miércoles, 17 de noviembre de 2021

Virus de arvenses recombinados serían más agresivos contra cultivos de tomate

 Los componentes genómicos de algunos begomovirus y del virus mosaico amarillo de la papa (PYMV) se podrían seudorrecombinar –o mezclar– para generar especies con tal infectividad, que causarían la pérdida de hasta el 100 % de cada planta de tomate sembrada.

La posibilidad de que se presenten estas condiciones fue explorada por Alexandra García Torres, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, integrante del grupo de investigación Interacción Planta-microorganismo-Ambiente (IPMA) del mismo campus.

Para ello, experimentó la posibilidad de que se presenten eventos de seudorrecombinacion entre varios géneros debegomovirus provenientes de las arvenses –o malezas– del cultivo de tomate y el virus mosaico amarillo de la papa (PYMV), es decir que se complementen y junten entre sí, lo que los haría más fuertes e incluso podrían formar nuevos géneros de virus más dañinos.

El tomate es una de las hortalizas más importantes del mundo, y Colombia ocupa el puesto 34 en producción; según cifras del Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario (Finagro), el 90 % de su cultivo está concentrado en 10 departamentos, entre ellos Valle del Cauca, Boyacá, Caldas, Cundinamarca, Risaralda y Norte de Santander.

En su trabajo, la magíster de la UNAL evaluó si los componentes genómicos A y B del PYMV y los pertenecientes a los begomovirus aislados de las arvenses Croton hirtus, Rhynchosia minima y Verbenaofficinalis se pueden replicar entre ellos y fortalecerse.

“Las arvenses que rodean los cultivos de tomate funcionan como reservorios begomovirales favoreciendo la aparición de nuevas variantes, producto de mutaciones, recombinaciones y sinergismos entre componentes virales que pueden llegar a ser más virulentos que aquellos de los cuales son originarios”, agregó la magíster.

Más virus, más riesgo

En un trabajo realizado en 2016 por el grupo IPMA –con la dirección de los doctores Juan Carlos Vaca y Karina López López– se aislaron arvenses asociadas con el cultivo de tomate en el Valle del Cauca al virus mosaico dorado de Croton (CohGMV), el virus del mosaico dorado de Rhynchosia de Colombia (RhGMCV), y el virus moteado de Verbena officinalis (VeMV).

La investigadora llevó a cabo ensayos en plantas de tomate variedad Santa Clara en el invernadero de la UNAL Sede Palmira en donde mediante la técnica de biobalística de baja presión inocularon (bombadearon) 65 plantas (entre experimentales y controles) con cinco mezclas que llevaban componentes genómicos de PYMV-A, PYMV-B, CohGMV-A, RhGMCV-A, y VeMV-B combinados entre sí.

Con las plantas inoculadas evaluaron los efectos de las mezclas begomovirales a los 21 y 45 días posinoculación (dpi). En hojas nuevas de las plantas, la investigadora calculó con estrategias moleculares –como la PCR– los posibles eventos de transreplicación y transcomplementación a nivel movimiento entre las recombinaciones inoculadas, así como la expresión de síntomas.

“Tanto a los 21 como a los 45 días se escogieron al azar 5 plantas y colectamos las hojas apicales (hojas nuevas) y las inicialmente inoculadas. Todas se maceraron con nitrógeno líquido por separado y se preservaron en nevera de -20 °C para luego hacer la extracción de ADN”, relató.

Con sorpresa, los investigadores encontraron que “en todas las combinaciones de virus y begomovirus evaluadas hubo eventos tanto de transreplicación como de transcomplementación a nivel de movimiento en las plantas. Así mismo, en algunos casos se evidenciaron fenotipos de recuperación, es decir, plantas de tomate inoculadas que manifestaron sintomatología de infección viral, pero que transcurrido un tiempo se veían totalmente sanas; por ejemplo, hubo plantas de tomate que al tiempo 1 de evaluación (21 dpi) presentaban síntomas como abultamientos y deformaciones en las hojas y a los 45 días ya no los tenían.

Con base en estos hallazgos, la investigadora plantea la posibilidad de que, de manera natural, a partir de estas seudorrecombinaciones entre el PYMV con begomovirus podría surgir un nuevo begomovirus con mayor capacidad infectiva y de destrucción, que limite aún más la producción del tomate en Colombia.

