lunes, 9 de septiembre de 2024

Encuentran bacteria que protege los cultivos de arroz contra el añublo bacterial

 En Colombia, la bacteria Burkholderia glumae, causante de la enfermedad de la planta de arroz conocida como añublo bacterial, ocasiona pérdidas superiores al 75 % de la producción en los cultivos. El impacto económico y las dificultades para su control la han convertido en una de las principales preocupaciones del sector, pero una investigación adelantada en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá halló una bacteria que podría combatirla y proteger las plantas de esta afección.

El añublo bacterial afecta la panícula del arroz –que es la parte de la planta donde se produce el grano– y se transmite por semillas y residuos de la cosecha. La afectación puede permanecer en la planta sin presentar síntomas, por lo que el productor no la nota sino hasta cuando ve que su cultivo no produjo granos.

Una de las señales de que la planta está contaminada con B. glumae es que está erguida, pues indica que no tiene muchos granos; por el contrario, si la planta está encorvada se deduce que produjo tantos granos de arroz, que hacen que la hoja se doble hacia un costado por su peso.

En su tesis doctoral en Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Bogotá, la investigadora Luz Adriana Pedraza escogió la línea de Fitopatología, que es la ciencia que estudia las enfermedades de las plantas, y se enfocó en analizar los mecanismos de control biológico de la bacteria Bacillus IBUN 2755 del cepario del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos de la UNAL.

Previamente se desarrolló una investigación el municipio de Saldaña (Tolima), la cual mostró que las plantas de arroz tratadas con la bacteria producían hasta 2 toneladas por hectárea más de grano, a diferencia de las no tratadas. A raíz de este precedente se analizó cómo actúa el microorganismo en los cultivos.

¿Cómo inicia la investigación?

La investigadora pasó del campo al laboratorio, donde secuenció el genoma de la bacteria Bacillus, es decir, exploró y buscó todos los genes que estarían asociados con posibles mecanismos de acción controladora que pudieran ayudar a prevenir la bacteria B. glumae.

En este proceso encontró que las bacterias Bacillus producen diferentes compuestos antihongos y antibacteriales. “Además de atacar directamente al patógeno, estos compuestos pueden funcionar como una vacuna que defendería la planta cuando entra en contacto con otros microorganismos, ya que las defensas están preparadas para un ataque posterior, lo que se conoce como inducción de resistencia”, señala la doctora Pedraza.

El siguiente paso fue hacer mutantes en los genes de los compuestos antimicrobianos para identificar si realmente estos estaban involucrados en la actividad protectora, teniendo en cuenta que la bacteria IBUN 2755 no se puede modificar genéticamente, como lo han demostrado estudios previos.

Por eso utilizó luz ultravioleta para intentar mutar el ADN de la bacteria IBUN 2755 y obtuvo 830 colonias mutantes, de las cuales solo una pierde su actividad en la caja de Petri (recipiente de incubación) y en plantas de arroz contra la bacteria que produce el añublo bacterial.

Además, en este trabajo se determinó que la cepa 2755 logra activar genes de defensa en la planta de arroz, pero el mutante no. Así que para saber qué dejaba de funcionar en el mutante, se estudiaron los metabolitos, y comparando con la cepa no mutada se encontraron pérdidas de 12 compuestos de tipo surfactinas, de lo que se deduce que estos compuestos son esenciales para la actividad de la bacteria IBUN 2755.

Sobre las posibilidades futuras de su hallazgo, la investigadora afirma que “si se generara un producto final, será necesario hacer un medio de cultivo que muestre la existencia de los compuestos (surfactinas), que ya se sabe que sirven para combatir la bacteria patógena, con el fin de realizar un control de calidad de dicho producto”.

Esta investigación representa no solo un avance significativo para la agricultura del país, al asegurar cosechas de arroz más saludables y abundantes, sino que además abre la puerta al desarrollo de productos para prevenir enfermedades en el cultivo de arroz, un alimento consumido por más de la mitad de la población mundial.

