viernes, 25 de septiembre de 2026

India pone a prueba 19 variedades internacionales de frutilla bajo producción hidropónica

 La compañía Berry Fresh Agrotech LLP se encuentra en Mahabaleshwar, Maharashtra —la capital de la frutilla de India, ubicada a 1.400 metros de altitud—, donde produce frutillas hidropónicas todo el año. Actualmente, la empresa está realizando uno de los ensayos de genética internacional más diversos.

El verano pasado, produjo una fruta que igualó la calidad de invierno en términos de sabor, equilibrio entre azúcares y acidez, color y vida útil. ¿La única brecha? El calibre. Esto ha llevado a la empresa a plantearse una pregunta específica sobre la genética.

Actualmente, India no posee un programa nacional de mejoramiento de frutillas, por lo que todas las plantas son importadas. Portalfruticola.com  entrevistó a Ketan Sodha, fundador, socio y CEO de Berry Fresh Agrotech LLP, empresa que está realizando ensayos con 19 variedades.

“El objetivo es probar genética de Florida, España, Italia, Uruguay, Japón y Países Bajos bajo condiciones indias, especialmente en un sistema hidropónico sin suelo, para identificar las variedades con mejor desempeño”, adelanta el ejecutivo. 

¿Qué características buscan identificar entre las distintas variedades?
Precocidad, rendimiento, sabor, color, forma, brillo, equilibrio entre azúcares y acidez, firmeza, consistencia productiva, tolerancia al calor y resistencia a enfermedades. 

¿Por qué decidieron trabajar con genética de Florida, España, Italia, Uruguay y Japón?
Cada origen aporta características diferentes. Florida destaca por su genética tolerante al calor y de alto sabor; España e Italia, por sus variedades comerciales, rendimiento y vida poscosecha; Uruguay, por genética adaptada al hemisferio sur; y Japón, por su sabor y calidad. Así podemos comparar distintos materiales en lugar de depender de una sola fuente. 

¿Qué diferencias han observado entre las variedades en términos de sabor, tamaño, color, firmeza y rendimiento?
El sabor ha sido excepcional; el tamaño, comparable al cultivo a campo abierto; el color, rojo brillante y uniforme; y la firmeza, excelente. El rendimiento fue de 408 gramos por planta, todavía bajo porque estábamos en una etapa de aprendizaje. 

¿Qué variedad ha mostrado el mejor desempeño hasta ahora bajo el sistema hidropónico?
Destacaron Parthenope, de Italia, y Felicity y Elyana, de Florida. 

¿Qué resultados preliminares han obtenido y cuándo esperan contar con los datos finales del ensayo?
Aprendimos que el cultivo hidropónico sin suelo es muy diferente al cultivo a campo abierto y requiere un manejo muy preciso. Actualmente estamos recopilando y procesando los datos. 

¿Qué potencial ven para que alguna de estas variedades sea cultivada comercialmente a mayor escala en India?
Ese es precisamente el objetivo: probarlas primero a esta escala y llevar a una mayor superficie solo aquellas cuya genética ya hayamos comprobado. 

Sobre la producción hidropónica sin suelo

¿Qué ventajas ofrece este sistema en comparación con la producción convencional de frutillas en India?
Permite producir durante todo el año, incluso en monzón y verano, cuando el cultivo convencional en suelo no produce. Trabajamos con fibra de coco, fertirrigación automatizada y agua de lluvia, obteniendo fruta con niveles cercanos a cero de residuos y metales pesados. 

¿Cuáles son los principales desafíos técnicos de producir frutillas a 1.400 metros sobre el nivel del mar?
Los principales son la baja luminosidad y la alta humedad durante el monzón. Fuera de eso, las condiciones de nuestra región son favorables y allí se produce cerca del 85% de las frutillas de India.

¿Cómo manejan factores como la temperatura, humedad, nutrición y riego durante los meses de verano?
Contamos con un estanque de 1,5 millones de litros de agua de lluvia y sistemas de nebulización de alta presión. La temperatura máxima no supera los 32 °C y el principal desafío es mantener la humedad. Además, utilizamos inteligencia artificial para gestionar la fertirrigación y el riego, con un consumo promedio de 75 ml de agua por planta al día.


Ketan Sodha, fundador, socio y CEO de Berry Fresh Agrotech LLP.

