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martes, 21 de abril de 2026

Arándano colombiano entra en fase de expansión y apuesta exportadora

 Desde hace varios años la industria del arándano en Colombia trabaja en su consolidación y proyección internacional. Miller Preciado, gerente general de Agroventure Capital, calificó 2026 como un punto de inflexión para el desarrollo del cultivo, el que se ha visto impulsado por nuevas inversiones, la expansión de hectáreas y un cambio en la mirada estratégica del negocio.

“Estamos en un momento en el que el arándano deja de ser solo una alternativa para el mercado local y comienza a posicionarse como una oportunidad real de agroexportación”, dijo Preciado a Portalfruticola.com

Hoy en Colombia hay cerca de 1.000 hectáreas en producción del fruto azul. Casi el 95% se destina al consumo local. Este dato revela una particularidad del mercado colombiano: la demanda interna ha crecido a tal punto que absorbe casi toda la producción nacional, e incluso requiere importaciones desde países como Chile y Perú.

Desafíos y potencial de los arándanos colombianos 

Preciado indicó que uno de ellos son los altos costos de inversión, especialmente asociados al uso de cubiertas tipo invernadero. “Este factor eleva significativamente el CAPEX (Gasto de Capital) en comparación con otros países productores como México, Perú o Chile”.

No obstante, el ejecutivo destacó que desde el punto de vista productivo, Colombia muestra condiciones altamente competitivas. 

“Tenemos productividades similares a otros países y la capacidad de superar las 30 o 35 toneladas por hectárea, con fruta de excelente sabor y buena resistencia para exportación”, destacó.

El ejecutivo, puntualizó que actualmente solo entre el 5% y el 10% de la producción se exporta. “De ese total, más del 90% tiene como destino Estados Unidos, mientras que pequeños productores han encontrado oportunidades en mercados del Medio Oriente como Qatar, Dubái y Arabia Saudita, principalmente mediante envíos aéreos de menor escala”, dijo.

Sin embargo, la limitada disponibilidad de volumen exportable sigue siendo una barrera para acceder a mercados más grandes y exigentes como Europa o Norteamérica. “En la medida en que aumenten los excedentes, veremos una diversificación natural de destinos”, proyectó el ejecutivo.

Proyección al 2030

Preciado estima que Colombia podría alcanzar las 5.000 a 6.000 hectáreas de arándano hacia 2030, con tasas de crecimiento anual superiores al 20% o 30%. Este impulso estaría respaldado por la entrada de nuevos inversionistas provenientes de sectores como el bananero y el palmero.

Además, expuso que Colombia comienza a posicionarse estratégicamente en la ventana comercial posterior a la temporada peruana, lo que le permitiría competir directamente con Chile como proveedor complementario en el mercado global.

El gerente general de Agroventure Capital, puntualizó que la compañía trabaja en un plan de expansión. Detalló que planean finalizar el año con 124 hectáreas plantadas y proyectan sumar 157 hectáreas adicionales en 2027, con el objetivo de alcanzar 500 hectáreas al 2030.

Además, están trabajando en la construcción de una moderna planta de empaque en Tocancipá, en el departamento de Cundinamarca, que proyectan pueda estar operativa en agosto de 2026. “La instalación tendrá capacidad para procesar la producción de hasta 500 hectáreas y también ofrecerá servicios a pequeños y medianos productores”, acotó Preciado.

“El desafío no es solo crecer en volumen, sino hacerlo con estándares de calidad, consistencia y productividad que nos permitan diferenciarnos. Colombia tiene todo para convertirse en un actor relevante en la industria global del arándano”, concluyó Preciado.




viernes, 8 de noviembre de 2024

Preservar el queso de hoja, una apuesta por la gastronomía y el futuro rural colombiano

 Además de ser nutritivo y ecoamigable, este queso fresco, que se envuelve en hojas de plátano, representa una importante fuente de ingresos para cientos de familias rurales de Arcabuco (Boyacá), muchas de ellas con mujeres como cabeza de hogar. Por eso es esencial fortalecer las prácticas tradicionales alrededor de este alimento, básico para asegurar la sostenibilidad de la producción y su impacto positivo en la economía campesina y la soberanía alimentaria del país.

El químico de alimentos Óscar Iván Carrillo Gómez, estudiante de la Maestría en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia, relata que este queso se elabora de manera artesanal y juega un rol fundamental en la economía de esta región, donde más del 60 % de la población es rural.

