martes, 10 de diciembre de 2024

Harina de plátano: menos humedad y mayor durabilidad

 El plátano verde, ese con el que usted prepara patacones con hogao o suero costeño, se convertiría en un ingrediente de alto valor nutritivo con beneficios funcionales que duren más tiempo sin perder sus propiedades alimentarias. Así como lo lee, en un laboratorio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, expertos están transformando el plátano en harina mediante “extrusión”, un proceso que no solo mejora su calidad, sino que además abre la puerta a nuevas formas de combatir la desnutrición y la inseguridad alimentaria en Colombia.

Aunque ampliamente usada en preparaciones tradicionales como coladas o sopas, la harina de plátano tiene limitaciones: su baja solubilidad y su corta vida útil. “Por eso elaboramos un suplemento de harina que no solo sea fácil de usar, sino que además ayude a combatir la desnutrición”, explica David Alejandro Velásquez Ramos, estudiante de Ingeniería Química e integrante del semillero Diseño y Formulación de Alimentos (Difoal) de la UNAL.

En un país donde más de 4,2 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria, esta innovación marcaría la diferencia. “El plátano popocho (Musa acuminata) es una materia prima autóctona con mucho potencial. Esta es una variedad pequeña, resistente a la sigatoka negra, una enfermedad que afecta las hojas reduciendo la capacidad de la planta para realizar fotosíntesis y afectando la calidad de los frutos. Dicha resistencia lo hace ideal para el cultivo en regiones donde esta enfermedad es común.

“Al convertir el popocho en harina funcional podemos desarrollar suplementos que ayuden a mejorar la nutrición en comunidades vulnerables, que será una siguiente fase del proyecto” señala el investigador.

Esta harina también tiene un impacto directo en la economía rural. Al utilizar un cultivo local como el plátano popocho se fomentaría la producción agrícola, se reducirían las importaciones de materias primas y se generarían oportunidades para las familias campesinas.

Tampoco se puede perder de vista que el plátano es un fruto tropical rico en vitaminas, almidones y minerales esenciales como fósforo, zinc, calcio, potasio y magnesio, lo que lo convierten en un alimento fundamental en la dieta de los colombianos.

El desafío de reducir la humedad

El reto del investigador Velásquez está en reducir de un 15 a un 8 % la humedad de la harina, haciéndola menos propensa al crecimiento microbiano de hongos, por ejemplo. Esto significa que se puede almacenar por más tiempo sin que se dañe, un factor esencial para su distribución en comunidades remotas, ya que a mayor humedad, menor capacidad de conservación.

En ese sentido, el proceso de extrusión mejora la solubilidad, es decir la capacidad de la harina de plátano para disolverse en líquidos, lo cual permite que no forme grumos, facilitando su uso en preparaciones instantáneas como bebidas enriquecidas con vitaminas o sopas rápidas, ideales para niños y adultos mayores.

El proceso comienza con plátanos verdes cuidadosamente seleccionados. Estos se pelan, rebanan y secan hasta obtener una harina básica con una humedad controlada al 15 %. La harina entra al extrusor, un equipo industrial que combina presión, temperatura y fricción. “Cuando la harina sale del aparato ocurre una ‘explosión controlada’ que cambia la estructura física del almidón mejorando sus propiedades,” explica el estudiante Velásquez.

La extrusión permite no solo conservar los nutrientes esenciales como vitaminas y minerales, sino que además facilita la incorporación de probióticos, microorganismos beneficiosos para la salud intestinal, lo cual convierte la harina en un alimento funcional, útil para complementar la dieta y mejorar la absorción de nutrientes.

Los investigadores están trabajando para garantizar que las propiedades mejoradas de la harina extruida se mantengan constantes en cada lote producido. Además planean incorporar fórmulas fortificadas con vitaminas y probióticos para ampliar su impacto nutricional.

