jueves, 13 de abril de 2023

Ocho virus vegetales atacan papa Diacol Capiro y criolla Colombia

 Los virus X, Y, V, S, B, del amarillamiento de las venas, del enrollamiento de la hoja y mop-top de la papa, fueron identificados en material certificado y no certificado de dichas variedades del tubérculo producidas en Antioquia y la región cundiboyacense. Para evitar los efectos negativos en la producción y en rentabilidad agrícola, se recomienda revisar y actualizar el proceso de certificación de material de siembra, mediante métodos de detección más sensibles.

En Colombia la papa genera más de 240.000 empleos indirectos, es decir que más de 100.000 familias dependen de este cultivo para su subsistencia.

Andrea Stefanía García Torres, magíster en Ciencias - Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, explica que, “pese a su importancia económica y alimentaria, la papa afronta dificultades derivadas de plagas y enfermedades como la polilla guatemalteca, el gusano blanco, hongos y virus, estos dos últimos muy difíciles de manejar porque gran parte de su taxonomía o clasificación se desconoce, presentan alta variación genética y no son fáciles de detectar de manera oportuna, entre otros aspectos”.

El trabajo de investigación, asociado con los grupos de investigación Biotecnología Microbiana y Biotecnología Vegetal, evaluó la presencia de 8 virus de ARN en material de siembra certificado y no certificado, mediante técnicas moleculares como reacción en cadena de polimerasa (PCR) convencional, PCR en tiempo real y secuenciación de alto rendimiento (HTS), el cual es mucho más potente porque permite ensamblar y obtener genomas conocidos y nuevos.

El “material de siembra certificado” se refiere a las semillas generadas en laboratorio o en condiciones controladas, y provienen de procesos que aseguran la producción de cultivos libres de organismos patógenos, es decir que cuentan con alta calidad fitosanitaria.

Por el contrario, el “material no certificado” hace referencia a semillas que no cumplen con la normatividad vigente, como por ejemplo aquellas que el mismo agricultor conserva de cultivos anteriores.

“En ambos tipos encontramos altos niveles de infección viral. Hasta ahora en el país se habían detectado 8 virus en cultivos de papa, y nosotros identificamos la presencia de todos ellos en Antioquia y la sabana cundiboyacense”, anota la investigadora.

Además, por medio de esta secuenciación se hizo el primer posible registro en Colombia del virus D de la necrosis del tabaco (Tobacco necrosis virus D - TNV - D), el cual está asociado con enfermedades que afectan la papa, y fue reportado antes en Europa.

Los síntomas de los virus se pueden confundir con deficiencias nutricionales y otras enfermedades, pues afectan el vigor de la planta y generan malformaciones, enanismo, amarillamiento de las hojas –cuando falta la clorofila (clorosis)– y necrosis o marchitamiento, entre otros.

“Los virus vegetales tienen una particularidad importante, y es que su transmisión suele ser muy compleja. Ellos no buscan acabar de inmediato con su hospedante sino convivir con él el mayor tiempo posible para replicarse y pasar a nuevas generaciones e incluso a otros cultivos”.

“En este sentido, recomendamos revisar y actualizar el proceso de certificación de material de siembra de Diacol Capiro y criolla Colombia empleando métodos de detección más sensibles. Aunque la prueba ELISA es el método con el que se suelen diagnosticar las semillas, este no identifica la presencia de virus de manera adecuada. Si bien consumir los virus no afecta a los humanos, estos sí podrían generar bajos rendimientos y pérdidas económicas”, anota la magíster.

¿Quimioterapia para plantas de papa?

Otro aporte de la investigación es la posibilidad de tratar las plantas infectadas. En laboratorio se sometieron plántulas a termoterapia, es decir al aumento de la temperatura –entre 35 y 38 °C– para determinar si la presencia del virus disminuía; también a quimioterapia, es decir a antivirales –ribavirina en este caso– aplicados directamente en el medio de cultivo.

“Comprobamos que concentraciones de 50 partes por millones (ppm) del antiviral pueden ser suficientes, porque más de esta cantidad –como también pasa con la temperatura– puede matar las plántulas. Para próximos estudios recomendamos combinar estas y otras técnicas”.

Así mismo, se determinó que para alcanzar un 90 % de precisión en la detección de virus, y no tener falsos positivos o falsos negativos, es necesario evaluar al menos 3 tubérculos por lote y 3 brotes por tubérculo.