“Este alimento que forma parte de una tradición de más de 50 años es parte esencial de la economía local, especialmente para las mujeres cabeza de familia, quienes representan la mayoría de los productores”, afirma el estudiante Carrillo.

Pese a su importancia cultural y económica, el queso de hoja enfrenta retos significativos debido al estigma asociado con su envoltura natural en hojas de plátano.

“Es común que los consumidores prefieran productos envueltos en plástico, a pesar de que este material tiene un impacto ambiental negativo. Las hojas de plátano son un recurso natural y biodegradable, que además protege el queso sin comprometer su calidad”, explica el investigador. Por lo que la reciente prohibición del plástico de un solo uso en Colombia, abre una oportunidad para revalorizar esta envoltura tradicional.
Además de ser un alimento nutritivo con altos aportes proteicos, el queso de hoja es un símbolo de la identidad gastronómica boyacense. Sin embargo, la crisis láctea en el departamento ha afectado la producción de leche, y por ende el acceso a productos derivados.

El químico de alimentos sugiere que “en vez de desperdiciar leche, se debería promover su transformación en productos como el queso de hoja, que tiene un consumo directo y una alta aceptación en las familias colombianas. Este queso es una forma efectiva de darle valor a la leche que de otro modo se perdería”.

Aportaría al turismo gastronómico

El estudio se centró en las 11 pequeñas y medianas productoras de queso de hoja identificadas en Arcabuco; además de resaltar la necesidad de asociatividad, para acceder a programas del Estado, ya que ellos han venido trabajo de manera independiente y sin apoyo gubernamental, también subraya la importancia de fortalecer el turismo gastronómico en la región, para lo cual considera importante tener en cuenta la experiencia de éxito del queso Paipa, el único de su tipo con denominación de origen, estatus otorgado por el Gobierno colombiano.

“Aunque el queso de hoja no es tan popular como el Paipa, tiene el mismo potencial de atraer a turistas que buscan experiencias auténticas y sabores tradicionales. Se podría pensar en su incorporación en la alta gastronomía, como ha ocurrido con otros quesos locales”, menciona el investigador.

Un aspecto crucial identificado en el estudio es el valor social de la producción de queso de hoja, que trasciende lo económico. Este proceso es heredado de generación en generación, con técnicas que datan de la época colonial, cuando la hoja de plátano se utilizaba como envoltura natural.

“El queso de hoja es más que un alimento; es un símbolo de resistencia cultural y adaptación que ha sabido mantenerse a lo largo de los años”, destaca.

Se debe apostar por iniciativas tradicionales

En su investigación, el estudiante Carrillo propone vincular las iniciativas gubernamentales que respalden la preservación de tradiciones, como la Ley 2046, que incentiva la compra de productos locales por parte del Estado para fortalecer la economía campesina.

“Urge implementar políticas que garanticen el acceso de los pequeños productores a mercados formales, sin perder su identidad artesanal, pero esto solo se puede lograr si el ente se acerca y se involucra más con los productores”, añade.

Un reto pendiente es eliminar el estigma que rodea la producción artesanal. Al respecto menciona que, aunque el proceso de amasar y retirar el suero sigue siendo manual, los productores han implementado mejoras como el uso de acero inoxidable en sus centros de producción, lo que ha elevado los estándares de buenas prácticas sin perder la esencia de la tradición. “El objetivo es demostrar que este queso no solo es seguro, sino que además tiene un enorme valor nutricional y cultural”, concluye.






lunes, 27 de febrero de 2023

200 huertas en Cali contribuyen a la apuesta por la soberanía alimentaria

 Tener un huerto en casa y abastecerse de él para alimentarse ahora será posible para unas 200 familias caleñas de zonas urbanas y rurales que le apuestan a la soberanía alimentaria mediante prácticas agroecológicas. Así garantizarán el acceso a hortalizas, frutas y plantas medicinales.

Mediante un convenio interadministrativo entre el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma) de la Alcaldía de Cali y la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, cerca de 200 huerteros de las 22 comunas y 15 corregimientos rurales de Cali reciben acompañamiento para establecer y fortalecer huertas agroecológicas y cuidar las cuencas hidrográficas.

