miércoles, 28 de junio de 2023

Semillas de soya tolerantes a lluvias y hongos en la Orinoquia

 Pese al potencial de la altillanura colombiana para la producción de soya, factores como las largas temporadas de lluvias, las temperaturas superiores a los 30 °C y los bajos niveles de fósforo en el suelo, nutriente esencial para el crecimiento de las plantas, dificulta la producción de semillas de alta calidad. Dos de seis variedades de esta leguminosa mostraron óptimo desempeño y calidad, lo cual representaría una oportunidad para la región.

En el mundo el cultivo de soya se ha posicionado por su rentabilidad y su contenido nutricional, que lo convierte en un sustituto para otros alimentos. Por su alto contenido de proteína, en Colombia se usa especialmente para alimentar vacas, cerdos y aves.

La Orinoquia colombiana abarca cerca del 90 % de la producción nacional de soya, siendo Meta, con más de 50.000 hectáreas sembradas, el mayor productor del país.

Pese a su proyección, las condiciones ambientales de la región impiden el desarrollo empresarial de semilleristas y propicia una dependencia de material foráneo, lo que incrementa los costos de producción y el riesgo asociado con el deterioro de la calidad y la disponibilidad de este.

La necesidad apremiante de producir semillas locales tolerantes a las lluvias, con mayor contenido de lisina y con ciclos de reproducción cortos, motivó a la ingeniera agrónoma Yuli Stephani Tibocha, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, a investigar 6 variedades de soya, desarrolladas por Agrosavia en 5 ambientes de la Orinoquia con el objetivo de identificar cuáles tienen el mejor desempeño y calidad.

Del material analizado, las variedades Corpoica Superior 6 y Corpoica Orinoquia 3 tuvieron el mejor desempeño para ser cultivadas en el primer semestre del año.

“Durante la prueba de germinación estas variedades tuvieron un ciclo precoz y un secado uniforme, lo que quiere decir que en el primer semestre, cuando hay más precipitaciones o lluvias, tienen mejor respuesta”, explica la investigadora.

Sol y hongos, relación dañina

El estado de madurez a cosecha es uno de los más importantes para el desarrollo de la soya. En el primer semestre, caracterizado por las lluvias, el exceso de agua afecta este estado y la germinación de la semilla, lo que además contribuye a la aparición de patógenos, en especial de los hongos Phomopsis sp.y Fusarium sp.

“Las variedades de soya que eran de ciclo intermedio y tardío en esos periodos alternos de déficits y excesos causaron la pérdida de la germinación”, señala. Dicha situación se explica porque las semillas con ciclos cortos tienen mayor resistencia al primer semestre del año.

Pero la presencia de patógenos es un factor clave que requiere de acciones concretas. Por eso, la ingeniera aplicó la técnica de análisis de sendero, que permite entender las variables que afectan la germinación.

Así, evidenció que el brillo solar –una variable ambiental– tiene una relación directa con la presencia de hongos. “Cuanto mayor sea el brillo solar, el hongo Phomopsis sp. disminuye en una condición de segundo semestre, es decir cuando hay déficit de agua”, explica.

Con esta metodología confirmó que aumentar los días de cosecha es un factor necesario para reducir la presencia de este hongo, lo que además incrementa los niveles de lisina, aminoácido esencial para la nutrición de la semilla.

“Es importante que los productores sepan qué variedad van a sembrar y qué características tienen para producir granos de calidad. Deben ser variedades con ciclos cortos, con contenido alto de lisina. Esto porque si hay excesos hay menor germinación, se favorece la presencia de aceites y disminuye la lisina”, subraya.

