martes, 17 de junio de 2025

El poder oculto en la cáscara del mangostino cuida las bacterias buenas del organismo

 El mangostino —un fruto que crece en climas cálidos como el de Mariquita (Tolima)— pasa casi desapercibido en Colombia. Lo curioso de esta fruta de cáscara morada y pulpa blanca es que lo que más pesa de ella no se come: el 70 % es cáscara, y casi siempre se desecha. Justo allí, en lo que tiramos sin pensar, una investigación encontró una posible aliada para nuestra salud intestinal. Según los hallazgos del estudio, esta parte olvidada de la fruta cuidaría las bacterias “buenas” del organismo de manera similar a los productos comerciales como la inulina

Aunque no es originario de Colombia, el mangostino, fruta tropical de los bosques húmedos del sudeste asiático, se adaptó con éxito en América, especialmente en climas cálidos y húmedos como los del Tolima. En municipios como Mariquita algunas familias campesinas lo cultivan con esmero y lo venden en fresco. Esta fruta es apreciada por tener una pulpa de sabor suave, pero pocos prestan atención a lo que queda tras comerla: una cáscara gruesa y amarga que suele terminar en la basura.

Y sin embargo justo allí estaría la clave para cuidar algo fundamental de nuestro cuerpo: la microbiota intestinal. Paula Daniela Sánchez Vega, magíster en Biotecnología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, se hizo una pregunta sencilla pero poderosa: ¿y si esa cáscara no fuera solo desecho y sirviera como alimento para las bacterias buenas que habitan en nuestro intestino?

Esas bacterias “buenas”, conocidas como probióticos, ayudan a hacer la digestión, protegen contra infecciones y fortalecen nuestras defensas. Pero, como todo ser vivo, necesitan alimentarse, y es ahí donde entran los prebióticos, que son fibras o compuestos que no digerimos nosotros, pero sí nuestras bacterias buenas; es algo así como ponerles el plato en la mesa.

La hipótesis de la investigadora es que la cáscara del mangostino actuaría como un prebiótico natural, y no solo eso, sino que sería incluso más efectiva que productos ya conocidos como la inulina, una fibra vegetal utilizada para este fin en muchas partes del mundo. El problema es que, en grandes cantidades, la inulina puede causar molestias como hinchazón o malestar estomacal.

Recordemos que la microbiota es el conjunto de microorganismos –como bacterias, hongos y otros microbios– que viven naturalmente en nuestro cuerpo, sobre todo en el intestino. Aunque suene raro, tener “bichitos” adentro es algo bueno, ya que nos ayudan a digerir los alimentos, a defendernos de enfermedades y a mantener el equilibrio en nuestro organismo. Cuidar esa microbiota es como cuidar un jardín interior: si las bacterias buenas están sanas y bien alimentadas, nuestro cuerpo también lo estará.


Para comprobar el efecto de la cáscara del mangostino, la investigadora recogió 10 kg frescos en una finca de Mariquita y los llevó a Medellín. Allí empezó un proceso muy cuidadoso: lavó las frutas, les quitó la pulpa, cortó las cáscaras en pedacitos y las deshidrató. Luego las molió hasta obtener una harina fina, como si fuera café molido.

Con esa harina preparó varios “caldos” o medios de cultivo, que son líquidos especiales donde se pueden sembrar bacterias para ver si crecen, haciendo cuatro tipos distintos: uno con glucosa (azúcar simple, como la que usamos en casa), otro con inulina (el prebiótico comercial), uno con hemicelulosa (una fibra extraída de la misma cáscara), y otro con la harina de cáscara completa.

A cada uno le agregó diferentes bacterias: tres probióticos conocidos por sus beneficios para el intestino: Lactiplantibacillus plantarumLacticaseibacillus paracasei y Bifidobacterium animalis, y una bacteria dañina llamada Escherichia coli, que puede causar diarrea e infecciones. La idea era sencilla: ver cuál medio ayudaba a crecer a las bacterias buenas sin favorecer a las malas.

El resultado fue sorprendente. Según la investigadora, el medio con solo cáscara de mangostino estimuló notablemente el crecimiento de las bacterias buenas, especialmente de L. plantarum, pero no permitió que se desarrollara E. coli. Es decir que la cáscara actuó de forma “inteligente”, promoviendo a las bacterias aliadas y frenando a las perjudiciales.