¿Qué rendimientos pueden alcanzar bajo este sistema y cómo se comparan con la producción convencional?

El objetivo inicial fue aprender y desarrollar los sistemas necesarios para escalar, no maximizar el rendimiento. El rendimiento registrado fue de 408 gramos por planta.

Sobre la producción de verano

¿Qué hace particularmente desafiante producir frutillas de alta calidad durante el verano indio?
La escasez de agua, el estrés térmico y la presión de enfermedades son los principales desafíos del cultivo convencional. Además, con altas temperaturas es difícil controlar la temperatura de la zona radicular en suelo abierto.

¿Cómo han logrado mantener durante el verano niveles de sabor, equilibrio entre azúcares y acidez y color comparables a los del invierno?
Aplicando principios de fisiología vegetal y fitopatología de acuerdo con las necesidades específicas de cada variedad.

¿Creen que este modelo de producción podría replicarse en otras regiones de India?
Absolutamente. Estamos expandiéndonos a cinco ubicaciones en India, con hasta 150 acres en total, y negociamos con potenciales socios e inversionistas de Europa y Norteamérica.

El mercado y el futuro

¿Cómo ha evolucionado la demanda de frutillas en India?
Actualmente, la demanda supera ampliamente la oferta. Según información compartida por referentes de la industria, solo el 1,5% de la población india ha probado frutillas, en un país de 1.450 millones de habitantes.

¿Existe una brecha entre la calidad de las frutillas producidas localmente y las expectativas de los consumidores?
Sí. La falta de un programa nacional de mejoramiento obliga a los productores a trabajar con material vegetal importado de manera inconsistente. La producción sin suelo puede ayudar a reducir esa brecha en términos de residuos y metales pesados, pero es un desafío de todo el sector.

¿Qué oportunidades ven para desarrollar una industria de frutillas de mayor calidad en India?
Hay oportunidades en calidad e inocuidad, producción durante el monzón y verano, y desarrollo de subproductos como fruta liofilizada, congelada y pulpa. La genética es parte de la oportunidad, pero el potencial va más allá de la sustitución de importaciones.

¿Cuál es el siguiente paso para el proyecto una vez finalizados los ensayos?
Estamos en conversaciones con inversionistas para construir un terreno de 12,33 acres (4,99 hectáreas), de los cuales más de 8 acres (3,24 hectáreas) estarán bajo polyhouse. El proyecto contempla más de 200.000 plantas y una producción anual de aproximadamente 144.000 kg.

¿El objetivo final es desarrollar o seleccionar variedades de frutilla específicamente adaptadas a las condiciones de India?
Sí. Buscamos identificar o desarrollar genética adaptada a las condiciones de India, para avanzar hacia variedades desarrolladas específicamente para el país y reducir la dependencia de material importado.







 


domingo, 20 de septiembre de 2026

365 plantas medicinales revelan la riqueza de los saberes tradicionales en Santander

 En huertas, jardines y caminos de cuatro municipios de Santander sobreviven cientos de plantas a las que sus habitantes siguen recurriendo para aliviar dolencias, preparar infusiones o conservar prácticas aprendidas de padres y abuelos. Un inventario realizado en la zona norte de la Serranía de Los Yariguíes documentó 365 especies medicinales y 2.830 usos tradicionales, desde los más cotidianos hasta prácticas en las que la relación entre la planta y la curación está mediada por creencias populares.

Detrás de ese inventario está el ingeniero forestal Daniel Mauricio Díaz-Rueda, magíster en Ciencias - Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien llegó a la Serranía de Los Yariguíes no como quien descubre un territorio desconocido, sino como quien regresa a una tierra que conoce desde hace años. Nació en Barrancabermeja, sus raíces familiares están en Zapatoca y desde hace unos 15 años estudia la flora de esta zona del departamento.

Ese vínculo personal terminó convertido en su tesis de maestría en Ciencias - Biología de la UNAL, dirigida por Lauren Raz y Diego Giraldo-Cañas, profesores del Instituto de Ciencias Naturales. Entre 2022 y 2024 recorrió los municipios de Betulia, Galán, San Vicente de Chucurí y Zapatoca, donde entrevistó a 76 habitantes de zonas rurales y urbanas para conocer qué plantas utilizan, cómo las preparan y para qué dolencias recurren a ellas.

