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lunes, 3 de febrero de 2025

Deshidratador solar evitaría pérdidas de plátano verde en Santander después de la cosecha

 

En Colombia se pierde hasta un 30 % de los residuos de alimentos luego de las cosechas, lo cual afecta lugares como la vereda Las Clavellinas, en Galán (Santander), que, por su difícil acceso, malas carreteras y falta de inversión estatal tienen dificultades para garantizar la frescura de productos como el plátano verde. Para ayudarles a reducir sus pérdidas económicas, se implementó un mecanismo solar que reduce la humedad evitando así la aparición de hongos y bacterias.

El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) estima que en Colombia se cultivan más de 400.000 hectáreas de plátano, de las cuales 280.600 se encuentran en la zona cafetera del país; y su volumen de producción es del orden de 1.8 millones de toneladas al año.

En ese sentido, la producción de plátano se convierte en una oportunidad para darle valor a la agricultura de zonas “olvidadas”, en la que el abandono estatal ha llevado a que estén incomunicadas de los centros urbanos, y que sea más difícil prosperar y que los campesinos tengan ganancias económicas.

Este es el caso del municipio de Galán (Santander), que cuenta con 3.031 habitantes, 1.000 en el área urbana y el resto en la ruralidad, donde el 81,7 % de la fuerza económica está sustentada por las actividades agrícolas y ganaderas. Tierras en las que destaca el cultivo de productos como el café, la yuca, el maíz y el plátano.

Además de las malas vías, la alta humedad del plátano verde (hasta un 80 %) dificulta su comercialización, pues reduce su vida útil antes de llegar a los mercados urbanos. Por esta razón, la investigadora Erika Tatiana Fajardo Ariza, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se interesó por poner a prueba un mecanismo llamada deshidratador solar, el cual se lleva usando desde hace cientos años para secar las frutas, verduras o incluso carnes, pero en el que se enfocó en medir la humedad del plátano cada 20 minutos -hasta llegar a una hora-, para reducir al máximo el contenido de agua en la fruta.

Esto es novedoso porque los deshidratadores en el país se usan principalmente para el café, excluyendo otros alimentos esenciales para la economía de regiones como Galán, donde los productores buscan impulsar el cultivo de plátano y otras frutas. Controlar la humedad es clave, ya que un alto contenido de agua favorece la proliferación de bacterias y hongos, acelerando la descomposición.

¿Cómo funciona? Imagine una casa con ventanas y techo de vidrio por las que entra el sol, en su interior hay bandejas con mallas donde se colocan los alimentos, como el plátano verde. El aire se calienta y los alimentos se van secando poco a poco, por lo que el porcentaje de agua dentro de la fruta comienza a reducirse, generando un ambiente más adecuado para que no haya riesgo de contaminación por algún microorganismo. 

Al plátano verde lo pueden afectar hongos como Colletotrichum musae, causante de la antracnosis, una de las principales enfermedades poscosecha del banano e influye significativamente en la calidad de la fruta mercadeable.

“Para los ensayos iniciales se trabajó con 20 kilos de plátano verde y banano bocadillo, los cuales primero se cortaban y pelaban en rodajas de entre 3 y 5 milímetros, para luego ser puestos en las láminas, y cada 20 minutos eran pesados para ver cómo iba disminuyendo el agua en su interior, hasta el punto en el que no cambiaba este valor, allí se evidenciaba que estaba listo”, indica la investigadora.

Valor agregado para las comunidades

Posterior al secado de los productos se molieron y procesaron en un horno para crear harina plátano, que sirve como un reemplazo para la harina de trigo, lo cual ayudaría a aprovechar los residuos de la cosecha, en un proceso denominado economía circular, que como su nombre lo dice sigue un proceso en el que se vuelve a utilizar aquello que ya se había utilizado, en este caso el plátano, que después de la cosecha se pierde entre un 25 % y 30 % si no se usa en otra aplicación.

“Se evaluaron distintas concentraciones de harina de plátano y trigo para elaborar galletas, y darle valor agregado a los residuos que quedan luego de las cosechas, y se evaluó el producto en un panel sensorial con 100 personas en la UNAL Sede Bogotá, encontrando la combinación perfecta para elaborar esta receta”, asegura la magíster de la UNAL.