Para comprobar este efecto, los investigadores midieron cuántas bacterias crecían antes y después de 48 horas de cultivo. Así compararon si el crecimiento era mayor con la cáscara, con inulina o con glucosa. Además calcularon un “puntaje de actividad prebiótica”, que es una fórmula que muestra qué tan bien crecen las bacterias buenas en comparación con las malas(E. coli). Cuanto más alto sea ese puntaje, mejor será el efecto de ese alimento sobre la microbiota intestinal.

Así mismo, al fermentar estas fibras las bacterias producen ácidos como el ácido láctico, el acético y el propiónico, que ayudan a mantener sano el intestino, fortalecen las defensas y combaten la inflamación. Son como productos naturales de limpieza interna, producidos por nuestra propia microbiota cuando le damos lo que necesitan.

Pero eso no es todo, la investigadora fue más allá de simplemente observar. Usó herramientas estadísticas para encontrar la fórmula ideal, es decir cuánta cáscara usar, cuánto tiempo incubar y a qué temperatura. Determinó que con 6,41 gramos por litro de cáscara, a 39,9 °C durante 82 horas, el crecimiento de L. plantarum era óptimo. Esto es crucial si algún día se quiere llevar esta idea a una escala mayor, como producir suplementos o alimentos funcionales.

También intentó extraer un componente específico de la cáscara: la hemicelulosa, una fibra muy prometedora. Aunque la cantidad que logró recuperar fue baja, el medio preparado con ella también ayudó a crecer a otra bacteria buena: B. lactis, lo que sugiere que hay más de un camino para aprovechar la cáscara, y que vale la pena seguir investigando.








lunes, 2 de junio de 2025

Nuevas semillas de maracuyá elevarían la producción nacional hasta 25 toneladas por hectárea

 Ocho nuevas variedades élite de maracuyá, más dulces, resistentes y productivas que las tradicionales, fueron identificadas por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Estas plantas aumentarían la productividad nacional de 17 a más de 25 toneladas por hectárea y fomentarían su consumo gracias a sus propiedades nutracéuticas, que incluyen antioxidantes, potasio, magnesio y vitaminas A y C.

En Colombia se cultivan más de 12.000 hectáreas de maracuyá en más de 20 departamentos, con una producción anual que supera las 210.000 toneladas, con Antioquia, Meta y Huila como líderes. Sin embargo, el cultivo enfrenta desafíos importantes: bajos rendimientos, escasa tecnificación, uso de semillas no certificadas y una alta incidencia de enfermedades como la fusariosis, causada por hongos del género Fusarium, que generan marchitamiento y pudrición en las plantas.

Para enfrentar este problema, el Grupo de Investigación en Recursos Fitogenéticos (Girfin) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira desarrolló un proceso de mejoramiento genético que permitió identificar ocho accesiones élite de maracuyá. Estas variedades destacan por su alto rendimiento, mayor porcentaje de pulpa, dulzura y resistencia a plagas y enfermedades. Actualmente se están validando o evaluando en campo con productores de Antioquia, Meta, Caldas, Valle del Cauca y Huila.

Selección genética desde el campo colombiano

Las variedades élite surgieron de un riguroso trabajo de campo realizado en 52 cultivos de 27 departamentos. Inicialmente los investigadores recolectaron muestras en fincas productoras y luego las evaluaron agronómicamente analizando indicadores como rendimiento, contenido de azúcar, porcentaje de pulpa y tolerancia a factores adversos. A través de análisis estadísticos y varios ciclos de selección, identificaron las plantas superiores que hoy permiten avanzar hacia la producción de semilla certificada.

Mientras en Colombia el maracuyá estándar alcanza en promedio 17,2 toneladas por hectárea, las nuevas variedades élite superan las 25 toneladas desde el primer año de producción. Cada fruta contiene más del 50 % de pulpa, un contenido de azúcares con grados Brix superiores a 14,5 y una mayor tolerancia comprobada a las enfermedades más comunes del cultivo.

Además del trabajo en campo, las variedades se caracterizaron genética y molecularmente en laboratorio, lo que permitió verificar su estabilidad y sus ventajas frente al maracuyá convencional. Paralelamente el equipo realizó injertaciones con especies silvestres del mismo género, Passiflora, como la cholupa (Passiflora maliformis), incorporando genes de resistencia a enfermedades.

“Hemos tenido muy buenos resultados con estos sistemas de aprovechamiento de recursos genéticos que no posee el maracuyá pero sí otras especies afines”, explica el profesor Jhon Albeiro Ocampo, líder del Girfin.

