lunes, 15 de febrero de 2021

Economía en Sumapaz se rige por formas geográficas

 Los valles, colinas y montañas, entre otras geoformas que se crean en las superficies, marcan los espacios para actividades económicas como la agricultura, la ganadería y el turismo en la región del río Sumapaz, y también sus problemáticas.

Por ejemplo, las zonas de planicies aluviales y la geoforma de montaña se utilizan más para la agricultura, mientras que los coluviones, que son agrupaciones grandes de rocas distribuidas en cierto sector, se emplean para ganadería.

Así lo da a conocer la investigación del geógrafo Eduardo Alexis Santander, estudiante de la Maestría en Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, en la que también se determinó que con la importante llegada del turismo en la región, el paisaje es relevante en términos económicos. Este constituye un tercer renglón de la economía, especialmente en Pandi y Venecia (Cundinamarca), donde se han comprado terrenos para construir balnearios y otros sitios turísticos, para los cuales han sido vitales las estructuras de ladera.

Un cuarto renglón, que todavía no se ha consolidado, es el de las microcentrales eléctricas que se ha pretendido consolidar en la parte aluvial de la cuenca media (que corresponde a Cabrera y parte de Venecia) y alta del río Sumapaz, por ser las zonas con mayor potencial para estos proyectos.

Sin embargo, según el estudio, esto podría afectar el resto de la economía y tener un impacto negativo en el uso tradicional de estas tierras, ya que para construir los embalses las microcentrales propician la inundación de amplios sectores dentro de los municipios, lo cual genera un cambio en las dinámicas climáticas que afecta directamente a los pobladores y a sus vecinos inmediatos.

Así mismo la zona se afectará en términos sociales porque se rompen las dinámicas ya establecidas al tener una nueva barrera geográfica entre los habitantes, en este caso un cuerpo de agua significativo. Ellos se han negado a que el río se utilice para tales fines, por lo que dichos proyectos aún se encuentran en planteamiento.

Uno de los aspectos diferenciadores de este trabajo, dirigido por la profesora Myriam Susana Barrera Lobatón, es que –contrario a otras investigaciones– se abarcó una extensa zona de estudio (o transecto), lo que permitió tener una mirada amplia y regional que abarcó desde la cuenca media y alta del río Sumapaz (transecto San Juan de Sumapaz – Pandi), la cual es de cerca de 50 km.

Para la investigación se utilizó la metodología de eventos relacionales para el análisis del paisaje (Merap), se realizaron entrevistas semiestructuradas y ejercicios de cartografía social para que los habitantes contaran cómo percibían y vivían su realidad y territorio, y se usaron sistemas de información geográfico.

Conflicto armado y papel de la mujer

Por otra parte, la investigación identificó un corredor estratégico que atraviesa el río Sumapaz, conectando a Huila, Meta y Cundinamarca, el cual formaba parte de la idea de las FARC de tomarse el poder a través de las armas llegando a la capital del país.

Esto dejó una serie de secuelas dentro de los pobladores: “la llegada del Ejército dinamitó esas relaciones sociales, porque hubo mucha estigmatización de parte y parte”, señala el investigador.

En cuanto a las mujeres, en las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) de Cabrera y San Juan de Sumapaz se evidenció una preponderancia en su papel como lideresas frente a ciertos factores sociales.

Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores identificaron tres eventos importantes: el primero, en 2001, fue la instalación del Batallón de Alta Montaña no. 1 en la vereda Las Águilas, dentro del municipio de Cabrera, lo cual transformó las formas de habitar de la población civil en la región.

El segundo fue la consolidación de la frontera agrícola, en disputa durante cerca de ocho años entre entidades gubernamentales y los pobladores del sector. En 2018, esta se estableció a través de los límites dados por el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.


 El tercer elemento fue la intención de multinacionales hidroenergéticas de construir microcentrales eléctricas en el caudal del río Sumapaz para generar energía eléctrica, lo cual transformó las dinámicas sociales y de hábitat de la región.

Para el geógrafo Santander, “estas investigaciones nos dan una visión más completa de cómo se ven las realidades dentro de cierta región; en época de pandemia esto ayuda a entender cómo están las regiones, con el ánimo de ir mejorando cada vez más las condiciones de hábitat de las personas”.

