jueves, 23 de marzo de 2023
jueves, 9 de marzo de 2023
Injerto de maracuyá con cholupa tiene potencial para combatir la secadera
Cuando el hongo de suelo Fusarium solani ataca las enredaderas de maracuyá, su crecimiento se detiene, las hojas se marchitan y en su interior se aprecian manchas rojizas y anaranjadas que dan cuenta de la intensidad de la acción letal del hongo, y por eso la enfermedad que causa recibe el nombre de “secadera”. En busca de una variedad que pueda hacerle frente a esta afectación, se probó con resultados prometedores la injertación entre parientes silvestres de este fruto, como la badea y la cholupa.
Con cerca de 10.000 hectáreas sembradas, Colombia es el
segundo productor de maracuyá en el mundo después de Brasil (60.000 hectáreas).
Las mayores áreas sembradas se concentran en Valle del Cauca, Meta y Huila, con
un 70 % de la producción.
En cuanto a exportaciones, aunque el país comparte la misma
área sembrada con Perú, este se consolida como el mayor exportador con 25
millones de dólares, frente a los 2,5 millones de dólares que en promedio
exporta Colombia, lo cual representa una oportunidad para el crecimiento de
este importante subsector frutícola.
Aunque el maracuyá (Passiflora edulis f. flavicarpa Degener)
es una de las frutas tropicales más apetecidas en el mundo –no solo por su
exótico sabor sino también por su alto contenido de nutrientes, vitaminas y
antioxidantes–, enfermedades como la secadera, producida por F. solani,
amenazan su expansión y producción. Para controlar el dañino impacto de este
hongo, en algunos casos se recurre al uso indiscriminado de agroquímicos.
El prometedor panorama del maracuyá motivó un proyecto de
investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira y la
Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia) que busca,
mediante la enjertación, una alternativa para hacerle frente a la secadera. El
aporte más reciente de esta alianza es el trabajo para la Maestría en Ciencias
Agrarias de Joel Espinal Aguilar.
En la enjertación estaría la respuesta
El injerto es el arte de unir el tallo y su sistema de
raíces con un sistema de brotes (copa) de otras especies de la misma familia
(en este caso de pasifloras), de manera que posteriormente crezcan y se
desarrollen como una planta compuesta para aumentar la resistencia a las
enfermedades causadas por patógenos que viven en el suelo.
Aprovechando los recursos genéticos del maracuyá, se
evaluaron cinco especies silvestres parientes de Passiflora que
funcionaron de portainjertos: maracua (P. alata), gulupa (P. edulis f. edulis),
badea (P. quadrangularis), pasionaria azul (P. caerulea)
y cholupa (P. maliformis). Estas se seleccionaron con base en la
resistencia parcial o total al hongo F. solani reportada en la
literatura. A partir de ellas se obtuvo compatibilidad.
De estas uniones, el resultado más prometedor lo dio el
injerto de maracuyá con cholupa, fruta autóctona del Huila conocida por su
sabor cítrico, rica en vitaminas, antioxidantes y fibras.
El profesor John Ocampo Pérez, del Grupo de Investigación en
Recursos Fitogenéticos Neotropicales de la UNAL Sede Palmira, afirma que “ahora
hay que llevar esta tecnología al campo para que los campesinos la adopten y
mejoren su rentabilidad”.
Lo más acertado es que un vivero certificado –que maneje los
aspectos de asepsia, fisiología y genética– realice el procedimiento de
enjertación y ofrezca las plántulas a los productores”, agregó el docente,
director del trabajo de maestría.
Como parte del proyecto de investigación con Agrosavia se
publicó el libro-manual Tecnología para el cultivo del maracuyá en Colombia,
dirigido a investigadores, técnicos, productores y cualquier colombiano
interesado en conocer cómo se siembra la semilla del maracuyá, cómo se prepara
el terreno, cómo se implementan los sistemas de riego, cuáles son las mejores
zonas climáticas para sembrarlo, cuál es el manejo adecuado de plagas y
enfermedades, costos de producción, potencialidad de exportación y el mapa con probabilidad
de éxito para la siembra.
“Se trata de una obra sólida, resultado del proyecto de
investigación y de las experiencias acumuladas durante 15 años de estudio del
maracuyá en Colombia y otros países de la región”, destaca el profesor Ocampo.