El proyecto, liderado por el semillero Difoal, con la dirección de la docente Sneyder Rodríguez Barona, demuestra cómo un alimento de primera necesidad para los colombianos como el plátano verde se puede convertir en una solución innovadora para combatir el hambre y mejorar la calidad de vida de millones de personas.







lunes, 9 de diciembre de 2024

Tortas y galletas libres de gluten se preparan con residuos de la semilla de sacha inchi

 Mediante un proceso conocido como prensado en frío, que consiste en extraer el aceite de la semilla de sacha inchi sin usar calor, se obtiene una especie de torta, un subproducto que a pesar de su alto contenido proteico suele desecharse o utilizarse como alimento para animales. En lugar de verlo como algo de poco valor, una investigadora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) lo utilizó para elaborar tortas y galletas libres de gluten, proteína que se encuentra en los cereales como el trigo, la cebada, el centeno y la espelta, pero al que algunas personas presentan intolerancia.


El sacha inchi o maní de los incas (Plukenetia volubilis) es una planta oleaginosa trepadora, autóctona de la Amazonia; su semilla está compuesta por una cáscara no comestible (30-35 %) y una almendra que sí lo es (65-70 %), y que es rica en lípidos y ácidos grasos como omega 3, el cual contribuye a mantener el funcionamiento normal del cerebro, entre otros aportes. De ella se está obteniendo un aceite rico con aplicaciones para la industria alimenticia y cosmética.

Leidy Paola Cortés Vega, estudiante de la Maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL, quien investigó cómo agregarle valor al cultivo de sacha inchi y encontró un nuevo uso en pasteles horneados, explica que su idea es que cualquier agricultor, ya sea del Amazonas, del Cauca, o de Cundinamarca, pueda acceder a estos productos.

Así, con su proyecto –enmarcado dentro del Sistema General de Regalías– creó una receta fácil de reproducir, que además tiene alto valor nutricional. Para ello reemplazó en las preparaciones de las tortas hasta el 100 % de la harina de trigo por harina de sacha inchi, y obtuvo productos con un alto contenido de proteínas vegetales (entre 8 y 10 %) y de ácidos grasos poliinsaturados (88 %), o sea la grasa buena para el cuerpo –especialmente omega 3–, gracias a la sustitución del 5 al 10 % de grasa vegetal por aceite de esta prodigiosa semilla.

Uno de los principales beneficios de esta receta es que la harina de sacha inchi es 100 % libre de gluten, lo que la hace apta para personas con intolerancia a este o con enfermedades como la celiaquía, una afección del sistema inmunitario que inflama la parte superior del intestino delgado causando desnutrición, diarrea y anemia, entre otros síntomas, y que afecta aproximadamente al 1 % de la población colombiana.

También se realizó una evaluación sensorial de las tortas con 80 consumidores de la UNAL, quienes las describieron como de buen sabor, buena apariencia, color agradable, ligeramente dulce con un sabor predominante a nuez o maní, y le dieron una calificación de 7,2 en una escala de 1 a 10.

Transferencia tecnológica para productores

Además de las tortas también se prepararon galletas a base de avena y nueces, a las que se les añadió harina de sacha inchi. “El objetivo es que estos productos, como las tortas y galletas, sean saludables y fáciles de elaborar, no solo para que los agricultores los consuman, sino también para que la industria alimentaria los emplee”, señala la investigadora.

El proyecto también incluyó un componente de transferencia tecnológica, en el que se capacitaron agricultores de diversas regiones del país sobre el uso del aceite y la torta de prensado de sacha inchi en la producción de alimentos. Así, se busca no solo crear productos de valor agregado, sino también ofrecer nuevas fuentes de ingresos a los productores de este cultivo en Amazonas, Cauca y los Santanderes.

La iniciativa, más allá de su enfoque en la creación de productos alimenticios, es un ejemplo de cómo un cultivo tradicional se puede transformar mediante el uso de tecnologías innovadoras para beneficiar tanto a los consumidores como a los productores, impulsando el desarrollo económico y mejorando la salud pública





martes, 3 de diciembre de 2024

Agricultura de precisión previene ataque de la chicharrita en maíz

 En el municipio de La Unión (Valle del Cauca), en un cultivo de maíz de 90 hectáreas se demostró que con la agricultura de precisión –mediante tecnologías asequibles (como el NDVI) y de acceso libre– es posible conocer el comportamiento y la dispersión de la chicharrita (Dalbulus maidis), insecto transmisor del complejo de achaparramiento del maíz, enfermedad autóctona del norte de Argentina que ya se registra en Colombia.