“Los trabajos sobre etnobotánica en Santander han sido muy pocos, y en esta región particular aún menos. No teníamos un antecedente con el cual comparar, lo más parecido eran las crónicas sueltas de viajeros del siglo XIX, como la de un explorador que en 1836 describió, de paso, las labranzas de maíz, yuca y caña que encontró en territorio yariguí”, explica el investigador Díaz.

Una comunidad borrada del mapa

El nombre de la serranía viene de los yariguíes, una de las comunidades indígenas que habitaron este territorio junto con los guanes. Hoy ambas están extintas.

“Surgieron dos etapas de exterminio. La primera durante la conquista y la segunda cuando se establecieron empresas petroleras en la región del Magdalena Medio, a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Esa fue la etapa final y terminaron de arrasar con las comunidades yariguíes que quedaban”, indica.

A la desaparición de los yariguíes se sumó un profundo olvido cultural. Durante años poco se habló de ellos, hasta quedar prácticamente borrados del mapa. Por eso el investigador quiso rastrear si algo de su lengua permanecía en las 727 formas en que la gente nombra hoy sus plantas medicinales. Revisó dos diccionarios antiguos de vocablos tradicionales, en busca de palabras relacionadas con árboles, cultivos o cualquier elemento vegetal.

La búsqueda no arrojó rastros de vocablos yariguíes, y tampoco las personas entrevistadas hicieron referencia a ellos. “Eso nos muestra que ya se ha perdido, por lo menos, la forma de llamar la planta. Si no sabemos cómo la llamaban, mucho menos sabemos qué se perdió con ese nombre”, expresa.

La búsqueda de esos rastros hizo parte de un estudio que tuvo un origen muy concreto. Un colectivo de 30 mujeres de la región, interesadas en elaborar productos con plantas medicinales, quería conocer qué otras especies existían además de las que ya utilizaban. A partir de ellas, Díaz amplió la muestra mediante la técnica de “bola de nieve”: cada persona entrevistada recomendaba a otra que también supiera de “maticas”, hasta llegar a 46 participantes más y completar un total de 76.

Cada “matica” mencionada se convertía, además, en una muestra botánica: una ramita con flores o frutos que Díaz-Rueda secaba y llevaba al Herbario Nacional Colombiano (COL) de la UNAL para compararla con ejemplares de referencia, consultar literatura especializada y verificar su identificación con especialistas en diferentes grupos de plantas.

Escuchar estos saberes también convirtió al investigador en traductor entre dos lenguajes. “Me encontraba con términos coloquiales muy pintorescos, como la descuajadura. Yo preguntaba: ¿pero qué es? Y me explicaban: es cuando el niño se cae, le da diarrea y queda pálido, como desnutrido”. Su tarea era relacionar esas expresiones populares con los términos científicos o médicos correspondientes.

El limón, el rey de las 88 formas de uso

Del inventario final, 193 especies (53 %) son nativas y 171 (47 %) son originarias de otras regiones del mundo, pero con el tiempo fueron incorporadas a los huertos santandereanos, entre ellas el romero, el tomillo, la albahaca y la sábila. La familia con mayor número de especies fue Asteraceae, con 32, seguida de Lamiaceae y Fabaceae.

Pero ninguna planta acumuló tantos usos como el limón. “Fue la especie con más usos que logramos documentar, con cerca de 88. Le sigue la caña de azúcar, con 81”. Entre las preparaciones registradas aparecen desde aguas para aliviar molestias digestivas hasta gotas de zumo diluido que algunas personas utilizan para limpiar los ojos.

“La mayoría de los trabajos que se han hecho en la zona andina en Colombia documentaban máximo unas 200; documentamos 365”, explica el magíster de la UNAL, quien destaca que el inventario fue posible gracias al conocimiento compartido por las personas entrevistadas.

Entre las nativas, una de las que llamó especialmente su atención fue el bálsamo o bálsamo tranquilo (Peperomia foliosa), una pequeña hierba para la cual no encontró estudios químicos. “Vamos a empezar a estudiar qué compuestos activos tiene con colegas del Departamento de Farmacia de la UNAL, porque es una de las nativas con más usos y queremos saber por qué funciona”.