 






martes, 9 de febrero de 2021

Agave también florece en Colombia

 Dos nuevas especies y dos nuevos registros de estas plantas que abundan especialmente en México, donde se aprovechan para producir tequila y mezcal, entre otros productos, han sido documentadas en distintas regiones de Colombia.

Así lo confirmó el doctor en Botánica Diego Giraldo Cañas, profesor del Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien señala que de los registros de estas plantas en Sudamérica, 10 se encuentran en Colombia –7 nativas y 3 naturalizadas (introducidas)–, lo que convierte al país en el más rico en agaves de la región.

Esta planta –conocida popularmente como fique, maguey, motua o penca– se encuentra especialmente en Cundinamarca, Boyacá, Huila, Cesar, La Guajira, Magdalena, Santander, Antioquia y Valle del Cauca, detalla el docente.

El profesor Giraldo, quien se interesó por estas especies desde 2016, en desarrollo de sus exploraciones por zonas secas de montaña del país, registró por primera vez para Colombia el Agave sisalana Perrine, una especie nativa de la península de Yucatán (México), la cual se relaciona morfológicamente con Agave fourcroydes Lem. y Agave pax Giraldo-Cañas, el segundo registro realizado.

De igual manera, ha descrito para la ciencia la nueva especie Agave sylvesteriana, la cual es endémica de una pequeña área de la cordillera Oriental andina de Colombia y pertenece al subgénero Agave; es fenotípicamente similar a Agave congesta Gentry (endémica del estado de Chiapas, México) y según los lineamientos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se ubica en la categoría “en peligro” (EN).

La otra especie descrita por el profesor Giraldo es Furcraea abisai, también endémica y localizada en jurisdicción del municipio de Chipaque (Cundinamarca), pertenece a Furcraea sect. Furcraea, género neotropical que se distribuye desde el centro de México hasta Paraguay.

Especies poco estudiadas

Más del 70 % de la diversificación de agaves se encuentra en México. Se trata de un género estrictamente americano, de distribución natural desde el sur de EE. UU. hasta Suramérica.

Sin embargo, en Colombia son especies poco estudiadas, lo que llamó la atención del investigador Giraldo, quien señala que “los hallazgos realizados reafirman una vez más que estamos lejos de completar el inventario vegetal del país, pues se siguen descubriendo numerosos grupos y especies”.

En ese sentido, destaca que gracias al Acuerdo de Paz los investigadores han tenido la oportunidad de explorar en áreas que antes estaban vedadas por el conflicto.

“Con estos nuevos registros y descripciones, entendemos patrones evolutivos del grupo y se puede documentar que existen otros diferentes a México, en varios países tropicales”, señala el docente.

De igual manera, los estudios adelantados ayudan a entender patrones de la riqueza en materia de estas plantas y de la apropiación cultural por los diversos usos que tiene por parte de etnias y otros grupos poblacionales.

Entre los diferentes usos que se han documentado, el profesor menciona los alimenticios –tanto para animales como para humanos–; los artesanales; como cercas vivas; como combustible a partir de la leña; para construcción; recuperación de suelos; producción de licores, jarabes y siropes; usos tecnológicos, medicinales y ornamentales, y establecimiento de cultivos.

Destaca además que en Colombia no se ha documentado el cultivo de estas especies –como sí ocurre en México–, y en Suramérica solo se conocen amplios cultivos en Brasil, donde se aprovecha para la producción de fique, conocido localmente como “sisal”.

El docente continúa con su proyecto de investigación con el fin de documentar este tipo de especies, las cuales ofrecen muchas potencialidades para obtener fibras, para jardines externos, como cercas vivas y como elementos que brindan servicios ambientales asociados con recuperación de suelos y estabilización de laderas y pendientes.

 




 

lunes, 1 de febrero de 2021

Abejas sin aguijón estarían en riesgo por mala manipulación

 Mover las colonias para comercializarlas podría causar daños ambientales y llevar a la muerte de estas abejas, que se encuentran en diferentes regiones del país.

