pudo medir la materia seca y obtener datos de crecimiento, es decir el tiempo transcurrido desde que salieron las primeras hojas hasta que se cosechó el tubérculo.

Después de los ensayos pudo resolver un problema técnico, al estandarizar el cálculo del índice de área foliar con ensayos no destructivos, mediante un modelo basado en fotografías y en el índice de transmitancia (cálculo de la energía solar que atraviesa un cuerpo en la unidad de tiempo).

“Como aporte al nuevo conocimiento, establecimos la eficiencia en el uso de radiación (RUE), un parámetro que relaciona la cantidad total de radiación acumulada por la planta con la  biomasa total. Esta asociación permite ver un comportamiento dinámico a lo largo del tiempo, aunque no se puede considerar como un valor constante para todo el ciclo de cultivo”, explica la ingeniera Saldaña.


Agrega que “la RUE se afecta por los procesos respiratorios de la planta y por muchos factores abióticos, por lo que utilizar valores constantes conlleva a malas interpretaciones de los factores involucrados en la capacidad de la planta para interceptar energía solar y transformarla en carbohidratos durante la fotosíntesis.

Con todos esos valores, ella desarrolló un modelo de producción potencial que por ahora considera variables bióticas como el clima pero no el efecto de otras variables abióticas como las plagas y enfermedades que pueden afectar la producción. “Ese es el siguiente paso y a eso voy a dedicar mi estancia posdoctoral”, anunció.

Aseguró además que esta información es relevante porque el cultivo de papa es produce en menor escala, es decir que no corresponde a grandes industrias productoras como las del café o la palma de aceite. Por eso considera que cualquier aporte en la mejora del sistema productivo de este tubérculo les servirá a muchas familias campesinas del país. 




viernes, 21 de mayo de 2021

Empaques de vegetales se harían individualizados con modelo matemático

 Configurar empaques específicos para cada fruta o verdura según el metabolismo del vegetal, su actividad microbiana, las condiciones de almacenamiento o las expectativas del mercado, permitiría que los alimentos duren frescos por mucho más tiempo, favoreciendo su comercio y propiedades nutricionales.

Para ello el modelamiento matemático resulta una buena alternativa, pues evita probar una y otra vez los empaques hasta llegar al correcto, ya que dichos modelos permiten tener datos puntuales, de tal forma que si su punto óptimo de conservación es al 5 % de oxígeno, se puede configurar para ese nivel.

Así lo recomienda el profesor Diego Castellanos, del grupo en Empaques y Vida útil de Alimentos del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien explica que se necesitan ecuaciones y modelados para establecer el balance de cada uno de los gases que se concentran alrededor de la fruta o la verdura, y así obtener empaques específicos para cada producto.

Incluso se puede predecir cuánto peso perderá el vegetal en determinado empaque, porque en buena medida la pérdida es consecuencia de la evaporación de agua, y habrá más pérdida si la diferencia entre la humedad relativa del ambiente y el alimento es grande.

“Si el empaque tiene mucha o muy poca permeabilidad da como resultado que los gases ideales se pierdan, se pierda más peso, o que el agua se condense al no poder salir y genere un ambiente propicio para los microorganismos”, indica el investigador.

Según su experiencia, hoy en día la mayoría de empaques para preservar vegetales o frutas en fresco no ofrecen soluciones frente a los aspectos que conducen al deterioro ni tienen en cuenta procesos metabólicos como respiración y traspiración, que los hacen “vivos”.

Para conservar estos productos normalmente se usan empaques con materiales y diseños genéricos que no están hechos para los requerimientos de cada fruta o verdura.

“En cada producto se encuentran procesos específicos del deterioro, que depende de condiciones ambientales como la temperatura, la concentración de oxígeno, el CO2 y el vapor de agua en la atmosfera; cada producto tiene unas condiciones ambientales que favorecen su conservación según las condiciones bioquímicas particulares”, indica el profesor Castellanos.

Las atmósferas modificadas se usan desde hace unos 40 años para conservar productos frescos por más tiempo; funcionan cambiando la concentración de gases que rodean a los alimentos y disminuyendo la temperatura para obtener concentraciones de gas adecuadas. Para eso es necesario conocer el equilibro entre la respiración y traspiración del producto, es decir el propio metabolismo, y los gases trasferidos en el empaque.

Las frutas o vegetales en una bolsa cerrada consumirán oxígeno y emitirán CO2 y vapor de agua. Esos gases también se intercambian por las paredes del envase, en este caso la bolsa, y lo que se busca es que esos componentes encuentren un equilibrio y cada producto tenga unos niveles deseados, dato al que se llega con experimentación en laboratorio y matemática.

