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miércoles, 26 de noviembre de 2025

Costa Rica refuerza blindaje contra el Fusarium R4T: “Estamos libres, pero en máxima alerta”

 El Fusarium Raza 4 Tropical (Foc R4T) es una pesadilla para los productores de plátano y banano, ya que la enfermedad no se ha detenido desde su detección en Taiwán en 1990. 

Este mal es causado por un hongo del suelo que provoca marchitez y muerte de las plantas al obstruir su sistema vascular. Además, se propaga fácilmente a través del suelo o material vegetal contaminado, así como por el agua. Actualmente no tiene cura, por lo que las medidas de bioseguridad y prevención son esenciales. 

En ese contexto, Costa Rica se mantiene libre del Fusarium Raza 4 Tropical. Sin embargo, la cercanía con países donde ya fue detectado, mantiene al país en un estado de máxima alerta. Así lo indicó a Portalfruticola.com Eric Bolaños, director de asistencia técnica de la Corporación Bananera Nacional (Corbana).

“Estamos libres del patógeno, pero con una gran preocupación debido a su presencia en países muy cercanos y con fuerte producción bananera”, señaló. 

Acciones de protección 

El especialista explicó que desde 2019, Costa Rica opera bajo un protocolo nacional de bioseguridad, elaborado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería y el Servicio Fitosanitario del Estado (SFE), que establece estrictas medidas de prevención, exclusión y control.

Entre las principales acciones destacan:

  • Desinfección obligatoria en puertos, aeropuertos y puestos fronterizos, especialmente para viajeros provenientes de países con presencia de la enfermedad.
  • Monitoreo constante y un sistema de alerta temprana que permite activar visitas técnicas en caso de plantas sospechosas.
  • Coordinación público-privada permanente, que Bolaños calificó como “clave para mantener al país libre del patógeno”.

Bioseguridad dentro de los campos 

En el nivel operativo, Bolaños expuso que cada predio debe cumplir con 34 medidas de bioseguridad, organizadas en 15 puntos de control, destinadas a impedir el ingreso y la diseminación del hongo. Entre ellas: 

  • Tener un único punto de entrada por campo.
  • Uso obligatorio de pediluvios con desinfectantes probados para limpiar el calzado.
  • Barreras físicas perimetrales para evitar accesos no autorizados.
  • Desinfección de herramientas y maquinaria, que deben permanecer dentro del campo.
  • Control estricto del ingreso de vehículos, visitantes y personal.

Corbana realiza evaluaciones campo por campo para verificar el cumplimiento de estas medidas. “Cuando detectamos fallas, se emite un reporte a la administración para aplicar correcciones y se da un seguimiento hasta asegurar su implementación” dijo el especialista.

La vigilancia también incluye la toma de muestras ante la presencia de plantas sospechosas. “Hasta septiembre, Costa Rica registraba alrededor de 2.200 muestras analizadas, todas negativas”, acotó.

Recomendaciones

Bolaños insistió que los productores deben estar atentos a los síntomas que presentan las plantas: marchitez o decoloración de la planta, caída de hojas, agobio del follaje, aberturas en el tallo y deformaciones en hojas viejas.

Recomendó que, en el caso de identificar una planta con Fusarium Raza 4 Tropical, “no deben manipular la planta, solo marcarla y reportarla de inmediato al SFE o a la corporación para activar el muestreo oficial”.

Investigación y mejoramiento genético

Si bien la prioridad es impedir el ingreso del hongo al país, “de igual manera Costa Rica trabaja en alternativas de largo plazo", dijo.

"Corbana desarrolla, junto con Embrapa en Brasil, un proyecto de mejoramiento genético convencional para obtener híbridos resistentes a Fusarium R4T”.

Finalmente, hizo un llamado a los productores: “El banano es un generador clave de empleo y divisas para la región Caribe y para todo el país. Aunque no existe riesgo cero, si mantenemos un sistema de bioseguridad robusto podemos mantenernos libres del patógeno”.




lunes, 9 de diciembre de 2024

Tortas y galletas libres de gluten se preparan con residuos de la semilla de sacha inchi

 Mediante un proceso conocido como prensado en frío, que consiste en extraer el aceite de la semilla de sacha inchi sin usar calor, se obtiene una especie de torta, un subproducto que a pesar de su alto contenido proteico suele desecharse o utilizarse como alimento para animales. En lugar de verlo como algo de poco valor, una investigadora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) lo utilizó para elaborar tortas y galletas libres de gluten, proteína que se encuentra en los cereales como el trigo, la cebada, el centeno y la espelta, pero al que algunas personas presentan intolerancia.


El sacha inchi o maní de los incas (Plukenetia volubilis) es una planta oleaginosa trepadora, autóctona de la Amazonia; su semilla está compuesta por una cáscara no comestible (30-35 %) y una almendra que sí lo es (65-70 %), y que es rica en lípidos y ácidos grasos como omega 3, el cual contribuye a mantener el funcionamiento normal del cerebro, entre otros aportes. De ella se está obteniendo un aceite rico con aplicaciones para la industria alimenticia y cosmética.

Leidy Paola Cortés Vega, estudiante de la Maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL, quien investigó cómo agregarle valor al cultivo de sacha inchi y encontró un nuevo uso en pasteles horneados, explica que su idea es que cualquier agricultor, ya sea del Amazonas, del Cauca, o de Cundinamarca, pueda acceder a estos productos.

Así, con su proyecto –enmarcado dentro del Sistema General de Regalías– creó una receta fácil de reproducir, que además tiene alto valor nutricional. Para ello reemplazó en las preparaciones de las tortas hasta el 100 % de la harina de trigo por harina de sacha inchi, y obtuvo productos con un alto contenido de proteínas vegetales (entre 8 y 10 %) y de ácidos grasos poliinsaturados (88 %), o sea la grasa buena para el cuerpo –especialmente omega 3–, gracias a la sustitución del 5 al 10 % de grasa vegetal por aceite de esta prodigiosa semilla.

Uno de los principales beneficios de esta receta es que la harina de sacha inchi es 100 % libre de gluten, lo que la hace apta para personas con intolerancia a este o con enfermedades como la celiaquía, una afección del sistema inmunitario que inflama la parte superior del intestino delgado causando desnutrición, diarrea y anemia, entre otros síntomas, y que afecta aproximadamente al 1 % de la población colombiana.

También se realizó una evaluación sensorial de las tortas con 80 consumidores de la UNAL, quienes las describieron como de buen sabor, buena apariencia, color agradable, ligeramente dulce con un sabor predominante a nuez o maní, y le dieron una calificación de 7,2 en una escala de 1 a 10.

Transferencia tecnológica para productores

Además de las tortas también se prepararon galletas a base de avena y nueces, a las que se les añadió harina de sacha inchi. “El objetivo es que estos productos, como las tortas y galletas, sean saludables y fáciles de elaborar, no solo para que los agricultores los consuman, sino también para que la industria alimentaria los emplee”, señala la investigadora.

El proyecto también incluyó un componente de transferencia tecnológica, en el que se capacitaron agricultores de diversas regiones del país sobre el uso del aceite y la torta de prensado de sacha inchi en la producción de alimentos. Así, se busca no solo crear productos de valor agregado, sino también ofrecer nuevas fuentes de ingresos a los productores de este cultivo en Amazonas, Cauca y los Santanderes.

La iniciativa, más allá de su enfoque en la creación de productos alimenticios, es un ejemplo de cómo un cultivo tradicional se puede transformar mediante el uso de tecnologías innovadoras para beneficiar tanto a los consumidores como a los productores, impulsando el desarrollo económico y mejorando la salud pública