Por último, señala que la investigación fue producto de un trabajo conjunto con la Asociación de Apicultores de la Serranía de los Yariguíes, la Alcaldía de Galán (Santander), y el Instituto de Ciencias y Tecnología de Alimentos (ICTA) de la UNAL, por lo que se destaca el proceso de cocreación llevado a cabo, en donde la comunidad de este municipio ahora tiene una máquina de deshidratación solar que podría durar fácilmente más de 10 años, y ayudaría a disminuir las pérdidas y los costos para los productores de plátano, una fruta autóctona de esta región.







jueves, 11 de mayo de 2023

Con menos cantidad de agua se cosechan mejores zapallos

 Con un sistema de riego por goteo, y reponiéndole al suelo el 120 % de evapotranspiración –es decir la pérdida de humedad del suelo a través de la evaporación y la transpiración de la planta–, se obtuvieron zapallos o ahuyama con alto contenido de materia seca y alto peso promedio por fruto. Los ensayos se realizaron con materiales del Programa de Mejoramiento Genético y Producción de Semillas de Hortalizas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, en la Granja Mario González Aranda.

Según proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), uno de los grandes desafíos de la agricultura es atender la demanda de comida en un futuro y prever el agua que se necesitará para producir el 60 % de los alimentos adicionales a 2050. De ahí que se promueva una mejora en la gestión de este preciado líquido y el uso de sistemas de riego más eficaces y sostenibles con el ambiente.

En este contexto empiezan a jugar un papel relevante los alimentos que toleren cada vez más el déficit hídrico o la sequía. Uno de estos es el zapallo, hortaliza con excepcional valor nutricional que forma parte de la base alimentaria en varias regiones del país. También se le conoce como calabaza o ahuyama, su pulpa o materia seca es de color anaranjado, tiene alto contenido en fibra y es sumamente rica en betacarotenos, vitaminas y minerales.

Interesado en explorar esta variedad, el ingeniero agrícola Robert Augusto Rodríguez Restrepo, doctor en Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Palmira, evaluó el efecto del régimen de humedad en el suelo sobre el rendimiento y la calidad del fruto de zapallo y la respuesta fisiológica de la planta al déficit hídrico.

“En el caso del zapallo, en el Valle del Cauca se utilizan un sistema de riego por gravedad que no es muy eficiente, pues registra solo el 35 % de eficiencia en el uso del agua, genera pudrición en los cultivares, proliferación de arvenses y pérdida de los fertilizantes”, explica el investigador.

Riego por goteo, el ideal para cultivares de zapallo

Los materiales del Programa de la UNAL empleados para el estudio son Unapal abanico 75, Unapal boloverde y Unapal dorado.

Se aplicaron cuatro ensayos de riego al suelo, desde el más deficitario en agua hasta el mayor en cantidad, lo que provocó en la planta la activación de ciertos mecanismos de tolerancia y resistencia al déficit hídrico (o sequía).

Los tratamientos de riego se basaron en la evapotranspiración de referencia, es decir la perdida de humedad del suelo a través de la evaporación y la transpiración de la planta.

Así, en un primer ensayo se aplicó el 40, 60, 80 y 100 % de la evapotranspiración de referencia y los resultados fueron inferiores a lo esperado, por lo que en la siguiente prueba la oferta hídrica se aumentó en 20 %, o sea 60, 80, 100  y 120 % de evapotranspiración.

Los investigadores encontraron que con 120 % el rendimiento se disparó y se observó el mejor resultado, incluso el contenido de humedad del suelo estaba a capacidad de campo en una profundidad de 30 cm después del riego, que es la profundidad efectiva del zapallo. “Durante los 150 días que duró la evaluación hubo una muy buena toma de nutrientes para estas plantas”, dijo el doctor Rodríguez.

Señaló además que “la idea es decirle al agricultor que regando con un sistema eficiente como el goteo no solo disminuyen los costos de operación y mejoran la absorción de nutrientes, sino que a mediano plazo el costo del sistema de riego que adapten se retribuirá. Los cultivadores pueden sembrar aprovechando la época de precipitación o lluvias del año y en los demás meses emplear el riego, lo que les permitirá planear mejor su época de siembra”.