“Esta metodología de revisión mediante técnicas moleculares puede y debe ser aplicada a otros cultivares de papa en Colombia, ya porque es muy importante que al menos el material certificado no tenga estas fallas”, concluye la magíster García.







miércoles, 12 de abril de 2023

El algodón y su histórica relación con el pueblo raizal de San Andrés y Providencia

 Mientras el algodón (género Gossypium) florece en la actual temporada de sequía que atraviesan las islas, el Jardín Botánico de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Caribe repasa la histórica relación entre esta planta y el raizal, la cual se remonta a la época de esclavitud.

El biólogo Rafael Mora, curador de colecciones biológicas del Jardín Botánico de la UNAL, explica en qué consiste esta iniciativa, cuyo objeto es revivir las memorias de la comunidad raizal a partir de la importancia cultural, económica e histórica de plantas que se han dado en el suelo de las islas.

“Nuestro interés no es solo mostrarle a la comunidad las más de 200 especies de plantas que tenemos sembradas, sino darles a conocer cómo muchas de estas están ligadas al pueblo raizal, no solo por un uso cultural o económico, sino también por su importancia histórica, como el algodón en este caso”, afirma.

Contrario al imaginario, San Andrés y Providencia estuvieron dedicadas a la agricultura por encima de otras actividades económicas. “Varias investigaciones del Banco de la República, por ejemplo, dan cuenta de que las islas dependían de la comercialización de plantas, incluso por encima de la pesca, y entre esas está el algodón como uno de los principales productos de exportación hasta 1850”, relata.

En efecto, en San Andrés la historia del algodón se remonta a la época de la esclavitud, tiempo en el que, por su importancia económica, era producido y comercializado, y el proceso de colecta era realizado manualmente por los esclavos.

“Sin embargo, con la abolición de la esclavitud y de ciertos cambios en las dinámicas socioeconómicas de la Isla, el raizal decide no continuar con la producción del algodón, perdió el interés, pues al no haber más esclavos se dedicaron a la producción de plantas como el coco, que necesitan menos esfuerzo en su cultivo y colecta y que fue importante hasta 1950, cuando se dio la apertura económica de la Isla”, comenta el curador Mora.

El algodón florece

Aunque el algodón no se cultiva hoy en la Isla, sí se conservan algunas plantas en patios o jardines, o crece libremente en potreros. Contrario a otras plantas, su producción requiere de periodos de sequías con mucho sol; los suelos no tienen que tener un alto nivel de nutrientes, crece en zonas abiertas, incluso intervenidas por el ser humano.

Dadas estas condiciones, durante el último mes la planta del algodón ha empezado su proceso de floración en el Archipiélago: “estas flores, que pueden ser blancas o amarillo pálido, se abren; después de un tiempo cambian a un tono más rosa, luego los pétalos se marchitan y las estructuras se modifican y dan origen al fruto, una cápsula de color verde con puntos oscuros”.


“A medida que va madurando su color cambia de nuevo a amarillo y café, y finalmente se va abriendo en partes: expone las semillas que tiene en su interior, las cuales no son muy apreciadas, pues ya están rodeadas por las fibras de algodón. Este proceso tarda entre 1,5 y 2 meses”, explica el biólogo Mora.

Por último, destaca el trabajo que viene haciendo el Jardín Botánico de la UNAL Sede Caribe por recuperar parte de la memoria histórica de las islas: “el objetivo es que los raizales conozcan la planta, muchos no la conocen porque ya no se cultiva o por el paso generacional; se va perdiendo la historia que hay detrás del algodón, y hacemos ese llamado en este momento que está floreciendo y se puede apreciar en las instalaciones del Jardín Botánico”. 














jueves, 23 de marzo de 2023

Preocupación por megamineria en la región Calima, valle del Cauca


 Temores y riesgos que existen frente a una eventual exploración de minería a gran escala en la región calima, en el centro del Valle del Cuca , una zona del país, donde la Unal trabaja por la conservación a través de a reserva de Yotoco. 

jueves, 9 de marzo de 2023

Injerto de maracuyá con cholupa tiene potencial para combatir la secadera

 Cuando el hongo de suelo Fusarium solani ataca las enredaderas de maracuyá, su crecimiento se detiene, las hojas se marchitan y en su interior se aprecian manchas rojizas y anaranjadas que dan cuenta de la intensidad de la acción letal del hongo, y por eso la enfermedad que causa recibe el nombre de “secadera”. En busca de una variedad que pueda hacerle frente a esta afectación, se probó con resultados prometedores la injertación entre parientes silvestres de este fruto, como la badea y la cholupa.