El insecto es beige, alargado, mide entre 3 y 4 mm, y se reproduce muy rápidamente; la hembra puede poner hasta 600 huevos en todo su ciclo de vida, el cual realiza únicamente en este cultivo. Como se alimenta de la nacedera de maíz que queda de la cosecha anterior, adquiere el virus, lo inocula en su cuerpo y lo lleva a nuevos campos, convirtiéndose en vector de la enfermedad, que puede afectar hasta el 90 % de los cultivos.

Las plantas infectadas presentan síntomas como reducción en el crecimiento, clorosis (amarillamiento), deformaciones foliares y baja productividad; por eso la enfermedad se considera como una plaga de crecimiento exponencial.

Desde su aparición hace 5 años las poblaciones de chicharrita han aumentado aceleradamente convirtiéndose en un problema fitosanitario de impacto económico para el sector. El manejo integrado debe ser una estrategia multifacética que combine prácticas culturales, biológicas, químicas y tecnológicas.

Este problema motivó a los ingenieros agronómicos Diego Alejandro Mancipe Cárdenas, estudiante de la Maestría en Ciencias Agropecuarias, y José Ignacio Rodríguez, estudiante del Doctorado en Ciencias Agrarias; y al ingeniero agrícola Iván Quiñones, estudiante de la Maestría en Ciencias Agropecuarias, a probar sensores remotos y herramientas de análisis geográfico gratuitas para determinar las estrategias a realizar para mitigar el impacto de la chicharrita, con base en datos colectados y procesamiento de imágenes. 

Tecnología al alcance de los agricultores 

El índice de vegetación de diferencia normalizada (NDVI) es una tecnología que analiza imágenes satelitales descargadas desde el Sentinel-6ª; los datos obtenidos se miden y correlacionan con la información en campo, mientras que el software de acceso gratuito QGIS muestra los mapas de salud del cultivo explicando el comportamiento de la chicharrita, cómo se replica la enfermedad y cómo se manifiesta el virus a lo largo del tiempo.

“Nuestra sorpresa fue ver que con el NDVI podíamos identificar el insecto en momentos importantes del cultivo de maíz, que son: antes de que este llega a la espiga, y un mes después, cuando la planta hace una refractancia de las mejores características”, explica el estudiante Mancipe.

Mientras una planta sana refleja el 60 % del índice, en las plantas enfermas los valores son inferiores; “cuando corroboramos este dato en campo con la manifestación de síntomas, confirmamos que estas tecnologías sí ayudan a monitorear y predecir el comportamiento del insecto y la evolución del patógeno”, amplía la investigadora.

En una primera parte del trabajo los investigadores instalaron trampas en el cultivo para monitorear la llegada de la plaga desde la preparación del terreno hasta los 50 días posteriores a la siembra. Esto permitió correlacionar las imágenes satelitales con la sintomatología observada.

El análisis reveló que la infección por el complejo de achaparramiento inicia en los bordes de los lotes y avanza hacia el interior del cultivo. Este patrón fue evidente al comparar los índices NDVI de junio y julio, cuando las áreas afectadas mostraron un descenso progresivo en la salud.

Además, el estudio confirmó que los insectos actúan como vectores del complejo de achaparramiento, intensificando la propagación en campos con cultivos en diferentes estados fisiológicos. Algunas de las recomendaciones incluyen “un manejo integrado que combine prácticas culturales, trampas de monitoreo, rotación de productos para mitigar el impacto, y empleo de tecnologías”.

Los resultados son particularmente relevantes para pequeños, medianos y grandes agricultores, quienes enfrentan barreras económicas y de conocimiento para implementar estas tecnologías que permiten tomar decisiones oportunas para minimizar los riesgos y planificar estrategias efectivas, desde la selección del momento ideal para sembrar, hasta la aplicación de controles biológicos o químicos en etapas críticas del cultivo. 