Con tratamientos de riego bajo la calidad del fruto se vio alterada de forma natural, pues se encontró menos materia seca y almidón en el fruto, pero una mayor presencia de carotenos. Los carotenos les otorgan a los vegetales el color amarillo, naranja o rojo y resultan esenciales para la salud por sus propiedades antioxidantes.

En estas mismas condiciones de riego bajo aumentó la cantidad de semillas, “en principio podríamos pensar que esto es una respuesta fisiológica natural de la planta para preservar su especie, que podría indicar una adaptación de estos resultados parar producir semilla a menor costo de riego”, indica.

No obstante, el tesista consideró que el resultado merece más estudios, pues aunque presentó el mayor número de semillas, el peso de estas disminuyó, lo que puede suponer que tengan menor contenido de grasas.

Los investigadores encontraron que las variedades Unapal abanico 75 y Unapal dorado presentaron mayor capacidad para sintetizar proteínas sin sufrir detrimento significativo de la materia seca ni de rendimiento de los frutos.

“Este hallazgo hace más interesante estos materiales en un futuro plan de mejoramiento genético en aras de afrontar el cambio climático, ya que organizaciones como la FAO recomiendan sembrar cultivares precoces con alta productividad que presenten ciertas características de adaptación al estrés hídrico”, destacó el doctor en Ciencias Agrarias.

La investigación fue dirigida por los profesores Sanín Ortiz Grisales y Harold Tafur Hermann, de la UNAL Sede Palmira, y Magda Piedad Valdés Restrepo, de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia.








miércoles, 2 de mayo de 2018

Multiplicación de semillas

Semillas criollas nativas  en Colombia  Valle del Cauca 

Alrededor de 100 kilos de semillas fueron obtenidas por especialistas de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, para dejarlas a disposición de los agricultores.


Los expertos trabajaron durante un año en la multiplicación de semillas nativas y criollas con 
la Red de Mercados Agroecológicos Campesinos del Valle del Cauca, mediante un sistema
 de abastecimiento de maíz, frijol y soya que promueve la soberanía alimentaria de la región.


Los agricultores habían expresado que para alimentar a sus animales solo contaban con granos de maíz, frijol y soya modificados genéticamente o producidos a partir de agroquímicos, lo cual no les permitía avanzar con métodos agroecológicos en todos los eslabones de producción, y por tanto necesitaban abastecerse de semillas criollas (adaptadas al entorno) y nativas de buena calidad. 
El objetivo del programa de extensión solidaria fue producir estos insumos en beneficio de las 500 familias que integran la Red, para lo cual la Universidad brindó acompañamiento y apoyo de insumos e infraestructura, además de una serie de capacitaciones en prácticas de cosecha y manejo de semillas y plagas. 

Despensas vivas 


En primera instancia, el Grupo de Investigación en Agroecología de la U.N. Sede Palmira buscó los lugares idóneos para establecer las despensas vivas (cultivos). Se consideraron 14 fincas, de las cuales 10 cumplieron con todos los requerimientos. 
Después la Institución adquirió una base de semillas nativas y criollas entre los cultivos de los agricultores, dentro de la cual estudió la diversidad genética: 18 razas de maíz, 25 variedades de frijol y 2 de soya. 
Según el coordinador del proyecto, Juan Carlos Ortiz, para la multiplicación de las semillas se trabajó con una metodología de investigación-acción participativa con los campesinos: “no vemos al agricultor como un simple objeto de estudio. Para nosotros es un coinvestigador por los conocimientos que nos puede aportar sobre la manera como se cultivan determinadas variedades de semillas, cómo se prepara el terreno, cuáles son los usos y las recetas con las que se pueden consumir las cosechas”. 
Las capacitaciones giraron en torno a temas como el uso de tecnologías apropiadas para pequeños agricultores en cosecha y poscosecha, talleres de manejo adecuado de semillas y registro de costos para que el campesino sepa a qué precio vender sus productos. 

Biodiversidad en semillas 
Según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), durante el siglo XX cerca del 75 % de la diversidad vegetal de uso agrícola se perdió por el abandono de cultivos y prácticas tradicionales en la búsqueda de mejores rendimientos económicos. 

Fuente: fin/FH/MLA/LOF