Por ello, considera importante realizar un buen control de arvenses dentro y fuera del cultivo, además de realizar un trabajo interdisciplinario entre diferentes ciencias que aportan al desarrollo de la agricultura.










lunes, 8 de noviembre de 2021

Invernadero inteligente optimizaría cultivos a bajo costo

El equipo se probó con semillas de ajo en el invernadero aeropónico de la UNAL, en terrenos pequeños, de máximo 100 m2.

“Logramos economizar hasta un 70 % de agua, porque el sistema calcula la cantidad exacta de humedad en la tierra y controla la cantidad de luz, y podría tener una eficacia de producción del 50 %”, asegura el magíster Cuarán.

Señala además que “estoy implementando el invernadero en mi finca y considero que para un agricultor es fácil de manejar, solo se debe ingresar a la página y dejar las tareas (predeterminadas) listas para el funcionamiento del día; el sistema no requiere estar todo el tiempo conectado a internet”.

A través de sensores instalados en el invernadero se pueden medir factores climatológicos e integrar la información a la base de datos de una aplicación web, donde se puede apreciar el comportamiento del cultivo en tiempo real.

El sistema registra las variables de humedad del suelo y temperatura, y además tiene una interface gráfica mediante la cual se puede controlar el encendido de la bomba de agua y el control de luz, como la radiación solar.

En Colombia, la mayor parte de la producción de los pequeños agricultores depende de la intuición y de las tradiciones, sistema que se considera poco eficiente debido a que el agricultor no logra distinguir algunas condiciones físicas del cultivo como la luz que necesita la planta para su fotosíntesis, el momento más óptimo para cosechar los frutos o detectar si los roedores están dañando los cultivos.

Incluso los indicadores climáticos ancestrales que antes les permitían a los campesinos pronosticar el tiempo para planificar las actividades agrícolas durante el año ya no son tan eficientes debido a la variabilidad climática.

Desde un celular

“Desde el invernadero automático, el agricultor podría controlar esos factores externos en un celular o computador, a través de una página interactiva que está conectada a internet”, explica el ingeniero Cuarán.

En países desarrollados, como Alemania, las empresas cultivan sus vegetales en condiciones controladas para mejorar la cosecha. En Colombia, las grandes empresas de producción también están utilizando tecnología inteligente para la agricultura, aunque por sus costos estos equipos son inalcanzables para el pequeño campesino.

El investigador usó el lenguaje de programación de JavaScript para configurar un servidor web de fácil acceso para los campesinos; sensores de DHT11 para medir temperatura y humedad, y finalmente un microcontrolador ESP8266, que es un circuito integrado programable, capaz de ejecutar órdenes grabadas en su memoria.

“Cuantos más sensores conectemos en el cultivo más podremos anticiparnos a controlar las condiciones que optimicen los recursos usados para cultivar”, explica el ingeniero.

El agricultor podría invertir alrededor de 100.000 pesos en el invernadero y cumplir con las mismas funciones de otros invernaderos comerciales, que costarían entre los 500.000 y 700.000 pesos.

“La intención era construir un invernadero automático que se conectara al internet de las cosas y fuera económico para los agricultores, aún se puede mejorar con la adición de paneles solares”, concluye el ingeniero Cuarán.









miércoles, 3 de noviembre de 2021

Alimentos funcionales, reto para el campo colombiano

 Las nuevas tendencias de consumo hacia una alimentación saludable y una producción alimentaria sostenible representan grandes posibilidades de crecimiento para el sector agropecuario colombiano.

Durante la cuarta sesión “Los alimentos y el consumidor del siglo XXI”, de la Cátedra José Celestino Mutis “Retos y oportunidades en la producción del campo colombiano” de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, los expertos invitados coincidieron en señalar que con la pandemia por Covid-19 se está generando un cambio entre los consumidores. Se trata de una especie de nuevo perfil en el que, por ejemplo, se han impulsado aspectos como las ventajas de la comida sana –o más casera–, la compra de alimentos por medio de plataformas on line y la búsqueda de productos de buena calidad, saludables y económicos.

La profesora Amanda Consuelo Díaz, coordinadora del Laboratorio de Análisis en Alimentos de Origen Vegetal del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la UNAL, afirmó que el vínculo alimento-salud se ha convertido en un factor esencial con respecto al tema alimentario.

Señaló además que “Los consumidores están más informados sobre cómo se han producido o elaborado los alimentos, qué compuestos tienen, qué tan dañinos son para la salud, qué impacto al ambiente ha provocado su producción o elaboración, etc.”.

“Estos aspectos han hecho que en el mercado mundial y nacional haya una demanda de los llamados alimentos funcionales, es decir aquellos que tienen un efecto potencialmente positivo en la salud más allá de la nutrición básica”.