El desafío para los ingenieros y estudiantes de posgrado de la UNAL es extender el uso de estas tecnologías a más agricultores y promover políticas que faciliten su acceso en la agricultura nacional mediante el empleo de agricultura digital.

El estudio se presentó en el simposio de la Asociación Colombiana de Fitopatología y Ciencias Afines (Ascolfi), realizado en la UNAL Sede Palmira para conmemorar los 50 años de la Asociación, que hoy es dirigida por la doctora en Ciencias Agrarias Ángela Liliana Rivera Calderón, egresada de la UNAL.










lunes, 18 de noviembre de 2024

Con poda y fertilización aumenta la productividad del cacao en el Catatumbo

 Un estudio realizado en una finca de la vereda Santa Rosa, en el municipio de Convención (Norte de Santander), reveló que la poda tecnificada y la fertilización integrada en cultivos de cacao del clon TCS-19 pueden incrementar el rendimiento en hasta 1.830 kg por hectárea (alrededor del 14 %), lo que beneficiaría a 3.500 familias.

 Con más de 12.000 hectáreas sembradas en la región del Catatumbo, en los últimos años el cacao se ha convertido en una alternativa económica viable para algunas familias campesinas afectadas por el conflicto armado y la dependencia de cultivos de uso ilícito. A pesar de las posibilidades, el desconocimiento técnico sobre el manejo de los cacaotales venía afectando la producción.

Entre los principales problemas en los que trabajó el ingeniero agrícola José Libardo Lerma Lasso, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, está la falta de podas y el uso inadecuado de fertilizantes químicos. También identificó que los cacaocultores utilizaban semillas de baja productividad, las cuales fueron reemplazadas por plantaciones clonales, pero sin ningún tipo de manejo agronómico; además faltaba regulación del sombrío, recolectaban los frutos cuando aún no estaban maduros, y había una alta demanda de mano de obra que elevaba los costos.

A raíz de esta situación el investigador evaluó el impacto de la poda tecnificada y de la fertilización integrada sobre la producción del cacao y la salud del suelo, ya que allí la densidad de las ramas obstaculiza la ventilación y favorece las enfermedades, mientras que con las prácticas de fertilización empíricas aplicaban dosis generales de 500 gramos por árbol, sin un análisis previo.

El investigador trabajó con una familia cacaotera de 60 productores locales del municipio de Convención, con las que generó estrategias sostenibles y adaptadas a las necesidades de la comunidad agrícola de la región, una colaboración que le permitió identificar las prácticas de manejo y los desafíos en la producción.

Primero la salud del árbol

El magíster Lerma desarrolló su estudio con recursos del Fondo de Ambiente del Gobierno de Portugal, en la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia). Para ello seleccionó 5 clones de cacao (TCS-01, TCS-6, TCS-19, ICS-1 y CCN-51) de 10 años de edad, plantados en una finca en parcelas con un diseño de bloques completos al azar y aplicó 6 tratamientos de poda y fertilización, con 3 repeticiones, utilizando el software estadístico R (versión 4.2.1) para analizar los datos.


La poda tecnificada consiste en un esquema de cortes específicos tras la cosecha principal y antes de la temporada de lluvias, en la que se eliminan las ramas bajas o enfermas y se ajusta la copa según su arquitectura. Esto favoreció la producción de nuevos cojines florales y aumentó el potencial de producción sin comprometer la salud del árbol.

Con respecto a la fertilización, primero se hicieron los análisis de suelo para formular las dosis precisas, por lo que se consideraron tanto las necesidades del cultivo como las condiciones climáticas, utilizando una mezcla de fertilizantes orgánicos –como los residuos de la poda– y químicos de aplicación localizada. Así optimizó los recursos de estos insumos, mejoró el rendimiento y generó efectos positivos en las propiedades físicas y químicas del suelo.