Advierte además que “el gran problema de este cultivo es la ausencia de un sistema de semillas confiable: actualmente las plantas que se siembran en el país no cuentan con respaldo genético ni sanitario, lo que aumenta los riesgos para los agricultores y limita el desarrollo técnico del maracuyá”.

Transferencia del conocimiento al agricultor

Como parte de este proceso, el Girfin también ha producido publicaciones científicas y elaboró un manual técnico –disponible en el repositorio institucional– con recomendaciones detalladas sobre densidad de siembra, sistemas de riego, manejo nutricional y control de plagas. Estas herramientas buscan facilitar la adopción del cultivo mejorado por parte de productores y viveristas, fortaleciendo así el vínculo entre la investigación y el campo.

Uno de los grandes desafíos es aumentar el consumo de maracuyá en Colombia. Aunque es una fruta tropical reconocida, su valor nutracéutico, es decir, su capacidad para contribuir a la salud, sigue siendo poco aprovechado. Gracias a su contenido de antioxidantes, vitamina C, potasio y fibra, el maracuyá fortalece el sistema inmunológico, mejora la digestión y apoya la salud cardiovascular.

También contiene compuestos como flavonoides y alcaloides naturales, asociados con efectos calmantes sobre el sistema nervioso, lo que le confiere un valor funcional adicional. Incluirlo en la dieta no solo aporta beneficios nutricionales, sino que además impulsa una cadena productiva con alto potencial económico y social para el país.

Recientemente el profesor Ocampo presentó los resultados del proyecto en el II Congreso Mundial de Pasifloras, realizado en Medellín con la participación de expertos de más de 15 países. Esta visibilidad internacional no solo valida el trabajo científico realizado por el Girfin, sino que también posiciona a Colombia como referente regional en el mejoramiento genético de frutas tropicales con alto valor económico y nutricional.







viernes, 30 de mayo de 2025

El fríjol “mágico” que resiste la sequía y mitigaría el hambre en La Guajira

 En Palmira (Valle del Cauca), científicos cultivan una leguminosa poco conocida que aliviaría el hambre en zonas áridas como La Guajira: el fríjol tépari, una especie originaria de los desiertos mexicanos que resiste temperaturas extremas de hasta 36 °C y usa el agua un 70 % mejor que las variedades locales, lo que lo convierte en una alternativa real frente a la sequía y la desnutrición.

Según la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), en 2024 se produjeron en Colombia alrededor de 105.000 toneladas de fríjol, con Nariño, Santander, Huila, Antioquia y Cesar como los departamentos con mayor concentración de esta producción, gracias a sus lluvias abundantes. En contraste, regiones como La Guajira, con climas áridos y secos, enfrentan serias dificultades para cultivarlo.

La investigación del ingeniero agrónomo Javier Mauricio Gereda, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, apunta a combatir la desnutrición con ciencia.

Los análisis de la Alianza de Bioversity International y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) demostraron que una cucharada de fríjol tépari contiene hasta cuatro veces más proteína, antioxidantes, hierro y otros nutrientes que una variedad convencional, convirtiéndolo en una posible respuesta frente al hambre y la desnutrición que persisten en el país.

En alianza con la Fundación Team Colombia Innovación Educativa, el magíster planea lanzar el proyecto “Una semilla para salvar el mundo” (enlace al sitio), iniciativa que busca usar el fríjol tépari como base para jornadas pedagógicas en cinco colegios de Palmira en situación de pobreza extrema y en la Fundación Wayuu Anashii, en La Guajira.

“Con solo 47 gramos de fríjol tépari al día, un estudiante cubriría sus necesidades nutricionales básicas. Por eso el proyecto también busca que los niños lo cultiven sin riego ni pesticidas, conectando nutrición y sostenibilidad desde la escuela”, afirma el investigador.

Recrear el desierto en el trópico

Para comprobar su resistencia al calor y la sequía, el investigador evaluó dos variedades de fríjol tépari –una silvestre y una domesticada– bajo condiciones extremas. Las cultivó en materas con tierra preparada en laboratorio, simulando el ambiente árido de su lugar de origen.

Mientras algunas plantas recibieron riego normal otras se sometieron a distintos niveles de sequía: 25, 50 y 75 % de humedad, y un grupo sin agua. Todas crecieron en temperaturas constantes superiores a 36 °C, similares a las de La Guajira.