Con cerca de 10.000 hectáreas sembradas, Colombia es el segundo productor de maracuyá en el mundo después de Brasil (60.000 hectáreas). Las mayores áreas sembradas se concentran en Valle del Cauca, Meta y Huila, con un 70 % de la producción.

En cuanto a exportaciones, aunque el país comparte la misma área sembrada con Perú, este se consolida como el mayor exportador con 25 millones de dólares, frente a los 2,5 millones de dólares que en promedio exporta Colombia, lo cual representa una oportunidad para el crecimiento de este importante subsector frutícola.

Aunque el maracuyá (Passiflora edulis f. flavicarpa Degener) es una de las frutas tropicales más apetecidas en el mundo –no solo por su exótico sabor sino también por su alto contenido de nutrientes, vitaminas y antioxidantes–, enfermedades como la secadera, producida por F. solani, amenazan su expansión y producción. Para controlar el dañino impacto de este hongo, en algunos casos se recurre al uso indiscriminado de agroquímicos.

El prometedor panorama del maracuyá motivó un proyecto de investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira y la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia) que busca, mediante la enjertación, una alternativa para hacerle frente a la secadera. El aporte más reciente de esta alianza es el trabajo para la Maestría en Ciencias Agrarias de Joel Espinal Aguilar.

En la enjertación estaría la respuesta

El injerto es el arte de unir el tallo y su sistema de raíces con un sistema de brotes (copa) de otras especies de la misma familia (en este caso de pasifloras), de manera que posteriormente crezcan y se desarrollen como una planta compuesta para aumentar la resistencia a las enfermedades causadas por patógenos que viven en el suelo.

Aprovechando los recursos genéticos del maracuyá, se evaluaron cinco especies silvestres parientes de Passiflora que funcionaron de portainjertos: maracua (P. alata), gulupa (P. edulis f. edulis), badea (P. quadrangularis), pasionaria azul (P. caerulea) y cholupa (P. maliformis). Estas se seleccionaron con base en la resistencia parcial o total al hongo F. solani reportada en la literatura. A partir de ellas se obtuvo compatibilidad.

De estas uniones, el resultado más prometedor lo dio el injerto de maracuyá con cholupa, fruta autóctona del Huila conocida por su sabor cítrico, rica en vitaminas, antioxidantes y fibras.

El profesor John Ocampo Pérez, del Grupo de Investigación en Recursos Fitogenéticos Neotropicales de la UNAL Sede Palmira, afirma que “ahora hay que llevar esta tecnología al campo para que los campesinos la adopten y mejoren su rentabilidad”.

Lo más acertado es que un vivero certificado –que maneje los aspectos de asepsia, fisiología y genética– realice el procedimiento de enjertación y ofrezca las plántulas a los productores”, agregó el docente, director del trabajo de maestría.

Como parte del proyecto de investigación con Agrosavia se publicó el libro-manual Tecnología para el cultivo del maracuyá en Colombia, dirigido a investigadores, técnicos, productores y cualquier colombiano interesado en conocer cómo se siembra la semilla del maracuyá, cómo se prepara el terreno, cómo se implementan los sistemas de riego, cuáles son las mejores zonas climáticas para sembrarlo, cuál es el manejo adecuado de plagas y enfermedades, costos de producción, potencialidad de exportación y el mapa con probabilidad de éxito para la siembra.

“Se trata de una obra sólida, resultado del proyecto de investigación y de las experiencias acumuladas durante 15 años de estudio del maracuyá en Colombia y otros países de la región”, destaca el profesor Ocampo.

La UNAL Sede Palmira regalará algunos ejemplares impresos a productores, y próximamente el libro se subirá a internet para que se pueda consultar y descargar.










miércoles, 1 de marzo de 2023

En maíz identifican y caracterizan hongos que producen toxinas

 Por primera vez en Colombia se identificaron hongos tóxicos asociados con la mazorca de maíz, causantes de pérdidas en rendimiento y calidad del cultivo, por ser la principal fuente de contaminación antes y después de la cosecha. Este es un hallazgo importante si se tiene en cuenta que, por su capacidad para producir micotoxinas, estos microorganismos pueden afectar la salud humana y animal.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 25 % de los cultivos alimentarios del mundo se ven afectados por hongos productores de micotoxinas. Por eso es importante conocer qué especies de hongos están presentes en la mazorca o elote del maíz y cuáles pueden producir micotoxinas.