A diferencia de los pesticidas tradicionales, este nuevo producto, derivado de una bacteria que actúa como mecanismo de defensa natural, no contaminaría el aire ni el suelo, lo que lo convierte en una prometedora solución para el cuidado del medioambiente. Este avance mejoraría la productividad agrícola, y en última instancia contribuiría al progreso económico y ambiental del país.








sábado, 31 de agosto de 2024

No todo está dicho sobre las papayuelas: descubren nueva especie y datos de su origen

 Por primera vez en el mundo, a través de un análisis de ADN, develan algunos misterios evolutivos de 12 especies del género Vasconcellea, conocidas como papayas de montaña o papayuelas, nativas de Ecuador y Colombia. En el estudio se identificó una nueva especie próxima a ser reportada, bautizada como V. cundinamarcensis, variedad glabra.


En principio el autor la clasificó como una especie conocida y la denominó como Vasconcellea heilbornii?,agregando un interrogante al final porque no estaba seguro, hasta que confirmó con los marcadores moleculares –que revelan características de un organismo– y encontró las similitudes genéticas con V. cundinamarcensis.En los próximos meses seguirá el protocolo para hacer la descripción y reportarla al mundo.

Los datos también desafiaron las hipótesis de estudios previos sobre el origen y parentesco del babaco, la especie más relevante de la familia que durante décadas ha llamado la atención de la comunidad científica por carecer de semillas y por su compleja genética, las cuales sugerían que era resultado del cruce ancestral entre la V. stipulata con V. cundinamarcensis.

Con la dirección del profesor Jaime Eduardo Muñoz Flórez, del Grupo de Investigación Diversidad Biológica, el investigador Troya determinó en el Laboratorio de Biología Molecular que “el babaco es un híbrido natural, siendo su posible progenitor paterno V. heilbornii var. fructifragrans, mientras que el grupo hermano V. heilbornii var. chrysopetala V. heilbornii var. fructifragrans son su posible origen materno. Se trata de la única especie en su género que no tiene semillas a nivel evolutivo”.

Esta característica planteó un reto para la investigación, que permitió obtener un resultado inédito. El autor obtuvo semillas viables de babaco mediante cruces controlados entre especies de Vasconcellea, algo que no se había logrado en investigaciones anteriores. Estas germinaron y dieron lugar a plantas fértiles, produciendo tres morfotipos (especies del mismo género), lo que indica una variabilidad genética significativa dentro del género.

Así se realizó la investigación

Los valles andinos en Suramérica, con su rica biodiversidad y microclimas variados, fueron el escenario principal para determinar el árbol filogenético –equivalente al genealógico– de la familia 


de las papayuelas originarias de la región, primas lejanas de la papaya. La investigación abarcó especies que crecen entre los 967 y 3.200 msnm, con temperaturas moderadas y climas fríos a templados, ideales para la diversidad biológica de esta fruta, deseada por sus exquisitos sabores y aromas, y por sus propiedades medicinales y culinarias.

En el sur de Ecuador se han descrito 16 de las 21 especies de papayas de montaña que existen en total en el planeta, por lo que de manera principal las muestras fueron recolectadas en el sur del país en la provincia de Loja, una zona fronteriza que colinda con el norte de la ciudad de Piura en Perú, reconocida por su alta hibridación o cruce natural entre especies de la misma familia Vasconcellea, loque ha complejizado su diferenciación y clasificación botánica. También se tomaron ejemplares de las provincias de Pichincha y Zamora Chinchipe. En Colombia, fueron obtenidas en los departamentos de Nariño y Valle del Cauca.

El proceso de identificación genética utilizado por el investigador Troya fue a través de código de barras de ADN nuclear (ITS), y de cloroplástico (matK) donde se transfieren los genes mayoritariamente de la madre, técnicas que le permitieron descubrir cómo están emparentadas, cómo se han diversificado a lo largo del tiempo y cuáles comparten un ancestro común.

Las 12 especies estudiadas exhiben una asombrosa diversidad en sus frutos respecto a forma, tamaño, color, grados de aroma, acidez y vellosidad. Varían desde ovaladas, oblongas y semicirculares, hasta alargadas y pentagonales. Según el género, algunos frutos pueden medir 2 cm, mientras que otros como el babaco consigue hasta 30 cm de longitud. Los colores abarcan las tonalidades amarillas, anaranjadas y rojas.