Como alimento funcional se entiende también aquel que ha sido elaborado añadiéndole componentes biológicamente activos que cumplen una función específica y contribuyen a mejorar la salud.

En una revisión realizada por la docente entre 2016 y 2021 a publicaciones científicas alojadas en la base Scopus, evidenció que los temas de mayor interés y relevancia en relación con los alimentos funcionales han sido microorganismos –o microbiota intestinal–, los antioxidantes, compuestos activos y diversidad de alimentos asociados con la biodiversidad.

“El hallazgo de este trabajo evidencia que los alimentos funcionales representan una oportunidad enorme para el desarrollo de nuevo productos, en un mercado que, como el colombiano, aunque todavía es incipiente tiene grandes posibilidades de crecimiento”, señaló la investigadora.

La leche y los alimentos funcionales

La profesora Carla Portillo, de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, mencionó que “la leche, los quesos y las leches fermentadas son ejemplos de alimentos que poseen una reconocida aceptación en casi todo el mundo como fuente de alimentos e ingredientes funcionales”.

“Esto les permite ser un vehículo efectivo para la aplicación de ingredientes funcionales y hoy son consumidos por amplios sectores de la población, especialmente en países desarrollados, pero también representan una oportunidad para el mercado nacional”.

Indicó además que “en Colombia el consumo per cápita de leche es de apenas 148 litros y la recomendación de la FAO es que un consumo idóneo de este alimento debería ser de 170 litros por persona”.

Productos cárnicos saludables

La profesora Sandra Vásquez Mejía, del Departamento de Producción Animal de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL, mencionó que entre las tendencias que influyen en la cadena cárnica se encuentran: que sean saludables, listos para consumir, que mejoren el sistema inmune, que sean orgánicos y que tengan sello verde, es decir la etiqueta ambiental voluntaria obtenida para un producto, empresa, organización o servicio, que demuestre el compromiso ambiental por medio de sus acciones.

En ese sentido, entre las estrategias comúnmente utilizadas para desarrollar productos cárnicos saludables se encuentran: la reducción de grasa y de sales y la incorporación tanto de probióticos como de fibras dietarias.

“Un ejemplo de ello son los oleogeles de aceites vegetales y ceras naturales, que impactan de forma positiva en la calidad de vida de las personas y que se están utilizando como alternativa para reducir el contenido de grasas saturadas en los embutidos”.

Según la docente, consolidando buenas prácticas de manufactura también se encuentran las oportunidades en el mediano plazo; para ello es esencial la adaptación de la industria cárnica a las nuevas tecnologías.

La Cátedra José Celestino Mutis “Retos y oportunidades en la producción del campo colombiano” es liderada en el segundo semestre de 2021 por la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL y contará con 16 sesiones.








jueves, 7 de octubre de 2021

Frío extremo disminuiría producción de vacas lecheras

 Al enfrentarse a temperaturas inferiores a 5,9 °C, las vacas Holstein con más de seis partos producen en promedio 17,1 litros de leche, mientras que en temperaturas mayores a 7,2 °C llegan a producir 19,7 litros, es decir que el frío extremo les haría perder 2 litros/día.

“Si se exponen a bajas temperaturas que no pueden tolerar, estas vacas activan su mecanismo de termorregulación, dado que los cambios en los factores ambientales causan desequilibrio en la homeostasis del animal y llevará a que sufran de estrés térmico”.

Así explica ese comportamiento la zootecnista Carmen Trejo, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, quien evaluó el efecto de la baja temperatura ambiente en vacas de fincas lecheras de los municipios de Pupiales, Guachucal y Pasto (Nariño) para aportar información con la que se puedan enfrentar los efectos negativos del cambio climático en la actividad lechera.

En Nariño la actividad agropecuaria más importante es la producción de leche, sin embargo, cuando ocurren heladas y fuertes lluvias se presentan pérdidas de alimento que alteran las condiciones ambientales y hace que los bovinos utilicen energía para conservar su temperatura en vez de destinarla a la producción y calidad de la leche.

“Por los tratados de libre comercio, las fincas han sentido la presión de ser cada vez más eficientes y competitivas. Muchos productores tienen limitaciones tecnológicas y se deben encontrar formas de afrontar el cambio climático sinque afecte su producción”, menciona la zootecnista.

Mientras fue controladora lechera en el proyecto de selección genética de la Universidad de Nariño, la magíster registró el volumen de leche producido por vaca en el día, obtuvo muestras para su análisis y también revisó registros de temperatura ambiental del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) de la región lechera del trópico alto de Nariño.

