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lunes, 23 de febrero de 2026

De la poda al laboratorio, residuos agrícolas con potencial para la industria alimentaria

 Cuando un aceite se enrancia —pierde olor, sabor, color y valor nutricional por reacción con el oxígeno— la industria suele usar aditivos sintéticos para retrasar ese deterioro. Estos compuestos actúan como antioxidantes, es decir, sustancias que frenan las reacciones químicas que dañan las grasas. En el Laboratorio de Frutas Tropicales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, uno de los proyectos actuales evalúa si hojas de agraz pueden convertirse en alternativas naturales con esa misma capacidad protectora.

Pero esa no es la única apuesta. Esta fotogalería recorre otras líneas de investigación del laboratorio, desde el análisis de papa nativa hasta el estudio de residuos de mora y tomate de árbol, con un objetivo común, dar valor científico y productivo a lo que hoy se descarta en el campo.

Una de esas investigaciones es la tesis de la química Angie Guevara, estudiante de la Maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos, quien trabaja con hojas de agraz, un cultivo similar al arándano que ha empezado a ganar terreno en regiones como Boyacá, Nariño, Antioquia, Cundinamarca y Cauca. A partir de estas hojas, el equipo obtiene extractos con posibles propiedades antioxidantes.

El objetivo es evaluar si estos compuestos naturales pueden retrasar la oxidación en aceites vegetales como el de girasol, proceso que actualmente se controla mediante antioxidantes sintéticos como el TBHQ. “Queremos buscar posibles antioxidantes naturales que también nos ayuden a aprovechar algunos residuos generados en el campo de la agricultura”, explica.

Para ello se emplean técnicas como el ensayo DPPH, que mide la capacidad antioxidante de los extractos mediante el cambio de color de un reactivo sensible a procesos de reducción y oxidación. Cuando el reactivo, de color morado intenso, entra en contacto con sustancias antioxidantes, pierde color y se torna amarillo pálido, lo que permite estimar la potencia antioxidante de la muestra analizada.

Si los resultados son favorables, estos residuos se podrían transformar en insumos industriales capaces de extender la vida útil de aceites, reduciendo así la necesidad de aditivos sintéticos, en línea con la creciente demanda de alternativas naturales en la industria alimentaria. La investigación se encuentra en su etapa inicial.

Tras las pruebas de laboratorio, el siguiente paso será evaluar la estabilidad de los extractos directamente en el aceite bajo la prueba Rancimat, un método que somete el aceite a altas temperaturas y flujo constante de aire para acelerar su oxidación y medir cuánto tiempo tarda en deteriorarse.

Luego se realizarán ensayos de estabilidad acelerada para determinar si estos compuestos naturales logran retrasar la oxidación lipídica y en qué concentraciones resultan efectivos frente a los antioxidantes sintéticos usados por la industria. Más allá de la técnica, el propósito es claro, convertir un residuo agrícola en una alternativa viable para la industria alimentaria.

También se busca generar nuevas oportunidades económicas para los agricultores que hoy desechan las hojas producto de las podas.

Un laboratorio con múltiples frentes de investigación

Este laboratorio, coordinado por el profesor Carlos Eduardo Narváez Cuenca, forma parte del Grupo de Investigación en Química de Alimentos, creado oficialmente en 2002. Desde entonces ha sido un referente en el análisis de frutas y tubérculos en proyectos de impacto nutricional y agroindustrial, donde se caracterizan macronutrientes, micronutrientes y compuestos bioactivos presentes en estos alimentos.

Según la química Angie Guevara, “en este espacio desarrollamos diferentes proyectos de investigación orientados a diversificar las frutas, diseñar alimentos y valorizar subproductos agrícolas como residuos de poda, semillas y cortezas de frutas que tienen potencial para uso industrial”.

Además de la investigación con hojas de agraz, el equipo ha participado en iniciativas como el proyecto de papas más nutritivas. “Allí trabajamos en el análisis de una colección de papa, en el cual el Laboratorio ha sido un pilar importante”, agrega.

Del campo al laboratorio

En esa misma línea de valorización de la biodiversidad, el equipo también ha adelantado investigaciones sobre el aprovechamiento de residuos de mora y tomate de árbol, así como estudios sobre genotipos silvestres de agraz en Santander y colecciones cultivadas en Cundinamarca y Boyacá, con miras a su fitomejoramiento, un proceso orientado a identificar y potenciar las plantas con mejores cualidades nutricionales y agronómicas para fortalecer futuras siembras y hacer más competitivos los cultivos.

