miércoles, 22 de septiembre de 2021

Papatón, ejemplo de marketing mutualista

 La estrategia de que los pequeños productores de papa y sus vecinos se unieran y ofrecieran sus cosechas en las carreteras para disminuir sus pérdidas económicas, mientras que –como contraparte– los consumidores se acercaran a comprar, es un modelo exitoso de marketing mutualista.

En solo dos fines de semana de noviembre de 2020, los papicultores de Boyacá y Cundinamarca afectados por la pandemia lograron una venta de más de 820 toneladas, que representaron en su momento más de 600 millones de pesos, logrando un precio final de 40.000 pesos, a diferencia de los 25.000 que les pagaba el distribuidor.

Implementar esta estrategia colaborativa de manera oportuna, apoyada por los medios y promovida por el Gobierno, permitió salvar no solo las cosechas sino también la economía de los productores.

“Se trata de marketing mutualista, definido –desde la metáfora biológica aplicada a las organizaciones– como una acción en la cual productores (especies) vulnerables se integran con consumidores (especies que requieren el producto) para favorecer el proceso de comercialización”.

Así lo explica la profesora Luz Alexandra Montoya, doctora en Economía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, quien junto con su equipo de colegas realizó la investigación de tipo estudio de caso “Marketing simbiótico, alternativa para productores”.

Este se basa en una metáfora biológica –comparación de los sistemas organizacionales con modelos sociales biológicos– como estrategia emergente para analizar las salidas requeridas a esta dificultad puntual que puede dejar enseñanzas y nuevos modelos de operación.

Sobre el caso de la papatón, recuerda que “al llegar la pandemia como evento no esperado y de alto impacto en la economía, llegaron las dificultades. Los productores se quedaron con el producto en las fincas, los sistemas de comercialización pagaban poco por el producto en sitio, la demanda se disminuyó y los sistemas de transporte lo hacían costoso en el mercado para consumidores afectados por las cuarentenas estrictas”.

En diciembre de 2020 los precios del tubérculo, que antes del COVID-19 variaban según el tipo de papa y el lugar, con precios en plaza de 900 o 1.000 pesos por kilo, llegaron a precios mínimos históricos de 350 y 400 pesos, los cuales resultaron insuficientes para cubrir los costos de producción y brindarles alguna rentabilidad a sus productores.

Dificultades de la pandemia

Durante la pandemia, los papicultores tuvieron muchas dificultades, entre ellas una drástica disminución de su demanda. Los representantes del sector informaron que no fue un problema de sobreproducción, sino una caída en el consumo, como también lo informó la Red Agrícola.

Al respecto, el doctor Germán Palacio, gerente general de Fedepapa, recordó que durante la pandemia el sector entró en crisis debido a los confinamientos que se dieron, lo cual trajo un decrecimiento de al menos el 30 % del consumo de papa por el cierre de centros de consumo.

Otro factor que incidió fueron las heladas, al comienzo de 2020, mientras que el inverno esperado en marzo-mayo fue de verano y las siembras, al tener que moverse, hicieron que la cosecha se diera en octubre y noviembre. Por último, también se tuvieron dificultades por la intermediación, que elevó los precios afectando a las familias productoras.

Bajo este panorama que se acudió a la papatón, “una estrategia de marketing mutualista simbiótico directo y facultativo, por ser una ocasión temporal, mientras se gestionó la producción de la cosecha, pero que deja procesos coevolutivos interesantes, tales como la posibilidad de crear mercados campesinos organizados en las carreteras, integración para la venta directa desde el productor, aprovechamiento del marketing no pagado y el Estado como una especie adicional que apoya el proceso desde las alcaldías, gobernaciones e incluso a nivel nacional”.

El marketing definido como estrategia mutualista retoma el concepto de la colaboración interespecies, en la cual ambos miembros del proceso se encuentran beneficiados para alcanzar un mejor logro adaptativo y ajuste en el ecosistema.

Este concepto de colaboración entre los niveles distintos en la naturaleza, que tienen diferentes fines, se convierte en una metáfora muy interesante para explicar procesos de colaboración en entornos adversos y que requieren intervención rápida.