Además recomienda no utilizar la técnica de bodega para guardar las semillas. Se trata de una práctica usada por los productores para guardar el material en costales para que se multipliquen. Sin embargo, esto provoca que se pierda en promedio el 1 % diario de la germinación de la semilla.







martes, 6 de junio de 2023

¡Cocinar es resistir! Estrategias de soberanía alimentaria en Monguí

 La pérdida de cultivos tradicionales de cebada, trigo, papa y otros tubérculos nativos, el consumo de alimentos ultraprocesados, y la disminución tanto del tiempo para cocinar como de población joven en el campo son factores que han hecho que los campesinos de Monguí (Boyacá) le estén apostando a estrategias de cuidado de la tierra como talleres de cocina tradicional, uso de abonos orgánicos y crianza de lombrices para compostaje.

Con cerca de 4.266 habitantes, Monguí es patrimonio de Colombia, considerado como uno de los municipios más bonitos del país y, más allá de su fama como productor de excelentes balones para distintos deportes, en sus 81 km2 desarrolla prácticas maravillosas como la agricultura, uno de los pilares de su economía; sin embargo, sus saberes ancestrales en el manejo y la producción de alimentos se están perdiendo y necesitan de una visibilización urgente.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), de 3.007 unidades de vivienda solo 1.276 están habitadas, 980 son de uso temporal y 707 están desocupadas, lo cual muestra el cambio generacional y la decisión de migrar a otros lugares dejando de lado el territorio, y en consecuencia lo autóctono y el cuidado de la tierra.

En vista de esta problemática, María Alejandra Rincón, estudiante de la Maestría en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, recorrió el territorio buscando las voces de los conocedores de la tierra y del alimento que pudieran explicarle lo que está pasando en su tierra natal y lo que se está haciendo para mejorar el panorama.

“Estudié 7 veredas –entre ellas Reginaldo, Duzgua y Santa Ana–, en donde entrevisté a 10 campesinos (hombres y mujeres), 2 representantes institucionales del municipio y 2 líderes comunitarios; además hicimos 2 grupos de discusión mixtos, un taller participativo de cocina tradicional (propuesto por la misma comunidad) aplicando el método de observación participante, en el que se visitan los hogares de estas personas para evaluar el día a día”.

“Algo muy importante en su cosmovisión del cultivo son las fases lunares: según los cambios en la forma de la Luna se deberán fertilizar los cultivos que crecen debajo o encima de la tierra, ya que el orden importa y de él depende la calidad de la producción de cada grano, legumbre o tubérculo”.

“Los campesinos buscan adelantar acciones locales sobre la producción y comercialización de sus alimentos tradicionales, para que desde la escuela los monguiseños tengan una soberanía alimentaria sólida que responda a las necesidades culturales y sociales de la comunidad”, asegura la investigadora.

Se trata de valorar

La ingeniera agrónoma Magda Choque Vilca, de la Universidad Jujuy (Argentina), lleva una larga trayectoria trabajando desde las comunidades campesinas de ese país para salvaguardar  la importancia de defender la concepción de alimento, cuerpo y cocina, que se ha construido a lo largo del tiempo por estos grupos conocedores de la tierra.

Para la experta, “se debe proteger lo propio, lo autóctono y regional, ya que el alimento trasciende el mero hecho de comer, y más bien es una muestra de cómo está la tierra, su biodiversidad y el estado de ‘salud’ de cada parte de la naturaleza”.

Agrega que “en el trabajo con algunas comunidades campesinas de Argentina, que limitan con Bolivia y forman parte de los Andes, se ha trabajado en la recuperación de las variedades de papas de la zona, teniendo en cuenta que en procesos como la cocción aún no se han superado métodos como la cocina en piedra, que permiten conservar mejor los nutrientes de muchos alimentos.

Añade que “es necesario visibilizar el crucial papel de la integralidad de la vida desde el alimento, entendiendo que lo que comemos tiene un impacto determinante en nuestro cuerpo, y que la cocina tradicional y las personas que se dedican a ello son la base de los saberes y el manejo respetuoso de estos procesos”.

“La autenticidad es determinante, pues en ocasiones pareciera que la ciencia ha disminuido la pasión con que se investigan estos procesos; por ejemplo, no se debería distinguir entre alimentos ‘saludables’ y ‘no, saludables’, todos deben ser saludables, de lo contrario no son alimentos”, menciona la ingeniera agrónoma.

