lunes, 5 de febrero de 2024

Investigación doctoral en Agroecología se fortalece en la UNAL con Acreditación de Alta Calidad

 El estudio tanto de los efectos de la minería en los huertos caseros de Chocó como de las ventajas de la agricultura campesina familiar, los alimentos olvidados por la industrialización de la comida, o la vulnerabilidad de los pequeños cacaoteros ante el cambio climático en Ecuador, son solo algunas de las contribuciones del Doctorado en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira que acaba de recibir la Acreditación de Alta Calidad.

Por cumplir con los criterios de alta calidad acordes con sus propósitos y objetivos, el Doctorado en Agroecología recibió del Ministerio de Educación Nacional (MEN) la Acreditación Institucional de Alta Calidad por seis años, que lo consolida como un referente académico nacional e internacional por sus aportes a la investigación científica y a la transformación de la agricultura.

Con respecto al compromiso continuo del programa con la excelencia educativa y la adaptación a las demandas cambiantes de la sociedad – especialmente con las comunidades rurales y sus organizaciones–, su coordinadora, la profesora Ángela María Londoño Mota, señala que “el impacto es diverso y abarca áreas técnicas, políticas, culturales y espirituales. Nuestras tesis doctorales han explorado el agro-ecosistema y el sistema agroalimentario desde distintas perspectivas, brindando alternativas y abordando problemáticas cruciales”. 

Desde 2009, el primer Doctorado en Agroecología creado en Colombia ha graduado a 31 doctores, cuyas investigaciones en Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Tolima, así como en diferentes lugares de Ecuador, han aportado a la transformación de las prácticas agrícolas. Por ejemplo, algunos de sus egresados han hecho notables aportes en sistemas productivos de maíz, soya, plátano, café, quinua y panela, entre otros.

El Doctorado se ha destacado por su apertura a profesionales de diversas disciplinas: desde abogados hasta biólogos, filósofos, ingenieros, zootecnistas y economistas han transformado su visión, desde la perspectiva propia de su profesión hasta una comprensión integral y sistémica de los desafíos agropecuarios y ambientales. 

Es de resaltar que este posgrado también ha incidido significativamente en la educación superior, ya que sus graduados, que ocupan roles clave en instituciones educativas como la Universidad de Nariño y otras en Ecuador, han impulsado la creación de programas de maestría en agroecología.

Un futuro prometedor en medio de la crisis 

En momentos en que la humanidad se ve obligada a repensar sus sistemas de producción y consumo, la agroecología emerge como un enfoque integral que no solo aborda los síntomas de la crisis climática, la conservación de los recursos naturales y el respeto por las prácticas tradicionales de las comunidades, sino que además redefine la relación entre la sociedad y la tierra, de ahí que su importancia radica en la capacidad de ofrecer respuestas sostenibles y armoniosas a los desafíos actuales.

“La agroecología es una respuesta necesaria a la crisis civilizatoria que enfrentamos. Nuestra propuesta, a partir de la formación, busca transformar la manera en que producimos alimentos, conservamos los bienes naturales y nos relacionamos con la naturaleza”, explica la profesora Londoño.

Y así lo evidenció recientemente el profesor Liviston Barrios Arango, doctor en Agroecología, quien analizó 36 huertos caseros de los municipios de Nóvita, Istmina y Tadó (Chocó), en zonas de actividad minera, y evidenció que más del 40 % de los suelos tienen altos niveles de mercurio que contaminan frutas, verduras y plantas medicinales, fundamentales para la alimentación y las tradiciones de las comunidades. 

Por lo tanto, considera que “el hecho de que el programa haya recibido la Acreditación de Alta Calidad potencia y visibiliza el papel de la Universidad en la transformación de los territorios, ya que permite contribuir a una mejor producción de alimentos en colaboración con las comunidades locales, fusionando el conocimiento tradicional con la investigación científica”.

La doctora en Agroecología Juliana Sabogal Aguilar, quien hizo su tesis sobre la soberanía alimentaria de los campesinos de Pasto (Nariño) y estudió el impacto de las principales políticas agrarias, señala que “como egresados del programa enfrentamos un reto en este momento histórico particular, pues se nos está reconociendo como un referente de incidencia política que puede dar luces sobre diversos temas ambientales y sociales del mundo rural y agrario”.