Aunque los bovinos son animales homeotermos –que mantienen una temperatura corporal relativamente constante–, la zootecnista resaltó que las vacas pueden mantener sus temperaturas normales entre algunos grados bajo cero y 25 °C, aunque esto depende de las variables climáticas del territorio y las condiciones de cuidado de las vacas (confinamiento, alimentación, etc.).

Metabolismo alterado

“Cuando las vacas están bajo condiciones de estrés se activan mecanismos fisiológicos que pueden incluir respuestas endocrinas, neuroendocrinas y de comportamiento. Especialmente cuando las temperaturas bajan mucho, su metabolismo basal, la frecuencia cardíaca, la secreción de cortisol y otros factores endocrinos pueden aumentar o disminuir su función, lo que repercutirá en la producción de leche”, afirma la investigadora, quien categorizó la temperatura ambiental mínima de las zonas: menor a 5,9 °C, de 5,9 a 7,2 °C y mayor a 7,2 °C.

La zootecnista explica que “la producción y la calidad de la leche dependen del número de partos, el estado de la lactancia y otros aspectos. En esta investigación se trabajó con grupos  de vacas que registran entre uno y 12 partos y comprobamos que la baja temperatura ambiente sería un factor que altere la cantidad de leche producida”.

Por otro lado, el análisis de los datos indicó que la composición de la leche no se afectó por las bajas temperaturas. Sin embargo, el estrés térmico, ya sea por frío o por calor, influye negativamente en el sistema de producción animal. “Quizá al alterar sus procesos metabólicos y fisiológicos las vacas reducen su productividad, eficiencia y bienestar animal, lo que podrían llevar hasta al descarte de animales”, asegura la magíster.

Mayor investigación

El hallazgo de estos efectos negativos serían una investigación pionera en esta región del país, pues la magíster agrega que “aunque existen registros de la actividad lechera a nivel productivo y reproductivo, en finca existe muy poca información de la actividad ambiental”.

Por eso también hace un llamado a promover más investigaciones relacionadas con estrés térmico bajo condiciones de trópico alto, en las cuales se incluyan otras variables del animal –como por ejemplo los factores ambientales de los territorios– para obtener mayor información que pueda explicar la influencia del ambiente sobre la producción y calidad de la leche.

Por último, la zootecnista les recomienda a los propietarios de las fincas considerar los ciclos productivos de las vacas con un número mayor a seis partos. “La producción de leche de vacas adultas se ve afectada por el frío, por lo que es pertinente revisar la edad de cada una y evaluar si aún cumple con parámetros productivos y reproductivos eficientes, o si ya merecen un retiro y descanso”, concluye.







lunes, 4 de octubre de 2021

Pruebas detectarían contaminación de semillas nativas de maíz por transgénicos

 Mediante la técnica de ensayo de flujo lateral (LFD), que consiste en una prueba con tiras reactivas, los agricultores podrán detectar la presencia de transgénesis (combinación de material genético), que amenazarían la biodiversidad de maíces criollos y el equilibrio de agroecosistemas campesinos, debido a la entrada del maíz transgénico OGM a Colombia.

Desde 2017, el Grupo de Investigación en Agroecología (GIAUN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, se propuso acompañar a la Red de Mercados Agroecológicos y Campesinos del Valle del Cauca (Redmac) tanto para contribuir al desarrollo de estrategias que multipliquen las semillas criollas de maíz como para detectar la contaminación de semillas nativas por la liberación y siembra incontrolada de maíces genéticamente modificados.

“Con la entrada de maíces transgénicos y su propagación tan rápida en el territorio nacional, las semillas se están contaminando, lo cual provocaría una pérdida de la biodiversidad en el territorio colombiano”, afirma la profesora Marina Sánchez de Prager, coordinadora del GIAUN.

Según la docente, el Grupo de Investigación en Recursos Fitogenéticos Neotropicales (Girfin) de la UNAL Sede Palmira y la ingeniera agrónoma Lady Díaz Velandia, también de la Institución, en Latinoamérica existen cerca de 220 razas de maíz, 69 de ellas en México –centro de origen del cereal– y otras 34 en Colombia.

La coordinadora Sánchez afirma que las semillas transgénicas afectan las dinámicas de poblaciones de insectos como mariposas, abejas, avispas e incluso bacterias.