Los beneficiarios han asistido a talleres sobre seguridad y soberanía alimentaria; planeación y construcción de huertas agroecológicas; manejo de organismos acompañantes de cultivos; custodio de semillas, multiplicación, calidad y conservación; y biopreparados y asociatividad.

Con los huerteros de las zonas rurales también se trabaja en reforestación, gallinas ponedoras, pollos de engorde, capacitación y acompañamiento en la elaboración de bioinsumos agroecológicos para que sean usados como insecticidas naturales.

En el proyecto participan personas provenientes del Cauca, Chocó y otras regiones del Pacífico que viven en Cali. Hay huertas en colegios con estudiantes de primaria y bachillerato, otras lideradas por mujeres, también de reinsertados y de aficionados que tienen antejardines o patios para sembrar sus alimentos.

“Estamos generando la semilla para fortalecer la red de huerteros agroecológicos en Cali. Además de las capacitaciones y los talleres, se han establecido huertas madre básicas para las comunas, y en las próximas semanas les entregaremos kits con semillas, micorrizas y abonos especializados para las plantas, entre otros elementos”, señala el director del proyecto, Diego Ángel, profesor de la UNAL Sede Palmira.

Ruddy Ocoro Montaño, coordinadora del Grupo de Gobernanza y Cultura Ambiental del Dagma, agrega que “con esta iniciativa buscamos que los ciudadanos puedan reemplazar algunas plantas ornamentales por plantas de pan coger pequeñas como fríjoles, tomate cherri, hortalizas y legumbres, como una estrategia de educación ambiental y de fomento a la alimentación”.

Según la funcionaria, entre los huerteros hay personas que ya tenían en sus casas o apartamentos algún tipo de huerta, y otros que arrancaron de cero gracias a la convocatoria.

“La primera parte del proyecto busca educar alrededor de las huertas: enseñarles a los ciudadanos a sembrar, a identificar las semillas, a conocer el proceso que estas deben tener en cada temporada del año y a hacer abonos”.


Parte del éxito del convenio se vio reflejado en la asistencia de más de 250 huerteros provenientes de Cali al evento “Compartiendo saberes agroecológicos”, realizado en la UNAL  Sede Palmira, en donde tuvieron la oportunidad de intercambiar conocimiento y experiencias de sus huertas y cultivos a través de los talleres que se llevaron a cabo durante todo el día.

Huertas, opción para la seguridad alimentaria

En su casa o apartamento, cualquier persona puede utilizar el patio, la terraza o el antejardín para sembrar alimentos como hortalizas, verduras, legumbres, frutas y plantas medicinales. ¿Qué necesita? Un par de materas, tierra, semillas y abonos que pueden ser naturales, un insecticida natural y ganas de tener su propia huerta.

En una matera se puede empezar por cosas pequeñas como el rábano, que da frutos en 45 días, lechuga, col, papa amarilla o tomate cherri, que demora hasta tres meses en producir.

Además de las hortalizas, también se pueden cultivar plantas condimentarias como cilantro, albahaca, cebollino, laurel y romero, entre otras, y medicinales como aloe vera, caléndula, manzanilla, limonaria y cola de caballo.

Los biopreparados caseros que funcionan como insecticidas naturales se pueden elaborar con vinagre y miel, o hacer ajidol, que tiene como base agua, ají y sábila, las cuales se maceran o licúan, y luego se rocía la planta






viernes, 4 de noviembre de 2022

Laboratorio Jardín Vertical, apuesta que servirá a campesinos en el Valle del Cauca

 Campesinos del corregimiento de Combia, en la zona alta del río Amaine, entre El Cerrito y Palmira (Valle del Cauca), serán beneficiados con proyectos sostenibles, como por ejemplo jardines verticales, con los que podrían recolectar agua lluvia y niebla para su aprovechamiento en actividades cotidianas y de riego, entre otras cosas, que mejorarán la calidad de su hábitat y la adaptabilidad al cambio climático.

Con esta iniciativa, ganadora de una convocatoria del Sistema de Información de la Investigación, Extensión y Laboratorios (Hermes) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), propuesta por el Grupo de Investigación Prospectiva Ambiental de la Sede Palmira, sus creadores buscan poner a prueba las primeras investigaciones sobre estructuras de soporte, plantas, sensibilización y educación con las comunidades.

