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jueves, 26 de febrero de 2026

Colombia proyecta aumentar exportaciones de pasifloras al 10% con producción más sustentable

  

Actualmente, la industria exportadora de pasifloras en Colombia atraviesa un momento decisivo. Aunque las exportaciones superan los US$ 65 millones al año, los volúmenes han disminuido cerca de 4% respecto del año anterior, en un escenario marcado por mayores exigencias sanitarias del principal destino: la Unión Europea.

Es importante recordar que en 2024, Europa concentró cerca del 90% de los envíos colombianos de pasifloras, proporción que se mantuvo en 2025. A diciembre del 2025, las exportaciones alcanzaron un total de más de 70 millones de dólares, con un volumen neto de casi 14 millones de kilos. 

Portalfruticola.com conversó con la directora ejecutiva de la Corporación Gremial de Exportadores de Pasifloras de Colombia, Marisol Parra, quien se refirió al endurecimiento de los controles bajo el Pacto Verde Europeo, “el cual implica un aumento en el muestreo e inspección de fruta colombiana: del 10% al 20% del volumen que ingresa al bloque comunitario, debido a exigencias en los Límites Máximos de Residuos (LMR)”.

Explicó que el incremento de las inspecciones ha generado mayores costos logísticos, demoras y presión financiera sobre las empresas exportadoras, lo que ha llevado incluso a que algunas empresas decidan retirarse del mercado europeo. 

Asimismo, esta situación ha provocado una reducción en el cultivo de pasifloras, afectando la oferta exportable. “Aunque el alza en precios internacionales compensó parcialmente la caída en volumen, el impacto estructural obligó al sector a replantear su estrategia productiva” indicó.

Rol de los pequeños productores 

Parra dijo que uno de los principales desafíos radica en la estructura productiva del sector. “El 85% de la fruta exportable proviene de pequeños productores, mientras que solo el 10% corresponde a cultivos propios de grandes exportadoras”.

Detalló que la atomización hace más compleja la implementación de cambios técnicos y sanitarios, especialmente en el uso responsable de agroquímicos y el cumplimiento de períodos de carencia exigidos por mercados como el europeo.

Frente a este escenario, Parra comentó que, como gremio, han intensificado el trabajo territorial. Tras el Congreso Mundial de Pasifloras realizado en Medellín, se decidió replicar el modelo en versiones regionales enfocadas directamente en productores. El próximo encuentro se realizará el 13 de mayo en Neiva, departamento del Huila, una de las principales zonas productoras.

Agregó que el objetivo es acercar la institucionalidad —incluyendo autoridades sanitarias y organismos de promoción comercial— a los predios rurales, fortalecer la comunicación del riesgo y generar conciencia sobre la importancia de cumplir los estándares internacionales.

Parra dijo que hasta ahora los productores han mostrado receptividad y disposición al cambio, aunque persisten mitos respecto a la eficacia de los bioinsumos y existe preocupación por los costos de transición.

Reconversión tecnológica

El desafío que tiene el sector es claro: producir fruta más sustentable. Por ello, el eje estratégico de la industria es la reconversión tecnológica hacia una producción más limpia. 

La ejecutiva comentó que, en alianza con el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), están estructurando un plan de acción que incluye campañas de capacitación, sensibilización y acompañamiento técnico en campo.

Además, el gremio trabaja con la Fundación de Usos Menores de Estados Unidos y con la Corporación CABI, organismo internacional especializado en control biológico, para formular un proyecto orientado al desarrollo de bioinsumos específicos para pasifloras.

Parra dijo que la meta es, en el plazo de un año, contar con una propuesta tecnológica sólida que permita reducir la dependencia de moléculas de síntesis química, combinando bioplaguicidas y agroquímicos tradicionales bajo protocolos técnicos adecuados. Se proyecta incluso la creación de biofábricas gremiales que aseguren calidad, disponibilidad regional y precios competitivos.

El presente de la industria 

Colombia cuenta con más de 20.000 hectáreas sembradas de pasifloras y una producción cercana a 320.000 toneladas anuales, de las cuales apenas el 4% se exporta. 

En ese sentido, Parra expuso que el objetivo es elevar ese porcentaje al 10% en los próximos dos a tres años, impulsando nuevas siembras bajo estándares de producción limpia.

El sector también está trabajando en diversificar los mercados de destino. “Aunque Europa sigue siendo el principal mercado, el sector avanza en gestiones para abrir Estados Unidos, donde la admisibilidad sanitaria aún se encuentra en fase final de negociación entre autoridades técnicas de ambos países”, señaló Parra.

Especificó que la expectativa es que, una vez habilitado el mercado estadounidense, este pueda igualar en cinco años la relevancia que hoy tiene Europa, reduciendo así la alta dependencia del bloque comunitario.

Agregó que también se exploran oportunidades en Chile y China —con especial interés en granadilla— y otros mercados de América del Norte y Centroamérica, aunque actualmente representan una fracción menor del total exportado.

