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miércoles, 4 de marzo de 2026

Sin tumbar un solo árbol, 97 familias de Guaviare hacen del asaí y del seje su sustento

 En límites con el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, 97 familias campesinas de San José del Guaviare luchan contra la destrucción de la selva Amazónica, talada para abrir potreros ganaderos o para el cultivo ilícito de coca. Allí aprovechan palmas nativas como el asaí para comercializar su pulpa y su jugo, y el seje para desarrollar aceites naturales para la piel. Sin embargo, aunque sus productos tienen potencial, aún necesitan financiación para preservar sus iniciativas.

La ingeniera forestal Shalom Natalia Sánchez Quintero, del Instituto Amazónico de Investigaciones (Imani) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, explica que estas familias provienen de regiones como Boyacá, Santander y Cundinamarca, de donde salieron en busca de tierra y oportunidades, y están asentadas en el Guaviare desde hace más de 50 años.

Su estudio muestra que desde 2022 la vida de esta población dio un giro, pues algunos de ellos, que hace unos años se dedicaban principalmente a la ganadería, están decididos a dejar de talar para ampliar hatos ganaderos, convertir el bosque en su principal fuente de sustento y ser pioneros en la conservación.

La iniciativa se adelanta entre la Cooperativa Multiactiva Familias del Chiribiquete (Coomagua) y la UNAL Sede Amazonia, en el marco de un proyecto orientado a fortalecer la forestería comunitaria, un modelo que enriquece las capacidades de las comunidades para hacerle frente a la deforestación con soluciones prácticas y sostenibles en el tiempo. Desde 2018 este proyecto ha sido impulsado por el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible y Gef Corazón de la Amazonia, entre otras instituciones. 

A partir de entrevistas, recorridos por las fincas, talleres participativos y análisis de la cadena productiva desde que se recolecta el fruto hasta que se comercializa, la investigadora Sánchez evidenció que el asaí (Euterpe precatoria) se ha convertido en el producto con mayor potencial económico para estas familias del norte del Guaviare, gracias a su posición en el mercado global. 

Cada temporada de cosecha implica internarse en el bosque para recolectar los racimos maduros y procesarlos el mismo día, pues el fruto es altamente perecedero. La pulpa se transforma en jugos y alimentos que se venden en el casco urbano de San José del Guaviare, generando ingresos directos sin necesidad de ampliar potreros.

También encontró que la palma de seje (Oenocarpus bataua) ofrece un recurso menos conocido pero estratégico: de su fruto se extrae un aceite natural utilizado tradicionalmente para el cuidado de la piel y con potencial en productos cosméticos y farmacéuticos. 

A diferencia del asaí, su transformación no requiere refrigeración, lo que facilita su manejo en zonas rurales con infraestructura limitada. El estudio resalta que diversificar entre ambas especies reduce riesgos económicos y distribuye ingresos a lo largo del año.

Un talón de Aquiles

A pesar de que los dos frutos tienen potencial económico para las comunidades, los principales obstáculos son el acceso a mercados, el transporte y la infraestructura para procesar mayores volúmenes de fruta. Las trochas en mal estado y los costos logísticos reducen la rentabilidad, lo que explica por qué en la zona esta economía sigue siendo complementaria frente a la ganadería extensiva.

“La Cooperativa aún no tiene una planta de transformación propia, por lo que los campesinos deben pagar a terceros para realizar este proceso, lo que dificulta la garantía de autonomía y la obtención de mayores ingresos con la venta de productos transformados, además de que no tienen aliados estratégicos que comercialicen estos productos, por lo que el material que no logra venderse ocasiona pérdidas”, señala la investigadora del Imani.

“Debido a esta limitación, en los últimos años no se ha alcanzado el volumen de toneladas previstas, que para el asaí debía superar las 1.352 toneladas anuales y para el seje las 2.028 toneladas; además los precios están por debajo de lo que sería rentable, ya que en Bogotá y otras ciudades la pulpa de asaí o el aceite de seje se vende hasta dos veces más caro, pues tienen plantas de transformación propias, segmentos de la cadena a escala industrial, lo que facilita obtener los permisos para su comercialización de entidades como el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima)”, precisa la investigadora.