Ese fue el objetivo del trabajo adelantado por el ingeniero agrónomo David Velásquez Ortiz, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, el cual contribuye a la caracterización morfológica y molecular de especies toxigénicas (que producen toxinas) y no toxigénicas (que no lo hacen).

Las micotoxinas son compuestos químicos producidos de forma natural por una serie de hongos, especialmente Aspergillus, Penicillium, Fusarium y Alternaria. Dichos hongos atacan forrajes o pastos, cereales, leguminosas, frutos secos, frutas y hortalizas. Por tratarse de metabolitos secundarios, su producción depende de la temperatura y la humedad, por lo que en estas zonas se forman tanto en el cultivo en campo como durante la recolección, el transporte y almacenamiento.

Hasta el momento se han identificado más de 400 micotoxinas en diversos cereales, semillas oleaginosas, granos de café y frutos secos, entre otros alimentos. Las detectadas con mayor frecuencia son las aflatoxinas, deoxinivalenol, fumonisinas y zearalenona.

“Como son resistentes al calor, una vez producidas por el hongo no se pueden eliminar de la mazorca ni de los productos derivados del maíz”, anota el investigador.

En humanos y animales, el riesgo de contaminación radica en que pueden causar intoxicaciones agudas. En el caso menos grave provocan náuseas o diarrea, y en el peor causan hepatitis aguda, disfunción renal e incluso la muerte. También genera intoxicaciones crónicas que pueden afectar el hígado, los riñones, el sistema nervioso y el sistema inmune.

El magíster explica que “la expresión y gravedad de los efectos tóxicos depende de la dosis ingerida, del grado de exposición, del tipo de micotoxina, y de la edad y el estado nutricional del individuo que consume alimentos contaminados”.

Para el estudio se visitaron 25 localidades productoras de maíz en el Valle del Cauca, se colectaron 125 mazorcas y de cada una se seleccionaron 15 granos de forma aleatoria. A partir de esta muestra se aislaron 155 hongos, y con base en las características morfológicas de cada género se seleccionaron 50 aislamientos.


El estudio permitió identificar 24 especies toxigénicas, de las cuales el 79 % de los aislamientos de Fusarium contenían altas concentraciones de fumonisinas (FUM), el 16,6 %,  correspondientes a F. graminearum y F. sororula, contenían altos niveles de deoxinivalenol (DON) y zearalenona (ZEA), y el 8,3 % de los aislamientos de Aspergillus contenían altos niveles de aflatoxinas (AFL).

Estos porcentajes exceden los niveles máximos establecidos por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de la Unión Europea y del Ministerio de Salud y Protección Social colombiano para maíz no elaborado y alimentos a base de maíz destinados al consumo humano directo.

“La identificación y caracterización de hongos toxigénicos y la evaluación oportuna de las micotoxinas permiten desarrollar y fortalecer las diferentes estrategias de prevención, control y vigilancia de estos contaminantes que garantizan la calidad e inocuidad del maíz y los productos derivados destinados al consumo humano y animal”, asegura el ingeniero agrónomo Velásquez.

La detección se realizó mediante la amplificación de los fragmentos de PCR utilizando cebadores de los genes implicados en la biosíntesis de cada micotoxina y una cuantificación mediante el análisis cuantitativo ELISA empleando kits Veratox de Neogen para cada micotoxina, técnica que permite analizar un gran número de muestras con alta precisión en los resultados.

Combinaciones binarias

El magíster menciona que “cuando el hongo presenta la capacidad de producir dos o más micotoxinas en simultáneo, la acción combinada de estas en el maíz o en productos derivados de consumo humano y animal altera la naturaleza de su toxicidad debido a que los posibles efectos pueden llegar a ser inferiores, iguales o mayores a la suma de los efectos tóxicos individuales.

En esta investigación se encontraron las combinaciones binarias DON+ZEA, DON+FUM y FUM+ZEA, y una única combinación ternaria DON+FUM+ZEA, la cual genera más preocupación por los graves riesgos asociados con la salud humana.

Se trata del primer reporte en el mundo que confirma la presencia y producción de DON y ZEA por la especie Fusarium sororula, y de AFL por Aspergillus sydowii en el maíz.

De otra parte, de las 13 especies identificadas, 9 son un nuevo reporte del huésped para el Valle del Cauca y para Colombia: Fusarium sororula, Penicillium citrinum, Aspergillus sydowii, A. tamarii, A. wentii, Talaromyces funiculosus, T. sayulitensis, T. stollii y T. wortmannii).