En los sistemas de creación de valor se ha apreciado que la cooperación muestra que la interacción aporta una eficacia muy superior en la explotación de los recursos del medio en comparación con la vida solitaria, siendo fundamental en la evolución y que, comparadas con los individuos solitarios, las sociedades aportan una ventaja considerable al garantizar la rentabilidad del trabajo de cada uno de sus miembros.

Por último, parece ser que la cooperación tanto en la naturaleza como en las economías demuestra ser una estrategia más exitosa que la competencia.






 




miércoles, 15 de septiembre de 2021

Genotipos específicos de caña producirían cultivos más dulces

 En el germoplasma (genética) de la caña de azúcar (Saccharum spp.) habría genes que acumulan mayor cantidad de sacarosa, se adaptan a varios ambientes durante la cosecha y son progenitores de mejores variedades de caña con estas características.

Así lo comprobó el ingeniero agrónomo Cervando Madrid León, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, al evaluar genotipos de caña de azúcar en el primer tercio de la zafra (cosecha de junio a mitad de agosto).

La investigación, que se desarrolló en Guayas (Ecuador), con el apoyo del Centro de Investigación de la Caña de Azúcar (Cincae) de ese país, buscó variedades de este cultivo con propiedades más atractivas para la producción, como por ejemplo alto contenido temprano de sacarosa, buen rebrote de la planta, escasa o nula floración y mejor apariencia.

“Existen cultivos de caña de azúcar con maduración temprana, mediana y tardía. En Ecuador se suelen manejar variedades de caña de maduración mediana, es decir que se cosechan alrededor de los 12 meses. Nos propusimos encontrar genotipos de caña que se pudieran cosechar a los 10-11 meses de edad, lo cual permitiría iniciar la zafra más temprano con altos contenidos de azúcar y tener una mayor rentabilidad para la industria azucarera” explica el magíster.

Además de este criterio, los investigadores buscaron que estos genotipos se pudieran adaptar a diferentes ambientes dentro de las zonas de producción y que tuvieran una constitución genética adecuada para usarlos como progenitores en programas de cruzamientos que creen nuevas variedades con alto potencial de acumulación de azúcar.

En Ecuador, como en el primer semestre del año viven temporadas invernales muy fuertes que no permiten realizar la cosecha, en el segundo semestre realizan toda la producción por tres temporadas.

El primer tercio de zafra debe salir de una etapa invernal bastante fuerte, de suelos con mucha humedad, que hace que el contenido de azúcar baje; cuando se inicia la zafra hay en promedio de 80 a 90 toneladas de caña por hectárea, pero con contenido de azúcares bastante bajos, cerca de unos 60 KATC (kilogramos de azúcar por tonelada de caña).

Rendimientos de azúcar

Por ello seleccionaron 90 genotipos y los sembraron en parcelas de tres ingenios distintos. Entre los 10, 11 y 12 meses sacaron muestras de siete tallos primarios de cada parcela, las desfibraron (moler hasta reducirlas a fibras más simples) y pesaron 500 gramos en una prensa hidráulica en la que se extraen jugos por compresión.

El magíster detalla que “de ese jugo se sacó un litro y se hicieron una serie de procesos de clarificación y paso al polarímetro (un equipo que determina la sacarosa aparente usando las  propiedades químicas de los carbohidratos al rotar en una luz polarizada). Con los datos de POL% (medida de cantidad de azúcar) que arrojó este equipo, se calculó el rendimiento de azúcar y se escogieron los genotipos con los valores más altos”.

La investigación halló que dentro de este grupo de genotipos de caña de azúcar existe variabilidad genética, con un valor de heredabilidad intermedio a alto, entre 48 y 76 %. “Estos genotipos se pueden utilizar como progenitores con una alta probabilidad de que la acumulación de azúcar sea transmitida a su progenie a través de cruzamientos”, explica el magíster.

De este grupo, seis genotipos tuvieron acumulación temprana de sacarosa, tanto a los 10 como a los 12 meses para la cosecha, y características agronómicas deseables como buen rebrote, baja o nula floración, y se adaptaron mejor a través de los ambientes de evaluación. Los nombres científicos de estos genotipos fueron: EC04-161, ECSP01-445, B74132, EC03-590, EC-08 y EC03-619.

