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viernes, 27 de febrero de 2026

Almidón de maíz criollo permite hojaldres con menos grasa sin perder su textura

 Reducir el contenido de grasa en productos como el croissant, el pastel gloria o la milhoja, sin afectar su textura crujiente, es uno de los principales retos en la industria panadera. Usualmente por cada 100 g de harina se utilizan cerca de 60 g de grasa, lo que los convierte en alimentos con alto aporte calórico. Frente a este panorama, una investigación encontró en el almidón de maíz negrito de Ciénega (Boyacá) una alternativa para reemplazar parte de esa grasa sin perder las propiedades del hojaldre.

El almidón es el principal carbohidrato presente en el maíz y otros cereales, y en la industria alimentaria se prefiere porque ayuda a darles estructura, estabilidad y textura a los productos, y además reduce la pegajosidad de las masas. En este caso, tras someterlo a un proceso de “modificación enzimática”, el almidón de maíz criollo aumentó en un 20 % su capacidad para absorber agua, una característica esencial para imitar algunas funciones de la grasa en la masa.

La modificación enzimática es un proceso que transforma la estructura natural del almidón para cambiar su comportamiento dentro de la preparación. Para ello, el maíz extraído se trata con una enzima proveniente de la bacteria Bacillus licheniformis, la cual actúa como una “tijera” microscópica capaz de reorganizar sus componentes. Para lograrlo, el material se sometió a un calentamiento de hasta 105 °C durante 5 minutos y luego se estabilizó a 90 °C, condiciones que facilitan la acción de la enzima y permiten obtener un almidón con nuevas propiedades funcionales; luego se secó para usarlo en la formulación de los hojaldres. Gracias a esta modificación, el almidón puede retener agua y contribuir a la formación de capas, funciones que normalmente cumple la grasa.


 En contraste, la capacidad de retención de agua —una propiedad que indica cuánto líquido puede conservar un ingrediente dentro de una preparación— disminuyó alrededor de 65 %. Este cambio revela que el almidón modificado no solo absorbe agua, sino que además la libera indistintamente durante el proceso, lo que resulta útil en los productos que necesitan una textura específica. Así, se reconoce que la modificación del almidón tiene potencial en aplicaciones en las que se requiere hidratación controlada, como sopas, salsas o alimentos cárnicos, en los que este ingrediente no solo espesa, sino que además contribuye a mantener la humedad y la estabilidad del producto final.

“Estos cambios permiten que el almidón cumpla funciones similares a las de la grasa dentro de la masa, especialmente en la formación de capas y en la textura final del producto, por eso al realizar la modificación enzimática vemos que la estructura ya no es la misma”, explica Sergio Mora Clavijo, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Aunque el uso de grasa es fundamental en la elaboración de hojaldres, ya que permite la formación de capas delgadas y crujientes durante el horneado, la proporción usada suele ser elevada: usualmente por cada 100 g de harina se utilizan 60 g de grasa.

En su investigación, el magíster reemplazó hasta el 25 % del material graso en los productos hojaldrados, lo que representó una disminución del 11 % en la ingesta calórica para los consumidores, equivalente a 50,2 kilocalorías, sin afectar su textura ni su aceptación. Este resultado es relevante en un contexto en el que se busca reducir el consumo de grasas —asociadas con problemas cardiovasculares y otras enfermedades a largo plazo— sin sacrificar las características sensoriales de los alimentos.

Buena textura con menos grasa

La etapa de incorporación del almidón modificado de maíz negrito a una formulación básica de hojaldre —compuesta por 100 g de harina, 60 g de agua, 66 g de grasa y 2 g de sal— permitió evaluar su comportamiento dentro de la masa, para lo cual se sustituyó parte de la grasa en distintos niveles, entre el 40 y 50 %, para observar cómo respondía en la formación de capas y en la estabilidad del producto durante el horneado.

“Estas cantidades de sustitución resultaron excesivas, ya que no permitían que la grasa cumpliera su papel en la expansión de las capas formadas por la red de gluten, responsable de la textura hojaldrada. En cambio, la sustitución del 25 % mostró resultados satisfactorios, por lo que fue seleccionada para las pruebas finales con el almidón modificado”.

“Dicho resultado nos permitió avanzar con pruebas de textura y de color, así como con la realización de un panel sensorial que nos permitió constatar el comportamiento del producto y las sensaciones que generaba al verlo y saborearlo”, subraya el magíster.