Así mismo, las familias que participan activamente en el aprovechamiento de estos frutos mantienen parches —relictos de unas pocas hectáreas— significativos de bosque dentro de sus predios, pues de allí depende su ingreso. La organización colectiva mejora la negociación de precios, facilita el acceso a proyectos de apoyo institucional y fortalece la cohesión comunitaria, especialmente con la participación de grupos de mujeres en la transformación de los productos.

Guaviare es uno de los departamentos colombianos más afectados por la deforestación. Según la Defensoría del Pueblo, solo en 2024 registró la pérdida de cerca de 20.000 hectáreas de bosque, especialmente por expansión ganadera, acaparamiento de tierras y economías ilegales de grupos como las disidencias de las FARC. Cada hectárea talada también implica la desaparición de las palmas de asaí y seje, especies propias del bosque maduro que no prosperan en potreros abiertos y cuya recuperación puede tardar décadas.

En ese contexto, la investigación advierte que estas economías basadas en frutos silvestres funcionarán como un freno local a la deforestación siempre que exista demanda por pulpa y aceite y se reconozca que el campesinado es esencial en la conservación, y que mantener el bosque en pie resulta más valioso que talarlo. 

Sin embargo, no atender los cuellos de botella —como los costos de transporte, las limitaciones organizativas, la ausencia de alianzas comerciales sólidas y el procesamiento externo— limita su expansión como alternativa económica principal.






viernes, 14 de marzo de 2025

Árbol oculto en Bogotá tendría compuestos anticancerígenos

 Tiene espinas en su tronco, pelos en sus hojas y frutos diminutos que no son comestibles sino amargos y tóxicos, y además posee una gran capacidad para adaptarse al calor y la lluvia intensos; así es el árbol de frutillo o cucubos, familiar de las papas y los tomates que ha sido poco estudiado aunque contiene alrededor de 21 genes que a futuro ayudarían a producir moléculas capaces de combatir células cancerígenas e inflamación, y de proveerles una armadura natural a plantas como el lulo, ante plagas y el cambio climático.

Para entender este mecanismo, imaginemos una planta atacada por un hongo, una bacteria o un insecto, si no se protege de alguna manera no sobrevivirá. Por eso familias como las solanáceas –a la que pertenece el árbol de frutillo– producen compuestos naturales que repelen estos organismos y les permiten vivir más y adaptarse mejor. Sin embargo, algunas especies –entre ellas la papa sabanera o criolla que se consumen en el país– han ido perdiendo la capacidad de producir dichos compuestos, ya que los agricultores les han dado más importancia a las propiedades atractivas para el consumidor, como sabor y el color, entre otras.

Los compuestos en cuestión se llaman glicoalcaloides esteroidales (SGA), un nombre difícil de entender la primera vez que se lee, pero que, en palabras más sencillas, es lo que se produce en la planta al combinar azúcares presentes en su organismo con sustancias que provienen del colesterol, ¿curioso, verdad? Así, plantas, árboles y arbustos de las solanáceas que se protegen cuando son silvestres, tienen una cantidad y diversidad mayor de estos compuestos.

Con esto en mente, el investigador Pablo Andrés Pérez Mesa, doctor en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se preguntó si todas las especies de esta familia producen los compuestos, pues los estudios se han centrado en papa y tomate, pero hay cientos de especies que no han tenido la oportunidad de ser exploradas; de hecho, algunas comunidades indígenas y campesinas en Cundinamarca y Santander las usan en sus actividades diarias, por ejemplo sus hojas como jabón, ya que produce una especie de espuma.

Al indagar en estos grupos encontró que la especie Solanum stellatiglandulosum, también llamada frutillo, tiene 21 genes candidatos para producir los SGA, un hallazgo sin precedentes pues este árbol ha pasado desapercibido a los ojos de los investigadores y de los transeúntes de la Región Andina.

“En Bogotá, en el sector del Parkway y en el Jardín Botánico hay algunos individuos que resaltan por sus espinas y frutos diminutos con sabor amargo y toxicidad, pues precisamente aún conservan esta propiedad para defenderse ante plagas, lo cual los hace muy interesantes de estudiar. Incluso se evidenció que existen nuevos compuestos de esta clase con potencial en medicina y modificación genética para hacer resistentes a otras especies”, asegura el experto.