Así mismo, invita a repensar el sistema educativo y sus enseñanzas frente a este tema, así como a reevaluar el avance desmedido del turismo en algunas zonas; y destaca iniciativas como el manual de cultivos andinos que se ha desarrollado con las comunidades argentinas y algunos cursos técnicos acerca de soberanía alimentaria en la región, que han ayudado a crear conciencia sobre la problemática.

Los aportes de estas expertas se dieron como parte del V Simposio Internacional MSSAN – OBSSAN, “Estrategias territoriales para el fortalecimiento del logro al derecho humano a la alimentación – DHA”, organizado por la Maestría en Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional y el Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Facultad de Medicina de la UNAL.

 






miércoles, 24 de mayo de 2023

Mejores cultivos de girasol gracias a compostaje de residuos de flores

 La flor que se compra en la esquina tiene todo un trasfondo desde su cultivo y florecimiento hasta su comercialización, y en la mitad de este proceso se encuentran los residuos de los tallos y pétalos que se botan o no se utilizan, pero que tienen potencial como materia prima para la elaboración de un fertilizante con residuos orgánicos (compost), que, al aplicarse en el suelo donde se cultivan girasoles, mejora los niveles de absorción del agua y los nutrientes.

Según la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores, la floricultura genera cerca de 140.000 empleos directos e indirectos, distribuidos especialmente en Cundinamarca y Antioquia. Además, siendo un país tan rico en diversidad de flores (cerca de 1.600 variedades), es el segundo exportador mundial –estas llegan a 89 países– y el principal de claveles.

En Cundinamarca el girasol es protagonista de la floricultura de la región, donde tiene una gran proyección económica; por eso, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) se dieron a la tarea de buscar la forma de que los suelos ofrecieran el mejor rendimiento posible y encontraron una alternativa viable y útil en los residuos de esta industria.

“En El Agrado, finca productora de flores de Tabio, recogimos una gran cantidad de tallos, flores y raíces que quedan de la producción de claveles (Dianthus spp.) y de girasol (Helianthus annuus), para elaborar un compost y aplicarlo sobre el suelo del próximo cultivo de girasol”, asegura Eliana Carolina Cruz Muñoz, ingeniera agrónoma integrante del proyecto.

Señala además que la aplicación de este abono se dio en distintas dosis para evaluar cuál era la mejor, y también se dejó una parte del suelo sin tratado con el abono para comparar los efectos de integrar estos fertilizantes.

“El compost se produce por la acción de bacterias (termófilas) y hongos que se alimentan de los residuos –organizados en grandes pilas–, y sus heces son el abono para los suelos”, explica.

Al cabo de 3 ciclos de 11 semanas, periodo natural del cultivo de girasol, se evidenció que la densidad aparente disminuyó, es decir que los suelos tenían mayor capacidad de absorción del abono y sus beneficios; la porosidad aumentó, lo que significa un mejor movimiento y retención del agua y los nutrientes en el suelo, además de su integración con las raíces.

“Algo muy importante es que hubo un mayor intercambio catiónico, o sea que las raíces de las plantas interactúan mejor con el suelo y los nutrientes que hay allí, por lo que tienen el sostén necesario para crecer de la mejor manera, lo que también se traduce en un pH o nivel de acidez balanceado y en que en el suelo haya microorganismos, como bacterias fijadoras de nitrógeno y fosfato que ayudan al buen funcionamiento de la planta”, indica.

La concentración ideal de compost fue de 160 kg por hectárea, que se aplicó en cada uno de los ciclos y competía con otras partes de suelo, en donde se ponían 80 kg o 120 kg sin resultados, pero las otras concentraciones no tuvieron los mismos resultados positivos; según la investigadora, parece ser que esta es la medida suficiente, ya que más de 160 kg sería logísticamente una cifra exagerada para los suelos.