Los análisis del suelo también revelaron una variabilidad entre las zonas alta y baja de la unidad productiva, que destaca diferencias en niveles de materia orgánica relacionados con la pendiente de la finca, la cual alcanza un 46 %, topografía que demandó una adaptación especial en la aplicación de los fertilizantes, combinando los abonos orgánicos y químicos, y se aplicaron en franjas alrededor de los árboles para prevenir la erosión y maximizar la absorción de nutrientes.

Al emplear la metodología de “aprender haciendo” de Agrosavia, el magíster logró contrastar las prácticas tradicionales de los productores locales con las técnicas propuestas en la investigación, y así trabajó con ellos en la sensibilización e incorporación de criterios técnicos en sus actividades agrícolas.

Resultados prometedores

El estudio reveló que la combinación de la poda tecnificada y la fertilización integrada tiene un impacto notable en la productividad del cultivo. El tratamiento alcanzó un rendimiento máximo de 1.830 kg por hectárea en el clon TCS-19, con un incremento en la producción del 14 % en comparación con las prácticas tradicionales.

Los resultados también mostraron mejoras en la forma de los frutos con un aumento tanto en el diámetro como en la longitud de las mazorcas, lo cual favorece un mayor peso y volumen de grano seco por hectárea.

“A nivel de suelo, las prácticas implementadas redujeron la densidad aparente y aumentaron la estabilidad estructural, el pH, la capacidad de intercambio catiónico y la disponibilidad de nutrientes esenciales, lo que fortalece las condiciones para un crecimiento más saludable y una mayor resistencia a plagas y enfermedades”, explicó el experto Lerma.






viernes, 8 de noviembre de 2024

Preservar el queso de hoja, una apuesta por la gastronomía y el futuro rural colombiano

 Además de ser nutritivo y ecoamigable, este queso fresco, que se envuelve en hojas de plátano, representa una importante fuente de ingresos para cientos de familias rurales de Arcabuco (Boyacá), muchas de ellas con mujeres como cabeza de hogar. Por eso es esencial fortalecer las prácticas tradicionales alrededor de este alimento, básico para asegurar la sostenibilidad de la producción y su impacto positivo en la economía campesina y la soberanía alimentaria del país.

El químico de alimentos Óscar Iván Carrillo Gómez, estudiante de la Maestría en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia, relata que este queso se elabora de manera artesanal y juega un rol fundamental en la economía de esta región, donde más del 60 % de la población es rural.

“Este alimento que forma parte de una tradición de más de 50 años es parte esencial de la economía local, especialmente para las mujeres cabeza de familia, quienes representan la mayoría de los productores”, afirma el estudiante Carrillo.

Pese a su importancia cultural y económica, el queso de hoja enfrenta retos significativos debido al estigma asociado con su envoltura natural en hojas de plátano.

“Es común que los consumidores prefieran productos envueltos en plástico, a pesar de que este material tiene un impacto ambiental negativo. Las hojas de plátano son un recurso natural y biodegradable, que además protege el queso sin comprometer su calidad”, explica el investigador. Por lo que la reciente prohibición del plástico de un solo uso en Colombia, abre una oportunidad para revalorizar esta envoltura tradicional.
Además de ser un alimento nutritivo con altos aportes proteicos, el queso de hoja es un símbolo de la identidad gastronómica boyacense. Sin embargo, la crisis láctea en el departamento ha afectado la producción de leche, y por ende el acceso a productos derivados.

El químico de alimentos sugiere que “en vez de desperdiciar leche, se debería promover su transformación en productos como el queso de hoja, que tiene un consumo directo y una alta aceptación en las familias colombianas. Este queso es una forma efectiva de darle valor a la leche que de otro modo se perdería”.

Aportaría al turismo gastronómico

El estudio se centró en las 11 pequeñas y medianas productoras de queso de hoja identificadas en Arcabuco; además de resaltar la necesidad de asociatividad, para acceder a programas del Estado, ya que ellos han venido trabajo de manera independiente y sin apoyo gubernamental, también subraya la importancia de fortalecer el turismo gastronómico en la región, para lo cual considera importante tener en cuenta la experiencia de éxito del queso Paipa, el único de su tipo con denominación de origen, estatus otorgado por el Gobierno colombiano.