La UNAL Sede Palmira regalará algunos ejemplares impresos a productores, y próximamente el libro se subirá a internet para que se pueda consultar y descargar.
miércoles, 1 de marzo de 2023
En maíz identifican y caracterizan hongos que producen toxinas
Por primera vez en Colombia se identificaron hongos tóxicos asociados con la mazorca de maíz, causantes de pérdidas en rendimiento y calidad del cultivo, por ser la principal fuente de contaminación antes y después de la cosecha. Este es un hallazgo importante si se tiene en cuenta que, por su capacidad para producir micotoxinas, estos microorganismos pueden afectar la salud humana y animal.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO), el 25 % de los cultivos alimentarios
del mundo se ven afectados por hongos productores de micotoxinas. Por eso es
importante conocer qué especies de hongos están presentes en la mazorca o elote
del maíz y cuáles pueden producir micotoxinas.
Ese fue el objetivo del trabajo adelantado por el ingeniero
agrónomo David Velásquez Ortiz, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad
Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, el cual contribuye a la
caracterización morfológica y molecular de especies toxigénicas (que producen
toxinas) y no toxigénicas (que no lo hacen).
Las micotoxinas son compuestos químicos producidos de forma
natural por una serie de hongos, especialmente Aspergillus, Penicillium, Fusarium y Alternaria.
Dichos hongos atacan forrajes o pastos, cereales, leguminosas, frutos secos,
frutas y hortalizas. Por tratarse de metabolitos secundarios, su producción
depende de la temperatura y la humedad, por lo que en estas zonas se forman
tanto en el cultivo en campo como durante la recolección, el transporte y
almacenamiento.
Hasta el momento se han identificado más de 400 micotoxinas
en diversos cereales, semillas oleaginosas, granos de café y frutos secos,
entre otros alimentos. Las detectadas con mayor frecuencia son las aflatoxinas,
deoxinivalenol, fumonisinas y zearalenona.
“Como son resistentes al calor, una vez producidas por el
hongo no se pueden eliminar de la mazorca ni de los productos derivados del
maíz”, anota el investigador.
En humanos y animales, el riesgo de contaminación radica en
que pueden causar intoxicaciones agudas. En el caso menos grave provocan
náuseas o diarrea, y en el peor causan hepatitis aguda, disfunción renal e
incluso la muerte. También genera intoxicaciones crónicas que pueden afectar el
hígado, los riñones, el sistema nervioso y el sistema inmune.
El magíster explica que “la expresión y gravedad de los
efectos tóxicos depende de la dosis ingerida, del grado de exposición, del tipo
de micotoxina, y de la edad y el estado nutricional del individuo que consume
alimentos contaminados”.
Para el estudio se visitaron 25 localidades productoras de
maíz en el Valle del Cauca, se colectaron 125 mazorcas y de cada una se
seleccionaron 15 granos de forma aleatoria. A partir de esta muestra se
aislaron 155 hongos, y con base en las características morfológicas de cada
género se seleccionaron 50 aislamientos.
Estos porcentajes exceden los niveles máximos establecidos
por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, la
Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de la Unión Europea y del
Ministerio de Salud y Protección Social colombiano para maíz no elaborado y
alimentos a base de maíz destinados al consumo humano directo.
“La identificación y caracterización de hongos toxigénicos y
la evaluación oportuna de las micotoxinas permiten desarrollar y fortalecer las
diferentes estrategias de prevención, control y vigilancia de estos
contaminantes que garantizan la calidad e inocuidad del maíz y los productos
derivados destinados al consumo humano y animal”, asegura el ingeniero agrónomo
Velásquez.
La detección se realizó mediante la amplificación de los
fragmentos de PCR utilizando cebadores de los genes implicados en la
biosíntesis de cada micotoxina y una cuantificación mediante el análisis
cuantitativo ELISA empleando kits Veratox de Neogen para cada micotoxina,
técnica que permite analizar un gran número de muestras con alta precisión en
los resultados.
Combinaciones binarias
El magíster menciona que “cuando el hongo presenta la
capacidad de producir dos o más micotoxinas en simultáneo, la acción combinada
de estas en el maíz o en productos derivados de consumo humano y animal altera
la naturaleza de su toxicidad debido a que los posibles efectos pueden llegar a
ser inferiores, iguales o mayores a la suma de los efectos tóxicos
individuales.
En esta investigación se encontraron las combinaciones
binarias DON+ZEA, DON+FUM y FUM+ZEA, y una única combinación ternaria
DON+FUM+ZEA, la cual genera más preocupación por los graves riesgos asociados
con la salud humana.