Este trabajo permite reconocer qué variedades ofrecen mayor valor nutricional y mejor adaptación a distintas condiciones, para integrarlas en programas de mejoramiento agrícola. “Los proyectos se realizan en alianza con profesionales en Ciencias Agrarias y Biología, quienes integran el componente agrícola y genético con el análisis químico de los alimentos”, afirma el profesor Narváez.

El trabajo comienza en el campo, donde se recolectan las muestras que luego se acondicionan en el Laboratorio mediante procesos de lavado y liofilización, una técnica que elimina el agua mediante congelación y posterior sublimación al vacío, lo que permite conservar compuestos sensibles sin exponerlos a altas temperaturas.

“Muchos de los compuestos bioactivos que analizamos son sensibles a la temperatura, la luz, a la presencia de oxígeno y a los cambios en los niveles de pH. La liofilización es la mejor forma de preservarlos para su estudio”, explica la investigadora Guevara.

Una vez acondicionadas, las muestras se someten a molienda y se almacenan en condiciones controladas antes de iniciar la extracción de compuestos como fenólicos, carotenoides y clorofilas, sustancias naturales que pueden actuar como antioxidantes, proteger las células frente al daño oxidativo, aportar color a los alimentos y, en algunos casos, contribuir a la prevención de enfermedades asociadas con el estrés oxidativo.

Estas extracciones se realizan con equipos como ultrasonido y centrífugas, y posteriormente se analizan mediante cromatografía líquida de ultraalta eficiencia, una tecnología que permite identificar cuáles compuestos hay en una muestra y en qué concentración. “El equipo nos permite analizar cuáles compuestos están presentes en nuestras muestras y en qué cantidad”, afirma la estudiante.

Cada análisis produce gráficos en los que cada pico corresponde a un compuesto específico, conocidos como cromatogramas. La altura o el área de esos picos indica su concentración, lo que permite identificar y cuantificar metabolitos con potencial actividad biológica de forma precisa y reproducible.





 




 






jueves, 18 de diciembre de 2025

Industria bananera de Costa Rica enfrenta un año complejo por afectaciones climáticas y presión cambiaria

 La canasta agroexportadora de Costa Rica ha estado respaldada por el banano, que en 2024 totalizó US$ 1.241 millones en envíos a diversos mercados internacionales, junto a su aporte en empleo, desarrollo rural e infraestructura comunitaria.

Sin embargo, 2025 se ha convertido en un año desafiante para el sector, así lo indicó Omar Sánchez, director de inteligencia de negocios de Corporación Bananera Nacional de Costa Rica, Corbana.

“Este año ha sido completamente atípico. Nunca habíamos tenido una afectación climática que implicara pérdida de fruta asociada a plagas en esta magnitud”, dijo en entrevista con Portalfruticola.com .

Los números lo confirman, pues a septiembre de 2025 la industria registra una reducción del 15,3% en producción, “un golpe profundo para un sector acostumbrado a la estabilidad”, indicó Sánchez. 

Impacto del clima 

La industria del banano costarricense ha sufrido las implicancias climáticas desde finales de 2024, debido a un aumento inusual de precipitaciones que cubrió las principales zonas productoras. Las lluvias rompieron el balance natural,  generando condiciones perfectas para la expansión de Sigatoka Negra, la enfermedad foliar más agresiva que afecta al banano.

Sánchez explicó que la enfermedad debilitó las plantas, reduciendo el número de hojas funcionales y impactando en la fotosíntesis, provocando fruta inmadura o subdesarrollada. “El resultado: miles de cajas descartadas para exportación, porque Costa Rica decidió no comprometer su reputación”, comentó. 

“Preferimos exportar menos antes que sacrificar calidad”, aseguró el ejecutivo. 

Pese a ello, el sector mantiene su extensión en 42.000 hectáreas, una superficie estable durante más de 15 años gracias a un proceso de concentración en suelos de alto rendimiento. Sánchez señaló que el promedio productivo es superior a 3.000 cajas por hectárea por año, uno de los más altos del mundo.

Afectación por el tipo de cambio 

El director de inteligencia de negocios de Corbana señaló que, mientras las lluvias impactaban la producción, otro fenómeno avanzaba en paralelo: la fuerte revaluación del colón costarricense. “El dólar cayó a niveles históricamente bajos, menos de 500 colones, deteriorando la competitividad del banano costarricense, cuyos ingresos son en dólares pero cuyas operaciones diarias se pagan en moneda local”.