Tras el proceso de horneado, el producto modificado se sometió a pruebas de textura, color y evaluación sensorial con un panel de 100 expertos, con el fin de comparar su desempeño frente al hojaldre control. Los resultados mostraron que la textura de las muestras con almidón modificado fue muy similar a la del producto tradicional, incluso superior en algunos casos en términos de firmeza y crocancia.

Sin embargo en el producto final se registró un color más pardo, lo que influyó en la percepción de los evaluadores, quienes asociaron visualmente este cambio con una posible sobrecocción, aunque el proceso de horneado fue el mismo que en la muestra de referencia.

Aunque el hojaldre elaborado con almidón de maíz negrito obtuvo calificaciones intermedias frente al control en variables como sabor y apariencia, el producto mantuvo propiedades estructurales comparables con las de la formulación tradicional dentro de las condiciones evaluadas, lo que confirma su potencial como alternativa para reducir grasa sin comprometer la calidad del producto.

Reducción en tiempo de horneado

La incorporación del almidón modificado también permitió observar una posible reducción en el tiempo de horneado del producto, que pasaría de 20 a 18 minutos sin afectar la formación de las capas ni la estabilidad del hojaldre durante la cocción.

Este aspecto resulta relevante si se tiene en cuenta que estudios sobre eficiencia energética en panificación industrial publicados en la Revista Misr de Ingeniería Agrícola señalan que el proceso de horneado es el principal punto de consumo dentro de estas plantas, al concentrar buena parte de la energía utilizada en la producción, con demandas que pueden oscilar entre 0,5 y 7,3 megajulios (MJ) por kilogramo de producto elaborado.

En este contexto, reducciones incluso marginales en el tiempo de cocción se traducirían en ahorros acumulativos de energía cuando se trasladan a sistemas de producción a gran escala, lo que no solo impacta los costos operativos, sino también la eficiencia del proceso productivo.

Por último, el investigador señaló que este tipo de desarrollos contribuiría a ampliar el uso industrial de variedades de maíz criollo que hoy se destinan principalmente a sistemas de subsistencia, abriendo oportunidades para su valorización en la industria de alimentos. “Vale la pena investigar más sobre estas variedades de maíz”, concluyó.










viernes, 16 de agosto de 2024

Analizan los cromosomas del maíz criollo colombiano para preservar su diversidad

 El maíz, uno de los cultivos más antiguos de América y fundamentales para la alimentación, presenta una vasta diversidad genética que durante décadas ha sido objeto de estudios; el más reciente adelantado en Colombia analizó los genes de 3 variedades, lo que permitió identificar cómo se adaptan a enfermedades y condiciones climáticas, un dato relevante para conservar este alimento.

Los científicos del Grupo de Investigación en Recursos Fitogenéticos Neotropicales (GIRFIN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, en conjunto con la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz, de la Universidad de São Paulo en Piracicaba (Brasil), querían evaluar si existían diferencias cromosómicas entre 3 razas de maíz criollas: Cariaco, Costeño y Pira.

Los maíces de la raza Cariaco tienen un tamaño total de cromosomas de 53,10 μm, físicamente presentan mazorcas de gran tamaño con granos de color amarillo y una textura lisa. Son conocidos por su adaptabilidad y uso versátil en diferentes condiciones agrícolas.

Por su parte, la raza Costeño se caracteriza por sus granos de color amarillo a dorado; su estructura incluye cromosomas con un par metacéntrico, que contribuye a una apariencia robusta. Es apreciado por su resistencia y capacidad de crecimiento productiva en zonas costeras como la región Caribe.

La raza Pira tiene mazorcas con granos que pueden variar entre amarillo y rojo. Físicamente, son más pequeñas y a menudo tienen una textura rugosa. Es una de las razas más antiguas de Colombia, representa una conexión con las variedades ancestrales manteniendo características originales vitales para la diversidad genética del maíz colombiano.

En Colombia, por ejemplo, se cultivan 42 razas de maíz criollo, cada una con características morfológicas y genéticas que las distinguen, entre ellas el tamaño de la mazorca, el color y la textura de los granos, así como su adaptabilidad a diferentes altitudes y condiciones climáticas. Sin embargo, su caracterización ha sido tradicionalmente limitada a estudios morfológicos y moleculares.