“Para varios vegetales esos niveles son: oxígeno 2-5 %, CO2 2-10 % y vapor de agua 80-90 % de humedad relativa, y eso se logra encontrando los materiales con la transferencia de gases ideal de forma constante”, indica el profesor.

En la práctica lograr eso es muy difícil solo eligiendo los materiales del empaque y ahí se usan otras herramientas como perforaciones de menos de 1 mm, o componentes activos.

Empaques activos

Se incorporan elementos que contribuyen a extender la vida útil, reducir la humedad y mejorar su calidad. Si se sabe que el vegetal consume mucho oxígeno y produce mucho vapor de agua y CO2, como por ejemplo un aguacate, se necesita un empaque con una permeabilidad alta; si es al contrario, como las manzanas, entonces se usa uno con más barrera.

Pero no se limita a eso, sino que también se deben tener en cuenta las cantidades, la logística, la exhibición en las tiendas, el costo de los materiales y su disponibilidad, si tiene cáscara o es delicado, etc.

Una limitante a la hora de hacer la modelación matemática es que solo se puede elegir una concentración de gas; si se elige el oxígeno, el CO2 o el vapor de agua quedaran fijados a esa ecuación. En ese sentido, el profesor recomienda fijar el oxígeno, porque los procesos de respiración son los que más impactan la vida útil de un producto.

El vapor de agua se puede controlar por componentes activos que cumplan dos propiedades: que tenga mucha capacidad para vapor de agua, pero que su velocidad de absorción sea lenta, de lo contrario deshidrata el producto.

Otro material activo son los absorbedores de oxígeno, que aunque no remueven mucho sí lo hacen muy rápido, lo que permite que el empaque llegue al nivel ideal.





martes, 23 de marzo de 2021

8 métodos para controlar retamo espinoso en Colombia

 Métodos de control químico, biológico y físico, quemas prescritas y erradicación manual, figuran entre las estrategias identificadas en un estudio para combatir Ulex europaeus, especie originaria de Europa Occidental que invade áreas extensas impidiendo el crecimiento de plantas nativas, desplazando la fauna local y acidificando los suelos.

La investigación del biólogo Andrés Hernández, del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se centra en la Región Andina, departamentos de Antioquia, Cundinamarca, Tolima, Boyacá y Huila.

“Uno de los posibles primeros sitios de invasión es la localidad de Usme, en Bogotá, donde el retamo espinoso fue usado como cerca viva para proteger los embalses de La Regadera y Chisacá”, explica el biólogo.

El retamo tiene la capacidad de colonizar de forma agresiva lugares con algún disturbio climático producido por el ser humano. Esta especie es capaz de desplazar y reemplazar otras especies nativas, ya que suele producir muchas más semillas que estas. Maduran 18 meses después de la germinación, se dispersan hasta 5 m alrededor de la planta y llegan a medir unos 2,5 m, con registros de incluso 4,5 m en regiones favorables invadidas.

“Su hábitat corresponde a zonas que permanecen con humedad y precipitación a lo largo del año, se asocia con matorrales y arbustos normalmente transformados por el hombre, se da en sustratos que no necesariamente requieren de nutrientes, ya que crece en suelos con pH de 4,5 a 5”, agrega el biólogo.

Métodos de control

La investigación del biólogo Hernández identificó 8 métodos de control, con sus beneficios y debilidades. Uno de ellos, las quemas prescritas, tienen como ventaja que es rápido, económico, prepara el terreno y es aplicable a infestaciones grandes. Sin embargo, favorece los matorrales, presenta la dificultad de controlar el fuego, afecta el ecosistema y produce erosión y contaminación.

Los métodos químicos ayudan a hacer un control específico, reducen las plagas y son rápidos, pero afectan el ecosistema y los herbicidas pueden tener poca especificidad y afectar otras plantas.

El método de control físico, o manejo de la luz, minimiza el daño a ecosistemas, se puede usar en áreas protegidas y permite eliminar las plántulas, pero es costoso a gran escala, limita el crecimiento de especies nativas, y en general afecta el ecosistema.

La erradicación manual minimiza el daño al ecosistema, se puede usar en áreas protegidas, elimina las plántulas y hay vinculación con las comunidades, pero es costoso, requiere de mucho tiempo, esfuerzo, capacitación de personal y es difícil controlar la dispersión de semillas.

La eliminación mecánica es de rápida ejecución, elimina las plántulas, es efectiva a mediana y gran escala, minimiza el daño al ecosistema, excepto por el uso de maquinaria pesada, y es posible en áreas protegidas. Su problema radica en que es costoso, requiere capacitación, es difícil controlar la dispersión de las semillas y presenta dificultad en zonas susceptibles a erosión.