Fortalecimiento del sector 

Frente a los desafíos que enfrenta la industria, Parra enfatizó que los pequeños productores no están solos, ya que el proceso implica acompañar a miles de agricultores en una modernización técnica que garantice calidad, sostenibilidad y competitividad internacional.

La ejecutiva concluyó diciendo que la apuesta gremial combina apertura de mercados, reconversión tecnológica e incentivos a nuevas siembras, con un mensaje claro hacia el sector: “fortalecer la industria exportadora no solo impacta en cifras comerciales, sino en generación de empleo rural, mejora de ingresos y dignificación del trabajo en el campo colombiano”.

*Fotografías gentileza Corporación Gremial de Exportadores de Pasifloras de Colombia. 













miércoles, 3 de abril de 2024

Aumentar la producción del copoazú y una comercialización justa, la batalla en Leticia

 La falta de riego y tecnificación de prácticas sostenibles y resilientes a lo largo del eslabón de producción hace que los costos agrícolas se incrementen, reduciendo la eficiencia y alterando la calidad de los productos. De ahí que algunas de las recomendaciones para mejorar la cadena de valor del copoazú en Leticia son apostarle al desarrollo y la implementación de mecanismos de articulación del sector público y privado que permitan aplicar proyectos agrícolas de intervención regional que impulsen el crecimiento económico de la región, así como asegurar la viabilidad ecológica de las poblaciones de los frutos amazónicos.

“Es necesario implementar proyectos agrícolas de intervención regional que impulsen el crecimiento económico de la región. La comercialización de frutos amazónicos representa una fuente de ingresos para muchas familias urbanas y periurbanas, permitiéndoles satisfacer sus necesidades básicas”.

Así lo asegura el magíster en Estudios Amazónicos Jorhan Jonathan Durán Jaimes, contratista en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede de La Paz, quien señala que los agricultores de Leticia luchan por incrementar la producción que demanda la posesión de sus frutos en cualquier escala de mercado, compitiendo por mejores ingresos que están sujetos a merced de los precios del mercado desigual e inequitativo.

Ante este panorama, los agricultores se ven inmersos en la búsqueda de soluciones para satisfacer las necesidades y oportunidades de negocio en las ciudades y mitigar la dependencia pasiva de los sistemas alimentarios y ecológicos, buscando siempre la tecnificación agropecuaria y la industrialización de sus productos agrosustentables.

“Precisamente la falta tanto de activos productivos en las familias agricultoras como de riego y tecnificación de prácticas sostenibles y resilientes a lo largo del eslabón de producción, hacen incrementar los costos agrícolas, reducen la eficiencia y alteran la calidad de los productos”, detalla el investigador del copoazú (Theobroma grandiflorum), cuya pulpa se utiliza para preparar jugos, mermeladas, yogures, dulces, néctares, salsas, postres, y compotas, entre otros productos.

La riqueza de alimentos producidos o cosechados localmente en Leticia depende en gran medida de la estacionalidad de la oferta natural de las especies a lo largo del año. Esta situación provoca que las cosechas estén disponibles solo durante periodos cortos, generando escasez y altos costos de la fruta fuera de la temporada de recolección.

Leticia cuenta con una población aproximada de 51.000 habitantes, y según la Dirección Nacional de Planeación en 2021 reportó un índice de pobreza multidimensional (IPM) del 48,4 %. Esta situación se complica con la falta de inversión educativa y de estrategias que impulsen la generación de empleo, especialmente formal.

“Por lo tanto, es necesario implementar proyectos agrícolas de intervención regional que impulsen el crecimiento económico de la región. La comercialización de frutos amazónicos representa una fuente de ingresos para muchas familias urbanas y periurbanas, permitiéndoles satisfacer sus necesidades básicas. En el mercado regional existe una fluctuación en la oferta y demanda de diferentes frutos exóticos a lo largo del año, entre ellos copoazú, asaí, arazá, acerola, aguaje y chontaduro”, refiere el magíster.

Estas variaciones estacionales afectan la disponibilidad y demanda de alimentos básicos para las familias locales. Además, se destaca el alto valor nutricional y económico de estos frutos exóticos, lo cual contribuye al crecimiento económico de la región y su industria frutícola.

“La importancia del copoazú en la economía local de Leticia radica en su potencial para generar crecimiento e innovación industrial. A través de la consolidación de un mercado regional se busca lograr un valor agregado que permita competir nacional e internacionalmente con otras frutas de la región”, recalca el magíster Durán.

¿Qué factores influyen en la cadena de valor del copoazú?

El experto identificó diferentes factores que influyen en el desarrollo de este aspecto y que incluyen: producción, distribución, comercialización y transformación del fruto. Además, busca asegurar la viabilidad ecológica de las poblaciones de los frutos amazónicos y una comercialización justa con las comunidades indígenas y los productores locales.

“Se plantea una cadena de valor que garantice una trazabilidad completa de la información; una cadena de valor bien estructurada para un producto en específico, que aplique no solo para los demás productos de Leticia, sino para otras regiones del país”, puntualiza.