La Acreditación de Alta calidad continúa

“La Acreditación, más que un reconocimiento, es un proceso dinámico que permite evaluar nuestras fortalezas y debilidades constantemente. Nos obliga a involucrar a todos los actores, desde estudiantes hasta empleadores, en un plan permanente de mejora que seguiremos llevando a cabo”, añadió la coordinadora Londoño.

Por su parte, la profesora Marina Sánchez de Prager, referente histórica de la agroecología en Colombia y una de las principales promotoras del Doctorado, anunció que en marzo, aprovechando la realización de un evento internacional, se dará a conocer la importancia de esta formación en Latinoamérica. Enfatizó en que “la Acreditación de Alta Calidad es resultado del esfuerzo colectivo, en el que el Doctorado ha contado con el apoyo de diversos colectivos, asociaciones y agro-ecólogos de Bogotá, Medellín y América Latina”.






jueves, 1 de febrero de 2024

Hormona extraída de la lenteja haría crecer más algunos árboles de Cundinamarca

 El aumento en la temperatura ha causado estragos en diversos municipios del país, entre ellos Jerusalén (Cundinamarca) que registró hace pocos días 40,4 °C, un récord histórico. Esta problemática, sumada a la tala de árboles y la minería de carbón, estarían haciendo que sus bosques nativos tarden más tiempo en regenerarse. La auxina, hormona vegetal, presente en las lentejas cambiaría este panorama, mejorando el crecimiento de árboles como “limonacho” o “totumo”.

Jerusalén, uno de los 116 municipios de Cundinamarca, está situado entre Tocaima y Guataquí, a 3 horas de Bogotá; con 236 kilómetros cuadrados sobre la cordillera oriental, es la unión de varias veredas a 354 metros sobre el nivel del mar. Allí se encuentra la Estación Experimental Andorra, que tiene una temperatura promedio de 32 °C y donde cuatro árboles se roban el protagonismo, de hecho, una de ellas: Sapindus saponaria, se utiliza para crear jabón, de ahí su nombre común “jaboncillo”.

La fragmentación a la que se ha visto expuesto en las últimas décadas el bosque seco, convierte a Jerusalén en un interesante e importante lugar de estudio; así lo determinó Lizeth Babativa Melgarejo, bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien analizó lo que estaba pasando con estas especies y cómo las lentejas serían la respuesta para que el cambio climático y las vicisitudes a las que se enfrenta la región no sean un impedimento para que puedan crecer.

Uno de los principales inconvenientes es que las plántulas enfrentan limitaciones de luz y compiten por agua y nutrientes, haciendo de esto el cuello de botella para el establecimiento de individuos y bosques del futuro.

En vista de ello, apareció una curiosa hormona llamada auxina, la encargada en las plantas de regular el crecimiento, permitiendo que el tallo tenga una mayor elongación y mayor diámetro; y lo más curioso es que las lentejas la producen en altas cantidades, por lo que se evaluó su efecto en las especies de esta región.

“Se toma una libra de lentejas y se ponen en agua, luego se dejan tapadas por 4 días, sacándoles el agua a las 24 horas y remojándolas con esta misma por 15 minutos cada día para que germinen y, finalmente se licuan con el agua y se cuelan, en el extracto obtenido se encuentra la auxina; después se eligieron algunas plantas para aplicarles el tratamiento”, indica la bióloga, quien para su trabajo contó con la dirección de la profesora Beatriz Salgado, del Departamento de Biología.

Para el estudio se escogieron 60 individuos de jaboncillo (Sapindus saponaria), Guayacán trébol (Platymiscium hebestachyum), totumo (Crescentia cujete)ylimonacho(Achatocarpus nigricans), que ya habían germinado y estaban en etapa de plántula, o sea un estadio muy joven. Se realizaron 3 experimentos en los que se utilizó tierra negra, cascarilla de arroz y arena del río.

En el primero hubo 20 plantas sembradas como grupo control, o sea que no se añadió ningún ingrediente especial para incentivar su crecimiento; a otros 20 individuos se les agregó 100 gramos de micorrizas -combinación entre hongos y raíces que sirve como fertilizante-. En el tercer grupo se aplicaron 50 mililitros de agua con las auxinas de lenteja.