“Aunque el queso de hoja no es tan popular como el Paipa, tiene el mismo potencial de atraer a turistas que buscan experiencias auténticas y sabores tradicionales. Se podría pensar en su incorporación en la alta gastronomía, como ha ocurrido con otros quesos locales”, menciona el investigador.

Un aspecto crucial identificado en el estudio es el valor social de la producción de queso de hoja, que trasciende lo económico. Este proceso es heredado de generación en generación, con técnicas que datan de la época colonial, cuando la hoja de plátano se utilizaba como envoltura natural.

“El queso de hoja es más que un alimento; es un símbolo de resistencia cultural y adaptación que ha sabido mantenerse a lo largo de los años”, destaca.

Se debe apostar por iniciativas tradicionales

En su investigación, el estudiante Carrillo propone vincular las iniciativas gubernamentales que respalden la preservación de tradiciones, como la Ley 2046, que incentiva la compra de productos locales por parte del Estado para fortalecer la economía campesina.

“Urge implementar políticas que garanticen el acceso de los pequeños productores a mercados formales, sin perder su identidad artesanal, pero esto solo se puede lograr si el ente se acerca y se involucra más con los productores”, añade.

Un reto pendiente es eliminar el estigma que rodea la producción artesanal. Al respecto menciona que, aunque el proceso de amasar y retirar el suero sigue siendo manual, los productores han implementado mejoras como el uso de acero inoxidable en sus centros de producción, lo que ha elevado los estándares de buenas prácticas sin perder la esencia de la tradición. “El objetivo es demostrar que este queso no solo es seguro, sino que además tiene un enorme valor nutricional y cultural”, concluye.






jueves, 7 de noviembre de 2024

Agricultores rompen el ciclo de pérdidas en cultivos con tecnología

 El proyecto Corredor Tecnológico Agroindustrial CTA-2, impulsado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), Agrosavia y otras entidades, ha transformado las prácticas agrícolas en Bogotá y Cundinamarca mediante el mejoramiento genético en cultivos como la papa, el control de enfermedades agrícolas y la promoción de buenos hábitos alimenticios. Algunas historias de éxito se conocieron en una jornada realizada en el Institución.

Uno de los ejemplos destacados durante el evento –realizado en el Edificio de Posgrados de la Facultad de Ciencias Humanas– fue el de Saúl Roberto Murcia López, un agricultor de maíz que en 2016 enfrentó una temporada difícil en Simijaca, Cundinamarca (en el Valle de Ubaté), un municipio con más de 11.000 habitantes. Su cultivo, que solía ofrecer abundantes cosechas, sufrió el fenómeno del volcamiento, en el que las plantas se doblan o se rompen antes de alcanzar su madurez, y esto le generó pérdidas de casi el 80 % de su producción.

Aunque todo parecía favorable: un clima templado, sin extremos de calor o frío que pudieran afectar gravemente el cultivo, y buena humedad en el suelo, lo que estaba causando estos estragos era una enfermedad desconocida hasta el momento.

“Ni siquiera se podía ensilar la caña porque se caía todo y a raíz de eso nos tocó enfocarnos a la investigación para buscar el agente causal”, relata Saúl indicando que fue en ese entonces donde empezó a trabajar de la mano de la UNAL.

Tras arduos análisis, determinaron que los culpables eran los hongos Fusarium graminearum y F. subglutinans quese propagaban rápidamente cuando las temperaturas bajaban de 8 °C por más de 8 días. “Cuando se hicieron las pruebas todas las semillas salieron infestadas y con el tiempo encontramos que el frío era el principal detonante de la enfermedad”, explica el productor.

Con esta información desarrollaron estrategias de manejo que incluían el tratamiento a la semilla con calor seco a 50 °C en el lote, la selección de variedades resistentes y el tratamiento de semillas con fungicidas.