El ingeniero afirma que “otros países productores, como Colombia, podrían replicar los resultados y experimentar con los genotipos. Los ingenios y centros de investigación pueden generar convenios de cooperación y hacer intercambios de germoplasma y variedades de caña para experimentar con las más convenientes para su producción comercial, lo cual contribuirá a mejorarla, y también la rentabilidad de la industria azucarera de nuestra región”, subraya.

Caña en Colombia

El ingeniero concluye que Latinoamérica podría entregarle al mundo más variedades de caña y mayor producción si se apoya la investigación agronómica.

Según el Ministerio de Agricultura, el 8 % de los cultivos permanentes de Colombia corresponden a la caña, con más de 400.000 hectáreas.

El 62 % de esta producción se destina a la producción de panela, el 32 % de azúcar y el 7 % de mieles, de lo que se sostienen 70.000 productores y 20.000 trapiches de 511 municipios en 28 departamentos.






martes, 7 de septiembre de 2021

Método científico se aprende mejor con salidas de campo

A partir de preguntas de investigación relacionadas con el impacto del hombre sobre las especies de flora en el Parque Natural Chicaque y el tipo de especies de aves que habitan las zonas altas medias y bajas de esta reserva, estudiantes de séptimo grado de Cota (Cundinamarca) encontraron una forma vivencial de aprender y aplicar el método científico, lo que mejoró en un 70 % su desempeño académico en áreas como biología.

Los estudiantes, guiados por el modelo de enseñanza basado en la experiencia, pudieron observar y sentir el entorno del Parque Chicaque y proponer miniproyectos en los que desarrollaron competencias científicas de identificación, indagación, explicación, comunicación y trabajo en equipo, además del desarrollo de competencias sociales.

“Las salidas de campo son el ambiente de aprendizaje propicio para el Desarrollo de miniproyectos de investigación, en los que los estudiantes sigan de manera práctica el método científico, que les permite además una mejor apropiación conceptual disciplinar con respecto a la metodología tradicional que se desarrolla en el salón de clase como ambiente formal de aprendizaje”.


Así lo afirma la investigadora Laura Milena Nova Arias, bióloga y magíster en Enseñanza de las Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien vio la necesidad de encontrar una forma que los jóvenes se acerquen al método científico de una manera real.

“Normalmente, al preguntarle a cualquier persona sobre el método científico, dicen que lo aprendieron con libros, exposiciones, diapositivas o videos, pero en esto hay muy poca aproximación experiencial. Se tiene la percepción de que es algo difícil, pero en realidad es algo que usamos todos los días para tomar decisiones, por ejemplo cuando nos preguntamos qué ruta de transporte tomar, cuánto nos vamos a demorar, entre otros factores cotidianos”.

La investigadora realizó la aproximación con estudiantes entre los 12 y 13 años de séptimo grado del Colegio Bilingüe José Max León, en el marco del proyecto de investigación institucional “Navegantes 2020”, que abordaba la temática del río Bogotá.

“Les planteé la problemática sobre cómo creen que las personas hacen ciencia, cómo es el día de un científico. Les puse ejercicios de observación en el colegio campestre, donde tenían que salir y mirar su entorno y el de las plantas que veían, y hacerse preguntas que quisieran despejar y que necesitaban de una metodología para ser resueltas”.

La magíster logró capturar la atención y el interés de los estudiantes, y por medio de preguntas orientadoras los guio hasta que lograron ver la aplicabilidad del método científico para responder a todas sus inquietudes. “Ellos creían que la labor científica era inaccesible, pero cuando hablamos del método científico comenzaron a hacerse muchas preguntas y se creyeron su labor científica y por grupos plantearon problemas de investigación”.

Ciencia alrededor de la naturaleza

Esta estrategia pedagógica se complementó con una salida de campo al Parque Natural Chicaque, donde los jóvenes tuvieron la oportunidad de acampar y tener un componente sensorial de la fauna y la vegetación del lugar.