“En el experimento también se midió si el mejor compost era el producido por los residuos de clavel, girasol, o su combinación, y lo que pudimos observar es que cuando se utilizan las dos flores el abono tiene las mejores propiedades, lo cual también lleva a pensar en qué otras se podrían añadir para tener un mejor rendimiento, ya que en el país hay una variedad impresionante y los residuos no siempre se reutilizan”, señala la investigadora.

El uso mixto permite una mejor rentabilidad para generar el compost, ya que, como son tantos residuos, en ocasiones es difícil separarlos, por lo que hay que trabajar con lo que se puede identificar y caracterizar de cada planta.

La experta también recalca que para esta industria es importante ofrecer flores de mejor calidad, provenientes de cultivos libres de plagas o bacterias y hongos dañinos, lo cual se evidencia en la rigurosidad con que trabajan los floricultores y en la “Certificación florverde” que deben tener vigente, el cual vigila que los procesos se lleven a cabo de una manera fiable y confiable.






martes, 16 de mayo de 2023

Asistencia alimentaria se queda corta al enfrentar crisis de alimentación en Bogotá

 En esta idea coincidieron los asistentes a la conferencia “Retos para la construcción de la ciudadanía alimentaria en Bogotá”, organizada por egresados de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). En este espacio se destacó además la necesidad de buscar nuevas estrategias para asegurar el acceso de la ciudadanía a alimentos seguros, suficientes y nutritivos y no tener que depender exclusivamente de la asistencia alimentaria, y se argumentó que es fundamental diversificar las opciones disponibles.

Daniel Bernal Rojas, nutricionista y magíster en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la UNAL, fue enfático al señalar que “el principal reto es que, desde la misma institucionalidad, los decisores y sus respectivos asesores superen la perspectiva de que atender lo alimentario se debe hacer únicamente de forma asistencial”.

De los 21.483 casos de desnutrición aguda reportados por el Instituto Nacional de Salud (INS) a 31 de diciembre de 2022, en Bogotá se registraron 4.089 casos, es decir el 19 %, lo cual evidencia parte de los desafíos relacionados con la seguridad alimentaria.

Precisamente para superar de manera progresiva la inseguridad alimentaria y la malnutrición, desde 2019 Bogotá cuenta con la política pública de seguridad alimentaria y nutricional “Construyendo ciudadanía alimentaria 2019-2031”,con la que se plantea garantizar el derecho a la seguridad alimentaria de los habitantes en la capital del país, a través del abastecimiento de agua y la distribución de alimentos saludables. Pese a ello, los retos permanecen.

Uno de ellos es la disponibilidad y el acceso a alimentos de calidad para todos los ciudadanos, en especial aquellos en situación de vulnerabilidad económica. A pesar de ser una ciudad con una amplia oferta de productos alimentarios, todavía hay áreas y comunidades que enfrentan dificultades para obtener alimentos nutritivos y a precios asequibles. “Esto puede obedecer a limitaciones económicas, falta de acceso a mercados cercanos, o a la ubicación en zonas de difícil acceso geográfico”, indicaron los participantes a la jornada.

Ante esto, el nutricionista Bernal, quien también es consultor en derecho humano a la alimentación –referente distrital de la política pública de seguridad alimentaria y nutricional de Bogotá–, dijo que desde su rol aún ha evidenciado que frente a las crisis alimentarias algunas instituciones tienen como única respuesta la asistencia alimentaria.

“Es crucial superar esta visión, ya que mantenernos en lo que se ha hecho en los últimos 15 años y que hemos comprobado que no funciona no nos llevará a un progreso. Es fundamental impulsar y fortalecer la soberanía alimentaria, posicionándola como un objetivo prioritario. Además debemos hacer del derecho a la alimentación un horizonte de trabajo claro y necesario para asegurar que todos los ciudadanos tengan acceso a alimentos de calidad y suficientes”, indicó.