“En países como México ya declararon no aceptar más las siembras de transgénicos, pues desplazan los maíces criollos. En Colombia, la Cámara de Representantes tiene pendiente revisar la modificación del artículo 81 de la Constitución Política para prohibir el ingreso, la producción, comercialización y exportación de semillas transgénicas OGM”, recordó.

Colores, señal de transgénesis

Los LFD solo detectan si hay o no contaminación transgénica en las semillas o plantas, mediante tiras reactivas que rastrean proteínas transgénicas específicas. La primera detecta cuatro proteínas (Cry2Ab2, Cry3Bb1, Cry34Ab1, Cry1F) de la familia del gen CRY, y la segunda la proteína CP4-EPSPS del Roundup Ready (herbicida a base del glifosato).

Cartilla para las comunidades

El equipo investigador, conformado por docentes, agricultores y estudiantes, inició los ensayos seleccionando las semillas de maíz a evaluar y el tejido foliar de plántulas con 12 días de desarrollo. El uso de este método se plasmó en una cartilla a disposición de la comunidad, donde se leen recomendaciones como las siguientes:

Se prepara la sustancia buffer o amortiguadora, en la que se diluirá la tirilla. La sustancia es diferente para cada referencia. Luego se toman las semillas de maíz y se muelen hasta obtener una textura harinosa y homogénea.

Para el procedimiento, se vierte polvo de maíz en un tubo de ensayo y se agrega el volumen del buffer según la tirilla a evaluar. Se agita la mezcla en el tubo y se deja reposar por un minuto. Después, con una micropipeta, tomar 0,5 ml de la mezcla del tubo de ensayo y se transfieren a un tubo de microvolumen de 1,5 ml.

El probador toma la tirilla y la introduce en el tubo para que la almohadilla de la tira absorba la muestra. Se esperan máximo 10 minutos para leer el resultado de la tirilla STX63200 y 20 minutos para la tira STX74000. Por último, esta se retira y se registran los resultados. Estas muestras se deben repetir tres veces para precisar más los resultados.

Las investigadoras explican que si al introducir la tirilla a la mezcla aparecen líneas de color rojo aparte de la línea de control, “significa que las semillas presentan transgénesis; si no aparece ninguna línea adicional, quiere decir que la semilla está libre de contaminación para esa proteína específica”.

La ingeniera Díaz agregó que recomienda realizar pruebas PCR (reacción en cadena de la polimerasa) en laboratorios especializados, ya que “esta técnica es más exacta y visualiza en mayor cantidad cuántas de las muestras que se procesaron están contaminadas”.

El equipo de investigación también desarrolla un video explicativo para que en todo el país las comunidades puedan realizar estas pruebas siguiendo las instrucciones descritas.

La ONG Internacional de Cooperación al Desarrollo Swissaid, junto con la UNAL, colabora en la capacitación del uso de esta herramienta para agricultores afiliados a la Redmac y comunidades campesinas e indígenas.






martes, 28 de septiembre de 2021

Continuamos con el fortalecimiento de capacidades técnicas para el mejoramiento de yuca biofortificada en la región

 


Con la participación de más de 25 especialistas en mejoramiento de yuca de la región, se llevó a cabo entre el 13 y el 17 de septiembre el curso virtual “Fortalecimiento de  capacidades para el mejoramiento de yuca biofortificada”, liderado por el programa de Biofortificados de la Alianza de Bioversity International y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), el Programa HarvestPlus, el Programa Mundial de Alimentos (PMA), con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA).

Las temáticas del curso facilitaron la comprensión de los procesos de mejoramiento convencional para la yuca que permite la generación de germoplasma agronómicamente más competitivo y con mayores contenidos de micronutrientes.

Este taller contó con la participación de representantes de los centros de investigación agrícola de Guatemala (ICTA), Honduras (DICTA) y El Salvador (CENTA). Asimismo, asistieron mejoradores de los centros de investigación agrícola de Colombia (Agrosavia) y el Programa Mundial de Alimentos de Nicaragua, quienes intercambiaron conocimientos activamente.

“La información suministrada durante el curso ayudó a fortalecer conocimientos previos de los participantes los cuales pueden ser aplicados a las labores que realiza en su institución; la biofortificación es una estrategia que puede ayudar para mejorar el problema del hambre oculta”, dijo Liz María Ubeda, del PMA Nicaragua.

Por su parte, Karem Velásquez, investigadora en raíces y tubérculos del DICTA, Honduras, aseguró que “estamos agradecidos de esta invitación al curso el cual, al igual que los anteriores, nos ha permitido aprender nuevos conocimientos que podemos implementar y complementar en las actividades que estamos llevado a cabo para el cultivo de yuca”.