“Ahora la mayoría de los agricultores controlamos la enfermedad, incluso en temporadas más favorables el impacto no ha sido tan grave”, destaca.

Este caso es solo uno de los muchos logros del Corredor Tecnológico Agroindustrial Bogotá y Cundinamarca, proyecto que por más de una década ha trabajado de manera colaborativa con comunidades rurales de Cundinamarca para mejorar la productividad, sostenibilidad y calidad de los alimentos.

La profesora Teresa Mosquera, directora de Investigación y Extensión de la UNAL Sede Bogotá (DIEB), recuerda que el proyecto comenzó en 2010 con el apoyo del Sistema General de Regalías. La idea inicial fue ambiciosa: involucrar a la academia, el Gobierno y los productores locales para abordar los problemas más apremiantes del agro cundinamarqués.

“Desde el principio la meta fue impactar no solo la producción de alimentos sino también el consumo y el transporte. Con ese propósito se involucraron 22 cadenas productivas en un esfuerzo que conectó a académicos y agricultores en una dinámica de colaboración y aprendizaje mutuo”.

De la producción al consumo responsable

Además de las mejoras en la producción agrícola, el proyecto incluyó actividades de concienciación en torno a la alimentación saludable. La profesora Mosquera y el profesor Jesús Alberto Villamil, de la Facultad de Ciencias Económicas, quien estuvo en los inicios del proyecto, mencionan que se trabajó en escuelas rurales, enseñándoles a los estudiantes y sus familias sobre la importancia de una buena nutrición.

Alrededor de 7.500 estudiantes de distintas áreas rurales participaron en talleres sobre hábitos alimenticios, aprendiendo cómo armar una lonchera saludable y evitar el consumo excesivo de alimentos procesados. El impacto fue evidente, ya que los estudiantes, entusiasmados, incluso llevaban el mensaje a sus casas y les pedían a sus padres que optaran por alternativas más saludables como las frutas.

Los académicos también hacen énfasis en la importancia de que los agricultores hayan adquirido la capacidad de gestionar sus cultivos de manera independiente, sin depender exclusivamente de la intervención de académicos o técnicos. “La meta siempre fue que ellos y el resto de la población con la que se trabajó quedaran con las herramientas necesarias para enfrentar por sí mismos cualquier desafío que viniera en el futuro”.







miércoles, 30 de octubre de 2024

Residuos de agave con potencial cosmético, vinos de frutas y colorantes naturales, innovaciones presentadas en Congreso de la UNAL

 A partir de residuos de la planta de sisal (Agave sisalana) se elaborarían productos cosméticos naturales como hidratantes, fotoprotectores y aclaradores para la piel; así mismo, con las partes que no se aprovechan de las naranjas o del café se pueden elaborar vinos cuya producción sirva como emprendimiento en regiones con alta dependencia del cultivo de coca; y del fruto del árbol de la jagua (Genipa americana) se obtiene un tinte o colorante azul con gran proyección industrial.

Los líderes de dichas iniciativas dieron a conocer los avances de estas investigaciones durante el X Congreso Internacional en Desarrollo Humano y Rural Sustentable, realizado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia entre el 23 y el 25 de octubre en Yopal (Casanare). En el evento se presentaron proyectos innovadores en sostenibilidad y bioprospección, así como alternativas económicas sostenibles que se adelantan en Colombia y en otros países como Brasil y México.

El profesor Roberto Bernal, director del Instituto de Estudios de la Orinoquia (IEO) de la UNAL Sede Orinoquia, señala que “la importancia de estos espacios académicos es fomentar iniciativas que aprovechan los recursos naturales de manera responsable”.

“Los aportes presentados aquí van en la línea de la bioeconomía y la sostenibilidad en territorios rurales, donde la bioprospección, que consiste en la exploración de la biodiversidad para fines comerciales, juega un papel fundamental como potencial estrategia de desarrollo para países ricos en biodiversidad como Colombia”.