Cuando la planta cura sin tocar el cuerpo

El inventario también llevó a Díaz-Rueda a proponer una distinción entre las diferentes maneras de utilizar estas plantas. Llama “psicosomáticos” a los usos en los que existe contacto con el cuerpo, como tomarse una infusión, hacerse un baño o aplicarse un ungüento. A otros los denomina “psicomágicos”, pues la planta no entra en contacto directo con la persona, aunque las comunidades le atribuyen efectos sobre determinadas dolencias.

Con respecto a las hernias encontró que para curar aquellas que son umbilicales o inguinales hay una práctica tradicional que consiste en poner el pie sobre un árbol, marcar el contorno, retirarlo y luego quitar ese pedazo de corteza. “La creencia es que cuando se cicatriza la herida del árbol, se le cierra la hernia a la persona”.

Además, documentó prácticas relacionadas con otras dolencias; por ejemplo, “para una persona con problemas de azúcar en la sangre, cortan una caña de azúcar, le quitan las hojas y la meten debajo de la cama de quien tiene la dolencia; y para el insomnio las dormideras —unas plantas que cierran sus hojas al tocarlas— se cortan y se meten debajo de la almohada”.

Aunque el 53 % de las personas entrevistadas considera que estos conocimientos se están perdiendo, el trabajo también encontró señales de su permanencia y transmisión entre generaciones. “Una de las entrevistadas decía que la pandemia fue como un antes y un después, porque la gente volvió a buscar sanación con las plantas, y pese a todo, una gran parte sigue transmitiéndole estos saberes a sus hijos”.

Parte de ese conocimiento quedó reunido en una cartilla ilustrada con las 65 especies más utilizadas en la región, acompañadas de fotografías y descripciones. El material fue entregado a las personas que participaron en el proyecto y a bibliotecas locales.









viernes, 18 de septiembre de 2026

11 especies de árboles de Bogotá muestran distinta capacidad para enfrentar la sequía

 Guayacan de Manizales, chicalá, aliso y eugenia están entre los árboles de Bogotá con mayor vulnerabilidad a la falta de agua. Incluso ante sequías moderadas podrían presentar afectaciones en su crecimiento y desarrollo y, si estas se intensifican, llegar a un punto del que sería difícil recuperarse. En contraste, falso cerezo, saúco, nogal y holly liso cuentan con mecanismos que les permiten enfrentar mejor la escasez de agua.

Los bogotanos ya vivieron los efectos de una fuerte sequía en 2024, una de las peores de las últimas décadas, que llevó al racionamiento de agua en toda la ciudad, mientras el sistema Chingaza alcanzaba niveles críticos como consecuencia del fenómeno de El Niño.

Dicha historia podría volver a poner a prueba la capacidad de la ciudad para enfrentar la falta de agua, ante las proyecciones de un nuevo episodio de El Niño de intensidad muy fuerte hacia finales de 2026 e inicios de 2027.

Lo ocurrido en 2024 permitió observar, además, cómo responden los árboles de la ciudad cuando disminuye considerablemente el agua disponible. Entre julio y septiembre de ese año, meses clasificados como secos dentro del estudio, el contenido de agua del suelo en el área analizada fue en promedio del 17,6 %, frente al 42,6 % registrado durante los periodos húmedos. Además, aumentó la temperatura y disminuyó la humedad relativa del aire.

El escenario de la sequía y cómo los árboles de la ciudad pueden enfrentarse a ella fueron los puntos centrales de la investigación de Derly Alejandra Garzón-Casallas, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien estudió 11 especies de árboles comunes en Bogotá para establecer cómo responden a periodos de menor disponibilidad de agua.

De cada especie se seleccionaron seis árboles adultos y sanos ubicados en el campus de la Sede Bogotá. Durante el seguimiento, realizado entre enero de 2024 y septiembre de 2025, se comparó su comportamiento en periodos secos y húmedos. Las especies se escogieron por ser representativas de la ciudad, contar con más de 20 individuos en el campus y tener ejemplares adultos bien establecidos.

Para establecer qué tan vulnerables eran, se midieron seis características fisiológicas y bioquímicas en sus hojas. Entre ellas, la cantidad de agua que conservaban, la apertura de los estomas —pequeños poros por los que la planta intercambia gases y pierde agua—, la concentración de prolina, un aminoácido que ayuda a proteger las células, y el margen que tenían antes de perder la presión interna que mantiene sus células firmes y funcionales.