Las parpayuelas comestibles son: V. cundinamarcensis, llamada así en honor al departamento de Cundinamarca, los vellos abundan en la planta y su fruto alcanza máximo 10 cm; en la región sur de Ecuador presenta cinco formas diferentes. V. stipulata nombrada de esta forma por la presencia de estípulas, un tipo de garras, con hasta tres formas diferentes de frutos; V. heilborniivarpentágona o babaco, la especie con el fruto más grande de la familia Vasconcellea yla única que se cultiva comercialmente debido a que no tiene semillas en su interior, no obstante, su producción apenas alcanza a cubrir el mercado interno.

Las 9 restantes, a pesar de que no se consumen, han sido utilizadas por siglos por las comunidades locales para usos medicinales, aromáticos y culinarios, como la preparación de dulces y mermeladas. Los hallazgos esta investigación son de gran valor taxonómico y abren posibilidades para el mejoramiento genético y el cultivo comercial de esta especie en la región andina.





 






jueves, 29 de agosto de 2024

Investigadores encuentran datos clave para cultivar papas con menos químicos

 Col 93, Col 9, Col 96 y Col 127, aunque pareciera tratarse de una lista de “códigos secretos”, en realidad son genotipos (información genética) de papas criollas que, según un estudio, logran crecer con pequeñas dosis de nitrógeno, un nutriente esencial en la agricultura, pero también uno de los principales responsables de la contaminación ambiental. Esta información genética podría conducir a la creación de nuevas variedades de papa.

La papa, que es un acompañamiento común tanto en platos corrientes como de alta cocina, es el resultado de un complejo proceso agrícola. Para estimular su crecimiento, los agricultores recurren a fertilizantes importados como el nitrógeno que no es aprovechado del todo por las plantas, por lo que el excedente va a parar al ambiente.

"En Colombia, el uso excesivo de insumos agrícolas es un problema grave, especialmente en cultivos como el de la papa, que es un alimento básico en nuestra dieta. Las plantas solo logran absorber un 50% del nitrógeno aplicado, lo que significa que el resto se pierde, contamina suelos, cuerpos de agua y el aire", así lo explica Aura Natalia Jiménez Medrano, estudiante de Maestría en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

El proyecto que está culminando la ingeniera agrónoma se centra en la colección de trabajo de papa de la UNAL, que consta de 118 genotipos andinos (papas con una composición genética diferente), incluyendo 8 variedades comerciales, entre ellas las criollas Colombia, Dorada, Paisa, Latina, y Ocarina. Cabe destacar que en Colombia hay aproximadamente 250 variedades de papa, de las cuales alrededor de 25 son de papa criolla.

El objetivo de la investigación fue encontrar genotipos capaces de utilizar el nitrógeno de manera más eficiente, lo que podría llevar a una reducción en el uso de fertilizantes nitrogenados. "Si podemos desarrollar variedades de papa que necesiten menos nitrógeno y aun así mantengan buenos rendimientos, estaríamos no solo reduciendo los costos para los agricultores, sino también disminuyendo el impacto ambiental del cultivo", explica.

¿Cómo se mide?

En un invernadero de la UNAL se sembraron los 118 genotipos de papa criolla en un sustrato bajo condiciones controladas, a las que se les suministró dos tratamientos con nitrógeno -dosis deficientes y dosis excesivas- para identificar cómo en esas mismas condiciones cambiaban y se diferenciaban entre sí a nivel genético.

Lo que se identificó es que los genotipos Col 93, Col 9, Col 96 y Col 127, en particular tienen un desempeño superior en condiciones de nitrógeno deficiente, es decir que usaban mejores mecanismos de adaptación para la producción de tubérculos, mientras que otros requerían de dosis mayores.

“A pesar de recibir una dosis baja de nitrógeno, las plantas de esos genotipos produjeron cantidades suficientes de biomasa en sus tubérculos, y algunas de estas incluso lograron volúmenes cercanos a los obtenidos con dosis altas de este fertilizante,” especifica la estudiante de la UNAL.

También explica que esta información es la que les permite a los investigadores conocer cuáles plantas requieren una menor cantidad de nitrógeno, cuáles se adaptan mejor al estrés y cuáles no lo hacen. Con estos datos, en un futuro, se podrían generar nuevas variedades de papa.

Análisis en genes

Los genes fueron analizados para entender cómo las plantas utilizan el nitrógeno de manera eficiente. Para ello, se tomaron y maceraron pequeñas muestras de las hojas de las plantas en laboratorio para liberar contenido celular y extraer el ADN, lo que permite hacer el análisis genético.