Así lo determina un estudio dado a conocer por el biólogo Diego Guevara, investigador del Laboratorio de Investigaciones en Abejas (Labun) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), según el cual prácticas como la mala manipulación de las colmenas o la concentración de muchas en un mismo lugar generaría problemas como la introducción de bacterias riesgosas o condiciones que afectan la salud de estos insectos.

“Algunas empresas han visto a las abejas sin aguijón como una solución económica; sin embargo, hay que tener cuidado con algunas prácticas, como el movimiento de colonias, ya que algunas especies son endémicas y eso podría matarlas”, subraya el biólogo, y recuerda que para regular la apicultura y la meliponicultura se han tenido iniciativas como el proyecto de ley 250 de 2019.

En el estudio, que revisó 8 géneros y un grupo dentro del género Melipona, los investigadores encontraron 31 especies para el país, de las cuales 8 son nuevos registros para Colombia y 5 posibles nuevas especies.

Explica además que estos insectos tienen características claras como la presencia de pelos plumosos y que dependen de recursos florales principalmente, polen y néctar– para alimentar a sus crías.

Esa relación con las flores ha llevado a que el género Rediviva haya tenido adaptaciones en sus cuerpos, como modificaciones en sus patas delanteras para introducirse en las flores de Diasca y así obtener el alimento.

“Cerca del 90 % de las plantas utilizadas en la agricultura son polinizadas por abejas. Se estima que en Estados Unidos el servicio de polinización por abejas representa entre 4,6 y 19 billones de dólares en cultivos, y unos 3.000 millones de dólares cada año en ese país en producción de fruta”, explica el investigador.

Al respecto, agrega que ese uso es superficial cuando se compara con los servicios ecosistémicos, ya que todos los ecosistemas terrestres dependen de la polinización para su mantenimiento, tarea que cumplen las abejas y otros polinizadores.

Características particulares

Uno de los grupos más importantes en la melitofauna –es decir, la fauna de abejas– y a nivel tropical y neotropical, las abejas sin aguijón que pertenecen a la tribu Meliponini, presentan características que las hacen particulares: tienen castas como obreras, reinas y machos, y además presentan algunos comportamientos de defensa y relación con otros insectos como con termitas, para construir nidos.

La importancia del papel que cumplen las abejas en la naturaleza ha sido estudiada a lo largo de los años y se rescata su influencia en el campo agrícola y cultural, ya que se han usado por diversas culturas a lo largo de la historia.

En Colombia se han adelantado trabajos como “Las abejas silvestres de Colombia”, en el cual se listan por primera vez algunas especies y se da una lista preliminar, hasta 2003, de la diversidad de abejas sin aguijón usadas en la meliponicultura o crianza en el país.

Otros riesgos

“En el mundo hay cerca de 60 géneros de Meliponini y unas 600 especies descritas; en Colombia hay entre 20 a 24 géneros con 120 especies reportadas, que el cambio en el uso del suelo y el cambio climático las pondrían en riesgo”, explica el biólogo Guevara.

Por ejemplo, en el género Geotrigona se encuentran 8 especies en Chocó, Amazonas, Cundinamarca, Boyacá, Meta, Magdalena, Antioquia, Vaupés, Casanare, Huila y Putumayo con dos nuevos registros y una morfoespecie aún por confirmar, es decir que se podría tratar de una especie nueva. O en el género Nogueirapis, del cual se registran 4 especies en Amazonas, Vaupés, Chocó y Putumayo con otras 2 también por confirmarse si son nuevas para la ciencia. “Con este género se hicieron nuevos mapas de distribución en Colombia, además de que se encuentran 4 morfoespecies que presentan una fuerte diferencia morfológica marcadas debido a las cordilleras”, revela el biólogo Guevara.

La recomendación del trabajo es incorporar el conocimiento científico a la legislación de la meliponicultura para desarrollar buenas prácticas y proteger este grupo. Igualmente, por los vacíos en el conocimiento de la taxonomía del grupo, la invitación es a seguir estudiándolos para diferenciar las especies y así entender su importancia ambiental.




martes, 19 de enero de 2021

Deforestación amenaza a la Orinoquia

 El aumento de la deforestación causada por diversas actividades humanas, como la extensión de la frontera agropecuaria, los monocultivos lícitos e ilícitos y los fuegos e incendios, son las principales amenazas para la diversidad vegetal de esta región de Colombia.