Los tratamientos se monitorearon durante dos meses y medio, evaluando la supervivencia, la altura de cada plántula desde la base hasta el ápice, y el diámetro del tallo (cada dos semanas).

Del total de individuos, solo se reportaron muertes en limonachobajo el tratamiento de micorrizas y el control. Por otro lado, en limonacho y totumo las tasas de crecimiento variaron, en altura lograron hasta 5 cm más en algunos individuos tratados con auxinas, comparado con otro tipo de tratamientos; además, el diámetro del tallo también aumentó en casi 1 cm.

Para medir los rasgos funcionales, se eligieron 5 individuos al azar por cada tratamiento y especie, estos se procesaron y en el software estadístico RStudio se analizaron sus rasgos foliares (hojas) y sus tallos.  De los rasgos funcionales Únicamente encontraros diferencias en el contenido foliar de materia seca, por lo que resulta pertinente analizar los rasgos de raíces de estas especies, y así evaluar posibles diferencias entre los tratamientos.

“Este es un mecanismo que no resulta costoso ni demorado a la hora de realizar los procesos de regeneración de los bosques nativos de Cundinamarca, y a su vez es accesible para los habitantes de la región y para los entes gubernamentales que velan por su restauración, pues hay especies como carreto (Aspidosperma polyneuron), que está en un grave estado de amenaza”, concluye la investigadora.







martes, 30 de enero de 2024

Recuperación de papas nativas aporta a la seguridad alimentaria de los misak

 El protagonista de esta historia es el joven misak Andrés Tombe Morales, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, originario del resguardo de Guambia, quien desde hace siete años se ha dedicado a hallar todas las variedades de papa que existen en la tierra que lo vio crecer, la cuenta ya va en 56 variedades nativas.


Geográficamente, el relato se ubica en los valles de las montañas de Silvia (Cauca) a 2.800 metros sobre el nivel del mar, territorio misak de casi 21.000 hectáreas de las cuales el 60 % es considerado sagrado y el 40 % restante lo ocupa la comunidad del resguardo de Guambia, distribuido en 10 zonas.

Pero un momento, regresemos al año 1980 cuando el pueblo misak-guambiano comenzó su lucha por la recuperación de la tierra y la autoridad para permanecer en el tiempo y en el espacio. Con la llegada de los invasores españoles y los terratenientes, pasaron a ser los peones de las fincas ubicadas en sus propias tierras, ahora, gracias a su lucha, han recuperado gran parte de su territorio.

"Recuperar la tierra, la historia y la memoria para recuperarlo todo”, siguiendo esta consigna del manifiesto misak creado hace 44 años, Andrés decide aplicar su conocimiento como ingeniero agrónomo para aportar a la seguridad alimentaria de su pueblo, su proyecto, financiado por el International Development Research Center (IDRC) busca  recuperar las variedades de papas nativas comerciales y tubérculos andinos que se encuentran en Cauca.

En Colombia este proceso de caracterización de la papa ya se ha realizado en Cundinamarca y Nariño, siendo este último el departamento más biodiverso con 118 variedades; en Cauca, el ingeniero agrónomo Tombe es el primero desarrollar una investigación para conocer cuántas variedades hay en el territorio, ya lleva 56. En este momento se encuentra en proceso de caracterizar los tubérculos andinos, no solo la papa, sino también el ulluco, la oca y la mauja.

Lo que hace el investigador Tombe es indagar cuáles son las características morfológicas de cada variedad y analizar sus etapas fenológicas -relación entre los factores climáticos y los ciclos de vida-, para así mismo, saber qué tipo de plagas o enfermedades pueden afectar los cultivos. 

Valor cosmogónico

El investigador resalta la importancia de la cosmogonía aplicada en las papas en relación con la cultura misak. Por medio de la cosmovisión se puede saber si el suelo debe descansar para la siguiente siembra, algunas variedades también funcionan como ofrenda para los mayores en la celebración de la venida de los ancestros. “Para la comunidad, cuando una variedad de papa desaparece también lo hace una parte de nuestra identidad”, expresa.

Por eso, “es muy importante conservar estas variedades, además es un alimento, así que para nosotros sería una doble pérdida”.