Los jóvenes plantearon preguntas de investigación, por ejemplo sobre la relación del cambio altitudinal con el tipo de aves e insectos del lugar, y través de la observación con binoculares lograron comparar las especies encontradas en la parte alta, media y baja del gradiente altitudinal del Parque.

Otras preguntas estuvieron relacionadas con la influencia del hombre en las zonas por donde circulan y el cambio de la vegetación frente a las zonas alejadas. “Los chicos hicieron un cuadrante en el campamento evaluando cuántas plantas había, qué especies se encontraban allí, cómo estaban sus hojas, y luego hacían otro cuadrante lejos del campamento o en una zona que no fuera de tránsito corriente o por donde no pasaran muchas personas”, señala la investigadora.

Agrega que “al inicio del curso se hizo un acercamiento de forma tradicional sobre conceptos de biología con prácticas en laboratorio y con una evaluación diagnóstica, para mirar qué tanto había aprendido. Al final del año se realizó nuevamente la evaluación y los estudiantes mostraron una mejora significativa su desempeño académico en estas temáticas”.






viernes, 27 de agosto de 2021

Actividad humana afecta distribución y composición de manglares del Caribe

 Investigadores del Departamento de Ciencias Forestales de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín y el Grupo de Investigación Oceánicos, de la Facultad de Minas, han analizado variaciones de manglares y vegetación costera para identificar amenazas hacia el futuro con base en la respuesta a los cambios del pasado.

La profesora Ligia Estela Urrego Giraldo, del Departamento de Ciencias Forestales, afirma que “las transformaciones de los manglares provocadas por actividad humana (antrópicas) son importantes porque modifican la estructura de la vegetación y con ello las condiciones de luz, que afecta la distribución y composición de los manglares”. 

Destaca además que en el Caribe colombiano se presenta una variedad importante de ambientes para los manglares. A nivel regional está dada por la distribución y cantidad de la precipitación: desde La Guajira una menor y una estación seca muy prolongada, hasta el Golfo de Urabá, donde no hay déficit de lluvia.

“Al analizar los cambios se debe tener en cuenta la dominancia de las especies. Así, el mangle negro (Avicennia germinans) es más tolerante a la salinidad porque tiene la capacidad de expelerla por las hojas, mientras que el mangle rojo (Rhizophora mangle) soporta mayores niveles de inundación y energía del oleaje, gracias a sus raíces aéreas que sostienen los árboles, y por eso funcionan como barrera de protección”, explica la docente. 

El mangle blanco (Laguncularia racemosa) y el mangle negro tienen raíces especializadas llamadas neumatóforos que funcionan como mecanismos para respirar, pero no aguantan altos niveles de inundación. 

Los investigadores analizaron diferentes secciones distribuidas a lo largo del Caribe colombiano –incluyendo la isla de San Andrés–, lo que les ha permitido determinar que la vegetación de estos ecosistemas en La Guajira es más baja y presenta menores valores estructurales que los de Urabá y San Andrés.

Estos hallazgos han sido posibles gracias a los análisis multivariados realizados con datos florísticos de manglares de los tres sitios.

En los bordes de Urabá hay una alta disponibilidad de agua dulce, lo que los hace más diversos, en especial a aquellos que limitan con el bosque inundado aluvial. En cambio en La Guajira, con la estación seca prolongada, la diversidad es muy baja y se encuentran bosques dominados por una de las tres especies, o, en las mejores condiciones, de las tres. 

La profesora Urrego agrega: “hemos visto patrones muy similares en otras partes que están dominadas por otras especies. En San Andrés hay manglares muy distintos cuyas diferencias en la composición están dadas precisamente por el manglar vecino. Eso es un principio de la macroecología que ayuda a entender que, donde se mejoran las condiciones para unos, entran a participar otras especies que toleran inundación”.

Comportamiento ante fenómenos como El Niño

Entre los hallazgos recientes del Grupo de Investigación Oceánicos se encuentra la respuesta cíclica de los manglares al fenómeno de El Niño y a las sequías.

Mediante el análisis de los índices de vegetación y polen fósil se halló que los manglares de borde toleran sequías de corta duración como las asociadas con este fenómeno, gracias a las raíces profundas y a la mayor oxigenación y disponibilidad de nutrientes, que generan el descenso en el nivel de inundación.