La Orinoquia colombiana, que abarca los departamentos de Arauca, Casanare, Meta y Vichada, es un área que alberga gran diversidad de fauna y flora en ecosistemas como pastizales, matorrales y bosques.

El profesor Vladimir Minorta, doctor en Biología y especialista en vegetación y ecosistemas de la Orinoquia de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que esta región equivale al 30 % del territorio nacional, y que una de sus características es que tiene una época de lluvias entre abril a octubre, cuando se concentra el 80 % de la precipitación, que es clave en el desarrollo de la vegetación.

“La zona no son solo los grandes Llanos Orientales, en realidad está dividida en una Orinoquia mal drenada –al oeste del río Meta, donde existe un complejo de sabanas o la gran llanura aluvial–, y al este del río la Orinoquia bien drenada, la altillanura o más las elongaciones de la cordillera Oriental, en lo que se conoce como piedemonte”, explica el profesor Minorta.

Agrega que cada una de estas unidades se diferencia en sus ecosistemas y que en toda la región se han identificado alrededor de 4.346 especies de plantas con flores, unos 95 tipos de vegetación y una base de 22 ecosistemas, lo que quiere decir que la zona es más rica de lo que se había pensado.


Transformaciones drásticas

La transformación de la Orinoquia puede estar ligada a la dinámica natural del ecosistema, por culpa de los fuegos, pero el investigador Minorta recalca que la agricultura, los asentamientos urbanos, la ganadería establecida y los monocultivos –ilícitos y lícitos– han diezmado la densidad de la vegetación, por lo que la causa es más un “crisol” que incide en varios elementos afectando la composición de los paisajes.

“Los pastizales han sufrido serias transformaciones por la ganadería extensiva, la pérdida de la cobertura vegetal por la tala, los monocultivos como la palma de aceite, el desplazamiento forzado, es decir que han sido muchas presiones a lo largo del tiempo”, recalca.

“Aunque las formaciones vegetales se han desplazado aún conservan parte de la estructura ecológica principal, lo que demuestra la falsa premisa de que la Orinoquia es homogénea solo porque predominan los pastizales; incluso al interior de estos la composición y las formaciones vegetales varían, es decir en la manera como se asocian para formar comunidades, y eso es solo en los pastizales que se presumían homogéneos, y de ahí en adelante los bosques son aún más amplios”, detalla el profesor Minorta.

Repercusiones de la transformación

Los cambios han implicado desde tener que drenar en algún momento zonas condicionadas a estar con agua, hasta inundar zonas que no están condicionadas para tenerla.

Al respecto, el profesor subraya que eso repercutirá en el tipo de vegetación que se establezca allí, y que es peor cuando se hace con especies que no son colombianas, que no son de esas regiones o que no dominan en la región.

“Es fundamental que hablemos de una caracterización de las amenazas del territorio, de que la transformación tendrá repercusiones en la forma como las formaciones vegetales traten de adaptarse y la pérdida de la arquitectura de la vegetación, y eso se verá en la vida de la fauna y las actividades humanas”.

En el programa #ElResonarDeLaTierra, el investigador habló de la necesidad de usar especies que ya están en el territorio para hacer desarrollo local y no con la expansión de especies foráneas como el caso de algunas palmeras. En ese sentido, dijo que el uso de açai, palma real o moriche podrían ser mejores alternativas que monocultivos que acaban la diversidad vegetal a largo plazo.

“Necesitamos conservar la mayoría no solo las formaciones vegetales, sino también la calidad y las condiciones de hábitat para que se sigan manteniendo; la permanencia de los recursos permite que otras especies de flora y fauna estén allí”, señala el docente.

Para la conservación, el especialista recomienda que se trabaje con el contexto territorial, socioeconómico y cultural para que los académicos establezcan los puentes entre las entidades públicas y privadas para garantizar la permanencia de la oferta ambiental, sus recursos ecosistémicos y el desarrollo ambiental integral.



lunes, 21 de diciembre de 2020

Deforestación en el Caribe sigue en aumento

 La ganadería extensiva, los monocultivos y los asentamientos humanos serían los principales responsables del aumento en las cifras de deforestación de la Región Caribe colombiana.