Dijo que dicha situación ha generado menos fruta disponible para exportación y ha reducido los ingresos netos de los productores.

Exportación de banano de Costa Rica 

El representante de Corbana subrayó que Costa Rica continúa siendo una potencia bananera, con exportaciones promedio de 125 a 126 millones de cajas por año. El país suele ubicarse entre el tercer y cuarto mayor exportador mundial, con alrededor del 14% del mercado global.

Esta posición ha sido sostenible gracias a los altos estándares de calidad, prácticas agrícolas certificadas, infraestructura de primer nivel y una cadena exportadora altamente profesionalizada.

Consultado sobre los mercados de destino, expuso que un 49% se envía a la Unión Europea, seguido de un 32% a Estados Unidos, luego se encuentra Reino Unido con un 9% y otros mercados (Medio Oriente, China y Asia emergente) con un total de un 12%. 

Más allá del clima y la economía, Sánchez advirtió sobre un desafío sistémico, “la distribución desigual de ingresos dentro de la cadena global del banano”.

En ese sentido aseguró que los supermercados concentran una proporción excesiva del margen final mientras presionan a la baja los precios pagados a los productores. “Los supermercados buscan precios cada vez más bajos mientras asumen cero riesgo. Eso debe cambiar”, afirmó.

Durante el análisis realizado por Sánchez, indicó que la situación actual de la industria ha acelerado una discusión largamente postergada: la necesidad de una agricultura más científica y digitalizada.

"Desde Corbana vislumbra una industria que utilice sensores climáticos, modelos predictivos de brotes de enfermedades, inteligencia de negocios, inteligencia artificial (IA) para análisis agronómicos en tiempo real, sistemas automatizados de monitoreo de suelos y modelos de pronóstico basados en big data”, expuso.

Sánchez explicó que el objetivo es anticipar problemas, reducir pérdidas y tomar decisiones con mayor sustento científico. “Esta situación podría ser el detonante para impulsar la adopción tecnológica que el banano necesita”.

Comentó que el banano es uno de los sectores agrícolas con mayor formalidad laboral del país, donde los trabajadores cuentan con todas las garantías sociales. “Es una industria que transfiere parte de su valor económico directamente al desarrollo local”.

A pesar de los desafíos, Sánchez descartó que el sector esté en crisis y dijo: “Lo que vive Costa Rica es parte de un ciclo, donde algunos años el clima golpea a unos países, y otros años a otros, equilibrando el abastecimiento global”.

Concluyó diciendo que la mirada está puesta en 2026, “un año que probablemente inicie con menos fruta pero con mayores expectativas de recuperación climática, tecnológica y comercial”.











miércoles, 5 de octubre de 2022

En cáscara de papaya buscan antioxidantes con potencial para la industria alimenticia

 La cáscara de la papaya tiene compuestos químicos bioactivos, entre ellos los denominados fenólicos, que tienen un amplio espectro de propiedades biológicas, como por ejemplo efecto antioxidante, lo que permitiría usarlos en la producción de aceites vegetales, para cuya elaboración se utilizan hoy conservantes sintéticos.

Los antioxidantes sintéticos obtenidos de la industria petroquímica se usan en margarinas, mantequillas, aceites vegetales y todo alimento rico en lípidos y ácidos grasos insaturados, para conservar el sabor, color y aroma; sin embargo, pueden provocar tumores, quistes y daños hepáticos en humanos y animales. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho un llamado a los Gobiernos para que fomenten la alimentación saludable.

Como una posibilidad de dar respuesta a dicha problemática, la ingeniera agroindustrial Viviana Andrea Velasco Arango, estudiante del Doctorado en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, ha centrado su interés en la papaya, debido a su alto consumo en el país y al aumento en su producción en el Valle del Cauca.

La investigación “Obtención y evaluación de un extracto de compuestos fenólicos a partir del epicardio de papaya como antioxidante natural en un aceite vegetal comestible”, que se adelanta en este momento, ha sido financiada con recursos de regalías gracias a la convocatoria del Programa Becas de Excelencia Doctoral otorgada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

La estudiante explica que los compuestos fenólicos tienen capacidad antioxidante y pueden ser consumidos por las personas.

“Estos se encuentran en las hojas y en los tallos de los frutos. Son producidos por la planta como un mecanismo de defensa ante un posible factor de estrés que se puede causar por altas temperaturas, falta de riego o de nutrientes en el suelo”.