Durante 83 días se midieron variables como cuánta agua perdían por las hojas (transpiración), qué tanto calor podían soportar sin marchitarse (temperatura foliar), y qué tan activas seguían internamente (fotosíntesis). Además se usaron sensores como el MultispeQ, que permite revisar  en segundos el “estado de salud” de una hoja y una planta. También se registraron otros datos físicos, como el número de flores, vainas y granos, la altura, el área foliar, la capacitancia de las raíces y el peso de la planta seca (biomasa), para comprender su rendimiento completo en cada tipo de condición.
Para entender si dicha leguminosa seguía funcionando internamente, el magíster midió la fluorescencia de la clorofila, que, en palabras sencillas, es como tomarles una radiografía a las hojas para saber si la planta sigue utilizando la luz, incluso cuando parece estar bajo mucho estrés. También se estandarizó un protocolo para medir qué tanto resiste una planta la sequía y a qué temperatura, un aporte para cualquier persona interesada en el tema.

El resultado fue claro: el fríjol tépari silvestre fue el más resistente. No solo sobrevivió sin marchitarse, sino que además siguió creciendo, haciendo fotosíntesis y produciendo grano incluso con muy poca agua, algo que otras variedades no lograron.

Uno de los hallazgos más relevantes fue su eficiencia en el uso del agua: la planta produjo hasta 9,9 gramos de biomasa por cada litro utilizado, un 40 % más que otras variedades. También presentó una transpiración controlada –es decir que no desperdicia el agua– y hojas más frescas, lo que indica que puede resistir el calor sin apagarse por dentro.

Aunque en Colombia aún no se cultiva comercialmente, el fríjol tepari comienza a llamar la atención por su resistencia a la sequía, alto valor nutricional y capacidad de producción. Actualmente la Alianza de Bioversity International y el CIAT conserva 326 variedades de esta especie en su Banco de Germoplasma, con el objetivo de que en el futuro se puedan sembrar en campos reales y no solo en laboratorios.

Además, cualquier persona interesada puede solicitar este material de manera gratuita y en línea a través del sitio web de la Alianza (https://alliancebioversityciat.org/es/solicitud-de-material-banco-de-germoplasma), lo que abre la puerta a una nueva opción agrícola para regiones colombianas afectadas por la sequía.

Según el Instituto Nacional de Salud, entre enero y marzo de 2024 se reportaron en La Guajira 649 casos de desnutrición aguda, moderada y severa en niños y niñas menores de cinco años, el 84 % en población indígena, un panorama que ocurre hace muchos años y que ya no da espera, pero que con la ayuda de este fríjol “mágico” comenzaría a ser más alentador en el futuro.

“Esta es una solución real para los productores, quienes ya no tendrían que usar litros de agua por planta para todo un ciclo de cosecha, sino que con pocos mililitros aplicados por planta sería suficiente para tener buena productividad del fríjol”, expresa el magíster de la UNAL.






martes, 27 de mayo de 2025

Sábila y caléndula, alternativas naturales para tratar el acné sin antibióticos

 El acné común o vulgar puede dejar cicatrices físicas y emocionales. Frente a los efectos adversos de los antibióticos usados para combatirlo, la medicina alternativa ofrece opciones más seguras, como la sábila y la caléndula, plantas que se aplican sobre la piel y ayudan a desinflamar, cicatrizar y combatir bacterias.

Esta enfermedad inflamatoria crónica de la piel afecta especialmente a adolescentes y adultos jóvenes, aunque se puede presentar a cualquier edad, sin distinción de sexo o condición social. Se estima que hasta el 90 % de las personas entre los 12 y 25 años lo padecen; después de los 25 su frecuencia baja al 3 % en hombres y al 12 % en mujeres, y después de los 45 años desciende al 1 %. Algunos estudios indican que es menos frecuente en personas afrodescendientes y asiáticas, en comparación con quienes tienen piel clara o ascendencia europea.

Se manifiesta con pústulas o protuberancias con pus, que surgen cuando hay exceso de sebo o alteraciones en la queratina, una proteína presente en la piel, el cabello y las uñas. Esta combinación puede obstruir los poros y favorecer la acumulación de bacterias, lo que provoca inflamación. También puede estar asociado con desequilibrios hormonales.

Las zonas del cuerpo donde más suele aparecer el acné son la cara y el tórax, lo que genera un alto impacto estético y una creciente demanda en los servicios de salud. Aunque no es una enfermedad incapacitante, sí puede dejar secuelas físicas como cicatrices e hiperpigmentación, además de consecuencias emocionales: ansiedad, depresión, baja autoestima y aislamiento social.