Jiménez explica: "el siguiente paso fue evaluar los genes seleccionados en el ADN de todos los genotipos de la colección de papa. Para ello, diseñamos primers, pequeñas secuencias que sirven como guía para que la enzima ADN polimerasa amplifique cada fragmento de ADN millones de veces, en una Reacción en Cadena de la Polimerasa".

Mediante esta técnica y el análisis posterior de las secuencias obtenidas mediante la metodología de ‘asociación del gen candidato’, se identificaron mutaciones específicas que podrían estar implicadas en la eficiencia del uso del nitrógeno.

La investigadora destaca que, "la PCR, la secuenciación y finalmente, el análisis de asociación estadística, nos ha permitido estudiar los cambios significativos en genes involucrados en la respuesta de la papa a condiciones de nitrógeno variable".

Este estudio es particularmente relevante para el sector agrícola colombiano, donde el cultivo de papa se realiza principalmente en minifundios, áreas menores a 5 hectáreas para cultivar papa. Según la estudiante de la maestría, “la implementación de variedades con uso eficiente de nitrógeno podría permitir a los agricultores mantener altos rendimientos con menor uso de fertilizantes” y esto se traduciría en una reducción de costos y en una mejoría en la sostenibilidad de los suelos y los cultivos a largo plazo.








miércoles, 28 de agosto de 2024

Biotecnólogos lideran batalla genética contra la enfermedad que más afecta al banano

 La sigatoka negra es una de las enfermedades más destructivas para los cultivos de banano y plátano en el mundo, y los fungicidas químicos utilizados para su control están perdiendo efectividad debido a que el hongo se ha vuelto resistente. Ante este panorama, un estudio bioinformático identificó 12 genes en este microorganismo que se podrían modificar para controlar su infección.

Esta patología es causada por el hongo Pseudocercospora fijiensis y puede llevar a pérdidas de hasta el 100 % en los cultivos. Los síntomas incluyen necrosis en las hojas, reducción de la capacidad de hacer fotosíntesis y disminución en el tiempo de maduración de los frutos, lo que hace que crezcan de forma inadecuada para su comercialización.

“Por su importancia, los fungicidas químicos para controlar la enfermedad representan hoy entre el 20 y el 30 % de los costos de producción y han desencadenado que el hongo se vuelva resistente, llevando a la necesidad de incrementar las dosis y frecuencias de aplicación, lo que implica más gastos y posibles afectaciones en la salud y el medioambiente”, explica Javier Mauricio Torres, Ph. D. en Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín.

Por eso, y teniendo en cuenta que la industria bananera es el tercer sector de exportación agrícola más importante de Colombia después del café y las flores, el investigador se propuso trabajar con el grupo de investigación en Biotecnología Vegetal Unalmed-CIB, de la UNAL Sede Medellín, para estudiar a nivel molecular y genético qué es lo que les permite a los hongos infectar y colonizar las plantas.

“Análisis como estos nos dan pistas para diseñar estrategias efectivas de control o mitigación de la enfermedad, pues al conocer los genes críticos se pueden crear métodos específicos para inhibir su función, bien sea a través de fungicidas dirigidos o mediante la manipulación genética de las plantas para generar resistencia”, agrega.

Exámenes y comparaciones de cientos de genes

Para emprender esta tarea el investigador se sirvió de la Bioinformática, una disciplina que utiliza tecnologías computacionales para analizar datos biológicos; colectó hojas necrosadas en Urabá y Santa Marta, las llevó al laboratorio, aisló el hongo y le extrajo muestras de ADN. “Estas las enviamos a Estados Unidos para hacer la secuenciación genética. Desde allí nos enviaron todos los datos con los que trabajamos: el ADN de 27 hongos de la misma especie y 3 de especies cercanas, incluyendo datos de algunos de zonas geográficas como África, Oceanía, Costa Rica y Ecuador”.


En vista de que la cantidad total de genes podía ascender a más de 14.000, el investigador Torres decidió enfocarse en un grupo específico: los llamados SSPs, que codifican proteínas ricas en cisteína. “Según la bibliografía, estas se relacionan con infecciones en plantas; en palabras sencillas: son proteínas que un patógeno libera al medio externo para mimetizarse y atacar a un organismo. Con esta delimitación obtuvimos alrededor de 600 genes para revisar”.