El estudio fue dirigido por el profesor Eyder Daniel Gómez López, director del grupo de investigación en Protección Vegetal para el Mejoramiento de la Productividad de la UNAL Sede Palmira.







lunes, 27 de febrero de 2023

200 huertas en Cali contribuyen a la apuesta por la soberanía alimentaria

 Tener un huerto en casa y abastecerse de él para alimentarse ahora será posible para unas 200 familias caleñas de zonas urbanas y rurales que le apuestan a la soberanía alimentaria mediante prácticas agroecológicas. Así garantizarán el acceso a hortalizas, frutas y plantas medicinales.

Mediante un convenio interadministrativo entre el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma) de la Alcaldía de Cali y la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, cerca de 200 huerteros de las 22 comunas y 15 corregimientos rurales de Cali reciben acompañamiento para establecer y fortalecer huertas agroecológicas y cuidar las cuencas hidrográficas.

Los beneficiarios han asistido a talleres sobre seguridad y soberanía alimentaria; planeación y construcción de huertas agroecológicas; manejo de organismos acompañantes de cultivos; custodio de semillas, multiplicación, calidad y conservación; y biopreparados y asociatividad.

Con los huerteros de las zonas rurales también se trabaja en reforestación, gallinas ponedoras, pollos de engorde, capacitación y acompañamiento en la elaboración de bioinsumos agroecológicos para que sean usados como insecticidas naturales.

En el proyecto participan personas provenientes del Cauca, Chocó y otras regiones del Pacífico que viven en Cali. Hay huertas en colegios con estudiantes de primaria y bachillerato, otras lideradas por mujeres, también de reinsertados y de aficionados que tienen antejardines o patios para sembrar sus alimentos.

“Estamos generando la semilla para fortalecer la red de huerteros agroecológicos en Cali. Además de las capacitaciones y los talleres, se han establecido huertas madre básicas para las comunas, y en las próximas semanas les entregaremos kits con semillas, micorrizas y abonos especializados para las plantas, entre otros elementos”, señala el director del proyecto, Diego Ángel, profesor de la UNAL Sede Palmira.

Ruddy Ocoro Montaño, coordinadora del Grupo de Gobernanza y Cultura Ambiental del Dagma, agrega que “con esta iniciativa buscamos que los ciudadanos puedan reemplazar algunas plantas ornamentales por plantas de pan coger pequeñas como fríjoles, tomate cherri, hortalizas y legumbres, como una estrategia de educación ambiental y de fomento a la alimentación”.

Según la funcionaria, entre los huerteros hay personas que ya tenían en sus casas o apartamentos algún tipo de huerta, y otros que arrancaron de cero gracias a la convocatoria.

“La primera parte del proyecto busca educar alrededor de las huertas: enseñarles a los ciudadanos a sembrar, a identificar las semillas, a conocer el proceso que estas deben tener en cada temporada del año y a hacer abonos”.


Parte del éxito del convenio se vio reflejado en la asistencia de más de 250 huerteros provenientes de Cali al evento “Compartiendo saberes agroecológicos”, realizado en la UNAL  Sede Palmira, en donde tuvieron la oportunidad de intercambiar conocimiento y experiencias de sus huertas y cultivos a través de los talleres que se llevaron a cabo durante todo el día.

Huertas, opción para la seguridad alimentaria

En su casa o apartamento, cualquier persona puede utilizar el patio, la terraza o el antejardín para sembrar alimentos como hortalizas, verduras, legumbres, frutas y plantas medicinales. ¿Qué necesita? Un par de materas, tierra, semillas y abonos que pueden ser naturales, un insecticida natural y ganas de tener su propia huerta.

En una matera se puede empezar por cosas pequeñas como el rábano, que da frutos en 45 días, lechuga, col, papa amarilla o tomate cherri, que demora hasta tres meses en producir.

Además de las hortalizas, también se pueden cultivar plantas condimentarias como cilantro, albahaca, cebollino, laurel y romero, entre otras, y medicinales como aloe vera, caléndula, manzanilla, limonaria y cola de caballo.