Otro factor relevante del proyecto es que ofrece información sobre las características y la carga nutricional de cada variedad, según la Federación Colombiana de Productores de Papa (Fedepapa), en el país existen 250 variedades y, en promedio, solo 7 se consumen. Esto, se debe a que al comercializar el tubérculo no se tiene en cuenta la carga nutricional, el consumidor final solo se fija en la apariencia y el agricultor solo se interesa en que sean resistentes a las plagas y enfermedades para que sean más productivas.

Normalmente las papas nativas tienen diferentes colores, no muy comunes ni populares para el comercio, pero poseen una mayor proporción de antioxidantes y otros nutrientes que aportan a una buena alimentación.

Uno de los objetivos para la recuperación de las variedades de papa es que estas retornen a las huertas de las familias, es por eso que Andrés ha distribuido las semillas y ya se están sembrando en colegios y en los terrenos de algunas familias, contribuyendo al proceso de recuperarlo todo.

 










lunes, 29 de enero de 2024

Especies en riesgo y curiosa bromelia, hallazgo de primer estudio florístico en Charta (Santander)

 La Magnolia Santanderiana, autóctona del país y de este “rincón florido de Santander”, ubicado al lado del Páramo de Santurbán, fue una de las especies halladas que podría estar en riesgo de desaparecer si no se detiene la tala de bosques; en la otra orilla de este gran primer estudio de la flora en Charta, se encontró una bromelia, que solo se había registrado en Suesca (Cundinamarca). Los resultados del recorrido abren un espectro de posibilidades para el manejo y cuidado de este santuario de flora del país.

Con este trabajo, Daniela Tolosa Oliveros, bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), recorrió la vereda Durán, lugar del que es oriunda, para aportar a la comunidad con un conocimiento más profundo de su patrimonio en biodiversidad, y que los hallazgos sirvan para establecer mejores planes gubernamentales de preservación del mismo.

La investigadora relata que “la zona se ha visto envuelta en disputas por proyectos mineros, que los habitantes no han permitido que se lleven a cabo, pues representan un riesgo para la riqueza de los bosques, en especial cerca al Páramo de Santurbán, que en días recientes se visto afectado por incendios forestales; y aunque las zonas estudiadas no han sido afectadas, no se descartan posibles afectaciones a futuro”.

De las 300 plantas recolectadas durante 40 días, alrededor de 190 fueron caracterizadas, un interesante proceso porque hay ejemplares de diversas especies que, desde la Expedición Botánica, no han podido ser identificados, lo cual evidencia el arduo trabajo en el que la comparación es la clave.

El proceso se realizó en el Herbario Nacional Colombiano, alojado en el Instituto de Ciencias Naturales (ICN), lugar al que se llevaron las muestras, distribuidas por partes de la planta, flores y algunos frutos; allí se pudieron en un horno a 60 ° C y luego se acumularon unas sobre otras en alcohol para que no se dañaran; se dejaron durante 40 días antes de analizarlas.

Para el estudio se eligieron 3 zonas -entre los 2.300 y 2.500 msnm-, con cultivos principalmente de mora, y en menor medida el de lulo y papa. Solo en 2020 la producción de mora en el país fue de 140.000 toneladas, y el municipio de Charta aporta el 3 % del total que se comercializa en los mercados de grandes ciudades como Bucaramanga. 

Dentro de las plantas que encontró una sorpresa, la caracterización de la bromelia Tilandsia suescana, la cual, como su nombre lo indica, solo se había hallado en Suesca; esto demuestra la importancia de hacer este tipo de estudios, pues permiten transformar lo que se conoce sobre la zona, y en Charta aún no se había llevado a cabo algo de esta magnitud.

Por otro lado, halló 92 especies, 62 géneros y 42 familias, entre las que se destacan algunas como las melastomatáceas, asteráceas y aráceas, ampliamente distribuidas en esta región y que tienen un importante valor ecosistémico para distintas clases de insectos.

Un hallazgo preocupante fueron 2 especies en peligro de extinción, entre ellas Magnolia Santanderiana, endémica de Colombia, y que se ha visto mermada por problemáticas ambientales como la tala de bosques, un problema que se ha presentado desde hace varios años.