Posteriormente, a través de métodos informáticos –que otorgan un “valor evolutivo” a cada gen según su posible influencia en la infección– filtró hasta obtener 12 genes posiblemente importantes. “Con esto claro se pueden ‘intervenir’ en laboratorio para observar cómo cambia la acción del hongo. Además, al hacer la comparación genética entre ellos, teniendo en cuenta los diferentes lugares de procedencia, vimos que presentan diferencias parciales, por lo que prevemos que una estrategia de control muy específica usada en Urabá, quizá no serviría en Santa Marta”.

Poner a prueba el hongo: una bacteria como vehículo

Los estudios de transcriptómica y genómica son en esencia teóricos, por lo que para comprobar los hallazgos es necesario hacer pruebas experimentales en laboratorio. “De esos 12 genes candidatos elegimos 2 para aplicarles una metodología que genera un “nocaut”, es decir que daña el gen de un microorganismo para ver cómo reacciona, si cambian sus funciones o, en este caso, su capacidad de generar infección”, continúa.

Se trata de una técnica de transformación genética que utiliza como “vehículo” una bacteria llamada Agrobacterium. Dentro de ella se introduce una proteína fluorescente que tiene la “indicación” de romper o interponerse en un gen específico. “Así comprobamos que sí es posible hacer esta modificación y vimos que estos dos genes resultaban letales, es decir, al dañarlos se mataba al hongo, lo que aún no es un resultado concluyente, pero deja abierta la puerta para trabajos subsecuentes en los que se examinen otros genes y otras metodologías más específicas”.

Finalmente, otro tipo de investigaciones se relacionarían con la identificación de moléculas que interactúen con los 12 genes identificados. “Todo esto nos plantea posibles alternativas biotecnológicas frente a los fungicidas, lo que ahorraría costos, evitaría pérdidas en los cultivos y haría a esta industria ambientalmente más sostenible”.

Esta investigación fue dirigida y codirigida por los profesores Rafael Eduardo Arango Isaza, de la Facultad de Ciencias, y Juan Gonzalo Morales Osorio, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Medellín. Asimismo tuvo el apoyo del grupo de Biotecnología Vegetal Unalmed-CIB y la Asociación de Bananeros de Colombia Augura.







viernes, 16 de agosto de 2024

Analizan los cromosomas del maíz criollo colombiano para preservar su diversidad

 El maíz, uno de los cultivos más antiguos de América y fundamentales para la alimentación, presenta una vasta diversidad genética que durante décadas ha sido objeto de estudios; el más reciente adelantado en Colombia analizó los genes de 3 variedades, lo que permitió identificar cómo se adaptan a enfermedades y condiciones climáticas, un dato relevante para conservar este alimento.

Los científicos del Grupo de Investigación en Recursos Fitogenéticos Neotropicales (GIRFIN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, en conjunto con la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz, de la Universidad de São Paulo en Piracicaba (Brasil), querían evaluar si existían diferencias cromosómicas entre 3 razas de maíz criollas: Cariaco, Costeño y Pira.

Los maíces de la raza Cariaco tienen un tamaño total de cromosomas de 53,10 μm, físicamente presentan mazorcas de gran tamaño con granos de color amarillo y una textura lisa. Son conocidos por su adaptabilidad y uso versátil en diferentes condiciones agrícolas.

Por su parte, la raza Costeño se caracteriza por sus granos de color amarillo a dorado; su estructura incluye cromosomas con un par metacéntrico, que contribuye a una apariencia robusta. Es apreciado por su resistencia y capacidad de crecimiento productiva en zonas costeras como la región Caribe.

La raza Pira tiene mazorcas con granos que pueden variar entre amarillo y rojo. Físicamente, son más pequeñas y a menudo tienen una textura rugosa. Es una de las razas más antiguas de Colombia, representa una conexión con las variedades ancestrales manteniendo características originales vitales para la diversidad genética del maíz colombiano.

En Colombia, por ejemplo, se cultivan 42 razas de maíz criollo, cada una con características morfológicas y genéticas que las distinguen, entre ellas el tamaño de la mazorca, el color y la textura de los granos, así como su adaptabilidad a diferentes altitudes y condiciones climáticas. Sin embargo, su caracterización ha sido tradicionalmente limitada a estudios morfológicos y moleculares.