Consciente del impacto físico y emocional del acné y de las limitaciones de los tratamientos convencionales —que incluyen antibióticos, retinoides, queratolíticos, anticonceptivos y bloqueadores hormonales—, el médico Juan David Guarín García, magíster en Medicina Alternativa de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), decidió investigar la efectividad de las plantas medicinales como tratamiento complementario o alternativo.

“Buscábamos explorar qué alternativas terapéuticas nos ofrece la fitoterapia, pensando especialmente en los pacientes que tienen dificultades para acceder a estos medicamentos, los que viven en zonas rurales y las personas de escasos recursos”, explica el investigador.

Acné y plantas: qué dice la ciencia

En el mundo más de 2.000 estudios han documentado la eficacia y seguridad del uso de plantas medicinales para tratar el acné. Con base en esa evidencia, la investigación del médico Guarín consistió en una revisión sistemática de la literatura científica publicada en bases de datos internacionales. De 2.721 estudios seleccionó 38, con un total de 4.539 participantes y 167 especies distintas de plantas. Solo el 29,3 % de esas especies se encuentran en Colombia.

Entre las plantas más efectivas y asequibles se destacan la sábila y la caléndula, ampliamente disponibles en el país; según el doctor Guarín, ambas demostraron propiedades antiinflamatorias, cicatrizantes y antimicrobianas.

Otras especies presentes en distintas regiones del país incluyen jengibre, romero, canela, té negro y té verde, equinácea, avena, manzanilla, albahaca, diente de león, mandarina, cebolla, coco, mangostino, gulupa, madreselva, pimienta, naranjo dulce, caracolito y oreja de ratón, entre otras.

La investigación también identificó 23 fórmulas herbales compuestas por entre 3 y 28 ingredientes. Solo una de ellas está conformada en su totalidad por especies presentes en Colombia: se trata de la fórmula Zimade Muhasa, de origen árabe (medicina Unani), elaborada con regaliz indio, acacia amarilla, lirio cárdeno y neem, también conocido como margosa o árbol milagroso.

Además de respaldar sus hallazgos con literatura científica, el médico Guarín ha utilizado estas plantas en su práctica clínica, ya sea como tratamiento principal o como complemento a los medicamentos convencionales según las condiciones de cada paciente, con resultados positivos.

¿Cómo usarlas?

El uso recomendado de estas plantas es tópico, es decir aplicado directamente sobre la piel. En el caso de la sábila, el médico Guarín sugiere eliminar el líquido amarillo que contiene aloína y después extraer el mucílago —la parte gelatinosa del interior de la penca—, que se puede aplicar sobre las lesiones, y al refrigerarla se potencia su efecto antiinflamatorio, especialmente cuando la piel está enrojecida o adolorida.

Por su parte la caléndula se puede usar en cremas, ungüentos, infusiones concentradas o emplastes aplicados directamente sobre el área afectada. Sus propiedades desinfectantes, cicatrizantes y antiinflamatorias han sido ampliamente documentadas.






lunes, 26 de mayo de 2025

Café caldense independiente busca abrirse paso con estrategias digitales más sólidas

 Aunque el grano del Eje Cafetero goza de reconocimiento internacional por su tradición y calidad, en Caldas muchas marcas independientes de café siguen sin consolidar su posicionamiento en el entorno digital. Frente a esta realidad, una investigación de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales propone un modelo de mercado (marketing) digital que busca fortalecer la presencia de estas empresas en redes sociales, mejorar su conexión con los consumidores y convertir la visibilidad en oportunidades reales de crecimiento

En Colombia, donde el café es más que un cultivo y se arraiga en la identidad del país, los precios internacionales han mostrado un comportamiento al alza. A mayo de 2025 el valor interno de referencia supera los 2,9 millones de pesos por carga de 125 kg, una de las cifras más altas en más de una década. Este contexto, impulsado por el alza en la Bolsa de Nueva York y la tasa de cambio, abre una ventana estratégica para las marcas independientes que apuestan por diferenciarse y fortalecer su conexión con el público mediante canales digitales bien estructurados.

Este panorama ha sido favorable para ciertos eslabones de la cadena productiva, pero no siempre para los pequeños caficultores o las marcas emergentes. En ese contexto, las marcas de café independiente, especialmente en regiones como Caldas –con Denominación de Origen y fuerte identidad territorial– intentan posicionarse en un mercado que valora cada vez más la trazabilidad, la calidad sensorial y las historias detrás de cada taza.