Sin embargo, en sequías más prolongadas como las registradas hace más de 2.500 años el manglar estuvo dominado por mangle negro y no por mangle rojo.

Según la experta, este cambio de composición florística también se ha observado por efecto de las actividades humanas (antrópicas) que alteran la dinámica de los sedimentos, tales como la desviación del cauce del río Turbo, que incrementó la deposición de arenas y generó el reemplazo del mangle rojo por mangle negro, más tolerante a condiciones ambientales más drásticas. 

La profesora Urrego ofreció los resultados del arduo trabajo de investigación realizado por expertos de la UNAL Sede Medellín a través de su ponencia “Manglares: características y variabilidades”, presentada en el encuentro “Unidos por los manglares”, organizado por la Secretaría de Ambiente y Sostenibilidad de la Gobernación de Antioquia.







miércoles, 18 de agosto de 2021

Rosas crecen más con aplicación regulada de hormona vegetal BAP

 La aplicación regulada de la citoquinina sintética bencilaminopurina (BAP) a la base de las plantas de rosa Freedom se constituye en el mejor tratamiento para aumentar la producción de estas flores, a pesar de generar brotes ciegos y una menor longitud de los tallos.

Así lo determina un estudio sobre técnicas de manejo de reguladores de crecimiento adelantado por William Mauricio Laiton Alfonso, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien se propuso evaluar el efecto de la BAP y el tidiazurón (TDZ) en el crecimiento en las plantas de rosas e interpretar los índices fisiológicos, además de las características comerciales en un cultivo de la Sabana de Bogotá.

Para ello, aplicó tres niveles de estas fitohoromonas con la generación de herida y sin ella en la base de las plantas, y durante dos ciclos de producción midió longitud, calibre de los tallos, masa fresca y seca, área foliar y tallos cosechados.

Los resultados de la investigación –dirigida por el profesor Víctor Julio Roncancio– muestran que los tratamientos con BAP, a pesar de generar brotes ciegos, aumentan la producción con una menor longitud de los tallos y se confirma que es el mejor tratamiento. Al respecto, determina que la dosis ideal en rosas es de 9.950 mg.L-1.

Por otra parte, las dosis altas de TDZ generan alta brotación con un calibre medio e inducen formación de brotes ciegos, con predominancia de tallos cortos y retraso de la cosecha.

Mientras los tratamientos con dosis altas de TDZ generan menor longitud de los basales, en los tratamientos de BAP con dosis 5.000 mg.L-1 y 10.000 mg.L-1 con herida se observa mayor velocidad y cantidad de emisión de brotes, así como mayor producción de hojas y materia seca reduciéndose el calibre y la longitud de los basales y de la cosecha. Esta técnica con herida se llama rayado o método mecánico químico.

En el estudio se encontró que la aplicación de las citoquininas con herida en la base de la planta potencializa el efecto de las fitohormonas aumentando la producción, pero disminuye la longitud y calibre de los tallos, aumentando la formación de aquellos ciegos. Las concentraciones de BAP de 5.000 y 10.000 (mg L-1), por su parte, incrementaron el número de tallos de rosa cosechados, aunque el magíster aclara que los tallos florales significativamente más largos y de mayor calibre se obtuvieron sin el uso de estas sustancias.

Técnicas especiales

La producción intensiva de rosas se caracteriza por el uso de invernaderos y por la implementación de técnicas especiales como la aplicación de hormonas vegetales para optimizar la calidad y la productividad de los cultivos.

En ese aspecto, es común el uso de las citoquininas (Cqs) para promover el crecimiento de brotes laterales y generar cambios en la morfología de las plantas, una práctica que impacta en la productividad y ayuda a ofrecer flores de diferente calidad para diversos usos y mercados, según la documentación consultada por el investigador.

En la planta de rosas es importante inducir basales o brotes, ya que el número y la calidad de estos se correlaciona con la estructura y producción de la planta. Estos forman la estructura del arbusto y son la base de su productividad, detalla el estudio.