Además, el seguimiento incluyó sensores instalados en diferentes puntos del campus que registraron cada diez minutos la temperatura y la humedad del aire, mientras la cantidad de agua presente en el suelo se midió cada 15 días alrededor de los árboles. Así fue posible comparar las respuestas de las mismas especies bajo condiciones ambientales diferentes.

Entre las especies destaca el guayacán de Manizales, una especie nativa de Bogotá que se recomienda para plantar en zonas con riesgo de deslizamiento y cuya madera se aprovecha para diferentes usos en la carpintería, por ejemplo.

Durante el periodo seco llegó a operar cerca e incluso más allá de su límite fisiológico, una condición que, si la falta de agua se prolonga o intensifica, podría comprometer su funcionamiento y supervivencia.

“Bajo las condiciones de nuestro estudio, este árbol es el más vulnerable. En una sequía no tan intensa ya está teniendo efectos: puede que empecemos a ver declinamientos en su crecimiento y desarrollo”, explica la magíster.

La alta vulnerabilidad a la sequía que presentan estas cuatro especies significa que, cuando el agua escasea, sus células pierden la capacidad de mantenerse firmes y funcionales, lo que afecta procesos fundamentales como la fotosíntesis, la asimilación de carbono y su crecimiento normal. Los resultados muestran que estas especies trabajan con márgenes fisiológicos más estrechos durante los periodos secos, por lo que una sequía más prolongada o intensa podría comprometer su desempeño.

Otras especies muestran menor vulnerabilidad

La investigadora no solo evaluó aquellas especies que podrían verse afectadas por las sequías, sino que también logró identificar las que presentan menor vulnerabilidad. Entre ellas están el falso cerezo, el saúco, el nogal y el holly liso, este último una especie invasora en los humedales de la ciudad y que mostró una de las mayores capacidades para enfrentar la falta de agua.

Tales especies no necesariamente soportan una mayor deshidratación, sino que cuentan con mecanismos que les permiten reaccionar antes de alcanzar niveles críticos. Entre ellos están el cierre de los estomas, que reduce la pérdida de agua, y una mayor acumulación de prolina, un aminoácido que actúa como protector para mantener sus células firmes y funcionales incluso cuando el agua escasea. Esa respuesta coordinada les permite conservar un margen de seguridad mayor antes de acercarse a sus límites fisiológicos.

En otras palabras, mientras las especies menos vulnerables tienden a “evitar” la sequía regulando antes la pérdida de agua, las más vulnerables continúan funcionando a medida que disminuye la disponibilidad de agua y terminan operando más cerca de sus límites.

El holly liso fue el que conservó el margen de seguridad más amplio durante el periodo seco, lo que sugiere una mayor capacidad para soportar periodos más largos o intensos de escasez de agua. Sin embargo, este resultado no significa que deba privilegiarse su siembra en Bogotá. Al tratarse de una especie exótica e invasora, su desempeño frente a la sequía debe analizarse junto con los posibles efectos que puede tener sobre los ecosistemas.

“Esta especie tiene una alta producción de semillas que germinan más rápido que las de otras, por lo que suele desplazar a las especies nativas”, explica la investigadora.

Aun así, el holly liso también presta servicios ecosistémicos, por lo que su manejo no puede reducirse únicamente a retirarlo de estos espacios.

Resultados aportarían a la planificación urbana

Los resultados pueden aportar información para la planificación y el manejo del arbolado urbano de Bogotá, especialmente ante escenarios de mayor variabilidad climática. La tesis plantea que conocer la vulnerabilidad de cada especie y su capacidad de ajustar diferentes funciones frente a la falta de agua puede orientar la selección de árboles para la ciudad.

“Esta información la puede utilizar el Jardín Botánico de Bogotá, el ente encargado de regular la selección y plantación de especies en la ciudad, para tener en el radar aquellas especies con mayor capacidad de aclimatación y prever los riesgos en las especies más vulnerables”, señala la magíster Garzón-Casallas.