Los biopreparados caseros que funcionan como insecticidas naturales se pueden elaborar con vinagre y miel, o hacer ajidol, que tiene como base agua, ají y sábila, las cuales se maceran o licúan, y luego se rocía la planta






viernes, 24 de febrero de 2023

Según el reflejo de la luz es posible saber si una planta está enferma o sana

 Si una planta está infectada con Fusarium oxysporum, hongo que produce su marchitamiento y muerte, reflectará la luz de una forma distinta a como lo hace cuando está sana. Mediante un espectroscopio, aparato que divide la luz en sus diferentes componentes, es decir en su espectro, se identifican estos cambios hasta 10 días antes de que los síntomas sean evidentes. Se probó con tomate y banano.

Uno de los principales problemas que afronta el sector productivo es la pérdida de cultivos a causa de enfermedades que no se detectan a tiempo, por eso, Juan Carlos Marín Ortiz, estudiante de posdoctorado de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, se dio a la tarea de probar la eficacia del espectroscopio para ofrecerles una alternativa a los agricultores.

“La interacción entre la radiación electromagnética (en este caso la luz) y las plantas es muy específica. La forma como interactúa todo ser vivo y todo material con la radiación es como una huella digital y dependerá de un estado de desarrollo fisiológico muy particular. Si nosotros, ya sea por una enfermedad o por estrés, nos alteramos química o fisiológicamente, esa ‘huella espectral’, esa forma como interactuamos con la radiación, se modificará”, explica el investigador.

Para entender cómo se realizan los análisis, imagine un haz de luz que proviene de una lámpara led e interactúa con una mesa, por ejemplo, una parte de esa radiación es absorbida por la mesa y la otra es reflejada. “Esa energía que el material no absorbe es la que registramos, lo que nos permite hacer mediciones a distancia, o teledetecciones. No es necesario tener la mesa al frente, podemos tener un sensor sobre ella que envíe la información a un computador”.

En el laboratorio se trabajó con plantas de tomate, papa y banano –cultivos de interés económico en el país–, especialmente en este último, ya que el estudio se desarrolló en asocio con el Centro Nacional de Investigaciones del Banano (Cenibanano), debido al riesgo que implica para el sector la diseminación de Fusarium oxysporum raza 4, de ingreso reciente al país, que es particularmente devastador porque ocasiona síntomas de marchitez y muerte de la planta y permanece por décadas en el suelo, haciendo difícil su manejo.

“Primero observamos cómo interactúan las plantas sanas con la radiación (se registra todo un espectro de ondas) y luego vemos cómo lo hacen cuando están infectadas con el hongo, es decir, vemos qué ondas cambian cuando hay infección”, señala el estudiante.

Por razones de seguridad, el investigador ha trabajado con la raza 1 del hongo, obteniendo una precisión en la detección de la enfermedad cercana al 90 %.

“Hemos logrado detectar el hongo entre una semana y 11 días después de que inicia la infección, es decir de 7 a 10 días antes de que aparezcan los primeros síntomas (clorosis y marchitez), que suelen ser evidentes de 18 a 21 días de haberse dado el contacto con el patógeno, esto es importante para contener la enfermedad, antes de que sea tarde para los productores de esta fruta”.

Herramienta esencial

En la actualidad, la tarea principal es encontrar las longitudes de onda específicas que dan cuenta de una enfermedad, estandarizarlas en laboratorio y luego en campo, para posteriormente diseñar un dispositivo manual que, al acercarlo a alguna planta, determine su estado.

“También tenemos en mente la posibilidad de utilizar a futuro drones con sensores para monitorear cultivos enteros, así el productor podría tomar decisiones de tratamiento o erradicación para evitar la diseminación de la enfermedad y grandes pérdidas”.

Los investigadores también estudian la bacteria Ralstonia solanacearum, que afecta a la papa y al banano dejándolas marchitas o atrofiadas solo una semana después del ataque del microorganismo. “Es un reto mayor, el método de detección debe ser mucho más rápido”.

Con los profesores de Ciencias Agrarias, Carlos Felipe Barrera Sánchez y Óscar Córdoba Gaona vienen ampliado los usos de la espectroscopía, que puede ser aplicada no solo en la detección temprana de enfermedades, sino también en la identificación de variedades de cultivos y de distintos tipos de estrés, por ejemplo el hídrico, lo que permitiría usar el agua de riego de forma más eficiente y aumentar la productividad, entre otras cosas.

Para desarrollar su trabajo, el estudiante contó con la guía de las profesoras Verónica Botero Fernández, decana de la Facultad de Minas, y Lilliana María Hoyos Carvajal, del Departamento de Ciencias Agronómicas de la UNAL Sede Medellín.