“Durante las décadas del 70 y 80 se presentó una transformación del bosque nativo en la zona, pues se taló para plantar grandes extensiones de pino y eucalipto, lo cual cambio el panorama para otras especies y el día a día de las comunidades. Otra actividad que también puede estar teniendo un impacto es la ganadería, en la que se dañan los suelos”, asegura la bióloga, quien contó con la ayuda de la profesora Lauren Raz, del ICN.

Añade que este fue un trabajo adelantado de la mano con la comunidad, que acompañó cada proceso lo cual es importante ya que uno de los enfoques clave del proyecto era dialogar y construir conocimiento con los habitantes de la zona; con preguntas acerca de cómo era el bosque hace 10, 20 o 50 años, cómo les llaman a sus plantas más emblemáticas y qué piensan acerca de lo que ha ocurrido. 

Nombres como talco, pepecurio, rascado, entre otros, fueron registrados para distintas especies, evidenciando el legado y trabajo de memoria realizado con la comunidad con cada entrevista y recorrido. Son por lo menos 39 plantas que ya están extintas para los pobladores de Charta, o sea no las volvieron a ver; de hecho, la investigadora cuenta que hubo un tipo de roble que nunca hubiera encontrado de no ser por la ayuda de un señor que le indicó dónde podría hallarlo.

“Otro hallazgo preocupante al hablar con la comunidad fue encontrar que las fumigaciones llevadas en el Catatumbo hace algunos años, han tenido un marcado impacto en toda la vegetación de la zona, pues esta región queda prácticamente a la vuelta de Charta”, concluye la bióloga.









martes, 23 de enero de 2024

Peso y talla en manglares jóvenes, dato clave para repoblar bosques del Caribe

 Las tres especies de manglar más importantes de San Andrés islas están siendo afectadas por el aumento de la temperatura, fenómenos naturales como los huracanes, o la contaminación, por lo que urge diseñar estrategias de repoblamiento en zonas donde se han perdido, una alternativa podría estar en la acumulación de biomasa de sus hojas, tallo y raíz cuando aún son muy jóvenes.

Los bosques de manglar son tal vez uno de los ecosistemas más importantes en el mundo, pues, aunque su distribución es específica de lugares como el Caribe, ayudan a contrarrestar el cambio climático, ya que, por ejemplo, almacenan de 3 a 4 veces más dióxido de carbono (CO2) por hectárea que los bosques tropicales. Además, son el hogar de una gran diversidad de peces, moluscos y crustáceos, que encuentran allí un refugio y una guardería para sus crías.

Así mismo, son barreras resistentes contra los oleajes amenazantes de eventos como los huracanes, que en años recientes han hecho grandes estragos en la isla, por lo que, además de ser uno de los pulmones de esta región, también forman parte de una estrategia ambiental para disminuir el impacto en las costas y en la población que habita este emblemático lugar.

Según instituciones como Global Mangrove Alliance, entre 1996 y el 2006 se ha perdido por lo menos el 10 % de manglares en el mundo, una cifra alarmante, pues hasta el 60 % de estos daños son a causa de la acción humana.

En vista de su importancia, la investigadora Nelsith Fornaris Hurtado, bióloga de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), analizó el comportamiento de las tres especies de manglar más abundantes de la isla: mangle rojo (Rhizophora mangle), blanco (Laguncularia racemosa) ynegro (Avicennia germinas).

Su propósito era determinar qué ocurre con su biomasa (masa y peso producido por las hojas y la descomposición que realizan algunos microorganismos como bacterias u hongos) cuando aún no superan el metro de altura, es decir cuando son “juveniles”, un estadio clave y crítico para que puedan tener un óptimo desarrollo a lo largo su vida.

La relevancia de la biomasa reside en que es la energía que le permite captar el CO2 del aire, pues con ella tiene una mayor capacidad en sus tejidos para recibir este material y regularlo, contribuyendo a que no haya un impacto en la calidad tanto del aire como del agua. De cierta manera es una especie de planta de tratamiento natural para este gas que resulta dañino y tóxico en grandes cantidades.

El estudio se realizó en el Parque Regional Old Point, que tiene un área de 54,7 hectáreas, y que alberga las tres especies antes mencionadas. Se recolectaron en total 95 especímenes de mangle rojo, 90 de mangle blanco, y 95 de mangle negro, que estaban en un rango entre los 10 y los 100 cm; para ello se escogieron 10 individuos por cada 10 cm.