La inducción de brotación proporciona un mayor número de tallos y mejora las plantas desde su formación determinando las cualidades de futuros tallos y permitiendo una mayor aceptación en el mercado, explica en su trabajo de grado el magíster de la UNAL.

También recuerda que para acelerar la brotación en especies leñosas, como las rosáceas, se han utilizado diferentes concentraciones de Cqs sintéticas como bencilaminopurina (BAP) y tidiazurón (TDZ), tal como ocurre con el manzano, el ciruelo y la zarzamora, entre otras.

En se sentido, menciona que aunque algunos autores –como Avendaño y Pardo– destacan la importancia de utilizar BAP en rosas, con el objetivo de aumentar su producción o calidad, esto depende de aplicar la dosis adecuada, pues de lo contrario se podrían obtener efectos no deseados en las plantas.

En cuanto al TDZ, se trata de un inductor de brotación que no se ha utilizado hasta el momento en plantaciones comerciales de rosa.

Rosas, las más cultivadas

Colombia, considerada como el segundo país exportador de flores en el mundo, comercializa este producto especialmente hacia Estados Unidos, Reino Unido y Japón, que compran el 85 % de la oferta nacional. Actualmente, en el país se cultivan más de 50 especies, entre las cuales las rosas ocupan el 65 % del área sembrada, señala el investigador.

Si se segmentan los mercados según la calidad de la flor requerida, la producción de rosa para exportación se puede separar en dos grandes grupos según la demanda: flores de tallos delgados y longitud inferior a 60 cm –que se distribuyen en supermercados, en arreglos preelaborados o buqués, e incluye toda la gama de colores– y rosas de tallos gruesos y longitudes superiores a 70 cm para arreglos florales robustos y que requiere de nuevas variedades, preferiblemente de rosas rojas, ya que es el color más empleado para celebraciones como el Día del Amor y la Amistad.






jueves, 12 de agosto de 2021

Cultivos hidropónicos garantizarían seguridad alimentaria

 Con este sistema de cultivo en agua las plantas se producen en menos tiempo y en cualquier entorno, lo cual puede contribuir a garantizar la seguridad alimentaria tanto en países pobres o con sobrepoblación –como los asiáticos– como en las grandes ciudades, en las que se está solventando así la escasez de alimentos.

Así lo afirma el ingeniero agrónomo Hansel Benavides, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y experto en hidroponía, quien desde hace más de 5 años decidió apostarle a los cultivos hidropónicos más que a los convencionales (en suelo).

“Estamos muy atrasados en implementar nuevas tendencias y técnicas de cultivo en la agricultura; es necesario abrir espacios para trabajar nuevas alternativas más sostenibles con el medioambiente y que permitan producir mayor cantidad de alimentos”, advierte.

La hidroponía es una forma de cultivo de especies vegetales en agua que se hace mediante una solución de nutrientes líquida, a través de la cual las plantas obtienen sus requerimientos hídricos y nutricionales, usando sistemas de recirculación e irrigación.

En Colombia, aunque a partir del 2000 se empezó a implementar este tipo de cultivo su expansión ha sido relativamente lenta en comparación con otros países, debido en especial a la falta de conocimiento e investigación en el tema y por los altos costos de implementación inicial.

Los cultivos hidropónicos poseen grandes ventajas sobre aquellos en suelo, una de las principales es el ahorro de hasta el 50 % de agua en la producción de alimentos. Lo anterior es muy importante teniendo en cuenta las limitaciones del recurso hídrico que se presentan en todo el mundo.

El estudio nacional del agua, elaborado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y el Ministerio de Ambiente, identificó que uno de los sectores con mayor probabilidad de tener alto incremento del consumo del agua para el 2022 sería el agrícola, con un aumento del 135,8 %.

El experto señala que “los alimentos producidos a través de la hidroponía son productos de alta calidad e inocuidad por ser aislados del suelo, lo cual reduce la incidencia de plagas y enfermedades, y por ende se reduce el uso de pesticidas en el ciclo de cultivo”.

Agrega que “en las grandes ciudades los cultivos hidropónicos se adecuan al ritmo de vida de las personas, pues son sistemas autónomos con riego automatizado que requieren cuidados mínimos y se pueden plantar en balcones, terrazas y solares”.