Esta región suele dividirse en tres subregiones: el paisaje seco y desértico de La Guajira; la región más húmeda de los departamentos de Cesar, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Córdoba y Sucre, y el ambiente de ciénaga y humedal por acción de los ríos Magdalena, Cauca y Sinú.

Sin embargo, a medida que aumentan las cifras de deforestación por actividades humanas, algunos de esos ecosistemas y relictos podrían ser los últimos en la región.

Para la profesora Denisse Viviana Cortés, especialista en manglares, vegetación acuática y conservación, la flora de la Región Caribe responde a un patrón relacionado con las lluvias, pues en el norte las condiciones secas y áridas propician cierta flora, que se va a haciendo más compleja hacia el sur.

“Los manglares de la línea de costa son seguidos por los matorrales espinosos de La Guajira; al sur aparecen bosques bajos, y a medida que llueve más se entra al piedemonte, a las zonas montañosas donde aparecen bosques altos y densos. Además, las formaciones de ciénaga y de humedales de tierras bajas –donde se encuentran palmas y manglares de agua dulce– reciben las inundaciones de los sistemas hídricos”, explica la profesora Cortés.

En palabras del profesor Juan Emiro Carvajal, experto en taxonomía, ecología y conservación de anfibios y reptiles, la fauna de la Región también sigue patrones similares relacionados con lo hídrico y están mejor representados y distribuidos en las zonas húmedas, como en el sur de Córdoba, Bolívar y en la Serranía del Perijá.

“Allí está la mayor riqueza de mamíferos, anfibios, reptiles, aves. La fauna de los relictos de bosque seco tropical de la planicie es la capaz de resistir cambios de extrema sequía y lluvia”, puntualiza el investigador.

Transformación por los humanos

En el programa El resonar de la Tierra –espacio de UN Televisión y el Instituto de Ciencias Naturales (ICN)– la investigadora Cortés explicó que algunos ecosistemas en los que priman pastizales y árboles han sido transformados significativamente por actividades ganaderas.

En el caso de la Ciénaga Grande de Santa Marta, la construcción de la carretera afectó el flujo de los ecosistemas de agua dulce y salada, lo que generó alta mortandad de vegetación. Algunos desarrollos hoteleros han secado y talado el manglar para construir, e incluso algunos aeropuertos siguen esa línea.

Según la profesora Cortés, “en otras zonas, como en Córdoba, se han observado cambios en el curso del río y su desembocadura, causando la muerte de la vegetación que soporta aguas dulces porque entra más agua salada; aunque se aumenta el manglar, la vegetación de agua dulce, como el cativo, se convierte en relicto y se pone en riesgo”.


El profesor Carvajal señala que otro responsable de la deforestación es la ampliación de la frontera agrícola y los monocultivos, como palma de aceite.

Agrega que “un estudio multitemporal de la cuenca del río Cesar mostró un patrón de aumento de palma aceitera en Cesar, Córdoba, Sucre y Magdalena, y con ello cambios en los bosques nativos, secos y semihúmedos con lo que se relegó a grupos sensibles de anfibios y reptiles; los que quedan son especies que se acoplan a las transformaciones”.

Desde 1998 la parte norte de la Región ha tenido un crecimiento acelerado en este cultivo y aunque existen datos hasta 2013 de anfibios y reptiles afectados, se necesita monitoreo constante de las entidades encargadas.

Estrategias de conservación


La profesora Cortés subraya que “algunos manglares en Córdoba, Sucre y sus zonas aledañas se conservan porque las comunidades se han encargado de restaurarlos en compañía de las corporaciones autónomas. Allí se autorregulan para extraer madera, tener mejores prácticas de pesca y caza, destapan los canales de agua e imparten formación para el ecoturismo; sin embargo se necesitan políticas fuertes, porque la conservación varía según el departamento y los insumos de base ya existen”.