El auge de marcas independientes de café en Caldas, impulsado por la tradición cafetera y la búsqueda de valor agregado, motivó a María Camila Peláez Betancurth a proponer un modelo de marketing digital pensado especialmente para este sector. Su tesis para la Maestría en Administración de la UNAL Sede Manizales busca ofrecer herramientas concretas para que estos emprendimientos logren consolidarse en un mercado cada vez más competitivo.

La vitrina digital que necesitan los cafés de origen

Para construir su propuesta, la magíster aplicó encuestas a 32 emprendimientos cafeteros del departamento, todos con presencia en redes sociales y en etapas distintas de consolidación de marca. Además realizó un análisis comparativo de estrategias digitales empleadas en el país y en contextos similares de América Latina.

A partir de esa combinación de trabajo de campo y revisión teórica identificó las principales barreras que enfrentan las marcas independientes –entre ellas la ausencia de planificación, el desconocimiento de herramientas digitales y la baja capacitación en mercadeo– y diseñó un modelo ajustado a las realidades del territorio.


Pese al auge del café de origen, muchas marcas siguen sin consolidarse digitalmente, especialmente por la baja adopción de estrategias digitales. Según la investigadora, “esto se debe a la falta de capacitación, a la escasa modernización de los canales de comunicación y al mantenimiento de prácticas de mercadeo tradicionales que resultan insuficientes frente a consumidores que hoy esperan contenidos visuales atractivos, comunicación constante en redes sociales y una conexión directa con las marcas a través de canales digitales personalizados”.

El modelo propuesto por ella se estructura en cinco pilares: alcanzar, actuar, convertir, enamorar y planificar. Estos conceptos orientan la creación de contenido atractivo, el uso estratégico de plataformas digitales y la organización de campañas para fidelizar clientes y aumentar la visibilidad de las marcas.

“La meta es que estos emprendimientos no solo vendan más café, sino que además se conviertan en motores de desarrollo rural a través de la bioeconomía y el agroturismo”, destaca.

Uno de los hallazgos más reveladores del estudio fue el papel cada vez más protagónico de las mujeres. “Aproximadamente la mitad de quienes lideran estas marcas independientes son mujeres, especialmente en áreas como la comercialización y la construcción de marca, lo que demuestra un cambio significativo en la tradicional división de roles dentro del sector cafetero”, menciona la magíster.

Aunque las plataformas más utilizadas por las marcas encuestadas son WhatsApp Business, Instagram y Facebook, su potencial no está siendo aprovechado al máximo. Según la magíster, “aunque generan buena visibilidad, muchas publicaciones son esporádicas, desorganizadas y sin un plan claro. Incluso herramientas gratuitas como Canva no se están usando sistemáticamente para el diseño gráfico del contenido”.

La falta de recursos económicos y educativos son los dos grandes obstáculos para implementar estrategias digitales robustas. Muchas personas detrás de estas marcas no han terminado la secundaria y no cuentan con formación en marketing o manejo de herramientas digitales.

Además de proponer un modelo estructurado, la magíster les sugiere a los líderes de marcas de café independiente iniciar con una planificación clara, capacitarse de manera continua y aprovechar al máximo las herramientas digitales disponibles.

Por último, insiste en la importancia de diseñar programas de lealtad que fortalezcan la relación con los clientes, destacar los elementos diferenciales de cada marca —como el origen, la historia o las prácticas sostenibles— y adoptar una estrategia de contenido que combine creatividad con constancia. “Aplicar el modelo propuesto ofrece una ventaja significativa frente a quienes improvisan su presencia en el entorno digital”.





viernes, 23 de mayo de 2025

Mango peruano finaliza temporada con oportunidades y desafíos

 Perú finalizó la campaña de mangos 2024 - 2025, momento idóneo para analizar el comportamiento del mercado. En ese contexto, Portalfruticola.com conversó con David Sandoval, CEO de Fluctuante, quien señaló que hubo una recuperación de las exportaciones, gracias a que no se presentaron problemas adversos, como lo fue el fenómeno de El Niño y el ciclón Yaku. 

Considerando que la industria de mango peruano no debió enfrentar problemas climáticos, a juicio de Sandoval dicha situación permitió retomar la senda de crecimiento. 

Hoy la industria atraviesa ahora otro tipo de retos, “que están en relación a cómo está saliendo nuestra fruta, ya que en los meses de noviembre y diciembre tuvo escasez de diferentes insumos, principalmente de recurso hídrico en la zona norte de nuestro país, lo cual levantó mucha preocupación para los diferentes productores en la región de Piura”.