Estación experimental en la UNAL

En la estación experimental de hidroponía –un espacio de los invernaderos de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL– se implementó esta forma de cultivo. Allí se ha sembrado apio, espinaca, lechuga gourmet, col y brócoli, que son cultivos de ciclos cortos, e incluso uchuva, tomate, arándanos y algunos cultivos de ciclo largo.

Sobre la técnica de la hidroponía, el magíster concluye que “existen muchas ventajas de cultivar en agua: mejor calidad e inocuidad de los productos, reducción en tiempo de los ciclos de producción y ahorro de hasta el 50 % de agua en comparación con un sistema de producción convencional, entre otras”.

El próximo 5 de agosto la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL realizará una nueva versión del curso “Implementación y manejo de cultivos hidropónicos”, en el cual se presentarán los aspectos fundamentales de la hidroponía y perspectivas como alternativa de producción limpia y sostenible, además de realizar un recorrido por la estación experimental de hidroponía.






jueves, 5 de agosto de 2021

Modelo meteorológico aumentaría el rendimiento en cultivos

 Aprovechar los pronósticos y la información meteorológica –como precipitación, temperatura y evapotranspiración (evaporación del agua de la superficie hacia la atmósfera)– permitiría optimizar la producción de cultivos como papa y quinua, ahorrando más del 40 % del agua para su riego.

Además, la metodología ayudaría a evitar la pérdida de cultivos en sistemas de producción en los que el exceso de humedad puede arruinar la producción.

Para implementarlo se requiere un sistema de riego que permita medir la cantidad de agua que se está aplicando, otro que recoja información meteorológica del cultivo, y un software de optimización de riego que funcione en cualquier computador; este indica cuánta agua se debe aplicar y en qué días de la semana.

Estos son algunos de los aportes de la investigación de Diego Andrés Quintero Puentes, magíster en Ciencias - Meteorología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien se propuso, de alguna manera, anticipar el comportamiento de la humedad en el suelo, para así tomar decisiones más acertadas en los cultivos.

Después de una revisión bibliográfica sobre el estado del país frente a este tema, el investigador no encontró nada al respecto, mientras que en Estados Unidos, Corea, China y los países nórdicos sí han avanzado, aprovechando los pronósticos de los cultivos para planificar el uso del recurso hídrico en estos.

“Empecé a establecer la metodología como una lógica, es decir, por pasos, o un diagrama de flujos que utiliza simulaciones de cultivo para ver cuál de toda una serie de posibles aplicaciones de riego es la que va a maximizar la biomasa o al productividad de lo cultivado”, detalla.

Explica además que “se usaron modelos computacionales para simular el rendimiento de los cultivos de quinua y papa para diseñar la metodología, es decir que no se hizo experimentación en campo, sino que en el computador se simularon los diferentes momentos de estos cultivos en distintas condiciones ambientales y épocas de siembra en la Sabana de Bogotá”.

“Logramos demostrar que usando las fuentes de pronósticos que cumplen con ciertas condiciones, la metodología mejora y potencia el cultivo, y que el pronóstico puede ser útil en este campo en el país”.

Tradicionalmente, en los sistemas productivos el riego se da en función de la cantidad de agua que muestre tener el suelo o terreno en el momento, sin importar si va a llover o no en las próximas horas, días o semanas.

Sin embargo, con esta propuesta metodológica el cultivador tendría una mayor ganancia de su producción, ya que disminuiría significativamente la cantidad de recurso hídrico invertido para el riego, reduciendo la huella hídrica y ahorrando dinero.

“Pronósticos del clima, poco creíbles”

Según el investigador, los colombianos no buscan mucha información sobre los pronósticos del clima, en parte, porque al estar en un terreno tan complejo como el trópico, era común que hace años los valores no fueran tan exactos.

“En Colombia los únicos que realmente saben cómo funcionan esos pronósticos y cómo se pueden aprovechar para tomar decisiones no solo en la agricultura sino en otros sectores, es la gente con formación en ciencias atmosféricas, por lo que faltan profesionales que comprendan estas mediciones, pero para eso se necesitan más trabajos que permitan demostrar que sí es posible.