Para este propósito cuentan con el Laboratorio Jardín Vertical, concebido como un espacio de investigación aplicada donde se realizan actividades en ecourbanismo, diseño industrial y educación ambiental, que además de retener agua, reducir la contaminación atmosférica y servir de corredor biológico –ya que facilitan la movilidad y dispersión de fauna, plantas y semillas–, aportan servicios ambientales, mejoran la relación de las personas con la naturaleza, y contribuyen a reducir el estrés urbano y embellecer el paisaje.

El Laboratorio se desarrolla con plantas medicinales y de otras especies, cuya función es incentivar la biodiversidad de especies polinizadoras benéficas para el ambiente.

Según datos recopilados en el proyecto, entre sus bondades está, por ejemplo, que un edificio de 4 pisos con una fachada cubierta por un jardín vertical filtra 40 toneladas de gases nocivos al año y puede atrapar y procesar 15 kg/año de metales pesados.

La cobertura vegetal de los jardines colgantes o verticales en las paredes sirve como aislante para mitigar la contaminación acústica y reducir hasta en 5 oC la temperatura interior de un edificio en verano y mantenerla en invierno. Además, algunos estudios sugieren que la vegetación en el lugar de trabajo mejora el rendimiento de las personas y reduce sus malestares.

La arquitecta María Victoria Pinzón, profesora de la Facultad de Ingeniería y Administración de la UNAL Sede Palmira y coordinadora del proyecto, menciona que “el Laboratorio Jardín Vertical busca fortalecer la cultura ambiental de los estudiantes y de la comunidad universitaria a partir de la interacción con los procesos naturales de las plantas”.

Alta montaña del Valle del Cauca, las beneficiadas

El Laboratorio Jardín Vertical es un prototipo de investigación con el que estudiantes y profesores del Semillero de Investigación Ambiental evalúan la estructura más apropiada para que las comunidades campesinas del corregimiento de Combia recolecten las aguas lluvias y las reutilicen en actividades cotidianas y de riego.


Para tal fin, desde 2018 se llevan a cabo reuniones con los habitantes rurales en las que se identificaron algunas necesidades ambientales con las plantearon el proyecto “Co-construcción de pilotos comunitarios campesinos para la adaptación al cambio climático y al hábitat sostenible en la alta montaña del Valle del Cauca – Convocatoria Nacional de Extensión Solidaria 2022”.

El proyecto contemplará además la restauración de páramo con frailejones y especies nativas en el Parque Nacional Natural Las Hermosas; las bio-etiquetas como estrategia de competitividad para pequeños productores del agro colombiano; el aprovechamiento tanto del agua lluvia y la niebla como de los residuos sólidos, y la apropiación y concientización social para la conservación de la sostenibilidad ambiental en zona de alta montaña del departamento.

“Los integrantes del semillero realizamos investigaciones en las áreas de ordenamiento territorial, ecourbanismo y gestión ambiental, del cual forma parte el Laboratorio de Jardín Vertical. Esta última área aborda la educación ambiental, las estrategias de sensibilización ambiental y la coordinación interinstitucional”, señala la estudiante de Ingeniería Ambiental Marlyn Ávila, integrante del semillero de investigación.

Como parte del estudio y la revisión bibliográfica, los investigadores han identificado que los jardines verticales pueden proveerles a las personas alimentos con espacios reducidos, contribuir al aumento de áreas verdes en espacios urbanos con limitaciones, reducir el ruido urbano y el efecto de isla de calor, brindando un mayor confort térmico .

Claves para crear un jardín vertical

El jardín vertical es una pared o instalación vertical cubierta por vegetación de una o varias especies que puede tener diferentes diseños y tamaños. Puede nacer de forma natural o por intervención humana.

La profesora Pinzón recomienda localizar el jardín vertical en el espacio urbano, considerando factores físicos, naturales, sociales, económicos y logísticos.

“Las plantas se deben seleccionar según las condiciones ambientales del lugar de su implantación y se debe tener en cuenta la sensibilidad y el compromiso social de vecinos y visitantes para su mantenimiento y cuidado óptimo”.

Por su parte, las plantas se deben elegir teniendo en cuenta el origen (de preferencia local), tipo de crecimiento, altura y sistema de raíces, la propagación de la planta, el riego, el clima, las ramas y el follaje, la resistencia a plagas y enfermedades, y el suelo y los nutrientes.