Además, señala que la cáscara de papaya es un residuo que no se utiliza, y como desecho orgánico contamina suelos y aguas e incrementa la huella de carbono.

“La idea con el proyecto es aprovechar la cáscara de la papaya como subproducto y reincorporarla en la cadena alimentaria para cumplir con la economía circular, que quiere decir que todo residuo sea aprovechado e incluido de nuevo en la cadena de producción agroindustrial”.

De hecho, los compuestos fenólicos también se pueden aplicar a margarinas, carnes y productos cárnicos, procesados y ultraprocesados, para evitar que se pongan rancios.

Residuo prodigioso

El proyecto tiene tres objetivos: (i) hacer una evaluación cualitativa y cuantitativa de los compuestos fenólicos presentes en cáscara de papaya, (ii) hacer un proceso de extracción  asistida por ultrasonido, método para maximizar la concentración, y (iii) evaluar su aplicación para saber si cumple o no con la función antioxidante.

A partir de la revisión bibliográfica y científica, la investigadora constató que los compuestos fenólicos tienen capacidad antioxidante y que pueden ser consumidos por las personas.

Así mismo, que en la cáscara de la papaya se hallan en concentraciones de ácido cafeico, ácido ferúlico y p-cumárico.

Además, contiene vitamina C y concentraciones altas de carotenoides, que también cumplen funciones antioxidantes y tienen un alto potencial en la industria alimentaria.

El siguiente paso ha sido la puesta en marcha de las técnicas experimentales como espectrofotometría (mide la cantidad de luz absorbida por una sustancia) y cromatografía líquida (separa los componentes individuales de una muestra), con las que ensaya en laboratorio los métodos científicos evaluados por otros investigadores, para en la siguiente etapa identificar las cualidades de los compuestos hallados.


A partir de estas metodologías la investigadora hace la extracción del compuesto fenólico total de la cáscara de la papaya y mide su absorbencia para hacer la cuantificación.

En una fase posterior, la estudiante de doctorado espera que el extracto cumpla con la función antioxidante y luego sea escalado en la industria nacional de alimentos.

En su trabajo, la investigadora ha estado acompañada por el profesor de la UNAL Sede Palmira Luis Eduardo Ordóñez, Ph. D. en Alimentos: Valor Nutritivo, Tecnología y Seguridad de la U. de Santiago de Compostela, y el docente de la Sede Medellín Misael Cortés Rodríguez, Ph. D. en Ingeniería de Alimentos de la UNAL.

La producción y el consumo de papaya repuntan en el mundo

En los últimos 20 años la producción de papaya ha aumentado en todo el mundo; en 2020 registró 13,89 millones de toneladas métricas.

Según Statista GmbH, portal de estadística en línea alemán, el principal productor es India (38,61 %), seguido de Brasil (17,5 %), Indonesia (6,89 %), Nigeria (6,79 %), México (6,18 %), Etiopía (2,34 %), República Democrática del Congo (2,12 %) y Colombia (2,08 %).

En Colombia, los departamentos que reportan mayor producción de papaya son Córdoba, Magdalena, Santander y Valle del Cauca.








jueves, 1 de febrero de 2018

Fuente de recursos productivos y reproductivos

Nuestros recursos 

El beneficio màs evidente es que aprovechamos las plantas y los animales como un gran recurso para la sobrevivencia con materia, prima y todo lo que esta en esta bella tierra.
El aprovechamiento de todas estas grandes riquezas en nuestra economía, y por lo tanto genera empleos, por lo general en los países de ingresos bajos y medios.

 La agricultura, el aprovechamiento forestal, la pesca proporcionan uno de cada dos empleos en el mundo.
En una cuarta parte de los países en el mundo , los productos agrícolas, la madera y el pescado contribuyen a la economìa màs que que los bienes industriales. El en mundo la producción es muy grande en alimentos y fibras textiles .  
El agua nuestro gran recurso hídrico, que proporciona la vida a todos los seres vivientes de este planeta. 
En cada etapa entre el cielo y la tierra, el agua puede recojer contaminantes y desperdicios a medida que fluye desde los manantiales a los arroyos, a los rios y finalmente al mar , también cuando se remansa en pozos y lagos  o en el momento que regresa de la atmósfera en forma de lluvia; o cuando se reabsorbe en los suelos después de que a sido usada la tierra en cultivos.
Afortunadamente los ecosistemas pueden limpiar el agua para nuestro beneficio.