Para subsanar la inseguridad alimentaria las personas recurren al sonado “rebusque”, tanto de dinero como de alimento, y este tipo de prácticas responden a unos determinantes sociales en la salud que deben ser tratados, reconocidos y abordados de manera particular y no generalizada.

“Si abordamos todo de una única manera en una ciudad como esta que tiene alrededor de 8 millones de personas, nos vamos a quedar cortos en los territorios, que es donde se presentan contextos que desde arriba, desde la institucionalidad, no se percibe” manifestó el experto.

Sobre los conceptos y las proyecciones

Soberanía alimentaria y seguridad alimentaria, entre otros conceptos, aunque parecieran ser diferentes, tienen el mismo objetivo de garantizar que cada persona, hombre, mujer o niño, tenga acceso al derecho humano de la alimentación.

“Algunos de esos conceptos han quedado de gobiernos o se han dado en la academia, pero lo cierto es que se debe tratar de hablar menos de seguridad y soberanía alimentaria y hacerlo más del posicionamiento, el reconocimiento y la garantía que tiene el derecho a la alimentación”, explicó el nutricionista Bernal.

Sobre lo esperado para la ciudad en materia alimentaria para los próximos años, el experto dijo: “yo sinceramente espero que en los siguientes tres o cuatro años haya al menos un cambio positivo en estas cifras de inseguridad alimentaria, que se estabilice y empiecen a disminuir en la medida que se vaya solventando la crisis que ocasionó la pandemia”.

 






jueves, 11 de mayo de 2023

Con menos cantidad de agua se cosechan mejores zapallos

 Con un sistema de riego por goteo, y reponiéndole al suelo el 120 % de evapotranspiración –es decir la pérdida de humedad del suelo a través de la evaporación y la transpiración de la planta–, se obtuvieron zapallos o ahuyama con alto contenido de materia seca y alto peso promedio por fruto. Los ensayos se realizaron con materiales del Programa de Mejoramiento Genético y Producción de Semillas de Hortalizas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, en la Granja Mario González Aranda.

Según proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), uno de los grandes desafíos de la agricultura es atender la demanda de comida en un futuro y prever el agua que se necesitará para producir el 60 % de los alimentos adicionales a 2050. De ahí que se promueva una mejora en la gestión de este preciado líquido y el uso de sistemas de riego más eficaces y sostenibles con el ambiente.

En este contexto empiezan a jugar un papel relevante los alimentos que toleren cada vez más el déficit hídrico o la sequía. Uno de estos es el zapallo, hortaliza con excepcional valor nutricional que forma parte de la base alimentaria en varias regiones del país. También se le conoce como calabaza o ahuyama, su pulpa o materia seca es de color anaranjado, tiene alto contenido en fibra y es sumamente rica en betacarotenos, vitaminas y minerales.

Interesado en explorar esta variedad, el ingeniero agrícola Robert Augusto Rodríguez Restrepo, doctor en Ciencias Agrarias de la UNAL Sede Palmira, evaluó el efecto del régimen de humedad en el suelo sobre el rendimiento y la calidad del fruto de zapallo y la respuesta fisiológica de la planta al déficit hídrico.

“En el caso del zapallo, en el Valle del Cauca se utilizan un sistema de riego por gravedad que no es muy eficiente, pues registra solo el 35 % de eficiencia en el uso del agua, genera pudrición en los cultivares, proliferación de arvenses y pérdida de los fertilizantes”, explica el investigador.

Riego por goteo, el ideal para cultivares de zapallo

Los materiales del Programa de la UNAL empleados para el estudio son Unapal abanico 75, Unapal boloverde y Unapal dorado.

Se aplicaron cuatro ensayos de riego al suelo, desde el más deficitario en agua hasta el mayor en cantidad, lo que provocó en la planta la activación de ciertos mecanismos de tolerancia y resistencia al déficit hídrico (o sequía).