En este estudio pionero se analizaron las características cromosómicas de estas 3 razas de maíz colombiano y se revelaron diferencias importantes para proponer una nueva alternativa de clasificación para este tipo de razas: el lote haploide, que mide el tamaño total de los cromosomas en células, mostró que la raza Cariaco tiene un lote de 53,10 μm, el Costeño de 53,77 μm, y el Pira de 49,27 μm.

Para abordar este estudio, los investigadores emplearon técnicas de citogenética tanto clásica como molecular. La citogenética es una rama de la genética que se enfoca en el estudio de los cromosomas, su estructura, función y comportamiento durante la división celular.

Esta técnica se utiliza con más frecuencia en animales y humanos para determinar, por ejemplo, alteraciones como el síndrome de Down, observar directamente los cromosomas bajo el microscopio y analizar su morfología, por lo que demostró resultados prometedores en la investigación, abriendo nuevas posibilidades para el estudio de la biodiversidad vegetal.

El proceso inició en el Laboratorio de Citogenética de la UNAL Sede Palmira, en donde se utilizaron técnicas de citogenética clásica, “el análisis incluyó la observación de cromosomas en células de raíz de maíz criollo, utilizando sustancias como la 8-hidroxiquinoleina para detener la división celular en la fase de metafase, momento en el cual los cromosomas son más visibles y fáciles de analizar”, explica el ingeniero agrónomo José Rene Jiménez Cardona, investigador del GIRFIN.

Posteriormente el estudio avanzó hacia la citogenética molecular, en colaboración con la Universidad de São Paulo. Esta técnica permitió combinar la observación directa de los cromosomas con la identificación de secuencias genéticas específicas mediante el uso de sondas de ADN, además de identificar y clasificar la estructura de los cromosomas individuales, e identificar genes específicos asociados con características importantes como la resistencia a factores bióticos (enfermedades) y abióticos (estrés por temperatura, inundaciones, etc.).

Los resultados revelaron diferencias significativas en la morfología cromosómica entre las 3 razas de maíz analizadas, las cuales se manifestaron en variaciones en el tamaño, la forma, el número y tipo de cromosomas, así como en la presencia de anormalidades y su distribución. A diferencia de los estudios tradicionales, que se limitan a observar características físicas o a secuenciar el ADN, este estudio proporcionó una visión más completa de la diversidad genética.

Según el investigador Jiménez, “al identificar diferencias cromosómicas entre las razas es posible desarrollar estrategias de conservación más efectivas que preserven la diversidad genética existente para su prospección”. Además, la caracterización citogenética se puede utilizar para seleccionar razas con características deseables y cruzarlas para obtener híbridos con mejor rendimiento y mayor resistencia a condiciones adversas.

El trabajo estuvo dirigido por los profesores Creuci María Caetano, desde la UNAL Sede Palmira, y Mateus Mondin desde la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz en Brasil.

Como parte de los eventos previos a la COP16, este jueves la UNAL Sede Palmira abre sus puertas a investigadores y ciudadanía en general interesada en conocer la rica diversidad de maíces criollos colombianos en una exhibición especial de su colección, muestra central del evento “Acciones y retos para la conservación de la diversidad biológica”del Seminario Nacional Sentipensares y Pluriversos, que se lleva a cabo en el auditorio Hernando Patiño Cruz de la UNAL Sede Palmira, que también puede seguir en vivo

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miércoles, 31 de julio de 2024

Café del Cauca con impulso de la UNAL triunfa en Juegos Olímpicos de París 2024

 En este evento internacional que reúne a las naciones en torno al deporte, un café cultivado en Miranda (Cauca) se sirve en las mesas de los líderes mundiales gracias a un proceso de éxito que inició a través de la alianza estratégica entre la academia y la producción agrícola para mejorar el cultivo y las prácticas comerciales.

Productores campesinos, indígenas y afrodescendientes que forman parte de la Asociación Café Aromas de Montaña en el municipio de Miranda (Cauca) han llevado su Café Aromo al escenario mundial de los Juegos Olímpicos de París 2024, un hecho que representa una notable victoria para las comunidades locales del sur del país, y que además destaca la especial dedicación y particularidad ancestral que cada agricultor dispone en su labor.