Este entrenamiento forma parte de un programa de capacitación que se implementa desde 2020, cuyo objetivo es mejorar las competencias de funcionarios de centros de investigación agrícola de la región para que promuevan la adopción de los cultivos biofortificados, tanto en los agricultores como en los consumidores, y así avanzar en la lucha contra la malnutrición, una situación que hoy afecta a dos mil millones de personas en el mundo, según la FAO.

Los diferentes talleres cuentan con el apoyo de KOICA, entidad gubernamental encargada de implementar y gestionar la cooperación financiera del gobierno coreano para los países socios.

KOICA tiene como misión contribuir al desarrollo sostenible, social y económico de los países, a través de sus programas de cooperación de proyectos para el desarrollo y diversas iniciativas como esta que permiten la capacitación y aprendizaje para el desarrollo y fortalecimiento del sector agrícola de la región.



viernes, 24 de septiembre de 2021

Vinaza, de villana a biofertilizante

 La vinaza, ese residuo de olor dulzón y color café que queda del proceso de fermentación y destilación de la caña de azúcar, tiene la oportunidad de reivindicar su fama de ser altamente contaminante y convertirse en un efectivo biofertilizante para cultivos como tomate y girasol.

Los experimentos de campo en tomate demostraron un crecimiento en plantas del 109 % por encima del control y 99 % en productividad en gramos de fruto por planta.

En girasol hubo un aumento del 27 % en la longitud de los tallos y un aumento del 37 y 35 % en el número de flores y el diámetro de la flor al final del estudio. Es decir, la mayoría de las variables medidas demostraron un mejor desempeño del biofertilizante con respecto al fertilizante comercial.

Estos son algunos de los resultados del trabajo de investigación realizado por el ingeniero químico Sebastián Pineda Pineda, para obtener su título de Magíster en Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

En el estudio se plantea que las propiedades químicas de la vinaza la constituyen en fuente para el crecimiento de ciertos tipos de microorganismos como Gluconacetobacter diazotrophicus, un agente fijador de nitrógeno y estimulante del crecimiento vegetal, elemento determinante en la producción de biofertilizantes.

En general las vinazas presentan un gran contenido de materia orgánica y nutrientes –como nitrógeno, azufre y fósforo–, además de una cantidad importante de potasio, y entre los compuestos orgánicos más importantes están los alcoholes, ácidos orgánicos y aldehídos.

Esta sustancia está constituida por aproximadamente 94 % de agua y 6 % de materia orgánica (azúcares, ácidos) y de sales inorgánicas como fósforo, potasio y calcio. El gran efecto contaminante se produce por cuenta de los minerales, de los cuales el 64 % están formados por potasio.

Y aunque su consumo no provoca daños directos en la salud humana, los desechos –que generalmente se arrojan a los cuerpos acuíferos o en la tierra sin procesamiento alguno o en cantidades no controladas–, consumen el oxígeno del agua y provocan la mortandad de los peces, emanan olores nauseabundos por la descomposición de la materia orgánica con la que está conformada, contribuye al aumento de poblaciones de insectos y vectores, y como resultado, al desarrollo de enfermedades.

El biofertilizante producido por G. diazotrophicus no solo es una excelente alternativa a los fertilizantes comerciales por las importantes ventajas que ofrece, sino que también es una ventana hacia la producción y extracción de compuestos promotores del crecimiento de las plantas como las auxinas.

“Colombia es un país donde la agricultura es predominante, por lo que surge la necesidad de desarrollar nuevos procesos que se puedan implementar con el fin de mejorar los rendimientos de producción agrícola”, plantea el investigador en su tesis.

Experimentos promisorios

Según Asocaña, en Colombia la industria azucarera está haciendo grandes esfuerzos para disminuir el impacto de la vinaza en el medioambiente y se han emprendido acciones para el tratamiento y aprovechamiento que se le da a este subproducto.

La agremiación señala además que en otros países productores de alcohol, por cada litro de etanol producido se obtienen de 10 a 14 litros de vinaza. En el caso de la industria azucarera del valle geográfico del río Cauca, se obtienen entre 0,8 hasta máximo 3 litros de vinaza por cada litro de alcohol.

Los resultados de esta investigación de maestría abren una ventana para darles mayor estabilidad económica y ambiental a las poblaciones de las zonas productoras de caña por el hecho de utilizar la bioconversión de un residuo agroindustrial, como plataforma para obtener un producto de alto valor agregado.