Se trata del primer reporte en el mundo que confirma la
presencia y producción de DON y ZEA por la especie Fusarium sororula,
y de AFL por Aspergillus sydowii en el maíz.
De otra parte, de las 13 especies identificadas, 9 son un
nuevo reporte del huésped para el Valle del Cauca y para Colombia: Fusarium
sororula, Penicillium citrinum, Aspergillus sydowii, A. tamarii, A. wentii, Talaromyces
funiculosus, T. sayulitensis, T. stollii y T.
wortmannii).
El estudio fue dirigido por el profesor Eyder Daniel Gómez
López, director del grupo de investigación en Protección Vegetal para el
Mejoramiento de la Productividad de la UNAL Sede Palmira.
lunes, 27 de febrero de 2023
200 huertas en Cali contribuyen a la apuesta por la soberanía alimentaria
Tener un huerto en casa y abastecerse de él para alimentarse ahora será posible para unas 200 familias caleñas de zonas urbanas y rurales que le apuestan a la soberanía alimentaria mediante prácticas agroecológicas. Así garantizarán el acceso a hortalizas, frutas y plantas medicinales.
Mediante un convenio interadministrativo entre el
Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma) de la
Alcaldía de Cali y la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira,
cerca de 200 huerteros de las 22 comunas y 15 corregimientos rurales de Cali
reciben acompañamiento para establecer y fortalecer huertas agroecológicas y
cuidar las cuencas hidrográficas.
Los beneficiarios han asistido a talleres sobre seguridad y
soberanía alimentaria; planeación y construcción de huertas agroecológicas;
manejo de organismos acompañantes de cultivos; custodio de semillas,
multiplicación, calidad y conservación; y biopreparados y asociatividad.
Con los huerteros de las zonas rurales también se trabaja en
reforestación, gallinas ponedoras, pollos de engorde, capacitación y
acompañamiento en la elaboración de bioinsumos agroecológicos para que sean
usados como insecticidas naturales.
En el proyecto participan personas provenientes del Cauca,
Chocó y otras regiones del Pacífico que viven en Cali. Hay huertas en colegios
con estudiantes de primaria y bachillerato, otras lideradas por mujeres,
también de reinsertados y de aficionados que tienen antejardines o patios para
sembrar sus alimentos.
“Estamos generando la semilla para fortalecer la red de
huerteros agroecológicos en Cali. Además de las capacitaciones y los talleres,
se han establecido huertas madre básicas para las comunas, y en las próximas
semanas les entregaremos kits con semillas, micorrizas y abonos especializados
para las plantas, entre otros elementos”, señala el director del proyecto,
Diego Ángel, profesor de la UNAL Sede Palmira.
Ruddy Ocoro Montaño, coordinadora del Grupo de Gobernanza y
Cultura Ambiental del Dagma, agrega que “con esta iniciativa buscamos que los
ciudadanos puedan reemplazar algunas plantas ornamentales por plantas de pan
coger pequeñas como fríjoles, tomate cherri, hortalizas y legumbres, como una
estrategia de educación ambiental y de fomento a la alimentación”.
Según la funcionaria, entre los huerteros hay personas que
ya tenían en sus casas o apartamentos algún tipo de huerta, y otros que
arrancaron de cero gracias a la convocatoria.
“La primera parte del proyecto busca educar alrededor de las
huertas: enseñarles a los ciudadanos a sembrar, a identificar las semillas, a
conocer el proceso que estas deben tener en cada temporada del año y a hacer
abonos”.
Huertas, opción para la seguridad alimentaria
En su casa o apartamento, cualquier persona puede utilizar
el patio, la terraza o el antejardín para sembrar alimentos como hortalizas,
verduras, legumbres, frutas y plantas medicinales. ¿Qué necesita? Un par de
materas, tierra, semillas y abonos que pueden ser naturales, un insecticida
natural y ganas de tener su propia huerta.
En una matera se puede empezar por cosas pequeñas como el rábano, que da frutos en 45 días, lechuga, col, papa amarilla o tomate cherri, que demora hasta tres meses en producir.