Los tratamientos de riego se basaron en la evapotranspiración de referencia, es decir la perdida de humedad del suelo a través de la evaporación y la transpiración de la planta.

Así, en un primer ensayo se aplicó el 40, 60, 80 y 100 % de la evapotranspiración de referencia y los resultados fueron inferiores a lo esperado, por lo que en la siguiente prueba la oferta hídrica se aumentó en 20 %, o sea 60, 80, 100  y 120 % de evapotranspiración.

Los investigadores encontraron que con 120 % el rendimiento se disparó y se observó el mejor resultado, incluso el contenido de humedad del suelo estaba a capacidad de campo en una profundidad de 30 cm después del riego, que es la profundidad efectiva del zapallo. “Durante los 150 días que duró la evaluación hubo una muy buena toma de nutrientes para estas plantas”, dijo el doctor Rodríguez.

Señaló además que “la idea es decirle al agricultor que regando con un sistema eficiente como el goteo no solo disminuyen los costos de operación y mejoran la absorción de nutrientes, sino que a mediano plazo el costo del sistema de riego que adapten se retribuirá. Los cultivadores pueden sembrar aprovechando la época de precipitación o lluvias del año y en los demás meses emplear el riego, lo que les permitirá planear mejor su época de siembra”.

Con tratamientos de riego bajo la calidad del fruto se vio alterada de forma natural, pues se encontró menos materia seca y almidón en el fruto, pero una mayor presencia de carotenos. Los carotenos les otorgan a los vegetales el color amarillo, naranja o rojo y resultan esenciales para la salud por sus propiedades antioxidantes.

En estas mismas condiciones de riego bajo aumentó la cantidad de semillas, “en principio podríamos pensar que esto es una respuesta fisiológica natural de la planta para preservar su especie, que podría indicar una adaptación de estos resultados parar producir semilla a menor costo de riego”, indica.

No obstante, el tesista consideró que el resultado merece más estudios, pues aunque presentó el mayor número de semillas, el peso de estas disminuyó, lo que puede suponer que tengan menor contenido de grasas.

Los investigadores encontraron que las variedades Unapal abanico 75 y Unapal dorado presentaron mayor capacidad para sintetizar proteínas sin sufrir detrimento significativo de la materia seca ni de rendimiento de los frutos.

“Este hallazgo hace más interesante estos materiales en un futuro plan de mejoramiento genético en aras de afrontar el cambio climático, ya que organizaciones como la FAO recomiendan sembrar cultivares precoces con alta productividad que presenten ciertas características de adaptación al estrés hídrico”, destacó el doctor en Ciencias Agrarias.

La investigación fue dirigida por los profesores Sanín Ortiz Grisales y Harold Tafur Hermann, de la UNAL Sede Palmira, y Magda Piedad Valdés Restrepo, de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia.








jueves, 4 de mayo de 2023

Cocadas y jabones artesanales, usos alternativos para el cacao de La Espriella (Tumaco)

 En esta vereda, ubicada a 30 minutos de Tumaco, 25 familias han aprendido a sacarle provecho a este fruto autóctono de América. La innovación social y el desarrollo sostenible han hecho posible que 11 emprendimientos le apuesten a la elaboración de jabones, cremas faciales y cocadas, entre otros productos con potencial económico. Este es uno de los resultados del proyecto “Cacaotiando Tumaco”, liderado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Uno de los retos de esta iniciativa es agregarle valor a la cadena del cacao de esta zona rural, haciendo que la población vuelva a ver este producto como una alternativa económica viable.

Aunque se encuentre ubicado en una esquina de Colombia, Tumaco no es ajeno a lo que pasa en el país y en el mundo. Por ejemplo, una de sus problemáticas recientes tiene que ver con el invierno que desde 2022 afecta muchas partes del territorio, lo cual impacta en el rendimiento del cacao, y de paso en el margen de ganancias. De hecho, el desbordamiento del río Caunapí, fuente de agua para la población de La Espriella, ha impactado en los cultivos.