“En estado de plántula es poco lo que se sabe con respecto a la acumulación de biomasa en estos manglares, generalmente se analiza la hojarasca, pero no en detalle lo que ocurre en partes como la raíz o el tallo, que terminan siendo indispensables para permitir que los manglares crezcan de la mejor manera”, asegura la investigadora.

El mangle rojo en esta etapa acumula una biomasa de alrededor de 54,9 % en su tallo, mientras una de las especies de mangle blanco logra acumular un 44 %, por lo que en esas regiones de su estructura es en dónde se presenta una mayor acción de todo tipo de microorganismos, y pueden captura mucho más carbono que en las hojas y las raíces, que llegan a un poco más del 20 %.

“En Old Point, los desechos de gasolina y biodiesel que se usan para motores de algunas electrificadoras, terminan siendo vertidos en las zonas en las que están los manglares, provocando un daño irreparable; entender cómo están acumulando biomasa desde jóvenes es clave para saber qué acciones de protección se deben tomar”, indica.

Para determinar los valores de la biomasa se realizó la separación de cada parte del mangle para ser secada y pesada, y luego se analizaron mediante ecuaciones alométricas, que permiten determinar la relación entre la altura y el peso con la acumulación de masa en las hojas, el tallo y las raíces. Un cálculo que se obtiene por primera vez para estas especies de plántulas de manglar.

La investigación forma parte de un proyecto más grande que lidera el profesor Jairo Humberto Medina, en la UNAL Sede Caribe, y que busca encontrar las mejores condiciones para repoblar los bosques manglar de la isla y de todo el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.







martes, 5 de diciembre de 2023

CON SIEMBRA EN LA LAGUNA DE SONSO SE ALCANZARON LOS 3.500.000 PECES SEMBRADOS

 En el mismo evento los pescadores mostraron sus proyectos e ideas para seguir conservando la laguna y progresando como comunidades. El director de la CVC se comprometió a planificar en conjunto las intervenciones que quedarán consignadas en el Plan de Acción 2024 – 2027 de la CVC.   

Como preámbulo al Segundo Festival del Agua y las Comunidades Anfibias representantes comunitarios y de asociaciones de pescadores junto a la CVC realizaron la siembra de 10 mil alevinos de bocachico en la laguna de Sonso con los que se llegó a los 3.500.000 peces sembrados desde el 2020 en humedales y ríos del Valle.

“Ya sembramos el árbol 8 millones y hoy estamos sobrepasando la meta de siembra de alevinos o peces que era de 3 millones pero que estamos felices por alcanzar hoy los 3.500.000. Así le estamos cumpliendo a nuestros campesinos, pescadores y a nuestros humedales y ríos, alimentándolos con peces y sobre todo pensando en esa seguridad alimentaria de nuestros pescadores. Fueron más de 180 jornadas de siembra de peces con un centro piscícola totalmente robustecido listo para criar más peces”, dijo al final de la siembra Marco Antonio Suárez Gutiérrez director general de la CVC.

La jornada empezó con un almuerzo y un homenaje que las asociaciones de pescadores le brindaron al director de la CVC y a dos de sus funcionarios, el biólogo Pedro Nel Montoya, director de Gestión Ambiental de la CVC y al ingeniero Orlando Trujillo


En el mismo evento los pescadores mostraron sus proyectos e ideas para seguir conservando la laguna y progresando como comunidades.

“Quisimos mostrar cuál es la visión que tiene la comunidad sobre el manejo y la conservación de la laguna de Sonso desde diferentes sectores y organizaciones comunitarias y grupos de interés como las cocineras tradicionales y los intérpretes ambientales que le estamos apostando a la conservación. La comunidad tiene que ser un aliado muy importante con la CVC para sacar adelante este proyecto”, dijo Álvaro José Aguilar, representante legal de la Corporación Aguas de Sonso.

“El homenaje lo recibimos con absoluta humildad, pero también con mucha responsabilidad de seguir haciendo las cosas bien. Ellos están muy contentos con nuestra labor y siempre quieren muchísimo más y estamos listos para ellos. Vamos a sentarnos a planificar todo lo que va a ser el trabajo con nuestros pescadores en el Valle del Cauca y lo que vamos a hacer en el Plan de Acción 2024 – 2027. 