Además de las hortalizas, también se pueden cultivar plantas condimentarias como cilantro, albahaca, cebollino, laurel y romero, entre otras, y medicinales como aloe vera, caléndula, manzanilla, limonaria y cola de caballo.Los biopreparados caseros que funcionan como insecticidas
naturales se pueden elaborar con vinagre y miel, o hacer ajidol, que tiene como
base agua, ají y sábila, las cuales se maceran o licúan, y luego se rocía la planta
viernes, 24 de febrero de 2023
Según el reflejo de la luz es posible saber si una planta está enferma o sana
Si una planta está infectada con Fusarium oxysporum, hongo que produce su marchitamiento y muerte, reflectará la luz de una forma distinta a como lo hace cuando está sana. Mediante un espectroscopio, aparato que divide la luz en sus diferentes componentes, es decir en su espectro, se identifican estos cambios hasta 10 días antes de que los síntomas sean evidentes. Se probó con tomate y banano.
Uno de los principales problemas que afronta el sector
productivo es la pérdida de cultivos a causa de enfermedades que no se detectan
a tiempo, por eso, Juan Carlos Marín Ortiz, estudiante de posdoctorado de la
Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL)
Sede Medellín, se dio a la tarea de probar la eficacia del espectroscopio para
ofrecerles una alternativa a los agricultores.
“La interacción entre la radiación electromagnética (en este
caso la luz) y las plantas es muy específica. La forma como interactúa todo ser
vivo y todo material con la radiación es como una huella digital y dependerá de
un estado de desarrollo fisiológico muy particular. Si nosotros, ya sea por una
enfermedad o por estrés, nos alteramos química o fisiológicamente, esa ‘huella
espectral’, esa forma como interactuamos con la radiación, se modificará”,
explica el investigador.
Para entender cómo se realizan los análisis, imagine un haz
de luz que proviene de una lámpara led e interactúa con una mesa, por ejemplo,
una parte de esa radiación es absorbida por la mesa y la otra es reflejada.
“Esa energía que el material no absorbe es la que registramos, lo que nos
permite hacer mediciones a distancia, o teledetecciones. No es necesario tener
la mesa al frente, podemos tener un sensor sobre ella que envíe la información
a un computador”.
En el laboratorio se trabajó con plantas de tomate, papa y
banano –cultivos de interés económico en el país–, especialmente en este
último, ya que el estudio se desarrolló en asocio con el Centro Nacional de
Investigaciones del Banano (Cenibanano), debido al riesgo que implica para el
sector la diseminación de Fusarium oxysporum raza 4, de
ingreso reciente al país, que es particularmente devastador porque ocasiona
síntomas de marchitez y muerte de la planta y permanece por décadas en el
suelo, haciendo difícil su manejo.
“Primero observamos cómo interactúan las plantas sanas con
la radiación (se registra todo un espectro de ondas) y luego vemos cómo lo
hacen cuando están infectadas con el hongo, es decir, vemos qué ondas cambian
cuando hay infección”, señala el estudiante.
Por razones de seguridad, el investigador ha trabajado con
la raza 1 del hongo, obteniendo una precisión en la detección de la enfermedad
cercana al 90 %.
“Hemos logrado detectar el hongo entre una semana y 11 días
después de que inicia la infección, es decir de 7 a 10 días antes de que
aparezcan los primeros síntomas (clorosis y marchitez), que suelen ser
evidentes de 18 a 21 días de haberse dado el contacto con el patógeno, esto es
importante para contener la enfermedad, antes de que sea tarde para los
productores de esta fruta”.
Herramienta esencial
En la actualidad, la tarea principal es encontrar las
longitudes de onda específicas que dan cuenta de una enfermedad,
estandarizarlas en laboratorio y luego en campo, para posteriormente diseñar un
dispositivo manual que, al acercarlo a alguna planta, determine su estado.
“También tenemos en mente la posibilidad de utilizar a
futuro drones con sensores para monitorear cultivos enteros, así el productor
podría tomar decisiones de tratamiento o erradicación para evitar la
diseminación de la enfermedad y grandes pérdidas”.
Los investigadores también estudian la bacteria Ralstonia
solanacearum, que afecta a la papa y al banano dejándolas marchitas o
atrofiadas solo una semana después del ataque del microorganismo. “Es un reto
mayor, el método de detección debe ser mucho más rápido”.
Para desarrollar su trabajo, el estudiante contó con la guía de las profesoras Verónica Botero Fernández, decana de la Facultad de Minas, y Lilliana María Hoyos Carvajal, del Departamento de Ciencias Agronómicas de la UNAL Sede Medellín.
miércoles, 22 de febrero de 2023
Ciencia y Tecnología Cáscara del Hass, promisoria fuente de antioxidantes y neuroprotectores
Además de las bondades como abono o en el cuidado del cabello, que tradicionalmente se le ha adjudicado, la piel que recubre a este manjar, del que se producen más de 155.000 toneladas al año en Colombia, es una “minita de oro” en compuestos benéficos para la salud, con potencial farmacéutico como antioxidantes –que frenan el deterioro de las células– y como protectores del sistema nervioso, que sirven para prevenir enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Por primera vez en el país, usando una extracción secuencial
a altas presiones, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL)
Sede Palmira encontraron aceites, carotenoides y fenoles, entre otros
compuestos conocidos como bioactivos, en el epicarpio o cáscara del aguacate
Hass (Persea americana Mill).