De tal palo tal astilla

El doctor en Biología, en compañía de un grupo de investigadores del grupo Tándem Max Planck de la UNAL, recopiló muestras de semillas, frutos y partes de hojas y ramas de 126 especies distintas de solanáceas, entre las que había papas, tomates, berenjenas y lulos, además de árboles, arbustos y otras plantas silvestres poco estudiadas como el árbol frutillo. Las semillas provenían de distintas regiones del país, entre ellas Cundinamarca, Boyacá, Cauca, Meta, Antioquia e incluso Amazonas y Chocó.

“Aunque a lugares como Norte de Santander y la Sierra Nevada de Santa Marta no pudimos llegar por la presencia de grupos al margen de la ley y por la pandemia de Covid-19, encontramos en total 37 especies silvestres y 17 domesticadas, grupo en el que se destacan los lulos, que tiene cerca de 10 especies pero solo se consumen 3, en parte porque hay plantas de estos géneros que se consideran como maleza y pasan desapercibidas para todo el mundo”, indica el investigador Pérez.

Los compuestos presentes en estas plantas han sido descritos en la literatura como agentes que disminuyen el crecimiento de células cancerígenas de pulmón, por lo que la investigación de árboles como el frutillo ayudaría a entender mejor estos mecanismos y su potencial uso en la industria farmacológica.

El doctor explica que las semillas recolectadas se sembraron en los invernaderos de la UNAL Sede Bogotá por alrededor de 2 años, hasta que fueron adultos, para luego analizar su genética y metabolismo. Algunas muestras se enviaron a Alemania, donde el Instituto Max Planck de Fisiología Vegetal en Potsdam tiene los instrumentos necesarios para examinar los compuestos presentes en las plantas.

Cuando las muestras regresaron, el investigador analizó si los compuestos de interés estaban presentes y en qué cantidades: “aunque la diferencia de concentraciones no es tan marcada, sí construimos la base de datos completa de cómo está compuesto el genoma de estas especies de plantas, lo cual es muy innovador y ayudaría a que sus aplicaciones sean una realidad a futuro”.

Por otro lado, también encontró que aunque los borracheros o las uchuvas forman parte de la misma familia, no producen estos compuestos. Este es un primer paso para seguir analizando qué ocurre dentro de las plantas y cómo esto ayudaría a generar especies más resistentes ante plagas y enfermedades –como la gota o antracnosis– que todos los años dejan millonarias pérdidas en frutos como el lulo, la papa y el tomate.





jueves, 19 de noviembre de 2020

Cáscaras de frutas servirían para producir biocarbón

 Estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira vieron en los residuos de pitahaya, tomate de árbol, totumo y chontaduro, que regularmente son mal dispuestos, un potencial de aprovechamiento para generar un nuevo producto.

Muchas veces las industrias –sin importar su tamaño– no disponen correctamente los residuos de estos frutos de alto consumo en el Valle del Cauca, y suelen desecharlos en acueductos y otros lugares causando un impacto ambiental negativo.

En este contexto, el ingeniero agroindustrial Wilson Daniel Caicedo y la ingeniera ambiental Valentina Arias Velasco, ambos de la UNAL Sede Palmira, vieron la oportunidad de aprovechar estos residuos en la producción de otro material y reducir el impacto ambiental generado por su mala gestión.

En este caso se enfocaron en transformarlos en biocarbón por medio de pirólisis, un proceso térmico mediante el cual se descompone químicamente la materia orgánica.

“El biocarbón se utiliza como fuente de energía, por lo que ahí se estaría solucionando una segunda problemática”, explica el ingeniero Caicedo.

Normalmente las industrias utilizan estos carbones en calderas, para calentar agua o aire. Entre los procesos que se puede llevar a cabo están el secado de algún producto o la pasteurización de líquidos como jugos o leche, es decir que sirve especialmente para tratamientos térmicos.

Para llevar a cabo el proceso de transformación, lo primero que se hizo fue recoger los residuos en Palmira (Valle); algunos se compraron y otros adquirieron directamente con los vendedores de frutas.