En este estudio pionero se analizaron las características cromosómicas de estas 3 razas de maíz colombiano y se revelaron diferencias importantes para proponer una nueva alternativa de clasificación para este tipo de razas: el lote haploide, que mide el tamaño total de los cromosomas en células, mostró que la raza Cariaco tiene un lote de 53,10 μm, el Costeño de 53,77 μm, y el Pira de 49,27 μm.

Para abordar este estudio, los investigadores emplearon técnicas de citogenética tanto clásica como molecular. La citogenética es una rama de la genética que se enfoca en el estudio de los cromosomas, su estructura, función y comportamiento durante la división celular.

Esta técnica se utiliza con más frecuencia en animales y humanos para determinar, por ejemplo, alteraciones como el síndrome de Down, observar directamente los cromosomas bajo el microscopio y analizar su morfología, por lo que demostró resultados prometedores en la investigación, abriendo nuevas posibilidades para el estudio de la biodiversidad vegetal.

El proceso inició en el Laboratorio de Citogenética de la UNAL Sede Palmira, en donde se utilizaron técnicas de citogenética clásica, “el análisis incluyó la observación de cromosomas en células de raíz de maíz criollo, utilizando sustancias como la 8-hidroxiquinoleina para detener la división celular en la fase de metafase, momento en el cual los cromosomas son más visibles y fáciles de analizar”, explica el ingeniero agrónomo José Rene Jiménez Cardona, investigador del GIRFIN.

Posteriormente el estudio avanzó hacia la citogenética molecular, en colaboración con la Universidad de São Paulo. Esta técnica permitió combinar la observación directa de los cromosomas con la identificación de secuencias genéticas específicas mediante el uso de sondas de ADN, además de identificar y clasificar la estructura de los cromosomas individuales, e identificar genes específicos asociados con características importantes como la resistencia a factores bióticos (enfermedades) y abióticos (estrés por temperatura, inundaciones, etc.).

Los resultados revelaron diferencias significativas en la morfología cromosómica entre las 3 razas de maíz analizadas, las cuales se manifestaron en variaciones en el tamaño, la forma, el número y tipo de cromosomas, así como en la presencia de anormalidades y su distribución. A diferencia de los estudios tradicionales, que se limitan a observar características físicas o a secuenciar el ADN, este estudio proporcionó una visión más completa de la diversidad genética.

Según el investigador Jiménez, “al identificar diferencias cromosómicas entre las razas es posible desarrollar estrategias de conservación más efectivas que preserven la diversidad genética existente para su prospección”. Además, la caracterización citogenética se puede utilizar para seleccionar razas con características deseables y cruzarlas para obtener híbridos con mejor rendimiento y mayor resistencia a condiciones adversas.

El trabajo estuvo dirigido por los profesores Creuci María Caetano, desde la UNAL Sede Palmira, y Mateus Mondin desde la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz en Brasil.

Como parte de los eventos previos a la COP16, este jueves la UNAL Sede Palmira abre sus puertas a investigadores y ciudadanía en general interesada en conocer la rica diversidad de maíces criollos colombianos en una exhibición especial de su colección, muestra central del evento “Acciones y retos para la conservación de la diversidad biológica”del Seminario Nacional Sentipensares y Pluriversos, que se lleva a cabo en el auditorio Hernando Patiño Cruz de la UNAL Sede Palmira, que también puede seguir en vivo

https://youtu.





viernes, 5 de octubre de 2012

EL MANGO CRIOLLO

La industria del mango busca un fruto con tamaño educado que facilite su manipulación en planta y en algunos casos para la venta en grandes superficies o centros de abastos. Los mangos colombianos presentan una alta variabilidad en esta característica con mayor frecuencia mangos que pesan entre 160-250g.


Las pulpas de mango incluye la determinación de sus características nutricionales intrínsecas. 



En la actualidad los alimentos funcionales han emergido como la fuerza de consumo, como respuesta al deseo de las  poblaciones de poder ejercer un mayor control sobre la población en general, deteniendo el envejecimiento, previniendo las enfermedades mejorando el bienestar y funcionamiento del cuerpo humano.
    

MAYOR INFORMACIÓN: 
CORPOICA
 PALMIRA VALLE DEL CAUCA-
DEPARTAMENTO 
 TRANSFERENCIA
INGE.ELEONORA 
TL 2758161