Los compuestos bioactivos se encuentran en las plantas,
hojas, flores, frutos y todo lo que se consume de forma natural. Además cuentan
con propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas, que por
sus estructuras químicas son preventivas.
El ingeniero Juan Felipe Grisales Mejía, estudiante del
doctorado en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la UNAL Sede Palmira, destaca
que “aplicando dicha tecnología se obtuvieron compuestos como
proantocianidinas, presentes especialmente en las plantas y en algunos frutos,
las cuales han demostrado tener propiedades antioxidantes y antimicrobianas”.
“El uso de disolventes naturales como ácidos orgánicos,
azúcares o aminoácidos, que además de biodegradables son económicos y de baja
toxicidad, posibilitó la obtención de compuestos bioactivos de manera eficiente
y sostenible”.
Por ejemplo, dichos elementos presentes en la cáscara del
Hass, en especial aquellos más afines con el agua, demostraron tener una buena
inhibición frente a la acetilcolinesterasa, una de las enzimas responsables del
Alzheimer.
“Es decir, posee actividades protectoras del sistema
nervioso (neuroprotectoras), que podrían prevenir enfermedades
neurodegenerativas. Los resultados tienen el potencial para ser utilizados en
el desarrollo de productos farmacéuticos, cosmetológicos y alimenticios” anota
el experto, integrante del Grupo de Investigación en Procesos Agroindustriales
(GIPA) de la UNAL Sede Palmira.
Altas presiones, técnica que revoluciona la industria
tradicional
“Las técnicas de extracción a alta presión responden a las
necesidades globales de la industria y a los Objetivos de Desarrollo
Sostenible, en comparación con las de baja presión, que generan gases a la
atmósfera y deterioran el ambiente”, indica el profesor de la Facultad de
Ingeniería y Administración Hugo Alexander Martínez Correa, investigador del
Grupo de investigación en Procesos Agroindustriales y director de tesis.
Las extracciones a alta presión permiten modificar algunas
propiedades extractivas de los solventes naturales utilizados; aquí la
temperatura también juega un papel importante.
El modelo propuesto se basó en los conceptos de
biorrefinería y contó con tres etapas en las cuales se obtuvieron compuestos de
diferente polaridad de la misma materia prima.
“En la primera etapa se extrajo la fracción lipídica, o de
baja polaridad, empleando dióxido de carbono supercrítico; en la segunda se
extrajeron los compuestos de mediana polaridad utilizando etanol expandido con
dióxido de carbono comprimido, y en la tercera se obtuvieron los analitos de
mayor polaridad con agua subcrítica", explica el investigador Grisales
Mejía.
Otra de las primicias de este estudio fue el uso de
Solventes Eutécticos Naturales (NADES) para extraer y caracterizar los
componentes bioactivos de la piel del aguacate, ya que los solventes
convencionales comúnmente utilizados en estos procesos, como la acetona y el
hexano, tienen algún tipo de toxicidad y dejan residuos dañinos para el
ambiente.
Solventes como los NADES se consideran biodegradables, de
bajo costo y de baja toxicidad, pueden ser empleados en diversos procesos de
extracción y además podrían ser aplicados directamente en productos
farmacéuticos, cosmetológicos y alimenticios gracias a que están hechos de
ácidos orgánicos, azúcares, aminoácidos, entre otros.
Cáscara de aguacate Hass, residuo prometedor
La cáscara del aguacate Hass representa cerca del 13 %
del peso del fruto, mientras que la semilla o la pepa alrededor del 17 %,
juntos constituyen el 30 % del fruto en general.
Lo primero que hicieron los investigadores fue evaluar las
diferentes mezclas de cáscara y semilla a través de un diseño experimental,
para determinar en qué proporción se podía obtener el mayor contenido de
compuestos fenólicos y contar con las mejores capacidades antioxidantes y
neuroprotectoras, determinadas in vitro. Así, se evidenció que
la cáscara fue el residuo con mejores resultados.
