viernes, 4 de abril de 2025

Adiós a los gorgojos del maíz de forma natural

 Como una alternativa a los insecticidas comerciales, que a largo plazo terminan siendo dañinos para los cultivos y generan resistencia a las plagas, un grupo de químicos encontró en los aceites extraídos de menta de palo, orégano de monte, eneldo y rudón, unas esencias “mágicas” para repeler el ataque de dos tipos de gorgojo que pican y dañan el grano desde adentro, acción que afecta hasta un 40 % de la producción. El uso de estos poderosos líquidos sería el inicio de un producto igual de efectivo que los sintéticos y a un costo similar, pues se necesitan casi las mismas dosis.

Las personas piensan en las plantas medicinales para obtener un efecto rápido a un malestar o una dolencia, o una ayuda para el organismo y la vida. Entre dichas plantas existe el grupo “aromático”, llamadas así no solo porque tienen un olor distintivo, sino porque su estructura química les confiere una serie de poderes de resistencia frente a plagas.

Pero usted se preguntará, ¿por qué a mí me ayuda y a los insectos los mata o aleja? El investigador Andrés Germán Sierra Quitian, magíster en Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), explica que “la cantidad que ingerimos de estos aceites en una infusión es inofensiva para el organismo humano, pero no para el de los insectos que son microscópicos, como por ejemplo los gorgojos, más pequeños que un grano de arroz”.

El maíz tiene dos enemigos diminutos pero con un poder destructor impresionante: el gorgojo picudo de los cereales (Sitophilus zeamais), que poco a poco va picando el grano hasta hospedarse en su interior y allí deposita sus huevos abriéndole paso a su vez a otras especies como el gorgojo rojo de la harina (Tribolium castaneum) y algunos hongos que terminan de dañarlo.

Como parte de un proyecto de regalías acerca de la búsqueda de soluciones frente a estas plagas en Fusagasugá, Arbeláez y Pasca (Cundinamarca), el magíster Sierra desentrañó por qué la menta de palo, el orégano de monte o muña, el eneldo y el rudón tienen un efecto tan fuerte sobre los insectos, y encontró tres moléculas presentes en ellas que hacen que los aceites que producen naturalmente sean más fuertes ante la acción de estas plagas.

Hallazgo prometedor

En el Laboratorio de Productos Naturales Vegetales del Departamento de Química de la UNAL, el investigador estudió estas moléculas frente a un grupo de gorgojos picudos de los cereales y rojos de la harina. Primero extrajo los aceites esenciales de las plantas por medio de tres métodos: uno en el que se calentaban en un recipiente con agua para que los aceites salieran mediante vapor; otro en el que se calentaban las hojas de las plantas, pero se recolectaba lo que quedaba en el recipiente; y otro en el que el proceso de aumento de temperatura se realizaba en un microondas especializado.

Recuerde que estamos hablando de aceites, y el agua y el aceite no se llevan muy bien, por lo que, en los instrumentos del laboratorio, se tienen conectados unos cilindros plásticos en los que se evidencia cuándo se logra extraer lo esperado, allí se ven dos capas distintas y muy bien diferenciadas.

Luego de obtenerlos, en un proceso para nada fácil, pues generalmente se necesita 1 kilo de planta para obtener 1 mililitro de aceite, puse en recipientes a los gorgojos para ver si el aceite tiene o no un efecto. encontré que sí lo hay y es muy bueno, pues alcanzan a eliminar todos estos insectos plaga con casi la misma cantidad que se usaría de insecticida comercial, o sea unas 4 partes por millón, la medida necesaria para que los bichos desaparezcan o se alejen.

Todo se desarrolló en silos artificiales diseñados en el laboratorio, esto quiere decir que los silos, que son los depósitos en donde se almacena el maíz luego de ser cosechado, se elaboraban en laboratorio para brindar las condiciones de temperatura y humedad adecuadas, con el fin de que no hubiera alteraciones en la cantidad de aceites esenciales que producen las plantas, pues estos son volátiles y pueden verse afectados.

La menta de palo se usa como aditivo culinario en todo tipo de preparaciones, y también como cosmético en geles y cremas relajantes y limpiadoras, mientras que el orégano de monte es muy usado en Argentina como agregado al famoso mate, bebida tradicional de ese país. Es curioso que, aunque son plantas conocidas y muy usadas, hasta ahora no haya insecticidas naturales con base en sus aceites, de ahí la importancia de la investigación del experto Sierra.

Por último, y como parte del proyecto, se evalúo en laboratorio el desempeño de estas moléculas sobre bultos de maíz miniatura, ya que eran de apenas 1 kilo. Se logró eliminar el 100 % de las dos poblaciones de gorgojos puestas sobre ellos, un hallazgo prometedor que ya está en fase de prefactibilidad, y que a pesar de que los aceites tomen más tiempo en eliminarlos de lo que le tomaría a un insecticida comercial, sus beneficios a largo plazo son mayores, ya que se ha demostrado que genera resistencia ante plagas y el valor que los campesinos deben invertir para su implementación es similar.

Según la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, en 2024 se produjeron en Colombia 1.559.194 toneladas de maíz, con Meta, Córdoba y Sucre como los principales productores; sin embargo, sus datos también muestran un panorama preocupante para este grano que disminuyó sus hectáreas sembradas ese mismo año, y es un sector que tiene problemas porque la mayor parte de este alimento se exporta de Estados Unidos. Esta situación pone en jaque a los cultivadores, por lo que necesitan opciones rápidas para contrarrestar las plagas y no perder dinero.

Este estudio forma parte del proyecto de regalías “Estudio de potenciales insecticidas en matrices poliméricas para el control de plagas en granos almacenados, basados en aceites esenciales provenientes de la biodiversidad florística del departamento de Cundinamarca” (BPIN 2020000100342) y se enmarca en la investigación liderada desde 2006 por el Laboratorio de Productos Naturales Vegetales, dirigido por los profesores Óscar Javier Patiño Ladino, del Departamento de Química de la UNAL, y Juliet Angélica Prieto Rodríguez, de la Pontificia Universidad Javeriana.