Esto no significa, sin embargo, hacer una lista de árboles que sirven y otros que no. La selección de especies también debe considerar su origen —si son nativas o exóticas—, sus efectos sobre los ecosistemas y su capacidad para responder a otros factores de estrés propios de las ciudades, como las altas temperaturas y la contaminación.

Los resultados también pueden ser útiles para quienes conviven diariamente con estos árboles y pueden contribuir a su cuidado. “Es para la vecina o el vecino que tiene un guayacán frente a su casa, por ejemplo, y sepa que es una especie que tiene riesgos frente a la sequía”, concluye la investigadora.

 










viernes, 4 de septiembre de 2026

75 tipos de piña conservados en Colombia revelan una amplia diversidad genética

 Piñas de pulpa amarilla o de tonalidades más claras; frutos grandes, medianos o pequeños, alargados o redondos; coronas abundantes o diminutas, y hojas lisas o cubiertas de espinas. Esta diversidad de formas y colores también se encuentra en sus genes. Así lo reveló el análisis de 75 tipos de piña conservados en Colombia, entre los que están variedades conocidas como mordilona, manzana, perolera y MD2, esta última comercializada como piña gold u oro miel.

La investigación, desarrollada por Kevin Alejandro Rodríguez Arévalo, estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, analizó materiales de piña conservados en el Banco de Germoplasma de Piña de Colombia.

Al comparar sus características físicas y genéticas encontró diferencias importantes entre variedades botánicas, cultivares y materiales recolectados en distintas regiones del país.

El banco, ubicado en el Centro de Investigación Palmira de Agrosavia, conserva esta diversidad, cuyo estudio aporta información para orientar estrategias de conservación y futuros programas de mejoramiento genético de la especie.

Parte de esta diversidad se explica porque el origen de la piña es el  trópico americano. La especie pertenece a la familia Bromeliaceae, que reúne alrededor de 50 géneros y 3.140 especies, pero incluso dentro de una misma especie, como Ananas comosus (L.) Merr., pueden encontrarse diferencias que van mucho más allá de las visibles para el consumidor.

Para identificar esas diferencias, el estudiante Rodríguez estableció, mediante análisis estadísticos, grupos de materiales con formas y tamaños semejantes. Uno de ellos agrupó materiales como mordilona, piña de agua y piña de Castilla; otro reunió una mayor diversidad de cultivares, entre ellos piña caqueteña, llanera, manzana/perolera, mayanesa, perola, pajarita, queen, singapore canning y smooth cayenne.

Los resultados mostraron que la mayor riqueza genética se concentra en las variedades botánicas de la piña, como microstachys, bracteatus y erectifolius. En cambio, los cultivares más conocidos y cultivados, entre ellos manzana, perolera, queen, smooth cayenne, singapore canning y MD2, presentaron menor diversidad genética.

Para el investigador este comportamiento era esperado, ya que la mayoría de los cultivares se multiplican de forma clonal, es decir, se reproducen a partir de plantas genéticamente muy similares.

“Los análisis utilizados para reconstruir las relaciones evolutivas entre los materiales confirmaron la consistencia de los resultados obtenidos mediante las caracterizaciones morfológicas y genéticas”.

Diversidad genética para conservar y mejorar la piña

Para conocer con mayor detalle esa diversidad, los 75 materiales fueron sometidos por el investigador, en los laboratorios de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia), a análisis de diversidad genética mediante resecuenciación del genoma completo. Con esta técnica se identificaron pequeñas variaciones en el ADN, conocidas como polimorfismos de nucleótido simple (SNP), que permiten estudiar las relaciones genéticas entre los materiales.

Los resultados evidencian que el Banco de Germoplasma de Piña de Colombia conserva materiales con una amplia diversidad genética, especialmente entre las muestras recolectadas en el país, información que constituye una base para futuras estrategias de conservación, programas de mejoramiento genético y nuevas investigaciones sobre la evolución y domesticación de esta especie.

Los resultados tienen una aplicación que va más allá de describir las características de las plantas. Según el estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas, “la caracterización genética contribuye al diseño de estrategias de conservación y mejoramiento de la piña, ya que permite identificar materiales con características y relaciones genéticas de interés”.

El estudio también sugiere la necesidad de ampliar las recolectas hacia regiones que actualmente están poco representadas en el banco, especialmente la Amazonia y la Orinoquia.