Esta investigación se adelantó en los Laboratorios de
Química, Bioquímica y Fitoquímica y de Operaciones Unitarias de la UNAL Sede
Palmira y del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación – del
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)– y la Universidad
Autónoma de Madrid (UAM), en donde el estudiante Grisales Mejía realizó parte
de la experimentación.
lunes, 13 de febrero de 2023
Bolsas “antihongos” para frutas tropicales
Si durante la elaboración de los empaques plásticos tradicionales se agregara una cucharadita de ácido láurico, obtenido a partir del aceite de coco, se protegería el tomate de árbol del ataque de hongos como Colletotrichum tamarilloi, alargando en dos semanas el tiempo de vida útil de la fruta. Así se conservan sus valores nutritivos –vitaminas y minerales–, y además se extiende su oferta en mercados y fruterías.
En Colombia el tomate de árbol es una fruta exótica que se
da en clima frío moderado y se cultiva especialmente en zonas de Antioquia,
Nariño, Cundinamarca, Caldas y Valle del Cauca. Su producción anual promedio
supera las 150.000 toneladas.
Aunque después de su cosecha la fruta puede durar en buen
estado entre 8 y 10 días, este tiempo se puede acortar ante la presencia de uno
de sus enemigos silenciosos, el hongo Colletotrichum tamarilloi,
que ataca especialmente los cultivos de regiones tropicales, afectando incluso
hasta el 50 % de estos.
Dicho microorganismo está asociado con la antracnosis, una
de las enfermedades más severas de las frutas que también ataca el aguacate, el
banano y el mango.
Para combatir el daño que produce, se ha identificado que el
ácido láurico, un ácido graso presente en aceites vegetales provenientes de almendra,
palma, y principalmente del coco, tiene propiedades que ayudan a detener el
crecimiento del hongo.
La ingeniera química Lissette Ariza Corredor, magíster en
Ingeniería - Materiales y Procesos de la Facultad de Ingeniería de la
Universidad Nacional de Colombia (UNAL), aprovechó las bondades del ácido y lo
implementó como un valor agregado en la producción de bolsas plásticas usadas
para almacenar frutas.
“Se utilizó el ácido láurico extraído del aceite de coco
porque en esta fruta se obtiene un porcentaje mayor al 45 %, es decir que
se necesita una concentración más baja para obtener un efecto antifúngico o
antihongos”, explica la investigadora.
Hongos al acecho
Para obtenerlo, se pasó por hidrólisis, un proceso en el que
se adiciona aceite de coco y agua en un reactor. Posteriormente este se lleva a
un horno precalentado a 220 °C durante 2 horas y así se extrae el mayor
componente del aceite: el ácido láurico.
Luego, mediante un proceso de extrusión se incorporó en una
máquina el polietileno, material base de los empaques, y se le añadió el ácido
láurico en un 5 % –cerca de una cucharadita–. Con ayuda de calor estos dos
componentes se funden y crean una película en forma de rollo muy similar al
Vinipel.
“Con dicha dosificación se inhibió en un 80 % la acción
del hongo, alargando la vida del tomate de árbol por dos semanas, tiempo en el
que esta fruta no presentó ningún signo de enfermedad”, señala la magíster.
Para este ensayo se tomaron tomates de árbol limpios y se
les inyectaron cepas del hongo obtenidas del Laboratorio de Fisiología Vegetal
del Departamento de Biología, con el fin de evaluar el desempeño del empaque
antihongos.
Además de la concentración de 5 % de ácido láurico,
también se probó con un 10 %, que mostró los mismos efectos, mientras que
con el 3 % se tuvo menor eficacia.
La investigadora indica que “con el 3 % se observó que
la cáscara se empezó a descomponer en la segunda semana, y con un 5 y 10 %
a la tercera semana. A mayor concentración, la durabilidad de la fruta tiene
más probabilidad de aumentar”.
Con el 10 % de concentración también dentro de las
muestras, se evidenció que este tiene la capacidad de contrarrestar en un
80 % la antracnosis, enfermedad causada por el Colletotrichum
gloeosporioides, que amenaza de manera constante la calidad de las frutas.
Estos empaques, que son el resultado del trabajo de
investigación liderado por los profesores César Sierra y Diego Alzate, de la
Facultad de Ciencias de la UNAL, se podrían implementar en la industria de
empaques de alimentos, y con ello frutas como el tomate de árbol se
conservarían en mejores condiciones en el mercado.

















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