Sobre este punto, el profesor Carvajal agrega que el ICN ha realizado obras como Colombia, diversidad biótica, en la que se muestra el capital natural de la Región, con tomos especiales para el sistema de ciénagas, para la alta, media y baja montaña, y recuerda que “esa información está disponible en tomos impresos, informes científicos y hay un portal web del que se pueden descargar y consultar de forma gratuita y en línea”.

Por último, la investigadora Cortés recomienda que las autoridades tomen esa información de base y se establezcan las líneas que direccionen los proyectos y políticas públicas para la preservación, conservación y manejo de esos ecosistemas.


lunes, 14 de diciembre de 2020

Fertilización integral, la más efectiva para cultivar mora

 Entre la fertilización química, la orgánica y la integral, esta última –a la que se le agregaron biofertilizantes– demostró mejorar de manera significativa el rendimiento del cultivo y la calidad de los frutos

Los biofertilizantes son microorganismos benéficos, una mezcla de cepas microbianas –como hongos y bacterias– que cumplen la función de mejorar la nutrición del suelo con diferentes actividades biológicas como la fijación de nitrógeno, la movilización de fósforo y de otros minerales, y la asociación micorrizal; además son promotores de crecimiento vegetal.

Así lo explica la ingeniera agrónoma Daniela Giraldo Jiménez, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, quien participó en una investigación que buscó evaluar el efecto de la fertilización a base de fuentes químicas y orgánicas, y además determinar cómo influyen los microorganismos benéficos (biofertilizantes) en la nutrición de la especie.

Este estudio forma parte del proyecto “Incremento de la competitividad sostenible en la agricultura de ladera en todo el Valle del Cauca, occidente”, administrado y ejecutado por la UNAL Sede Palmira y dirigido por Pedro Zapata, asesor del cultivo de mora del proyecto.

Los análisis se hicieron mediante una investigación participativa en la finca Potosí –productora de mora– del corregimiento La Magdalena, en Guacarí (Valle del Cauca), donde se tienen sembradas 1.600 plantas de mora (Rubus glaucus Benth) variedad Castilla, ecotipo sin espinas, distribuidas en cinco lotes, tres de los cuales se tomaron para establecer los tratamientos.

Estos consistieron en seis planes de fertilización: química, orgánica y combinada (química y orgánica). Las aplicaciones se realizaron mensualmente y la dosis de cada uno de los tratamientos, que también contenía biofertilizantes, se determinó según el análisis inicial del suelo, pues lo importante era suplir sus necesidades nutricionales cada mes.

Se analizaron tanto macronutrientes –nitrógeno, fósforo y potasio– como meso y micronutrientes –azufre, magnesio, calcio, boro, zinc, cobre–. Las variables evaluadas con todo el proceso fueron el rendimiento y la calidad de fruto; en la primera se analizó la producción y el número de frutos, y en la segunda el diámetro, la longitud y la concentración de sólidos solubles totales (azúcares).

Producción y frutos

En términos de producción, los investigadores observaron que el plan de fertilización que obtuvo el mejor resultado fue el que combinaba fertilizantes químicos y orgánicos (compostaje y lombricompuesto), ya que produjo 2,39 kilos por planta en promedio mensual, mientras que antes se producía alrededor de 1,5 kilos.

Sobre este plan, la ingeniera Giraldo señala que “se trabaja una fertilización integral, pues se maneja tanto la materia orgánica como la fertilización química”.

Sin embargo también destaca que la fertilización solo orgánica –que es a base de compostaje y lombricompuesto y se aplica a nivel foliar– también obtuvo uno de los mejores resultados: 2,26 kilos mensuales por planta, por lo que se considera una estrategia alternativa para aquellos productores que desean establecer sistemas productivos agroecológicos.

En cuanto a la asociación, uno de los objetivos era reconocer qué planes mejoraban la concentración de azúcares, ya que comercialmente algunos sectores les exigen a los productores una buena concentración de estos para conservarles el precio de la fruta o para ampliar la comercialización.

Por eso se pudo determinar que al aplicarle microorganismos al tratamiento combinado –que es integral y tiene buena producción– tenía el efecto de aumentar las concentraciones de azúcares en el fruto. En promedio, la mora tiene de 6,5 a 7 grados Brix, pero en la investigación se obtuvieron hasta 7,5 u 8 grados Brix.