Al respecto, el CEO de Fluctuante señaló que dicha situación provocó que la proyección de mangos en ciertas semanas, cayera, “sin embargo, las plantaciones respondieron muy bien y se tuvo una producción muy buena de mangos”.

Pese a la recuperación, especificó que por la falta de agua, muchos productores detuvieron sus labores de cosecha por algunas semanas.

En el caso de la producción de Áncash, una región muy importante para la producción de mango, se adelantaron las exportaciones, mientras que en Lambayeque se mantuvieron, “por lo cual estuvieron muy concentradas en zonas y en semanas muy específicas, y eso hizo que tuviéramos una sobreoferta, porque coincidió con la campaña de otros productos como las uvas y los arándanos”.

Explicó que también escasearon los insumos, principalmente las cajas, y la mano de obra, ya que “las personas preferían ir a producción, cosecha, empaque de arándano o de uva, porque tenía un mayor pago”. 

En lo que fue la temporada, observó que faltó organización a nivel interno. “La industria tuvo que trabajar sobre la marcha, ya que no esperaban peaks de producción, ni de exportación, incluso cuando el recurso hídrico estaba escaseando”.

Consultado sobre si es un crecimiento o una recuperación en la industria de mango peruano, subrayó que tiene de ambas, "porque la recuperación la hemos tenido frente a la campaña 2023-2024, pero sí ha sido un crecimiento porque hemos superado la campaña del 2022-2023".

Recordó que en el 2022-2023 la exportación fue de 255.000 toneladas de mango fresco y en esta última campaña llegaron a 293.000 toneladas.  

Mercados de exportación y el mango por el mundo

La industria sigue exportando a los mercados habituales. “Tenemos a Estados Unidos, que es un gran consumidor de nuestros mangos. Luego como región, se encuentra Europa, que es un  mercado muy importante, destacando Países Bajos, España y Reino Unido. En quinta posición tenemos a Canadá con un 5% de participación de consumo de los mangos peruanos”, detalló. 

Con una mirada global al cultivo, el CEO de Fluctuante, indicó que la mayor producción se encuentra en países asiáticos, ya que el mango es originario de esas zonas, con India liderando la producción.

Añadió que entre los principales exportadores en el mundo se encuentra Gambia, México, Tailandia, Brasil y en quinta posición se ubica Perú.

Respecto a los mercados que están comprando mango a nivel mundial está principalmente Estados Unidos y luego China, Países Bajos, Emiratos Árabes y Alemania. 

Con un análisis en los mercados, Sandoval señaló que “nuevamente vemos ahí esa oportunidad que tenemos ampliamente con el puerto de Chancay, ya que hay mucho todavía por desarrollar en países asiáticos, desarrollar nichos y potenciar el mango al estilo gourmet”. 

Argumentó que los mangos son muy apreciados en China, “porque son obsequiados en fechas como el Año Nuevo Chino, debido a que significan abundancia y prosperidad para ellos”.

Proyección 

Con una mirada a la temporada ya finalizada, Sandoval señaló que la oferta de mango peruana ya está más distribuida, “por lo que ya no tenemos esos grandes peaks de sobreoferta y por ende los precios se pueden mantener”. 

Finalmente indicó que “el agro peruano ya es líder en exportación de diferentes cultivos, tenemos mercado ganado, lo que nos faltaría ahora es ordenarnos internamente, tener tecnología y apostar mucho por la investigación”. 

 



jueves, 22 de mayo de 2025

Cuando el campo escucha, los jóvenes se quedan

 En Colombia el campo envejece. Mientras en 1938 de cada 10 colombianos 7 vivían en zonas rurales, hoy apenas lo hacen poco más de 2, según el DANE. La migración juvenil ha sido persistente, silenciosa y estructural. Sin embargo, en municipios como Pradera, Palmira y Tuluá (Valle del Cauca), y Totoró y Timbío (Cauca), un grupo de jóvenes ha comenzado a revertir esta tendencia: decidieron quedarse en sus territorios, fortalecer su participación política, cultivar café y plátano, y cuidar polinizadores como las abejas sin aguijón.

La Red de Mercados Agroecológicos Campesinos del Valle del Cauca (Redmac), una asociación con más de 10 años de trayectoria, ha sido el espacio desde el cual esta transformación ha cobrado fuerza. Aunque en sus inicios estuvo conformada especialmente por adultos y productores consolidados, la preocupación por el éxodo juvenil impulsó la búsqueda de nuevas formas de incluir a las y los jóvenes en las decisiones organizativas, económicas y políticas.