El pastoreo disminuye la abundancia de la especie, es de bajo costo, tiene amplia cobertura, es exitoso si está bien planificado, pero no erradica por completo el retamo; además, el suelo se compacta por los animales que pastan, promueve la entrada de otras especies ajenas, dispersa semillas invasoras y requiere de gran planificación técnica.

La plantación de especies nativas tiene como ventaja la exclusión competitiva, genera microclimas y la competencia entre rebrotes, controla la erosión, minimiza el daño a otros componentes del ecosistema, es aplicable a todo terreno, de control permanente y autosostenible y hay vinculación con las comunidades. Pero también tiene desventajas: solo es aplicable después de eliminar la especie invasora, enmascara el banco de semillas, es costoso,  se dificulta encontrar el material vegetal, toma mucho tiempo y capacitación del personal.

Ante este panorama, el biólogo Hernández recomienda en su investigación eliminar las plántulas de manera periódica durante un periodo mínimo de dos años hasta agotar el banco de semillas, según el área y tiempo que tiene la invasión, y aplicar una estrategia integral involucrando las diferentes técnicas como medidas preventivas de una nueva invasión.








miércoles, 17 de marzo de 2021

Estudio sobre orquídeas salvó de explotación al cerro Pico de Plata

 Las 16 especies de orquídeas encontradas y registradas en el cerro Pico de Plata (Fusagasugá) fueron consideradas por el Tribunal Administrativo de Cundinamarca como material probatorio para el fallo en favor de la comunidad y en contra de una explotación minera.

La investigación fue realizada por el ingeniero agrónomo Edicson Parra, magíster en Ecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, quien señaló que entre estas especies había una nueva, registrada como la orquídea endémica de Fusagasugá (Cundinamarca): Epidendrum fusagasugaënse, que solo se conoce por tres registros.

“Esta era entonces una planta endémica que requería protección, y eso también tiene un sentido de identidad de la comunidad, porque ellos se vuelven guardianes de un tesoro orquideológico que no se encuentra en ningún otro lado”, señala el ingeniero Parra, y agrega que estos hallazgos son bastante importantes para el empoderamiento territorial.


El cerro Pico de Plata se encuentra al suroccidente de Fusagasugá y provee agua para cerca de 1.000 familias. Los habitantes que rodean esta región están conectados a través de acueductos comunitarios y organizados por asociaciones de agricultores, pues son una despensa no solo para el municipio sino también para gran parte del territorio del Sumapaz.

Hacia 2013, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) otorgó una licencia para la explotación minera de materiales de construcción en el cerro, la cual afectaría directamente a las veredas Bochica y Batán. El río Batán, importante fuente hídrica de la región, se vería gravemente contaminado por esta actividad.


Por eso la comunidad se organizó para defender y proteger el cerro, pues no fueron consultados previamente para otorgar la licencia y además evidenciaron otras irregularidades, como los resultados de la evaluación ambiental, para lo cual se apoyaron en la academia.

Un trabajo voluntario

Según lo cuenta el ingeniero Parra, la comunidad le pidió ayuda “y la única forma era con ciencia, por lo que realicé un inventario orquideológico de la región”.

Dentro de los documentos en los que se basó la CAR para aprobar la licencia de explotación se había manifestado que no existían especies en veda (restricción total y temporal de su explotación), como las orquídeas o las bromelias, que son familias de plantas protegidas por ley. Por el contrario, se afirmaba que el impacto en la flora era bajo, pues casi toda el área estaba cubierta por pastos, rastrojos y arbustos.

El su estudio, el ingeniero Parra encontró que, en efecto, sí había especies importantes de conservación y endémicas de la región. 

El reconocimiento de las especies encontradas fue el estudio al que el Tribunal Administrativo de Cundinamarca –Sección Primera, Subsección B– dio validez como material probatorio en el proceso judicial que después de más de siete años, falló en beneficio de la comunidad y de la protección y conservación del cerro Pico de Plata.

“El corazón de esta noticia es mostrarles a todas las comunidades que están defendiendo su territorio que con organización, sacrificio, dedicación y fuerza es posible erradicar acciones injustas. En segundo lugar, recalcar el importante papel de los líderes comunitarios en la defensa del territorio la vida y los recursos naturales en todas sus formas”, puntualiza el ingeniero Parra.

Por último, hace un llamado a los investigadores para que apoyen y pongan en el radar este tipo de causas, pues muchas comunidades necesitan ayuda que puede ser soportada desde el ámbito académico y científico.

Este proceso fue apoyado por Clímaco Pinilla y Mery Espinosa, líderes de la comunidad, destaca el ingeniero Parra.