Vamos a apoyarlos muchísimo más con siembra de peces, procesos de reforestación de restauración. Ellos son los primeros que nos ayudan con la limpieza del buchón de agua en la laguna y con todo tipo de procesos productivos. Qué bueno que nuestros pescadores así lo reconozcan y ya saben que en la CVC tienen una autoridad amiga”, replicó Suárez Gutiérrez. 




  

viernes, 1 de diciembre de 2023

Justicia y soberanía, claves para la seguridad alimentaria

 La seguridad alimentaria es un reto que se enfrenta en todo el mundo por el crecimiento acelerado de la población. En el Congreso Internacional sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria y Nutricional, realizado en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se expuso la necesidad de lograr un sistema de producción y abastecimiento sostenible que ofrezca alimentos saludables para todos.

Según la escala de experiencia de inseguridad alimentaria (FIES 2022), durante los últimos 12 meses 28 de cada 100 hogares tuvieron que disminuir al menos una vez la cantidad y calidad de los alimentos consumidos  por falta de dinero y otros recursos, lo que se tradujo en una inseguridad alimentaria entre moderada y grave del 28,1 %. Un panorama preocupante.

Según expertos, la “justicia alimentaria” va más allá de garantizar la disponibilidad de alimentos básicos que tiene una población; implica reconocer y abordar las desigualdades en el acceso a recursos y decisiones relacionadas con la alimentación. Estas desigualdades se traducen en la falta de acceso a tierras para la producción de alimentos y en las limitaciones que se han impuesto a las comunidades para tomar decisiones sobre su propio entorno.

Por su parte, la “soberanía alimentaria” radica en el derecho que tienen las comunidades a definir sus propias políticas alimentarias y agrícolas. En este contexto, significa que las comunidades locales deben tener el poder de decidir sobre las prácticas agrícolas sostenibles, la preservación de sus conocimientos tradicionales y la protección de sus territorios.

Durante la apertura del Congreso, la profesora Sara Eloísa del Castillo, coordinadora del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (OBSSAN) de la UNAL, señaló que se debe hablar más de la autonomía alimentaria desde la ciudad, junto con los grandes desafíos que esta trae.

“No puede ser que los grandes desafíos alimentarios –soportados únicamente en las reflexiones de una soberanía de autonomía– giren solo en torno a los territorios rurales, pues esta también es una tarea de la población urbana, quienes hoy ocupamos más del 80 % en el planeta”, puntualizó la profesora.

La profesora Ayarí Pasquier, del posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), expuso el caso de Ciudad de México, señalando que “pese a que es reconocida por ser una de las metrópolis más grandes del mundo, con cerca de 22 millones de habitantes, enfrenta desafíos significativos en términos de suelo de conservación, en especial por los contrastes y desigualdades en la distribución equitativa de beneficios y cargas en términos alimentarios”.

Una de las paradojas que se presentan en varios países de América Latina es que, aunque la producción es abundante, la distribución es desigual y hay barreras de acceso, pero lo más grave es que se pierde una parte significativa antes de llegar a los consumidores.

Para la ponente, “abordar este problema requiere enfoques más allá de simplemente informar a los consumidores sobre la reducción del desperdicio; es importante hacer intervenciones en la producción, la distribución y el consumo para minimizar estas pérdidas y mejorar la eficiencia del sistema alimentario”.

“Es importante abordar temas fundamentales como el acceso económico a alimentos saludables, la disponibilidad de opciones nutritivas en todas las áreas y la equidad en la toma de decisiones relacionadas con la alimentación”.

Según expertos en nutrición y seguridad alimentaria que asistieron al evento, la participación comunitaria es un factor clave para afrontar estos y otros grandes desafíos que se presentan en la toma de decisiones relacionadas con la alimentación.

Sobre ello, se mencionó que la justicia alimentaria implica garantizar que las comunidades locales tengan voz y voto en las decisiones que afectan su acceso a alimentos saludables y sostenibles, y además se puntualizó que esto incluye repensar la distribución de tierras, fomentar prácticas agrícolas sostenibles y promover la diversidad de alimentos locales.