A lo anterior hay que agregarle que el precio del cacao –como la mayoría de las materias primas agrícolas– depende de la oferta y la demanda; en este caso, como sucede con el café y el petróleo, Colombia también se rige por el precio de la Bolsa de Valores de Nueva York y Londres.

Precisamente, una de las consecuencias de la pandemia por COVID-19 ha sido el impacta en la variación del precio de este aromático fruto; a ello se agrega que Europa ha empezado a reducir su consumo, por lo que los principales países productores han tenido sobreproducción desde el periodo 2020-2021.

¿Y quién dijo que la única forma de comercializar el cacao es a través del chocolate? Un equipo de expertos de la UNAL se ha dado a la tarea de mostrarles a los cacaoteros de La Espriella toda la versatilidad que ofrece este cultivo.

De la cadena de producción de cacao se generan tres subproductos: el mucílago, la cáscara y la cascarilla. En Colombia se aprovecha solo el 20 % del fruto del cacao, y se estima que cada año se generan 43.940 toneladas de residuos agroindustriales de este cultivo.

El profesor William Vásquez Rodríguez, líder del proyecto “Cacaotiando Tumaco”, indica que “el fruto y sus residuos sirven como materia prima para elaborar productos cosméticos como jabones, cremas humectantes y labiales, entre otros, y en la industria alimentaria galletas y tortas”.

“Con la participación de un equipo interdisciplinario, esta iniciativa quiere devolverle al cacao de la región su papel protagónico para la comunidad, más allá del tema netamente económico, pues este representa un aspecto importante de sus saberes tradicionales, cuyas prácticas se resisten a desaparecer”, afirma el docente.


Agrega que “la agricultura es la base de la economía de los habitantes de esta región, y el cacao es el producto más reconocido; se cultiva en las fincas o en los patios de manera  tradicional, sin tecnificación agronómica como el uso de fertilizantes o la renovación de cacaotales envejecidos, entre otras prácticas que pueden mejorar la productividad de esta actividad, lo cual influye en la rentabilidad”.

“Aunque la manera orgánica de cultivar cacao no atenta contra el medioambiente, evitar que este se vea atacado por enfermedades puede tardar más de un año, lo que retrasa las cosechas”.

Así, estudiantes de secundaria de la Institución Educativa Nuestra Señora del Carmen San Bernardo de Espriella y miembros de sus familias aprendieron sobre el proceso productivo de crear los jabones artesanales a base de cacao mezclándolo con avena, manzanilla o caléndula; también sobre la transformación de esta materia prima en crema hidratante para la piel.

Algunas de estas iniciativas convertidas en emprendimientos llegaron hasta el IV Congreso Internacional de Innovación Social 2022, realizado en la UNAL Sede Manizales, donde las conocieron participantes del sector de innovación de España, Brasil y Uruguay.                                                    

De “Cacaotiando Tumaco” forman parte el Instituto de Estudios del Pacífico de la UNAL Sede Tumaco y el Grupo de Investigación en Artes, Educación y Cultura de la Facultad de Artes de la UNAL Sede Bogotá. Así mismo, cuenta con el apoyo de las egresadas en esta área Lisbeth Meneses, Ana María Segura y Jenny Bueno y 11 estudiantes del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) de la UNAL Sede Tumaco, y estudiantes de la Maestría en Educación Artística.








jueves, 27 de abril de 2023

Siembra de cannabis tendría potencial en Cauca y Valle del Cauca

 De la especie Cannabis sativa, cáñamo o marihuana, se pueden obtener textiles y papel, entre otras materias primas. De su flor y semillas se extraen compuestos medicinales para el tratamiento de enfermedades como el cáncer o el sida, y de algunas del sistema nervioso y respiratorio. Además es un reconocido reparador de suelos y fijador de carbono. Por este potencial para el agro colombiano, estudiantes del Colectivo Siembra, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, promueven su cultivo en Cauca y Valle del Cauca.