Es importante mencionar que como el cultivo de mora siempre ha sido de economía campesina (agricultores familiares), el tema de la investigación aún está en crecimiento: “todavía se desconocen los requerimientos nutricionales propios de la especie, y sobre todo en diferentes fases fenológicas”, señala la ingeniera Giraldo.

Por lo anterior, las investigaciones como esta son importantes pues –en este caso– representan aportes significativos a la etapa de producción, reflejados en datos que podrían ser determinantes para disminuir impactos ambientales, mejorar los rendimientos y la calidad de la mora, e incluso para potenciar la comercialización de este cultivo.

Esta investigación fue apoyada por la Asociación de Fruticultores y Mujeres Transformadoras de Productos Agropecuarios (Frutymat).


jueves, 10 de diciembre de 2020

Encuentros virtuales sobre restauración ecológica del Bosque Seco Tropical

 Actores sociales del área de influencia de la zona de Restauración Ecológica de El Quimbo, en el departamento del Huila, y otros de diferentes regiones del país vinculados con la academia, asociaciones agroambientales, grupos ecológicos, organizaciones no gubernamentales, entidades, independientes y empresas del sector privado, demostraron su interés en participar en los intercambios de conocimientos y experiencias sobre los procesos de restauración ecológica del Bosque Seco.

La ejecución del Plan de Restauración Ecológica del Bosque Seco Tropical de El Quimbo, Enel-Emgesa y Fundación Natura, programaron un ciclo de seminarios virtuales con el propósito de continuar promoviendo la apropiación social del conocimiento.


El primer ciclo, denominado  Aproximaciones a la restauración ecológica del Bosque Seco Tropical, culminó en septiembre de 2020, mientras que el segundo, Diseño, implementación, mantenimiento y monitoreo de estrategias de restauración ecológica de Bosque Seco Tropical, inició el pasado 21 de octubre y se desarrolló en tres sesiones semanales virtuales a través de Zoom, los días 21, 28 de octubre, y 4 de noviembre de 2020.

En los seminarios participaron profesionales y expertos vinculados al Plan de Restauración Ecológica del Bosque Seco Tropical de la Central Hidroeléctrica El Quimbo, así como actores sociales del área de influencia directa, vinculados con la academia, asociaciones de productores, grupos ecológicos, promotores turísticos, entidades, instituciones, entre otros, interesados en ampliar la información sobre los ejes temáticos abordados en el primer ciclo y adquirir nociones metodológicas sobre la puesta en marcha de un proceso de restauración ecológica.


Al segundo ciclo de seminarios se inscribieron un total de 117 personas, quienes participan en sesiones que parten de la presentación del abordaje integral de un proceso de restauración ecológica y las especies vegetales nativas utilizadas en la restauración ecológica del Bs-T de la cuenca alta del río Magdalena para, de esta manera, avanzar en las estrategias de restauración ecológica del Bs-T de la zona, implementación y mantenimiento y, finalmente, con estas nociones culminar con la metodología empleada en el monitoreo de las estrategias y la zonificación de áreas para restauración ecológica.

A partir de la primera sesión, los participantes lograron identificar la complejidad de los proyectos de restauración y la importancia de ejecutarlos enmarcados en metas nacionales y globales. De igual manera, reconocieron que la restauración debe ser concebida y abordada integralmente desde un enfoque interdisciplinario, para atender los componentes del proceso (ecológico, financiero, administrativo, operativo, divulgación y articulación social), en el que se deben documentar todas las experiencias, no solo desde los aspectos ecológicos. Así mismo, que la comunidad debe estar presente en todas las fases de la restauración desde el inicio del proceso

Las personas que deseen conocer del desarrollo de cada sesión o que se inscribieron y no lograron asistir a alguna, podrán revisar semanalmente la cuenta en YouTube de Fundación Natura en la que será publicado el video de Zoom de cada encuentro. De igual manera, los interesados en participar de las próximas sesiones pueden contactarse para recibir información con la profesional Diana Patricia Polania Plazas, al correo: dpolania@natura.org.co.