Después las cáscaras se sometieron a un secado para luego pulverizarlas. Los polvos de cada fruto se enviaron a la Universidad Autónoma de Occidente, donde la profesora Gladis Mirian Aparicio Rojas hizo los respectivos estudios de caracterización térmica, la cual consiste en evaluar –en un rango que va hasta los 900 °C, por ejemplo– cómo es la pérdida de masa de los residuos.

A partir de los datos térmicos, los investigadores determinan hasta qué punto pueden hacer ese calentamiento y qué tanta masa se reduce.

Después de la caracterización térmica sigue el tratamiento de los datos mediante modelos matemáticos, en los que se evalúan los gráficos térmicos obtenidos para determinar si es rentable o no utilizar estos residuos

Uno de los aspectos más importantes que se observó fue la cantidad de materia que quedó después del proceso de pirólisis: entre 15 y 20 % puede ser rentable. En este caso los porcentajes estuvieron entre 18 y 30 % de biocarbón, con lo que se concluye que dichos residuos sí tienen potencial.

Por otro lado, además de este producto existe una segunda opción de aprovechamiento, la cual no se pudo desarrollar por la pandemia. Y es que a partir del biocarbón los investigadores tienen proyecciones de utilizarlo para producir carbón activado.


jueves, 5 de febrero de 2015

"2015 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"


 SIEMBRA UN ÁRBOL Y DALE OXIGENO AL PLANETA!!


NO OLVIDES INCLINARTE A VER LA NATURALEZA Y VER SUS BONDADES.

Cultiva esta Bendita tierra para ti y otros , cuídala y respétala!
Gracias por estar con nosotros,


jueves, 6 de noviembre de 2014

"2014 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"

LA NATURALEZA NOS BRINDA TODO ...

PORQUE HACERLE DAÑO QUEMANDO  Y TALANDO?


ASUME ACTITUDES RESPONSABLES QUE NO CAUSEN INCENDIOS FORESTALES, Y NO TALES LOS ARBOLES, YA QUE SON UN PULMÓN PARA EL PLANETA!!

".........No destruyas su arboleda metiendo hacha, porque de ella comerás;y no la talaras.......
Deuteronomio 20:19-20

Gracias por tu tiempo

martes, 5 de agosto de 2014

viernes, 23 de mayo de 2014

"2014 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"


 PLANTA UN ÁRBOL Y DALE OXIGENO AL PLANETA!!


TU ERES LA SOLUCIÓN Y NO ESPERES QUE OTRO LO HAGA. ...

Gracias por tu amor por la Naturaleza amable visitante.

martes, 29 de abril de 2014

" 2014 ENCUENTRO CON LA NATURALEZA"


 TE SALUDAMOS Y TE DAMOS LAS GRACIAS AMIGA CORRESPONSAL POR TU LABOR POR EL MEDIO AMBIENTE!


 LAS PALABRAS SOBRAN CUANDO HAY UN MISMO SENTIR POR LA NATURALEZA !!


LAS EMPRESAS UNIDAS HACEN LAZOS PARA LUCHAR POR UN MEJOR MAÑANA POR LAS GENERACIONES PRESENTES Y FURAS .


GRACIAS


UN ABRAZO LLENO DE GRATITUD Y ADMIRACIÓN A LA BELLA CREACIÓN QUE NOS RODEA!!

Gracias por tus visitas y compañía. 

miércoles, 17 de julio de 2013

EL ÁRBOL


EL GUAYACÁN ES UN ÁRBOL QUE LLEGA A MEDIR  HASTA 20 M, Y SU DIÁMETRO APROXIMADO ES DE  60 CM Y SUS RAÍCES SON PROFUNDAS.   
EN DECORACIÓN PARA LAS CIUDADES ES MARAVILLOSO Y COMO PULMÓN PARA EL PLANETA ...........EXCELENTE. 



Te invitamos a leer la poesía del Panameño, José Francisco.
El Guayacán y el Niño
El niño mira a los cielos
bajo un celaje encendido,
la belleza lo conmueve,
las luces de los racimos,
parecen que fueran de oro
salidos del paraíso.
El niño interroga al árbol
que lo escucha conmovido,
¿De qué te asombras?, pregunta.
¿De qué te asombras cariño?
¡De tan hermoso ramaje
que te viste de amarillo!
¡Ja.. Ja, Ja!, el árbol ríe