A pesar del efecto psicoactivo de las plantasenteógenas (tabaco, cannabis, coca, hongos, yagé o borrachero), los usos alternativos ancestrales atribuidos a sus beneficios medicinales e industriales superan cualquier prejuicio o discriminación. En algunas culturas, debido a sus características místicas, estas plantas son apreciadas como “un regalo de los dioses” y están ligadas a sus tradiciones y creencias.

Pero no todo es magia y divinidad, por sus efectos psicotrópicos, su uso es prohibido en algunos países, y consecuentemente estigmatizado. Según el Informe mundial de las drogas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en 2022 la cannabis fue considerada como la “droga ilegal” más consumida por 209 millones de personas entre los 15 y 64 años de edad, es decir más del 4 % de la población mundial.

En Colombia, el proyecto de ley que cursa en el Congreso de la República para legalizar la marihuana para consumo adulto, en marzo superó por mayoría el quinto debate en plenaria de la Cámara de Representantes, de ocho que deberá surtir, un hecho sin precedentes si se tienen en cuenta los anteriores intentos fallidos.

Ante el escenario que se vislumbra en el país, 40 estudiantes de las Ingenierías Agronómica, Agrícola, Agroindustrial y Ambiental, además de Administración de Empresas y Diseño Industrial de la UNAL Sede Palmira, se unieron para crear el Colectivo Siembra pensado en fomentar el conocimiento y la investigación de estas plantas, y con ello “contrarrestar la desinformación, la discriminación y los estereotipos con los que las asocien”.

Juan David Rojas Villafañe y David Garzón, estudiantes de Ingeniería Agronómica, afirman que “la principal preocupación con la que se creó el colectivo fue cómo atender la estigmatización social hacia quienes consumen y siembran estas plantas”. Así promueven su potencial industrial y medicinal, para lo cual iniciaron con el cáñamo, derivado del C. sativa, uno de los cultivos clave en muchas partes del mundo por su potencial textil e industrial.

Con este propósito, se organizaron en mesas de trabajo con diferentes líneas para sensibilizar a la comunidad universitaria y externa con actividades culturales y para gestionar proyectos con cáñamo e incentivar su cultivo y diversos usos en las comunidades de Corinto y Toribio (Cauca) y en la zona alta y baja del Valle del Cauca.

Cáñamo, cultivo con potencial

“El cáñamo no solo tiene uso textil e industrial, sino que es un reconocido fitorremediador, o reparador de suelos, y fijador de carbono, mucho más eficiente que el pino”, señala el  estudiante Rojas, quien colabora con la Fundación Educando en el Posconflicto para llegar a las comunidades marginadas por la violencia: “queremos decirles que tienen otras alternativas y que pueden darles otros usos a sus cultivos”.

Por su parte el estudiante Garzón menciona que “como sede agrónoma debemos entrar justo en este auge que vendrá por cuenta de la posible legalización del cannabis”, al explicar que a partir del cáñamo los cultivadores pueden elaborar maletas, manillas, botas y otros elementos textiles, además de productos agrícolas y cosméticos.

Se trata de la fibra que extraen de la especie C. sativa, una planta dioica, es decir que tiene flores femeninas y masculinas. De las flores femeninas se forma el “moño”, que es rico en resinas que contienen más de 100 cannabinoides; por el contrario, las plantas macho son más altas y delgadas y contienen vainas que parecen flores, pero su efecto no es el mismo; de estos tallos extraen las fibras y forman una cuerda que es el cáñamo.

Respecto a las propiedades farmacológicas, los cannabinoides son sustancias químicas que se encuentran en las plantas de forma natural y son apreciadas por sus beneficios en el tratamiento de la ansiedad y la depresión, en el manejo del cáncer y el dolor, y para combatir el insomnio y los trastornos alimenticios, entre otros problemas de salud, y por lo tanto estos componentes tienen un alto potencial para la industria farmacológica.