Las características del café representan la riqueza y diversidad del suelo y el clima tropical del Cauca, con cultivos que van desde los 1.400 hasta los 2.100 msnm, de los que brota una gama de sabores con notas suaves y cítricas hasta matices de panela y chocolate, atributos que obedecen no solo a las condiciones geográficas y climáticas, sino también a la asociatividad y a las prácticas agronómicas innovadoras implementadas por los productores en los últimos años, gracias al rol del ingeniero agronómico Franklin Duvier Dagua Caldono, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

Desde su práctica académica y su trabajo de grado, el ingeniero Dagua, de la comunidad indígena nasa, ha aportado a la Asociación con el diagnóstico y el análisis organizacional y productivo con el que se formularon e implementaron las estrategias para mitigar los efectos del fenómeno de La Niña en la producción, una de las principales problemáticas de los cultivadores de café en la zona.

De las montañas del Cauca a los paladares en Francia

Gracias a la experiencia que obtuvo con organizaciones de base comunitaria en su voluntariado en la Escuela Agrobiológica de la UNAL, el ingeniero Dagua realizó el acompañamiento técnico para mejorar la transformación del café y las condiciones de las unidades productivas de los asociados, después de visitar más de 11 veredas de la zona alta del municipio, en donde encontró que las pendientes de la montaña provocan erosión del suelo y deslizamientos de tierra que afectan hasta en más del 50 % la producción y las vías terciarias por las que se movilizan los campesinos para sacar sus productos.

Tras fortalecer el proceso administrativo, agronómico y legal de la Asociación con miras a la exportación, paso seguido, en 2023, el egresado apoyó, motivó e impulsó a los asociados en el desarrollo de la alianza con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) a fin de estimular la venta del grano y reducir la presencia de cultivos de uso ilícito en la zona, ya que alrededor del 30 % de las 80 familias asociadas se dedicaban a cultivar coca.

Es de resaltar que en Miranda el café ha sido la principal alternativa a los cultivos de uso ilícito tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016, ya que allí se ubica Monterredondo, primer sitio veredal convertido en Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) para excombatientes.

Como parte de la iniciativa, en 2023 la Asociación recibió la visita de funcionarios de la ONU y de la empresa tostadora Malongo de Francia, compañía experta en proveer el café para eventos de alto nivel y aliada estratégica de la UNODC en la promoción de procesos en zonas de conflicto mundial, que luego de conocer de primera mano las condiciones agroclimáticas del municipio y los métodos de manejo agronómico y poscosecha hicieron el primer pedido de 19.250 kilos.

Así, el primer cargamento de café se envió al país europeo, un proyecto que más que un insumo de producción ha buscado trascender de la simple producción y venta de café sin procesar y sin valor agregado, a ofrecer un producto terminado, empaquetado, con marca propia y con características especiales que lo diferencian de los demás, lo que les permitirá a productores “obtener mejores precios y abrir nuevas oportunidades de mercado”, según manifestó el ingeniero Dagua.

Victoria caucana en los JJ. OO. de París

En enero de 2024, con el camino abonado y con el ingeniero agrónomo Dagua al frente de la Asociación, Jean Pierre Blanc, director general de Malongo, junto con la embajadora de Colombia en Viena, Laura Gil, y otros funcionarios de la empresa francesa y de Naciones Unidas, llegaron a las montañas del Cauca para recorrer las fincas en la zona rural de Miranda y firmar un memorando de acuerdo para comercializar el café durante los próximos 5 años.

A partir de este acuerdo, el ingeniero de la UNAL espera, con la Asociación, impulsar el desarrollo alternativo en el municipio y fortalecer las capacidades locales con equipos de laboratorio y formación técnica para los productores. Sobre la noticia de que la Café Aromo está presente en los Juegos Olímpicos, dijo: “nos tomó por sorpresa y nos motiva a seguir”.








jueves, 25 de julio de 2024

Juventudes rurales son la nueva generación del cacao en el Valle del Cauca

 El 80 % de la producción de cacao en Buenaventura y Tuluá, en el Valle del Cauca, depende de la mano de obra familiar, con alta participación de jóvenes, pero situaciones como la pobreza y el conflicto dificultan el relevo generacional. Por ello, recuperar el cultivo de este fruto sería una alternativa viable y sostenible para revitalizar territorios vulnerables de la región y ofrecer oportunidades para la juventud.