De residuos a cosméticos

Uno de los proyectos más innovadores presentados fue el del profesor Marcio Ferrari, del Departamento de Farmacia de la Universidad Federal de Río Grande del Norte (Brasil), quien propone el uso de residuos del sisal o henequén (Agave sisalana) para producir productos cosméticos.

“Solo el 4 % de la hoja del sisal se utiliza para producir fibras –como cuerdas y artesanías–, mientras que el 96 % restante es desechado sin ningún tratamiento ni valor comercial”, afirmó el experto Ciencias Farmacéuticas.

La investigación que lidera ha desarrollado un proceso para convertir estos residuos en ingredientes multifuncionales para productos como hidratantes, fotoprotectores y aclaradores de piel, promoviendo así la economía circular, “donde el residuo de una industria puede generar materia prima para otra, además de ofrecer una nueva fuente de ingresos para las comunidades rurales que dependen del sisal”.

Vinos y cocina molecular ¿alternativa al cultivo de coca?

Otro proyecto destacado fue el “Laboratorio de Sabores”, una iniciativa de la Institución Educativa Técnica Domingo Belisario Gómez en Bolívar (Cauca), el cual busca reducir la dependencia del  cultivo de coca a través de emprendimientos agroindustriales liderados por los estudiantes de esta institución.

Según Samuel Sebastián Burbano, estudiante de grado 11, “hemos desarrollado productos a través de la exploración química aprendida en el colegio, como derivados lácteos, chorizos, o vinos de frutas locales que usualmente se desperdician, como la naranja que tiene temporadas de abundancia en nuestro municipio”.

Así, se ha demostrado que es posible generar ingresos de manera sostenible y legal. Esta iniciativa no solo brinda alternativas económicas a la comunidad, sino que además contribuye a la formación científica de los estudiantes.

Jorge Alberto Aguilar, biólogo y docente director del proyecto, enfatizó en que “este es un ejemplo de cómo la educación y la agroindustria pueden integrarse para ofrecer soluciones sostenibles a problemáticas como el conflicto armado y la falta de oportunidades en zonas rurales”.

“Los estudiantes aplican conocimientos de la ciencia de alimentos como la cocina molecular para encapsular sabores, y en química orgánica para transformar materias primas locales en productos innovadores, como el vino de café, de naranja, la hidromiel, etc., lo que ha generado un impacto positivo en la comunidad y ha fomentado un cambio de mentalidad entre los jóvenes”.

Color azul natural del fruto, para proteger el árbol

Por otra parte, la ingeniera agrónoma Deisy Carolina García Sánchez, representante de la empresa Ecoflora, presentó una propuesta basada en la extracción de un colorante azul natural, a partir del fruto del árbol de la jagua (Genipa americana), una especie nativa de Colombia. Este colorante, que ha sido aprobado por la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos, se ha convertido en una opción sostenible para la industria alimentaria y cosmética, debido a sus propiedades naturales y su estabilidad en condiciones ácidas.

“Este desarrollo no solo representa una alternativa a los colorantes sintéticos, sino que además contribuye a la preservación de la jagua en su hábitat natural, promoviendo la bioeconomía y la sostenibilidad en las regiones donde se cultiva, pues la producción de este colorante no solo reduce la contaminación, sino que también brinda nuevas oportunidades económicas para las comunidades rurales”, precisó.

El Congreso también sirvió como un espacio para la articulación entre la academia y el sector empresarial, por lo que profesor Bernal señala que “eventos como este son esenciales para promover el desarrollo de productos que aprovechen de manera sostenible la biodiversidad local, al tiempo que se generan oportunidades económicas para la comunidad; en la Orinoquia abundan los recursos naturales que pueden ser utilizados de manera responsable”.

La participación de estudiantes y jóvenes investigadores también fue un aspecto central del Congreso. El profesor Marcio Ferrari expresó su satisfacción por la diversidad de participantes, que incluyó no solo a científicos sino también a emprendedores y representantes de comunidades rurales. “El intercambio de conocimientos entre diferentes sectores ha enriquecido mucho las discusiones y ha abierto nuevas oportunidades de colaboración”, concluyó el académico.