Las razones por las que muchos jóvenes decidían irse no eran solo económicas. El adultocentrismo (la toma de decisiones centrada en los adultos), la falta de acceso a la tierra, la escasa oferta formativa con pertinencia territorial y la exclusión de los espacios de participación hacían que sintieran que el campo no les pertenecía.

Ante este panorama la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira emprendió una investigación participativa junto a la Redmac, liderada por Johana Stephany Muñoz Correa, magíster en Ciencias Agrarias, con el acompañamiento de la profesora Judith Rodríguez Salcedo, del Departamento de Ingeniería. Durante 4 años el equipo acompañó a 30 jóvenes rurales de entre 14 y 35 años, con el propósito de construir estrategias que hicieran posible una permanencia digna en sus territorios, a partir de sus voces y prácticas.

Uno de los primeros pasos fue reconocer la importancia de la formación agroecológica, no como una imposición externa sino como un proceso arraigado en la vida cotidiana de los jóvenes y sus familias. De esa comprensión nacieron dos espacios fundamentales para su permanencia en los municipios: la Escuela de Pensamientos Agroecológicos y la Escuela Campesina de Agroecología.

“Estas escuelas no funcionan como aulas tradicionales sino como espacios de aprendizaje en las mismas fincas, en donde los jóvenes trabajan con herramientas sencillas como cuadernos de campo, semillas criollas (maíz, fríjol, café) o abonos orgánicos, observan el comportamiento del suelo y los cultivos, participan en mingas colaborativas y dialogan con sus mayores para recuperar saberes ancestrales”, señala la magíster.

En estos espacios los jóvenes también desarrollan productos como harinas de plátano o arracacha, panes integrales, salsas naturales, conservas de frutas y preparaciones medicinales a partir de plantas cultivadas en sus propias huertas. Asimismo se han convertido en custodios de las abejas sin aguijón presentes en sus territorios, que son polinizadoras indispensables para aguacate, mango, naranja, menta o tomate. Parte de su apuesta ha sido sensibilizar sobre la importancia de reducir el uso de químicos como fungicidas y herbicidas en el manejo de plagas.

La investigadora comenta que “más allá del fortalecimiento de conocimientos técnicos, estos espacios les permitieron a los jóvenes resignificar su vínculo con el territorio, recuperar saberes campesinos y tejer redes de colaboración entre pares. Lejos de ser solo instancias formativas, se transformaron en escenarios de afirmación identitaria”.

Se registraron prácticas como el intercambio de semillas entre familias, la implementación de abonos orgánicos, el cuidado de árboles nativos (guadua, yarumo, chagualo, entre otros) y la diversificación de los cultivos para garantizar soberanía alimentaria. También realizaron cartografías sociales en las que identificaron caminos, cultivos, fuentes de agua, zonas de riesgo y lugares de valor cultural como sitios de encuentro, fiestas o mingas, visibilizando así su vida territorial desde su propia mirada.

Otro logro significativo fue la creación de un Comité Juvenil dentro de Redmac. Hasta entonces su participación había sido ocasional y subordinada, pero con la conformación del Comité ellos comenzaron a construir su propia agenda, con líneas de acción enfocadas en liderazgo, producción, educación, género y participación política.

Esta organización interna les permitió tomar decisiones, representar a sus territorios en espacios locales y regionales, y gestionar recursos propios. Dejaron de ser una población a formar y se consolidaron como interlocutores válidos frente a instituciones públicas, organizaciones sociales y redes agroecológicas.

Gracias a su fortalecimiento organizativo los jóvenes empezaron a vincularse a plataformas de participación como juntas de acción comunal, consejos municipales de juventud, redes agroecológicas y escenarios de incidencia como los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), lo que quiere decir que asisten a reuniones en las que se priorizan obras, proyectos, vías y escuelas entre otros planes del territorio, además de hacerles seguimiento a los compromisos del Estado en el marco del Acuerdo de Paz.

También exploraron rutas de acceso a apoyos institucionales a través del SENA, las Secretarías de Agricultura municipales y el Banco Agrario, aunque las barreras burocráticas y técnicas siguen siendo una dificultad recurrente.

“Cuando los jóvenes tienen espacios de formación pertinentes, cuando participan en la toma de decisiones y cuando sus saberes son reconocidos, se abren caminos reales para su permanencia en el campo”, concluye la magíster Muñoz.