En esta región se desarrolló un estudio con 14 jóvenes de entre 14 y 28 años, de 21 familias que forman parte de dos asociaciones de cacaocultores en los corregimientos de Cisneros (Buenaventura) y Tres Esquinas (Tuluá), quienes participaron en el “Proyecto de integración de jóvenes rurales en la cacaocultura”, de la Maestría en Gestión y Desarrollo Rural de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira.

El estudio fue realizado por la zootecnista María del Carmen Moreno Ortegón, estudiante de la Maestría, quien trabajó con dos asociaciones de productores, una de ellas en Tuluá, que transforma el cacao en chocolate de mesa y manteca de cacao. En estas asociaciones el proyecto dejó como principal balance una proyección a 5 años para procesos de transformación del cacao, ventas y mercadeo (marketing), así como en la introducción de maquinaria y tecnología para fortalecer el cultivo en la región.

El corregimiento de Cisneros se caracteriza por su biodiversidad y riqueza hídrica; allí alrededor del 31 % de las familias productoras de cacao participaron en el programa de sustitución de cultivos de uso ilícito, que buscó transformar la economía local con el denominado “cultivo de la paz”. Por su parte Tres Esquinas cuenta con una tradición cacaotera más arraigada, ya que en el pasado esta zona formaba parte de las grandes áreas productoras del departamento, junto con Palmira, Candelaria, Florida y Pradera.

En la tesis se determinó que la migración de la juventud en ambos corregimientos ha dejado un vacío intergeneracional en la cacaocultura, que se refiere a la pérdida del conocimiento ancestral y de conexión con sus territorios, costumbres y rituales. Sin embargo, en Tres Esquinas han logrado mantener algunos de sus jóvenes en contacto con la tradición del cultivo, gracias a un fuerte vínculo familiar y comunitario.

Resultados y contribuciones a las comunidades

Con este proyecto, la tesista Moreno identificó que el 80 % de la producción de cacao en ambas regiones depende de la mano de obra familiar, con una alta participación de jóvenes. El cultivo en sus organizaciones se realiza en un sistema agroforestal en el que se destaca la presencia de cítricos, plátano y cacao, lo que garantiza una diversidad de alimentos e ingresos para los productores y sus familias.

Uno de los hallazgos más reveladores fue el arraigo cultural y la identidad biocultural de los jóvenes con el cultivo del cacao. “En Cisneros, por ejemplo, son fundamentales la identidad arraigada a su territorio en la región del Pacífico, la conexión con el entorno natural y la transmisión de conocimientos de generación en generación, además del seguimiento de las fases de la luna para llevar a cabo las actividades agrícolas y el valor del cacao en los sistemas agroforestales. Los jóvenes tulueños valoran la transmisión de conocimientos ancestrales y se muestran interesados en continuar impulsando la transformación del cacao en productos de mayor valor agregado”, señaló la investigadora.

La asociación de Tuluá tiene una permanencia más amplia en el territorio y sus productores viven en los predios donde tienen la unidad productiva, lo que genera un mayor vínculo con la cacaocultura en comparación con Cisneros, en donde sus predios están distantes de la vivienda, lo que limita su relación con el cultivo.

La investigación también destacó el papel que juegan las mujeres en la producción de cacao, con un 81 % de la participación, lo que resalta su apropiación e importancia en el desarrollo local sostenible. Además, identificó que el 53 % de los jóvenes en Cisneros y el 72 % en Tuluá están directamente vinculados al cultivo, bajo el liderazgo de sus familias.

Según la tesis, los factores desencadenantes de la migración de los jóvenes rurales son “el difícil acceso a servicios básicos, la pobreza multidimensional que para 2020 llegaba a 37,1 % y el conflicto armado. Datos de la Unidad para las Víctimas indican que el 21 % tienen entre 18 y 28 años. Hasta abril de 2024 se registraron en Tuluá 33.606 víctimas, mientras que en Buenaventura la cifra alcanza las 354.409”.

Este fenómeno ha impactado el desarrollo de las actividades agrícolas debido a la falta de mano de obra disponible y a la falta de continuidad generacional tanto familiar como asociativa y territorial.